Gineta Rock 2026: dieciocho ediciones creciendo sin perder la esencia

Festival: Gineta Rock
Lugar: Salón Municipal de La Gineta (Albacete) – 26 de septiembre de 2026
Texto y Fotos: Rubén Rosinos

El Gineta Rock empezó mucho antes de que las puertas del recinto se abrieran. Salí de Alicante y, tras unas dos horas de carretera hasta La Roda, hice el check-in, preparé el equipo, limpié las cámaras, tomé un refrigerio y puse rumbo a La Gineta. Era mi cuarta edición cubriendo el festival para Metal Hammer, tanto en texto como en fotografía, aunque hace tiempo que perdí la cuenta de las que he vivido como público.

Llevar tantos años viniendo me permite ver el cambio con claridad. Las primeras ediciones cabían por completo dentro del Salón Municipal. Ahora el festival cuenta con dos escenarios, zonas de descanso y una producción más cercana a la de una cita profesional. Aun así, detrás continúa el trabajo de la Asociación Corazón de Metal y la cercanía de siempre.

Al principio, la mayoría del público llegaba desde Albacete y otros puntos de Castilla-La Mancha. Después comenzaron a sumarse seguidores de Murcia y Alicante. Para muchos aficionados —yo incluido— se convirtió en una tradición con la que cerrar la temporada de festivales. Por aquí he podido ver a bandas como Sphinx, Axxis, Freedom Call o Angelus Apatrida, entre muchísimos mas. Actualmente las visitas a al municipio provienen de todo el territorio nacional.

La edición de 2026 llegaba con muchas expectativas después del éxito del año anterior, cuando Stratovarius y Saurom encabezaron un cartel que terminó agotando las entradas. Aquel crecimiento recibía ahora otro impulso con la declaración del Gineta Rock como Fiesta de Interés Turístico Regional de Castilla-La Mancha.

Una imponente lona situada entre los dos escenarios anunciaba el reconocimiento y pronto se convirtió en un photocall improvisado y unos de los atractivos para el público que se agolpaba para tener una foto de recuerdo. Las puertas se abrieron a las tres de la tarde y los primeros asistentes comenzaron a entrar en el recinto.

Nada más entrar me encontré con otra novedad. El escenario principal Gineta Rock, montado sobre un tráiler y distribuido en varias alturas, se había desplazado unos diez metros hacia el interior de la calle. Con lo cual amplia el aforo del escenario exterior, una plataforma para movilidad reducida junto con una nueva oferta gastronómica, zona de descanso, mercadillo y puesto de merchán oficial dan pie a alguna de las mejoras. Así como la instalación de más aseos químicos en el exterior.  Tras saludar a organización y compañeros me dirijo al escenario Corazon De Metal y dejando atrás el escenario Gineta Rock.

D.E.P.

A las 15:23 se acabó la espera. Los manchegos D.E.P. arrancaron mientras parte del público todavía recogía su pulsera. Su mezcla de thrash metal, groove metal y crossover, acompañada por letras de crítica social, puso intensidad desde el comienzo. Su guitarrista, Juan Antonio Varea, también forma parte de la Asociación Corazón de Metal.

La batería de Sandra Cano no tardó en hacerse notar. Su pegada fue tal que alguno de los pies de plato comenzó a aflojarse. Tampoco era extraño viendo cómo atacaba cada tema y, en algunos momentos, llegó incluso a comerse parte del sonido de las guitarras.

El Corazón de Metal nunca ha sido un escenario sencillo por los rebotes del recinto, aunque el sonido ha mejorado bastante con los años. “Paranoia” dejó una buena muestra de riffs secos, voces compartidas y crítica social. Por momentos recordaban a Narco, Koma y los primeros Soziedad Alkoholika.

Tras la versión de “Refuse/Resist” de Sepultura, “Infierno” cerró el concierto reforzando el intercambio vocal entre el bajo y la guitarra. Una apertura directa y muy ligada a la identidad de un festival levantado por músicos y aficionados.

