Sôber: «Estar en la primera fila con el móvil hace que se pierda toda la magia de un concierto»

Sôber están de vuelta… aunque nunca se fueron. La banda madrileña estrenaba en octubre Anandamida, su noveno álbum de estudio. Y fue ahí, en su estudio, donde atendió a Metal Hammer en exclusiva para hablar de sus inicios, de sus decepciones, traiciones, de cómo ven la industria… Una banda que ya ha alcanzado la madurez suficiente para marcar sus propios tiempos, ya sin ataduras musicales. En este trabajo amplían sus horizontes y lo hacen con el descaro y la falta de miedo a la hora de arriesgar desde la voz de la experiencia. Más de tres décadas de carrera confluyen en un disco que llega con importantes novedades: Juan Sánchez como nuevo guitarrista, pinceladas electrónicas, colaboraciones femeninas, experimentos a la batería, sonidos progresivos… Carlos Escobedo (vocalista y bajo) y Manu Reyes (batería), a pecho descubierto y contentos de haber encontrado la deseada molécula de la felicidad.

Nuevo disco bajo el brazo, y ya van más de una decena entre álbumes de estudio, reediciones, directos… ¿por qué Anandamida como nombre del álbum?

Carlos: Bueno, hemos querido hacer con el título también un poquito lo que nosotros hemos sentido durante la grabación, durante la composición del disco, que es ese sentimiento un poco de felicidad que nos procura la música. Creo que cuando llevas mucho tiempo haciendo música, el encontrar esos momentos donde hay conexión a la hora de escribir, a la hora de grabar y demás, es vital para poder darle sentido a lo que más te gusta. Y ese paralelismo entre esa molécula de la felicidad es un poco lo que se activa en nuestras cabezas cuando vamos al local de ensayo, cuando estamos grabando, cuando de repente hay una parte que mola y nos sale una sonrisa, todos de conexión. De «esta parte mola todo» y es ese momento. Nosotros hacemos esa similitud con la molécula de la felicidad, porque realmente es lo que nos brota.

Era algo que sentíais y ahora por fin podéis poner nombre…

Carlos: Eso es. No sabía si era dopamina o cómo se llamaba. Sucede antes del inicio del concierto. Es una molécula no muy conocida, pero que cuando yo escuché lo que era dije: «¡joder, qué montón de cosas coinciden con lo que yo siento a la hora de componer!». Cuando estás componiendo y te surgen las palabras y ves que todo, que se está activando una parte que normalmente no se activa y dices: «esa es la que es Anandamida«.

¿Qué novedades podemos encontrar en este nuevo trabajo respecto del anterior?

Manu: Lo más novedoso, que siempre hemos jugado un poco con ello, pero nunca hemos dado un paso más arriesgado, es la electrónica. Hemos contado con Rubén, de Killus, que hace una programación de síntesis y un sonido brutal. Hay ciertos temas que empiezan con un sentido más electrónico, por decirlo así, que mola, que te lleva a otra atmósfera. La verdad es que en ese sentido estoy muy, muy contento y también a la hora de grabar hemos experimentado, en este caso con la batería.

Carlos: Hay otro aliciente, que no lo habíamos hecho nunca, que es que en el disco hay una colaboración, porque hay una canción que se llama «Infinito» y que, por lo que sea, yo oía una voz femenina cantando, una voz de chica. Entonces, por primera vez, hay una colaboración de Alba, que es una amiga nuestra y que canta increíble y que tenemos muchas ganas de que la gente también vea ese contraste dentro de un disco.

En las letras habláis de fortaleza, pero también de miedos. Me choca un poco que una banda con más de 30 años tenga miedos de algún tipo…

Carlos: A ver, como banda quizá hay pocos miedos, pero a nivel personal yo creo que sí, que cuando tú apartas todos esos miedos es cuando empiezan a surgir un montón de cosas geniales. Hay una canción que se llama «Círculo rojo», que habla precisamente de ese círculo donde a veces nosotros mismos nos encasillamos y que te cuesta salir, y en cuanto rompes ese círculo y sales te encuentras un montón de cosas maravillosas y que te abren otra visión y otra manera de verlo todo. Después de muchos años siempre existen sobre todo miedos personales. Y como grupo igual, sin darte cuenta dices: «hostias, es que esto no suena muy a Sôber«. Y a veces hay que provocarse el decirle al miedo: aquí ya no puedes entrar, ya no es nuestro sitio. Y por ejemplo la canción de «Dile al miedo» es una declaración de intenciones precisamente donde le das una patada a todos esos miedos y empiezan a pasar un montón de cosas buenas.

