Bandas: Primal Fear – Ankhara
Lugar: Sala Andén 56, Burgos – 7 de octubre de 2026
Texto: J.A. LuX
Fotos: Gabriel Pérez Hernando
Da igual que ese mismo día, el tiempo decida cambiar y virar al profundo otoño tras un verano eterno. No importa que sea una jornada laboral inhóspita, lluviosa y gris; lo importante es que el Andén 56 despliegue sus puertas y, a mayores, nos ofrezca una clase maestra de lo que es heavy metal. Años de viajes a otras capitales por fin tienen su recompensa en Burgos Metal City. ¡Vivan los responsables de esta gesta impensable hace no muchos lustros!

Y es que un miércoles, por muy conflictivo que se nos presente, no puede ser lastre para darnos nuestra ración necesaria de maná musical; no todos los días se puede tener frente a frente a Primal Fear, estandarte de una época y leyenda caminante que ha relanzado su carrera de forma soberana con discos que aún los mantienen vigentes. Para completar el emplazamiento, es un placer saborear a unos Ankhara con ganas de demostrar el porqué de su supervivencia y de las causas que han provocado un cariño especial entre los que, para colmo, somos “tikismikis” en esto del metal patrio; imagina el que les profesarán los que se nutren en su mayoría de nuestro producto interior bruto. Son valorados y a pesar del reducido espacio que tenían para moverse, debido al montaje que necesitaban los alemanes, los de Pacho Brea salieron a calentar el ambiente antes de que el guiso diera su justa cocción con los cabezas de cartel.
No querían fallar, evidentemente no lo iban a hacer con sus habilidades ya de sobra conocidas, pero sus operaciones directivas con miradas de complicidad para que todo saliera a pedir de boca eran notorias, hecho que no evitó que a Pacho se le moviera el orden del setlist de la mente, dejando un gracioso momento de complicidad compartida. Los coros de Alberto Marín sujetan los tramos en los que Brea sube hasta el más allá y, con su tremenda precisión y versatilidad, abona campo fresco para que el maestro Cecilio Sánchez-Robles, convalide la dupla de guitarristas fantásticos y estilosos, algo de lo que no todos los combos asociados de este país pueden presumir. Dani Criado y Óskar Bravo ejercitaron músculo para que allí nada sonara desangelado y, como suele pasar en muchas ocasiones, los de abajo “paguen el pato”.


30 años de esfuerzo, sangre, sudor y lágrimas y aquí siguen, peleando contra vientos y mareas más gentiles, cosa no ardua cuando cuentas con temas como “Un Paso Más”, “Sigo En Pie”, “Jamás” o las demoledoras “No Mires Atrás” o “Acordes Mágicos”. Amigos, ¡siempre es un placer!

