Bandas: Clutch – Bokassa
Lugar: Sala Santana 27, Bilbao – 6 de junio de 2026
Fotos: Xabi Aresti
Texto: Txema Garay
El sábado Bilbao lucía una de esas tardes que invitan a alargar las cañas en cualquier terraza antes de un concierto. Y eso fue exactamente lo que ocurrió en los alrededores de la sala, donde decenas de seguidores apuraban cervezas mientras esperaban la última parada de la gira del combo Clutch, acompañados por los noruegos Bokassa. Porque sí, Clutch sigue teniendo tirón, y mucho.
Bokassa
A las ocho y cuarto en punto, quince minutos por debajo de la hora estipulada, todo estaba preparado para que Bokassa, autodenominados por ellos mismos ‘stonerpunk’, desplegaran su ajetreado repertorio ante una concurrencia bastante numerosa. Los noruegos irrumpieron a toda pastilla con “Freelude” en un adelanto claro de lo que estaba por venir. Les recordábamos de la gira que hicieron con Metallica y Ghost hace ya unos cuantos años, en la que su comparecencia en el Estadi Olímpic Lluís Companys no contó precisamente con las mejores condiciones.
Los nórdicos prepararon un asalto contundente, con un repaso intenso a su obra más reciente, All Out of Dreams, y a los clásicos de su catálogo, como “Retaliation”, “Everyone fails in the end” o “Crocsodile Dundee” con los que supieron aprovechar su tiempo con acierto y pegada. A ratos hubo algún altibajo de sonido, pero la actitud desbordó holgadamente cualquier bache en el camino, y revirtieron la situación para que Olav Dowkes mostrara sus habilidades a la batería, con un avispado Jørn Kaarstad comandando el cotarro, mientras Lars Erik Andreassen estrechaba lazos con la concurrencia. Incluso se permitió la odisea, tras varios amagos en la valla, de entremezclarse con el público en todo un gesto digno de mención.
Su repertorio fue una auténtica locura y, aunque en la primera parte realizaron demasiados comentarios entre los temas, en la segunda no dejaron tiempo ni para pestañear, salvo el momento que dedicaron a su nuevo single, bastante más suave y melódico frente a su material habitual, titulado “Doesn’t Matter If You Love Here”. La puntilla destapó favoritas como “Vultures», que descollaron con potencia ante una concurrencia volcada con la banda. Los noruegos nos brindaron grandes sensaciones y, tras verles, quedó claro por qué Metallica los reclutó y el propio Lars Ulrich presumió durante aquella gira de que eran su nueva banda favorita.
Clutch

Tras un parón de cuarenta y cinco minutos en el que los operarios apuntalaron todos los detalles de un escenario donde primarían las luces y un ambiente minimalista, llegó por fin el momento de Clutch y sus ritmos densos. Resulta curioso que estos cuatro tipos, vestidos con una indumentaria tan seria, a excepción del batería Jean-Paul Gaster, puedan repartir leña y generar semejante enajenación con una mezcla tan espectacular de hard rock, stoner, rock y blues. Una formación que a día de hoy aún puede presumir de conformar repertorios muy dispares e incluso de realizar varias fechas en un país y tocar material distinto en cada una de ellas, como ha ocurrido en esta gira. Aunque varias piezas fueran coincidentes en las distintas fechas.
Esta vez, quisieron comenzar por todo lo alto con su single Impetus (1997), con un machetazo directo a toda la tropa, concatenando rápidamente otros dos pelotazos de la talla de “Rock N Roll Outlaw” y “Profits of Doom”. En esos instantes la velocidad era más pausada, un anticipo equívoco de lo que estaba por llegar. Ni más ni menos que un golpeo sónico de la talla del que supuso el combinado de “Ghoul Wranger” y “Crucial Velocity”.
Su voceras Fallon arengó a la concurrencia y estuvo más comunicativo que de costumbre, y es que sobre sus espaldas recae esta labor, porque sus secuaces, Tim Sult y Dan Maines, que destacan en la sombra, permanecieron inmóviles sobre un baldosín con la mirada fija en los trastes de sus instrumentos, guitarra y bajo respectivamente, como si tratasen de huir de la multitud para pensar solo en la idea de clavar las exigentes notas del guion.
Redujeron la marcha con “Slaughter Beach”, uno de los mejores temas de su último disco, Sunrise on Slaughter Beach (2022), recurriendo a un ritmo contundente y una voz que emerge de las profundidades, capaz de dejar sobrecogido al público más acérrimo. Otra joya de tiempos pretéritos como la potente “The Soapmakers” se desprecintó del tirón para satisfacer los paladares más exigentes con una interpretación mayestática y sirvió para que rápidamente recuperaran su época moderna con “Nosferatu”. Un repaso soberbio que ponía de manifiesto la variedad estilística presente en las distintas etapas de una banda capaz de transitar con soltura por terrenos muy diversos.


Con la formidable “The Mob Goes Wild” recuperaron su viento de cola y dieron paso a otro eslabón como el que propuso “The Regulator”, con Neil Fallon a la guitarra, aportando el toque country que le faltaba a la noche. Sublime. La oportunidad que brinda la banda ofreciendo temas que aún no han publicado, como “The Streets Are His”, toda una declaración de intenciones, resultó apabullante en todos los sentidos y nos transmitió grandes impresiones sobre una maquinaria que sigue trabajando a todo trapo después de treinta años. Rápidamente nos trasladamos veinte años atrás para encarar una robusta “(Notes from the Trial of) La Curandera”, un estandarte de los que hacen saltar por los aires un recinto. Justo después, volverían a sus raíces más añejas con la pesada “Big News I”, de su segundo disco homónimo, un tema que te enmaraña y te inmiscuye en sus tripas, y es que musicalmente la dupla superlativa formada por Sult y Maines nos desvía a otra dimensión con sus movimientos imposibles. Empalmada con un ritmo atronador, reapareció “The Yeti”, otro corte de la vieja escuela que muestra claramente por qué ya eran grandes en los noventa. Quien más y quien menos alzaba su bebida por los aires ante semejante retahíla de temazos.
Las carreras de Fallon por el escenario comenzaban a incrementarse y es que el músico, consciente del ambientazo que se vivía en el lugar, se vino arriba con el respaldo de una audiencia que convirtió el recinto en un hervidero durante toda la comparecencia. Un apoyo que sirvió para envalentonar a una formación que, aunque siempre contenida, también sabe disfrutar de las noches más cálidas.


La dupla compuesta por “Escape from the Prison Planet” y “Spacegrass” sirvió para zanjar, con ese alarde de intensidad, el tramo férreo del bolo. No se movió nadie del sitio esperando a que volvieran a atizar con “Electric Worry”, arrancando con esa introducción con ínfulas de Jimmy Hendrix que emerge como un volcán y vira rauda a raíces de blues tradicional mientras espolea a un personal al que poco le hace falta para gritar junto al grupo ese tremendo “Bang, bang, bang, bang, vámonos, vámonos”.
Con las gargantas aún echando humo, rescataron su versión de Creedence Clearwater Revival, la fastuosa «Fortunate Son», tan potente como soberbia y marcada, eso sí, por el inconfundible sello de los de Maryland.