El miedo es algo normal tal como se está poniendo el mundo…

Carlos: Tú te pones un telediario y solo hablan de mierda, todo es malo. Todos esos miedos que tratan de inculcarte al final hacen que trabajemos todos un poco en plan rebaño, de no salirte de tu zona de confort, no vaya a ser… Y al final hay que salir y tener un pensamiento único e individual para poder decir las cosas tal y como tú las ves. Siempre hemos tenido muy claro nuestro camino y a veces nos ha salido bien, otras veces no tan bien, porque siempre recuerdo los inicios del grupo, cuando éramos los Tool españoles o los Héroes del Silencio cañeros y nos hemos llevado de todos los colores. ¿Qué ocurre? Luego se da la vuelta y de repente eres original y hay un montón de bandas que suenan a Sôber y dices: fíjate, lo que antes era algo negativo, ahora se convierte en tu esencia.

Es el primer disco con Juan como nuevo guitarrista y da la sensación de que la sintonía es total. Ha caído de pie.

Manu: La verdad es que hemos conectado a la primera, tanto personal como musicalmente. Venimos de un mismo estilo, mismos gustos. Es un tío que desde el primer día ya venía con diez u once temas listos y la verdad que muy bien, hemos conectado maravillosamente. Luego en el escenario hemos conectado también, que es importante. Es enérgico y yo creo que aporta savia fresca, así que encantados de que esté aquí.

También encontramos novedades en el sonido porque habéis optado por utilizar platos digitales en una batería acústica. Explicadnos un poco esa decisión.

Manu: Los platos siempre acaban colándose por el micro de los timbales, de la caja. A la hora de mezclar nos limitaba el poder llevar ese sonido a donde queríamos. En cuanto comprimías un poco más, ya afectaba al sonido que tenía. Los platos venían colándose demasiado, entonces fue una idea que surgió y de pensar que por qué no. A la hora de cambios era poder trabajar de una forma más ágil. Y claro, veíamos que esto suena muy bien. Tuvimos una charla de probarlo y la verdad que ha sido un acierto.

Carlos: Los platos que lleva Manu son… es como un sampler de ese plato. Lo único que ahí lo que hemos podido conservar es que la batería, siendo natural, suene muy potente. Queremos que la batería, con la pegada que tiene Manu, tenga esa potencia. Cuando tú estás oyendo por primera vez todos los rellenos de caja que va haciendo Manu se oyen, y era algo que teníamos que capar un poco en los discos. ¿Por qué? Porque si comprimes tanto para que salga, en los rellenos salían los platos como truenos, entonces al final estaba muy limitado. Ahora tenemos esa suerte de tener una batería muy potente y unos platos, digamos, colocados en su sitio. Es el disco que a nivel de producción más contento me he quedado, y siempre hay un disco que dices: «jo, nos quedamos un poco alto, bajo, ¿y ahora qué tocarías?». Yo no tocaría nada.

Llegar a ese punto tiene que ser, como para un músico, que es como muy perfeccionista, lo ideal, ¿no?

Carlos: En todos los discos siempre hay algo: yo con la caja, otro con los platos, en este disco la voz a mí se me queda un poco… siempre tienes cosas que corregirías. En este está todo perfecto. Están las guitarras cañeras, pero es que la batería está potente, el bajo suena increíble. Lo escuchó un amigo, el bajista de Ultraligera, y dice: «¿pero cómo conseguís esa caña y que el bajo siga?».

Sin embargo, también a pesar de probar cosas nuevas, tampoco renunciáis a lo que os funcionaba, porque tengo entendido que usáis equipo de cuando Morfología…

Carlos: Cuando tienes algo que te funciona y, por ejemplo, el sonido de bajo era genial, por qué no usarlo. Si tenemos ese ampli de esa época y tenemos ese bajo, ¿por qué no utilizarlo, no? Consigue que tú en el momento uno pongas tres segundos, cuatro segundos y digas: eso es Sôber.

El último single, «El beso de Judas». ¿La letra va dirigida hacia alguien?

