Europe en Bilbao, una noche para rendir tributo a los años ochenta

Bandas: The Damn Truth – Europe
Lugar: Bilbao Arena Miribilla – Bilbao, 9 de octubre de 2026
Texto: J. A. LuX
Fotos: Juan Ramón Felipe

«Paradójicamente, Europe gira tras la edición de un disco que los posiciona en lo más alto de su propio cénit creativo y que, a la vez, les distancia más que nunca de su álbum clave para reventar los charts mundiales, hace cuarenta años, ni más ni menos, que es lo que se venía a celebrar aquí. Lo que sí quedó claro es que, tras esta meritoria entrega discográfica, y a tenor de lo visto sobre las tablas, Europe han tomado el testigo de los dinosaurios del rock anteriores a ellos para liderar, sin atisbo de duda, a toda su promoción de coetáneos.»

Un Bilbao radiante, de viernes total, nos acogió con un sol otoñal (por la época más que por la agradable temperatura) que alegraba el alma y nos predisponía, de buen talante y entre legiones de paisanos y paisanas de nuestro clan, para tender un puente a una época que nunca tendrá réplica y que, a pesar del uso, del abuso, e incluso de su relego a la estantería de la nostalgia puntualmente rescatable, cuando amanece  fortalecida, no tiene parangón ni para el más duro del poblado. Y es que los protagonistas de la velada unieron y dividieron con la edición de The Final Countdown, allá por 1986, a los heavies más malotes, a los amantes de las experiencias melódicas, e incluso a las hermanas de ambos y a sus perritos falderos de tupé, chupa de cuero y sindicados por la movida madrileña. Todo tenía su nivel de gravedad según las circunstancias y los grados de importancia que quisiera darse cada cual.

Tanto el look, como el acceso más comercial al que se acogieron, por no hablar de la sintonía indeleble del tema homónimo de este destroza listas de éxitos, así como el sentimiento de himno intergeneracional que ya de por sí desprendía (explotado para celebrar las campanadas de cada fin de año, como para acabar décadas e incluso milenios), crearon el caldo de cultivo necesario para polarizar tanto a los concretos como a los dispersos, a las casuales como a las enfáticas, convirtiéndose en un fenómeno que, en la fecha que nos ocupa, debía medirse con el test del calendario.

Una pena que en su periplo por nuestra nación se cayera la presencia de Gun, otro ejemplo a menor escala de lo que a Europe le sucedió, pero los avispados suecos, que no yerran en sus dictados empresariales, han tenido a bien mantener a los canadienses de The Damn Truth.

The Damn Truth, el conjuro de una banda que necesitaba de esta explosión para llegar a nosotras

Llevan años avisando pero, tras la edición de su disco de 2025 y que lleva su propio nombre, además de colgarse la medalla de trabajar con Bob Rock, han tenido la suerte de ser fichados por Frontiers Records s.r.l. y, con una reedición de este lanzamiento, algo escasa de contenido adicional, han duplicado sus opciones de promoción por lo que, una gira de estas dimensiones ha supuesto un golpe de efecto particularmente efectivo del que ellos mismos han tomado buena cuenta para aprovechar la ola a la que tienen a acceso.

Dando pie a su salida, White Rabbit de Jefferson Starship los envolvía mientras el cuarteto salía a acometer lo mejor que saben hacer: rock sin fecha de caducidad. Be Somedy fue la elegida de presentarnos la voz de Lee-La Baum en esplendor, y es que hay temas escritos para encabezar una revolución interna para restaurar el clasicismo de nuestro catálogo básico, este sin duda lo es.

Con su imagen retro, hippie e incluso desaliñada, visualmente tenían la papeleta resuelta más allá del carisma de su sensacional vocalista. Incluso el sonido estuvo a su favor, algo poco frecuente en este tipo de eventos, lo que hizo que conectaran desde el principio con la abultada turba que tuvo a bien unirse a ellos. Quizás un poco de volumen a la guitarra de un Tom Shemmer extra motivado a los coros hubiese redondeado más su actuación, pero parece ser que ese aumento de decibelios sí se le proporcionó al genial bajista Pierr-Yves. Su modo de rocanrolear era contagioso y venía bien marcado por la batería Dave Traina. De una cosa no nos podremos quejar: cero pregrabados y coros a la vieja y necesaria usanza, otro diez para ellos.