Tras nuestra declaración patria de afilado acero, llegó la respuesta alemana que se ha mantenido más sólida en esto del heavy y el power menos fantasioso y más aguerrido. Sus últimas canciones han reconectado con la gente y ha evitado dejarles en la cuneta, esa en la que esperan a la musa de la creatividad, los cientos de legiones que se unieron al movimiento a mediados/finales de los noventa. Con Ralph Scheepers como único miembro original de la banda, la gran tristeza, pero nada de sorpresa, fue la ausencia del socio del vocalista desde sus orígenes, Mat Sinner, quien a pesar de seguir componiendo y grabando, ve bastante dificultada su salida a escenario por su precaria salud. Pero este hecho resulta menos trágico cuando viene el hombre que se sabe los mil repertorios, el afable y siempre rotundo Dirk Schläter, bajista de Gamma Ray por no extenderme aquí con su currículum inabarcable. Un seguro de vida y un buen acompañante a las voces, como lo son la pareja de guitarras conformada por el veterano Magnus Karlsson y su kilométrica melena rubia, así como por la étnica belleza de Thalia Bellazecca (Exylium) y su pelo afro; dos visiones opuestas y una misma sintonía sobre el escenario. A la batería el también nuevo junto a la hermosa seis cuerdas, ambos desde 2024, André Hilgers (Bonfire, Rage, Sinner), quien no da puntada sin hilo, a pesar de que el conjunto de canciones no necesito de sus parámetros más técnicos, ya que el show transitó por derroteros cómodos para la banda y disfrutables para el respetable.
Tras la introducción correspondiente a este Domination Tour, iniciaron su abc de cuero y tachuelas con “We Walk Without Fear” del Rulebreaker de 2016, dejando claro como sería el nítido sonido durante toda la velada y que la reverb como ayuda vocal, también sería una constante que no dejaría al descubierto por completo a Ralph, que si bien necesita de ayuda para mantener sus agudos imposibles, también es cierto que profesa con veneración correspondida la firmeza del resto de tonos. Un vocalista formidable aunque los años no pasen en balde. “Destroyer” y “I Am The Primal Fear” (ambas de Domination, 2025) completaron el primer tridente proveniente de las entrañas del fuego de la forja.
La llamativa figura de Thalia (¿cuánto medirían la base de las plataformas de sus botas?), así como su inusual pose al ser zurda, acapararon multitud de miradas alejadas del contexto sexual, y como bien merece, centradas en el telón artístico. Un gran refuerzo audiovisual y que deja que Karlsson no tenga que ser un protagonista forzado, dejándole más espacio para la naturalidad escénica y para desarrollar una camaradería, entrañable, con el maestro de ceremonias con una única parte más robusta que sus musculados brazos: ¡sus cojones!, como nos transmitió el rubio guitarrista al presentar al jefe de expedición. Ciertamente el doblaje de melodías, los solos compartidos y esos riffs asesinos que poseen, quedaron bien refrendados por estos virtuosos, cuyos rostros de satisfacción emparentaban con el júbilo de los y las allí asistentes.


“Final Embrace” (Jaws Of Death – 1999), “Nuclear Fire” (del álbum del mismo título del año 2001) y la animosa “Rollercoaster” (Seven Seals – 2005), encadenaron de mayor forma la sumisión que sentía el público a las convocatorias que Scheepers realizaba agitando sus voluptuosas extremidades superiores, sin demasiado diálogo, todo sea dicho, hasta que ya confraternizó con el gentío a medida que el show avanzó con la autónoma “Seven Seals”. Los tonos de luz elegidos y la veteranía de los técnicos de la sala, realzaron el componente de glamour que merece la banda, ya no tanto por su longevidad, sino por su inmensa calidad bien valorada con las canas que pueblan nuestras barbas.
“King Of Madness” representó a Apocalypse de 2018 e instaló ya con total comodidad al alopécico titán quien ya, totalmente entregado, vaciló y cantó en castellano, llegando incluso a bajar al foso a estrechar manos micrófono en mano.
Con “The Hunter” y “Far Away” (Domination) se sublimó la confianza y respeto entre los de un lado y otro, y el jolgorio, para ser mitad de semana laboral, parecía aumentar peligrosamente (más de uno y una se acordarían del bolo a la mañana siguiente de camino al curro).


“Fighting The Darkness” (New Religion – 2007) emocionó y nos dejó una demostración más del gran Dirk con su precisa y cristalina digitación con las cuerdas gruesas, menudo soporte entregó durante todo el recital, imprescindible.
Antes de los bises de “Angel In Black” (Nuclear Fire) y “Running In The Dust” (Primal Fear – 1997), nos volvieron locos con los inolvidables “Chainbreaker” (Primal Fear) y “Metal Is Forever” (Devil´s Ground – 2004). Es cuando ya nos dimos cuenta de que lo acontecido allí y gracias a todos los músicos que pisaron el entarimado, esa noche, fue un rito que reforzó lazos entre los miembros de esta tribu irreductible que desea coronar los montes castellanos, incluso nacionales, ¿por qué no?, con la bandera de Burgos Metal City. Gracias a los promotores, organizadores y a unos siempre receptivos y profesionales inquilinos del Andén 56, bueno ojo.