Carlos: Sí, va dirigida hacia alguien… Podemos decir abiertamente que cuando hicimos Retorcidos, hicimos todo con Juan de El Vuelo del Fénix. Hicimos una especie de recopilación de todos nuestros 30 años. Entonces aparece un episodio que fue cuando el grupo arranca y le contrata un productor/mánager con una compañía y realmente nos engañan, pero como a niños pequeños, nunca mejor dicho. Y nos hacen firmar contratos que realmente a día de hoy son completamente ilegales. Debemos dinero, casi 2 millones de pelas de la época. Nos graban el disco en un fin de semana, de cualquier manera. Realmente, si hubiésemos destinado esos 2 millones en grabarlo, hubiese sido en la época un pepino, claro, pero nos engañaron. Y entonces dentro de ese momento dices: «joder, nos veíamos como hermanos pequeños, nuestro hermano pequeñito ahí, cómo le engañaron cuando veníamos con la ilusión de nos van a hacer, nos van a dar, y luego todo mentira». Con ese sentimiento yo empecé a escribir y de repente surgió «El beso de Judas» y esa traición.

Sôber – El beso de Judas (Vídeo oficial)

Os habéis vuelto locos con el formato físico, ¿por qué?

Carlos: Una vez que acabas ya las mezclas, acabas todo, está la parte musical toda compuesta, todo preparado, falta el formato físico. Nosotros siempre buscábamos que la gente que va a comprar un disco tenga un extra. No tiene mucho sentido porque la gente ya oye música a nivel digital, entonces el que va a comprarlo necesita tener en la mano esa otra parte, ese valor añadido que realmente sí que a nosotros también nos gusta. Entonces, se nos empieza a ocurrir la idea de decir: «oye, vamos a hacer un libro, como si fuese un cuaderno de campo de un científico loco que está ahí, poco a poco va con sus fórmulas y sus historias para llegar a conseguir la Anandamida, que es la molécula de la felicidad». Todas las letras están escritas a mano. Hay un montón de ilustraciones de Yuzu, que es un diseñador brutal. Lo más potente es que queríamos hacer un libro en formato cuero vegano, pero que tenga un lacre de 14 centímetros y pintado a mano, que cada uno no sea igual que el anterior, que sea como una copia que tú te llevas y como este no hay otro.

¿Vuestro sonido ha evolucionado? Noto que hay alguna pincelada de metal progresivo.

Manu: Para mí, que yo lo he vivido como fan y ahora como miembro, creo que Sôber está dentro de todos los estilos, yo creo que sigue teniendo esa particularidad de que suena a Sôber. Le das al play, escuchas ese sonido de bajo, de guitarra, y ya directamente lo identificas. Pero está claro que el sonido evoluciona.

Carlos: El rock no deja de ser un rock un poquito más vanguardista en algunas cosas, y hay partes dentro del disco más progresivas. Pero luego hay estructuras muy básicas dentro de lo que es rock. Es una mezcla que yo creo que define mucho nuestros gustos musicales, porque pasamos de Tool a seguir con AC/DC. Al final nos gusta el rock casi en todo su abanico y hay un montón de bandas tipo Sleep Token que nos gustan. Nuestro público ha evolucionado a la vez, que eso es algo muy difícil.

Con una carrera tan extensa, Carlos, ¿dónde encuentras la motivación para seguir adelante?

Carlos: La inspiración te tiene que pillar currando, y yo soy un amante de levantarme y ponerme a trabajar, hacer cosas. Hay días que no te sale nada y otros días que sí. Componer es un poco como si fuese una terapia. Como una canción que se llama «Cae el telón», que está dentro del disco y que habla precisamente de cuando se apagan las luces, cuando cae el telón, cuando acaba el concierto, cuando te vas a tu habitación de hotel. Es ese momento de vacío que tenemos todos los músicos. Vienes de estar con todo el mundo, esa resaca emocional que la llaman también, y luego tienes que colgar el traje del personaje e irte a la persona. Llegas a tu hotel solo, te pones la tele y dices: ¿quién soy?

Sôber – Mi refugio (Vídeo oficial)

De cien a cero.

Carlos: Claro. Pues ese sentimiento. Es una canción quizá más visual, menos metafórica y que habla precisamente de eso. La inspiración viene un poco de vivir, de sentir y de tener un poco de esas inquietudes.