Injector

El relevo en el escenario exterior lo tomaron unos viejos conocidos: los cartageneros Injector. Si no me falla la cuenta, era la quinta vez que los veía en apenas dos años, tiempo suficiente para comprobar cuánto han crecido y lo cómodos que se encuentran sobre escenarios de este tamaño.

El repertorio resumió su carrera hasta ahora. “Path Of The Wrathgod” y “Warning Blast” abrieron una actuación que pasó por diferentes etapas de la banda sin detenerse demasiado en ninguna.

El público seguía aumentando, aunque todavía estaba algo frío. En las primeras filas se encontraban sus seguidores más fieles, muchos llegados desde Murcia. También volvió el viento habitual del festival, pero al menos ayudó a soportar el calor del septiembre manchego.

Durante un cambio de guitarra hubo un pequeño problema de afinación, pero sus compañeros mantuvieron las voces mientras terminaba de ajustarla. La parte importante llegó con la despedida de Daniel Bárcena “Killo” tras catorce años en Injector. Su mujer y su hijo siguieron el concierto a pie de escenario, con el pequeño agitando la cabeza e intentando levantar los cuernos con la mano.

Tulip

Con Tulip llegó el primer cambio claro de estilo y mi primer contacto en directo con su propuesta. Formados en Canadá y asentados en Texas, llegaban dentro de su gira europea junto a Xandria y Seven Spires. Su puesta en escena llamó la atención, al igual que la ausencia de bajista, cuyo espacio se cubría mediante secuencias.

Su mezcla de metal progresivo, metal alternativo y metal sinfónico funcionó por el contraste entre los pesados riffs, los guturales de Colin Parrish y la voz de Ashleigh Semkiw. La vocalista fue cantante profesional de ópera, aunque aquí evita el típico registro operístico. Su formación clásica está presente, pero al servicio de una forma moderna y personal de interpretar el género.

Tulip confirma la apertura del Gineta Rock a sonidos actuales. Tras April Art y League Of Distortion en la edición anterior, el metal alternativo y el metalcore encuentran su espacio junto al heavy metal y el power metal clásicos, algo que también atrae a público joven y familias con niños.

Pese a ser todavía una hora temprana, la respuesta fue muy buena. Mientras tanto, llegaban autobuses de asociaciones amigas de Corazón de Metal desde Cartagena, Murcia y Albacete, además de un nutrido grupo procedente de Toledo.

Xandria

El escenario exterior recibió después a Xandria, una de las bandas más esperadas de la edición. Tras la introducción, “Eclipse” y “Colours” abrieron una actuación centrada en Eclipse, el trabajo que presentaban en esta gira. Desde el comienzo ofrecieron un sonido muy cuidado.

Las guitarras sonaron nítidas y la voz de Ambre Vourvahis tenía ese punto hipnótico capaz de emocionar y calmar al mismo tiempo. Las primeras filas coreaban las canciones, mientras quienes estaban más atrás escuchaban con calma. Marco Heubaum, al bajo, y Rob Klawonn, a la guitarra, ofrecieron un espectáculo aparte: siempre sonrientes, cómplices con el público y dispuestos a posar para nuestras cámaras desde el foso.

Mientras el sol caía detrás del escenario, los músicos quedaron a contraluz entre juegos de luces y sombras. La imagen aportaba un toque épico, aunque aquel sol directo resultaba molesto desde el foso. El exterior volvió a sonar más limpio que el recinto cubierto, pero el Corazón de Metal también forma parte del alma del festival.

La recta final recuperó canciones de otras etapas y terminó con “Valentine” y “Nightfall”. Sin necesidad de grandes excesos, Xandria dejaron un concierto elegante, profesional y entre los más celebrados de la tarde.

Rise To Fall

La vuelta al escenario Corazón de Metal trajo la primera visita de Rise To Fall al festival. Llegaban celebrando sus veinte años de trayectoria y con varios cambios en la formación respecto a la última vez que los había visto. Nada de eso alteró la intensidad que siempre han mostrado sobre un escenario.

