Bandas: Malevolence – Nasty – Brothers Till We Die
Lugar: Jimmy Jazz, Vitoria – 27 de mayo de 2026
Texto y Fotos: Oiane Díaz
Miércoles en Vitoria. Una semana de calor que había rozado los cuarenta grados prácticamente a diario y ahí estábamos nosotros dispuestos a rizar más el rizo: Malevolence junto a Nasty y Brothers Till We Die nos esperaban en la Jimmy Jazz dispuestos a subir aún un poquito más las temperaturas. En esta ocasión, hace unos meses Route Resurrection nos daba el notición de que tendríamos a estas tres bandazas en la capital alavesa. Pero es que, en realidad, esta fecha en Gasteiz no es nada más que el comienzo de cinco citas que, sin duda, van a arrasar Madrid, A Coruña, Sevilla y Barcelona durante los próximos días.
Y es que, Malevolence, desde junio del año pasado, momento en el que publicaron su cuarto trabajo de estudio, Where Only The Truth Is Spoken, se encuentran sumidos en una enorme gira presentación del mismo y, en esta ocasión, se han portado a las mil maravillas ofreciéndonos estas cinco ciudades dentro de las posibilidades de verles en directo a todos aquellos fans que nos encontramos por la Península. Por otra parte, Nasty, a los que tuvimos hace año y medio junto a Terror en otra de esas giras que revienta todas las salas por las que pasa, son una banda que encaja a la perfección con el quinteto de Sheffield. Y, por último, los siempre bienvenidos Brothers Till We Die, de los que poco os vamos a contar que ya no sepáis. Con este cartel de lujo, era necesario hacer el esfuerzo de pasar un poco de calor y acercarnos hasta la Jimmy.
Los bares de la calle Coronación, zona en la que se encuentra la sala, estaban a rebosar de gente a la que claramente se le veía en la cara –y en el merch que llevaba como atuendo–, que tenían una entrada para la cita con Malevolence. Las aceras estaban impracticables; se respiraba fuego y, por eso, en ciudades en las que no acostumbramos a tener estos ‘calores’, hay pocos valientes que se aventuraban a esperar la apertura de puertas haciendo cola. Pero, una vez pasaron las siete y media, toda esa horda de fans se fue acercando a la Jimmy Jazz y pasando a su interior con cuentagotas; con ese detallazo de la sala de repartir flyers para obtener consumiciones a un precio más asequible –toda una gozada para días sofocantes como este–.
Al entrar, tras un pequeño vistazo al merch –abundante y, a decir verdad, precioso todo lo que había disponible, incluido el chándal de camuflaje de Malevolence–, nos acercamos hacia la zona más cercana al escenario. Nos llamó la atención que, Felipe, frontman de BTWD, aguantó estoico en el merch hasta que prácticamente le tocó saltar al escenario a eso de las ocho de la tarde, todo un ejemplo de que algunos están al pie del cañón hasta el último minuto. Y así las cosas, sin darnos ni cuenta, el ‘sarao’ ya estaba en marcha. Como siempre, súper simpáticos, Brothers venían a repartir tralla de la buena desde el primer minuto.



Y es que salieron a matar: con un sonido brutal, animaban continuamente al público a acercarse un poquito más al stage, pues aquellos que estaban ya dentro del recinto parecían un poco ‘fríos’ aún. Poco a poco el ambiente se fue caldeando hasta que los primeros moshpits y ‘coreos’ hardcore empezaron a ser algo continuo. Vimos acrobacias imposibles a medida que BTWD iban desgranando su setlist, que apenas duraría algo más de media hora, ¡pero vaya treinta minutos de intensidad se marcaron! Sin parar sobre el escenario, donde no faltaron saltos y todo lo que podamos imaginar, consiguieron que, para cuando estaban casi terminando, los asistentes se hubiesen metido de lleno en el bolo. Brutales, no se les puede pedir más.