¿Y qué tan difícil es mantener sana la relación en una banda? Porque al final es como otra relación cualquiera con tu mujer, tu familia, amigos…

Manu: Todo cuesta. Pero sí es cierto que dentro de eso hay un buen equilibrio. Al final, cuando todos nos respetamos, cada uno sabe cuál es su papel, lo que tiene que aportar, cuándo aportar, y a la hora de viajar, tocar, compartir camerinos y tal… Somos una piña hoy en día. Hay días que alguno necesita más su espacio, estar más aislado, concentrarse de otra forma. Pero sí es cierto que a nivel interno hay un equilibrio muy bueno, muy buen ambiente y lo disfrutamos. Terminamos de tocar, estamos todos, comentamos con unas cervezas… No es como Metallica, que cada uno coge su autobús y se va.

La experiencia en eso también es un grado, pero, Carlos, si pudieras viajar en el tiempo, ¿qué consejo le darías a ese chaval que formaba la banda en 1994?

Carlos: En Reddo justo llevábamos como seis o siete años sin poder parar para nada, porque eso sí que era intensidad máxima. Ahora seleccionamos la gira. Ponemos un bolo aquí, otro aquí… Tener nuestro sitio, nuestro espacio. Antes era imposible. Con una discográfica encima fue un agotamiento mental y sobre todo para mí, como cantante, era una exposición muy grande. Entonces necesitabas un poco de parón, de oxígeno, de tomarte las cosas de otra manera, porque había mucha presión y sobre todo iba todo tan automatizado que ya no estabas disfrutando de eso que era tu bien más preciado, que era la música, aquello que decidiste. En los camerinos tenía que poner el sitio donde estábamos porque yo ya no me acordaba de dónde estaba. Venías de un bolo en otro sitio, habías dormido lo que podías y hacías muchísima carretera, que tampoco eran como ahora. A lo mejor te habías comido mil kilómetros en una furgo y cuando llegabas era como: «¡guau!, ¿dónde cojones estás?». Ahora intentamos tener reuniones, relacionarnos de una manera más humana. Hacer un disco cuando haya canciones, no cuando alguien te lo diga. Porque te pedían un disco para el próximo año, pero, ¿y si no está claro?, ¿y si no hay esas canciones que nos representan y que realmente sentimos? Al final somos un conjunto de todos nuestros errores juntos, y las decisiones dicen que aquellos que no corrigen sus errores están abocados a repetirlos. Y creo que en este caso no ha sido así. Hemos sabido aprender de los errores.

Desde entonces el mundo ha cambiado mucho. Ahora hay más exposición, redes sociales, Spotify… ¿cómo habéis vivido todo ese cambio?

Carlos: Antes ibas a tocar y no sabías cuántos iban a ir. Si había una cola para comprar la entrada en la taquilla iba a ir bien. Y si no había nadie… es que no venía nadie. Ahora ya sabes la anticipada cómo va, ves el flujo en los comentarios. Como que ese factor sorpresa, que también tenía su rollo, ya no está. Molaba mucho de decir: «hostia, hoy está que te cagas, tío; me he asomado, te asomabas así y está petado, tío». Ahora un 6 o 7% que te falla de la entrada, pero ya sabes más o menos la gente que te va a ver. Pero hemos ganado cosas, por supuesto. Ahora la difusión que hay y la manera de poder comunicar, incluso nosotros directamente como grupo y como artistas con nuestro público, con nuestra gente, es algo maravilloso. Pero sí es verdad que hemos perdido un poco también ese momento de incertidumbre. Tenía su parte más romántica, digamos.

Algunos no lo llevan tan bien, como Tool, que prohíbe el uso de móviles en sus conciertos. ¿Os parece bien o quizás algo agresivo?

Manu: A veces ves las primeras filas y ves a todo el mundo con el móvil… Es un concierto, vienes a disfrutarlo, a cantar, a saltar, a emocionarte, no a verlo desde la propia pantalla. Hace que se pierda la magia de un concierto. ¿Prohibirlo? Bueno, es algo bastante agresivo, como has dicho, pero sí es cierto que al final vas a un concierto, estás aquí para lo que has pagado: disfrutar del grupo, de su música y de una experiencia única que a lo mejor mañana no se repite. Y tenerlo grabado, almacenado en un móvil… yo no lo comparto.