Del rock de los años setenta, del blues, de la borrachera sicodélica y de los ovarios de una frontwoman sin amilanarse ante nada ni nadie, se alumbró un conjuro que o nos dejaba absortos mientras los mirábamos, o nos hacía movernos como el humo de un joint de verde rebelde, tintineante, por no mencionar los estallidos en forma de estertor poseído que nos provocaba la tos de sus caladas intensas. “Love Outta Luck”, la imprescindible “The Willow” o “This Is Who We Are Now”, “All Night Long”, “Lonely” o “Get With You” nos indujeron a sus similares intenciones servidas con diferentes propuestas. Decidieron con “Tomorrow” concluir su experimento y, nuevamente, levantar nuestras suelas del asfalto con otra de esas canciones que lo tiene todo, aunque a lo mejor solo le faltes tú. Toma nota.

A esto se le llama rendir cuentas a tus deseos y finalizar tu labor con, al menos, intenciones claras por encima de los piropos traicioneros. Sangre, sudor y lágrimas de alegría.

Europe, la banda que ha tomado el testigo de los dinosaurios del rock anteriores a ellos para liderar, sin atisbo de duda, a toda su promoción de coetáneos

Se notaba en esa tensa espera antes de que los de Tempest modelaran por el escenario para coger sus posiciones; algo grande iba a pasar allí. Con la orquestación que precede a la contundencia de “Scandinavian Eyes”, el lleno absoluto del recinto solo pudo enmudecer internamente ante la parada de efectos que tan solo con una angelical nube de focos blancos nos dejó contemplar a los cinco magníficos. Tan solo duró unos segundos antes de que la guitarra de Norum nos despellejara con su naturalidad; antes de abrir las ventanas cinematográficas que a través de los juegos de luces y las pantallas allí enclaustradas y separadas entre sí, como si del arañazo de un gigante se tratara, completaran la épica de una banda que primero venía a decir “estos somos nosotros ahora”.

Gran respuesta de la congregación que tras abrirse en aplausos eufóricos entre tonos rojos, verdes, negros y colores vivaces, casi ovaciona al quinteto validado como original en los primeros compases de “Walk The Earth”, la cual sonó majestuosa, pero que, a pesar de su poder pareció quedarse pobre ante los coros a capela que preceden a la adorada “Superstitious” que hizo levantarse por primera y no última vez a todo “pichirichi”.

Sabemos cómo funciona el rol de las bandas de este lado del hemisferio y, sobre todo el rango sueco que, con unos miembros más fríos y estáticos, dejan que todo el peso del rockstar recaiga sobre un Joey Tempest quién está muy por encima vocalmente de muchos de sus amigos y compañeros de escena, por no decir que mantiene un atractivo, una elegancia y un sistema sicomotor más que muy remarcable, incluso altanero a una edad que fecha su nacimiento en las biografías, pero que parece mentir ante la realidad.

Mic Michaeli es el director de orquesta perfecto con su dotada proliferación de recursos, el que marca la tónica para abrir “One To One” y dejar que John Levén con su áspero bajo para el tema, se lleve el protagonismo total, cedido por el propio vocalista. Esta entrada los devuelve a una actualidad que los desea, los aguarda y lo respeta y que ellos han sabido reconocer. La apertura solista de Norum en este tema, me recuerda mucho al trabajo de Kee Marcello, pero claro, ahí está el para dejar luego su perla.

“Prelude” lógicamente allana el paso para otro peso pesado de la banda en este milenio, el, a mi entender, seminal “Last Look At Eden”, donde la pegada de Haugland duele por muy esperada que sea. La épica que despiertan con la intensidad de los focos y las pantallas, por no hablar de la marcialidad de su ritmo alistan en sus filas hasta al más reacio a moverse en un concierto. Nadie pareció darse cuenta de que fuimos contratados para ser los figurantes de una película con más visos distópicos de lo que se podría creer de Europe hace cuatro décadas. Ellos dirigían con tal maestría cada fotograma que solo tendría cabida para repetirse una vez en directo y cientos de veces en nuestra futura memoria de aquel impás temporal. Para incidir en esa propuesta y añadir a la trama mayor dramatismo, “War Of Kings” neutralizó la euforia durante los segundos en las que fue rodada, dejando que la música y sus habilidades purple reinaran por encima de nuestra voluntad. Nada estaba abonado al azar, esta película tenía que ser grabada en una sola toma y ellos tenían la llave para hacerlo.