Tras una breve pausa, para algo antes de las nueve de la noche, teníamos a los belgas Nasty sobre el escenario. La pista, visiblemente más llena, esperaba atenta a que arrancase el segundo round de la noche. Y, ¡boom!, los chicos de Matthias Tarnath arrancaron lo que previsiblemente iba a ser una locura de show. En activo desde 2004, que se dice rápido, acumulan en su haber casi una decena de álbumes de estudio, a cada cual mejor. Su último Heartbreak Criminals, que vio la luz en 2023, es una pasada y ayer así lo demostraron, ya que alternaron cortes de este LP con otros temas más añejos. Todo ello claro, con una energía que ni habiendo descansado veinte horas seguidas es posible tener. Y es que Nasty son un auténtico terremoto en directo y además, incitan a su público a serlo con ellos.
Los tres cuartos de hora de derroche de locura de Nasty fueron un continuo alboroto en la pista: chicos y chicas de todos los tamaños y edades que se subían al modesto stage de la Jimmy Jazz para saltar de nuevo a la vorágine; moshpits, piruetas, saltos y gente volando desde cualquier parte del recinto nos hacía estar en completa alerta a cada corte que sonaba (por si alguien nos caía encima). A pesar de esa estética tan agresiva, tatuados hasta la médula y fuertes como si se pasasen la vida en el ‘gim’, los miembros de Nasty son simpatiquísimos y derrocharon alegría durante todo el bolo. Para cuando nos quisimos dar cuenta, Matthi y los suyos se estaban despidiendo ya. Casi una hora que pasó en un abrir y cerrar de ojos.


Para cuando Nasty terminó, la Jimmy Jazz estaba a rebosar. No cabía ni un alma y el calor no solo se notaba; también era posible verlo en las camisetas empapadas de sudor de aquellos que llevaban en el interior del recinto desde la apertura. En menos de un cuarto de hora, el cambio de escenario estaba hecho. En la parte de atrás del stage veíamos unas enormes letras con el nombre de la banda. Malevolence casi al completo aterrizaban sobre el escenario entre una gran ovación y, una vez los guitarristas, bajista y batería estaban allí, llegó Alex Taylor, sonriente, saludando a su público y dando por iniciado el show de la mano de “Trenches” de su último disco Where Only the Truth Is Spoken. Los fans se volvieron locos, las cosas saltaban por los aires; casi diríamos que costaba respirar del lío que se había montado en cosa de segundos.
“Trenches” dio paso a la tremenda “Life Sentence”, volviendo a ese maravilloso Malicious Intent del que estábamos deseando que interpretasen muchos cortes –y, spoiler, así lo hicieron–. Un sonido brutal, al mismo nivel que la temperatura infernal en la sala, que hizo que el bajista Wilkie Robinson tuviese que quitarse la camiseta transcurridos pocos minutos de concierto, dejando entrever la goma de su ropa interior en la que podíamos leer Malevolence; gracioso cuanto menos –nos consta además que más de uno se acercó después a preguntar en el merch si tenían ese artículo a la venta–. Los de Sheffield continuaron desgranando el setlist en el que no faltaron “Karma” o “Self Supremacy” antes de bajar un poco la intensidad con la balada “Higher Place”.




Creemos que el truco de tocar ese tema a medio show es una estrategia para que los fans recuperen un poco el aire antes de morir con la traca final: “Keep Your Distance” se convirtió en una locura de crowdsurfers cayendo uno detrás de otro; llegó un momento en el que pudimos ver hasta cuatro o cinco personas sobre el escenario dispuestos a tirarse al público de nuevo; y eso que la Jimmy Jazz no tiene un escenario especialmente grande. Para cerrar, en medio de un torbellino de gente, saltos, gritos y todo lo que se pueda imaginar –que es poco, seguro–, llegó “On Broken Glass”, corte que la sala entera cantó a pleno pulmón. Según terminó, Alex y los suyos se despidieron y desaparecieron. Pero sabíamos que era trampa: faltaba el tema que bautizaba la gira, por lo que tendrían que volver para rematar la faena. Y así fue. Sonaron los primeros compases de “If It’s All the Same to You” y había que hacer el último esfuerzo de la noche. Se nos hizo corto, cortísimo de hecho; diez temas pasan a la velocidad de la luz, y más si esa decena de singles tienen el nivel de lo que nos ofrecieron este quinteto británico.
Una auténtica gozada poder disfrutar de ellos en una salita familiar y acogedora, lejos de la multitud que puede haber en un estadio o en un festival. Malevolence al completo se quedó un rato aún sobre el escenario, repartiendo púas y saludando a sus seguidores. Una formación que ha crecido un montonazo en los últimos años pero que aún mantiene ese espíritu de cercanía y de agradecimiento a sus fans en todos y cada uno de sus shows. Una noche sobresaliente.