Carlos: Hace no mucho estuvimos tocando en Huelva e hice el apunte, pero de lo contrario. Les dije: «Estoy flipando porque no habéis sacado el móvil». Pero es cierto que no somos un grupo que tenga ese momento FOMO de que… como otros artistas que está todo el mundo con el móvil. Pero es que en Huelva nadie sacó el móvil y fue de: «hostias, me di cuenta de que nadie… estamos todos viviendo el presente, esto es lo mejor que nos puede pasar».

Lo que también habréis notado es un cambio generacional en vuestro público, ¿no?

Carlos: Ahora hay jóvenes que vienen con los padres, y algunos pequeñitos a los hombros con los casquitos. Ya estamos viendo nuevas generaciones, que los padres son los que se encargan de decirles: esto es buena música.

Pero todo vuelve. Lo vemos en algunos estilos como el nu-metal, que parece estar volviendo. ¿Notáis que pasa lo mismo con el metal alternativo?

Carlos: Sí vemos un poco toda esa tendencia de grupos como Korn y otras bandas como Linkin Park o Limp Bizkit, que han vendido 60.000 entradas. Te das cuenta que el público se está volviendo a enganchar a eso. Es cierto que el rock mediático y en los bares desapareció. Entró todo ese indie y esa parte urbana. Pero esto también está girando y ahora hay bandas indies que ya no son indie. Bandas como Arde Bogotá o Ultraligera ya hacen un concierto de rock y la gente está diciendo: «hostias, las guitarras cómo suenan». Antes era quitar guitarras y ahora parece que cuantas más guitarras, mejor.

Sôber – Dile al miedo (Vídeo oficial)

Centrándonos un poco en el rock en España, ¿cómo veis la situación del rock en nuestro país? ¿Alguna banda emergente que os llame la atención?

Manu: Hay mucha escena de rock. Yo en mi caso con las clases, porque tengo alumnos que con sus bandas ya se graban sus primeros discos. Hay mucha gente haciendo rock. Lo jodido y lo difícil es dar ese paso a salir antes. Como ahora están las redes, subes tu disco a Spotify y todo esto… vale, tienes esa facilidad. Pero claro, hay tanto volumen de música, tanto volumen de grupos, que realmente toda esa información también hace desinformación. El rock sigue teniendo puertas cerradas y es difícil que salgan a la luz y tengan para poder enseñar y mostrar su música. Incluso con las salas. Muchas salas ya cuesta trabajo que los grupos vayan con sus canciones propias. Si no eres un grupo de versiones no te dan fechas. Grupos no faltan, te lo puedo asegurar, pero…

Carlos: Me dijeron de una sala que si tienes una banda tributo no te cobra, y si tienes una banda de canciones tienes unos gastos. Así es el negocio, cuando es una banda tributo te entran 150 personas que se ponen a beber como cerdos y yo hago una caja de 2.000 pavos. Y viene una banda con temas propios y vienen 30 colegas. Pagan la entrada porque son sus colegas, pero no se toman nada. Pero la lectura es: a una banda tributo no le cobran precio de entrada, salvo el precio de sala, y a una banda de fuera le cobran precio. Entonces con estas limitaciones es difícil. A mí hay un grupo que me gusta mucho que se llama De la Bruma. Tienen un disco bueno, hacen un metal melódico muy chulo. Lo importante es que por lo menos el talento no decae. Porque hay bandas con mucho, mucho talento.

Estamos de acuerdo en que hay que apostar más desde el mundo de la cultura. En agosto vinieron Godsmack por primera vez en su carrera y Sully Erna comentó que siempre habían querido venir, pero que nunca se pudo dar. ¿Faltan promotoras que se arriesguen más? Porque muchas bandas no paran en España…

Carlos: Ahora acabo de ver que han anunciado a Karnivool, que vienen al Be Prog. A veces hay artistas que sí, que han funcionado muy bien en París, pero de repente vienen a España y no han funcionado. Y el promotor, que le ha pasado esto dos o tres veces y ha palmado pasta, pues ya dice: «ah, mira, España no lo hago porque palmo pasta y no hay público». Nosotros lo vemos directamente en una cosa. Yo creo que el público antes tenía muchas ganas, por ejemplo, de ver al grupo telonero. Yo he descubierto a Incubus de teloneros de Korn, por ejemplo, que nadie los conocía. Ibas a ver un bolo de un artista y luego dos o tres horas antes, y ahora justo lo contrario. Ahora con los precios de las bebidas, sobre todo en las salas, suele ser carísimo y la gente está fuera bebiendo hasta que empieza su artista, que es por el que ha pagado la entrada, y se ha perdido un telonero que es brutal. Y esa banda, ha ido de gira, si se han vendido 2.000 entradas en La Riviera y a ellos como teloneros les han visto 150. Creía que iba a ir a Madrid a tocar delante de miles y al final son 150, que han ido para coger sitio para ver al grupo principal… Entonces creo que hay una especie de híbrido entre que no se apuesta y que también el público no tiene esa necesidad de ir a descubrir bandas nuevas.