Para mí siguen siendo una de las bandas de metal moderno más potentes del país. No paran quietos y su entrega es total desde el primer minuto. “The Descendant” puso en marcha la descarga, “Hierophant” mantuvo la intensidad y “Thunders Of Emotions Beating” cerró con la energía habitual en ellos.

Desde el foso, con protección auditiva y cancelación de ruido, el sonido se percibía nítido y contundente. Al salir para escucharlo desde otros puntos, me costó bastante abrirme paso por un recinto abarrotado.

El público disfrutó muchísimo de aquella apisonadora, pero la presión sonora dentro del recinto resultaba excesiva. Varias personas me comentaron que habían tenido que salir y terminar de escucharlos desde el exterior por el volumen. Rise To Fall estuvieron brutales, pero su música ya tiene pegada suficiente sin necesidad de llevar los decibelios hasta ese extremo.

Roy Khan

La aparición de Roy Khan era uno de los momentos más esperados. Después de varios años apartado de la industria musical, regresó con Conception y ahora recupera las canciones de su etapa con Kamelot. La gira The Black Halo And Beyond confirmó en La Gineta que se encuentra en plena forma.

El noruego apareció acompañado por los músicos de Seven Spires, el guitarrista Caio Kehyayan y el teclista Lars André Kvistum. La estructura en tres alturas situaba la batería y los teclados arriba, mientras Adrienne Cowan aparecía como corista cuando las canciones lo requerían. Los teclados se interpretaban en directo y solo algunas orquestaciones procedían de secuencias.

El primer gran estallido del público llegó con el cuarto tema, “Center Of The Universe”, perteneciente a Epica y posiblemente una de las canciones más representativas de Kamelot. Fue uno de esos momentos en los que incluso yo dejé de hacer fotografías y terminé cantando. “Karma”, del disco homónimo, provocó otra de las respuestas más fuertes.

Khan mostró una cercanía tremenda durante todo el concierto. Invitaba al público a cantar, se agachaba durante los pasajes más calmados y se acercaba hasta las torres de subgraves para reducir todo lo posible la distancia con las primeras filas. El dueto entre Adrienne Cowan y él en “The Haunting (Somewhere In Time)” fue uno de los momentos más íntimos de la actuación, con ambas voces dialogando y compartiendo el protagonismo.

“Forever” terminó de convertir el concierto en un viaje cargado de nostalgia. Khan alargó el interludio respondiendo con gestos a los «hey» del público mientras el bajo y la batería mantenían el ritmo. Aprovechó también ese momento para presentar a todos los músicos antes de regresar junto a Adrienne.

Aunque la afluencia general parecía menor que el año anterior, Roy Khan llenó la pista y terminé viendo buena parte desde el backstage. Algunos ya aseguraban sitio ante el Corazón de Metal para Zenobia; durante su actuación, otros harían lo mismo en el escenario principal para recibir a Udo Dirkschneider. No hubo solapamientos, pero buscar la primera fila suponía perderse parte del concierto anterior.

Zenobia

Casi cinco minutos antes de la hora prevista comenzó a sonar la introducción de Zenobia. El Corazón de Metal estaba lleno. El volumen se redujo un poco respecto a Rise To Fall, pero la banda continuó sonando muy potente y, sobre todo, bastante más nítida.

La primera gran respuesta llegó con “Mi Alma Es Tempestad”, uno de los estandartes de la banda. “La Danza Del Diablo”, “El Sueño De Un Loco” y “Corazón De Hielo” confirmaron su peso entre los seguidores. El formato de festival obligó a condensar veinte años de carrera y dejó fuera algunos himnos.

Jorge Berceo es uno de los vocalistas más reconocibles de la escena nacional, pero el espectáculo funcionó como un trabajo de banda. Guitarristas y bajista intercambiaban miradas y sonrisas. También destacó el teclado en directo: salvo las introducciones y algunas orquestaciones, la música procedía de los instrumentistas y no de pistas pregrabadas.