Hablando de los bolos, ¿cuánto de difícil es confeccionar un setlist cuando llevas más de 30 años en esto?

Carlos: Es lo que vamos a hacer en Madrid, dos días con dos repertorios distintos. Así, la gente que te va a ver en varios conciertos puede ver dos setlists diferentes. Pero es verdad que pasa que pones canciones como «Vulcano» o «Estrella Polar» que a veces se tienen que quitar para meter otras nuevas. Tenemos un flujo de canciones que van rotando incluso por nosotros mismos, para encontrar esa motivación.

No tocar siempre las mismas, aunque siempre va a haber gente que eche de menos alguna…

Carlos: Fíjate, a los grupos españoles sí se nos exige que no nos dejemos ninguna, pero luego tú vas a ver a Tool y te toca diez canciones, once, y a lo mejor con todos los discos que tienen se han dejado esta; pero a los grupos españoles es como… Ahora tenemos dos horas y cuarto máximo para tocar. Hay que elegir estos 22 temas. Bueno, ya son 22 temas, pero es difícil. Es difícil porque ya teniendo tantos discos, tantas canciones y con un disco nuevo a presentar, pues…

Ahora, ya cincuentones, las fiestas después de los conciertos se habrán reducido, ¿no?

Carlos: Recuerdo algunos conciertos nuestros con la música en el camerino a tope antes de salir, de tomarnos unos gin-tonics. Y ahora es más meditación, otro necesita su espacio para ir calentando, yo me tomo un pre-entreno, la creatina… Ahora vas a hacer el concierto como si fuese casi un entrenamiento.

Imagino que añadiréis más fechas a la gira, pero, ¿posibilidad de tocar en el extranjero?

Carlos: Hay un promotor muy interesado en eso. A ver si todo sale bien. Pero sobre todo lo que se va a anunciar a partir de ahora son algunos festivales en los que vamos a estar de cara al año que viene y alguna fecha más de sala. Estaremos en los grandes festivales de este país. Hay Anandamida Tour para rato, sí.

¿Cómo sería vuestra gira ideal? Decidme tres bandas clásicas con las que os iríais…

Manu: Hombre, Metallica. Metallica para mí…

Carlos: Metallica no me hace feo. Y Tool me gustaría mucho. ¡Hemos crecido con ellos! Hicimos el Rock in Rio y era un festival, pero solo había tres bandas: era Sôber, Motörhead y Metallica, y tener aquí al lado a Lemmy, el hombre ya en sus últimos conciertos, y Metallica ensayando en el camerino de al lado. Tenían otro camerino como local de ensayo, y estar ahí, escuchándolos. Ensayando el «Master of Puppets»… Karnivool también estaría bien, soy fanático.

¿Y con qué bandas actuales?

Carlos: Sleep Token. Tienen una amplitud musical tan grande que parecen pasajes; es como que no es un disco preconcebido de pim, pam, pum, pum, pum, sino que hay momentos, y esa parte, digamos, un poco más etérea a mí también me gusta. También Bad Omens…

Entonces, ¿hay gira y Sôber para rato, no?

Carlos: Hay para rato, sí. Mucho aguante. Con muchas ganas.

Ganas y Anandamida, la molécula de la felicidad. ¿Qué es lo que más felices os hace después de tres décadas de carrera?

Carlos: Así es. Sobre todo cuando encuentras canciones, tío. Esa búsqueda, esta parte de chispa de melodía que te engancha, que no puedes dormir. Y el directo, que me encanta. Antes de salir a tocar ese momento en el que piensas: «si le pudiese dar un poquito a la gente de esta sensación…». Métete un momento aquí en mi cerebro y dirás: «cabrón, dame de eso antes de salir».

By Enrique Bernaola

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