La pirotecnia de chispas no nos pilló por sorpresa a quienes trabajábamos desde el foso, pero reforzó una puesta en escena que alcanzó su punto más festivo con “Una De Piratas”. Jesús, vocalista de Killwolf, apareció caracterizado como un viejo lobo de mar entre banderas, confeti y serpentinas. Tanto él como el propio Jorge Berceo acabaron lanzándose sobre el público para hacer crowdsurfing. En “Lo Llevo En La Sangre”, varios amigos y seguidores subieron al escenario para cantar con la banda.

Dirkschneider

Antes de comenzar había que señalar una ausencia importante. Peter Baltes, bajista original de Accept, no pudo participar en esta parte de la gira después de sufrir una caída desde el escenario el 25 de julio que le provocó tres fracturas de costilla. En La Gineta ocupó su lugar Alex Jansen, sustituto de urgencia con experiencia junto a bandas como Doro, Hardline y Primal Fear, que cumplió con solvencia en una noche nada sencilla.

A la hora prevista comenzó a sonar la vieja grabación infantil de “Ein Heller Und Ein Batzen”. Todos sabíamos lo que significaba aquella melodía alemana, pero el impacto no fue menor. Cuando Udo Dirkschneider apareció para atacar “Fast As A Shark”, todavía me costaba creer que estuviera viendo de nuevo uno de los mayores himnos de su carrera. Salió a matar desde el primer segundo.

“Living For Tonite” mantuvo el empuje inicial y “Midnight Mover” fue uno de los primeros grandes cañonazos antes de llegar a uno de los momentos que más esperaba: “Metal Heart”. El repertorio estaba construido únicamente con clásicos de Accept y la reacción del público dejó pocas dudas sobre la elección.

Durante “Metal Heart”, Fabian “Dee” Dammers introdujo el “Capricho N.º 5” de Paganini, pasaje que sirvió de inspiración para “Eugene’s Trick Bag” y el recordado duelo final entre Steve Vai y Ralph Macchio en la película Crossroads. Después volvió a enlazarlo con la canción mientras Udo utilizaba al público como una enorme coral. Fue uno de los momentos más emocionantes de toda la noche.

Tras las primeras canciones aproveché para desplazarme hasta el fondo de la pista y fotografiar el concierto desde el exterior. Desde allí se apreciaban mejor las distintas generaciones reunidas: brazos en alto, cuernos, estribillos cantados y mucha gente siguiendo cada indicación de Udo. La parte central bajó ligeramente el ritmo y algunos juegos con el público alargaron demasiado ciertas canciones para una parte de los asistentes, aunque para la mayoría suponía un verdadero éxtasis formar parte de la actuación de esta leyenda del metal alemán.

“Up To The Limit” abrió paso a una recta final con “Princess Of The Dawn”, “Balls To The Wall” y “Burning”. En los últimos minutos se notó cierto desgaste en la voz de Udo, comprensible a sus 74 años y ante un repertorio tan exigente. Aun así, su presencia continuaba llenando el escenario y aprovechó bien unos ochenta minutos que, entre tantos clásicos, siempre dejarían ausencias.

Seven Spires

Seven Spires eran uno de los alicientes que más me interesaban del cartel. Después de la impresión que me dejaron el año anterior en Leyendas del Rock, tenía ganas de volver a verlos en el formato más cercano del Gineta Rock. Su presencia en el Corazón de Metal parecía responder a cuestiones logísticas, porque tenían nivel para el escenario principal.

El núcleo de la banda nació en Boston, entre músicos formados en el Berklee College of Music. Jack Kosto, guitarrista, compositor y cofundador junto a Adrienne Cowan, mostró un gran nivel técnico al servicio de las canciones. Cuando avanzaba para afrontar un solo, el resto le dejaba espacio. Peter de Reyna destacó por su intensidad al bajo y Dylan Gowan por una batería potente y precisa. Los cuatro funcionaron como una unidad compacta.

Todo estaba medido. En algunos momentos desaparecían del escenario y volvían a entrar por las puertas laterales durante las introducciones, reforzando la sensación teatral del concierto. Los focos frontales rojos y los constantes claroscuros mantenían esa imagen oscura y siniestra que acompaña a su música, sin perder la dulzura de sus pasajes más melódicos. Adrienne Cowan llevaba esa idea todavía más lejos: cada gutural, palabra y nota iba acompañado por movimientos, expresiones y gestos que mantenían la tensión frente al público. Su interpretación va mucho más allá de su amplio rango vocal, como ya ha demostrado junto a Avantasia y Roy Khan.

El repertorio concentró su peso en A Fortress Called Home y Gods Of Debauchery, suficiente para mostrar la cara melódica y emocional de Seven Spires junto a su vertiente más extrema. Con el Corazón de Metal lleno, ofrecieron una de las actuaciones más sólidas de la jornada y, a mi juicio, la más completa del escenario pequeño.

Saratoga

De vuelta al escenario principal llegaba Saratoga, un nombre indiscutible del heavy metal nacional. Era la primera vez que los veía con Charlie Parra, aunque los acompañaba en sus giras americanas desde 2022. Tras la salida de Jero Ramiro, ya está integrado tanto sobre el escenario como en la composición de En Estado Puro. “A Toda Velocidad”, su primera aportación al grupo demostró la buena acogida del disco.

La escenografía seguía la estética de En Estado Puro, con grandes lonas, motivos orientales y animaciones en la pantalla. Tete Novoa estuvo pletórico y, con su habitual tono bromista, preguntó qué hacíamos allí si el verano, los festivales y hasta las vacaciones habían terminado y había llegado la vuelta al cole. También utilizó como pie de micrófono una de las katanas del escenario. En “Lejos De Ti” bajó a cantar entre el público, rodeado por las luces de los teléfonos.

Niko del Hierro continúa siendo el corazón y el músculo de Saratoga. Los años parecen sentarle bien y su manera de tocar el bajo resulta cada vez más impresionante. Un problema técnico durante “Pies De Barro” rompió por unos instantes el ritmo, pero Charlie Parra adelantó su solo mientras se solucionaba. El contratiempo demostró lo bien ensamblada que está la formación actual.

A aquellas horas ya pesaban la jornada y el frío de la noche en La Gineta, pero prácticamente todo el recinto continuó cantando. “A Morir” y “Vientos De Guerra” provocaron dos de las respuestas más fuertes, aunque los temas nuevos también fueron recibidos con naturalidad. Saratoga ofrecieron una actuación sólida y a la altura de lo esperado.

Motörhits

A las dos de la madrugada, varios centenares de personas permanecían frente al Corazón de Metal para recibir a Motörhits. La afluencia disminuyó conforme avanzaba la actuación, pero la banda defendió con solvencia los clásicos de Motörhead. Las canciones de Lemmy Kilmister aportaron nostalgia y fiesta a quienes aún tenían fuerzas para prolongar la jornada hasta las tres. Canción el publico se encaminaba hacia la salida y el aforo del Salón Municipal de la Gineta se iba vaciando a la espera la siguiente edición.

Buena parte del público se encontraba ya en la zona de acampada, donde la celebración continuaría durante más tiempo, como después me contarían varios amigos llegados desde Madrid. En mi caso, con “Born to Raise Hell” tocó despedirse. Al día siguiente había que madrugar, regresar a Alicante y adelantar algo de trabajo en el hotel antes de dormir unas pocas horas.   

Así vuele el silencio a el municipio de La Gineta otra edición más y con esta suman dieciocho, el Gineta Rock ya no puede considerarse un festival incipiente. La colaboración de Leyendas del Rock durante los dos últimos años ha ayudado a la Asociación Corazón de Metal a profesionalizar la producción sin borrar su identidad. La declaración como Fiesta de Interés Turístico Regional reconoce ese crecimiento y confirma su consolidación dentro del heavy metal nacional.

Esa consolidación no exige convertirse en un macrofestival. La cercanía, el formato de una sola jornada y la esencia asociativa continúan siendo sus mayores virtudes. Después de veinte años y dieciocho ediciones, el Gineta Rock ha ganado peso sin renunciar a los motivos por los que muchos regresamos cada año.

By Rubén Rosinos Vaamonde

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