Tras estos instantes tan tensionados, llegó de forma desnuda una luz proveniente de un cielo que se compartió sin recueros de guerras, de ansiedades, de problemas reales. Llegó el alumbramiento en acústico de “Prisioners In Paradise” con Haugland esperando a dar el golpe preciso, con Mic llenando cada molécula entre el espacio y el tiempo y Joey con su voz y la acústica. Toda su melodía parecía llevada más allá por la grandeza de la canción hasta que se unieron Levén y Norum para dejar uno de los hitos más efervescentes de todo el recital. Sin quitarse la guitarra de los hombros, su nuevo himno para sentirnos invencibles, “The Cult Of Ignorance” arrasó por encima de cada alma allí presente. Un tema que va a tener su pedazo de historia en este nuevo reinado que, sin ellos tener tan presentes, va a marcar una nueva dinastía mayestática.

Con el cambio a colores más amables y entrelazados al gris que tiñe los recuerdos, nuestro cerebro era avisado con “On Broken Wings”, cara B del icónico single que acabó rallado en millones de pubs y discotecas de todo el mundo, por no hablar de todos los años que se habrán juntado solo en minutos de reproducción del mismo. Imágenes de cardados, sonrisas incrédulas de unos jóvenes a los que la fortuna les sonrió con mayor luminosidad que la que sus propias dentaduras perfectas entregaban para las fotos más deseadas y los posters más codiciados. Diapositivas del ascenso de unos particulares y cómo esto les cambió la vida, todo visto a través de sus rostros inocentes e incluso despistados ante tanta atención inmediata. El documental de la edad de oro, los años ochenta que con “Rock The Night” despertó a aquellos y a aquellas que se encontraban entre los cuatro y veinte años de edad media en aquel preciso desliz, sí, te lo recuerdo, hace ocho lustros.

“Carrie” le continuó la estela, esta vez desde su cómoda posición de balada que repercutía en la ropa interior, pero con un mayor poso de madurez que no hizo que cayera en lo trasnochado. Allí miles de corazones se volvieron a romper, a sanar, a ilusionarse y a enamorarse, pero esta vez de sus creadores y no de aquella figura del verano, del instituto o de la caja cuadrada de culo ancho.

Me gustaría realzar en este punto algo que se cacarea por todos los lados: la voz de Joey Tempest. Si bien hemos hablado antes de su presencia actoral, también hemos de ser sinceros con su don que nos embelesó de por vida, ahora ampliado con sus dotes escénicas, pero con el testigo de los puñados de arena derramados y nuevamente volteados. Sabe dosificarse, muy a pesar de que la potencia y la soltura de las mejores interpretaciones de su carrera quedan lejanas. ¿Y cómo funciona esto? Evidentemente no con grandilocuentes dispendios, pero sí tirando de público sin abusar; de la herramienta correcta que es la respiración profesional; de tonos medios con licencia a pequeñas subidas, con ausencia de interjecciones manidas; con rasgados de fatiga finalizados dignamente, y con presencia suficiente pero no omnipresente. No es el mismo, ha perdido consistencia, se ha dejado en los escenarios el brillo de las efemérides, le falta vigor a su timbre, pero mantiene el color, el ardor y, con la emocionante y cortante dicción distintiva no solo no hace el ridículo, sino que nos lleva a su terreno y nos sigue hipnotizando. Enhorabuena a la madurez bien distribuida.

Por eso me permito seguir con despreocupación, porque el festivo se alargaba con “Danger On The Track” y una divertida performance junto a los miembros de su equipo, a quienes ya había alabado en su pequeño discurso honorífico a la crew. Mucha gente se sintió desconcertada ante lo que pasaba en el escenario con gente llevando pizza, cambios de platos para la bestia parda que es Ian, setlists que se movían, pies de micro que se probaban en segundos y flip cases que recorrían el escenario. Siempre la barrera idiomática nos aísla de una comprensión total de una banda on stage, deberíamos hacérnoslo mirar.

Nos llevaron a Japón con “Ninja” y ese enfoque hard con raíces heavies melódicas de dramaturgo quinceañero para que “Cherokee”, en tonos ocres, nos hiciera levantar las manos hacia el cielo y, otra vez más, como tratado ceremonial, nos viéramos obligados a rendir tributo a nuestra familia y sus guerreros. La banda estuvo superlativa de principio a fin, consiguió su encomendado y para continuar con la cara secundaria de la casete que nos volvía locos, arremetió los quizás menos seguidos “Time Has Come” (simplemente maravillosa), la chulesca “Heart Of Stone” o la siempre bien recibida para un servidor “On The Loose”, poco machacada por muchos y muchas como pude presenciar, al no ser secundada con coros desatados en el abarrotado gran recinto bilbaíno.

“Love Chaser” se anticipó con su entonación menos arriesgada a la revolución aguardada por el fenómeno fan, la inevitable “The Final Countdown”, que con toda la logística espectacular y una apasionada entrega por parte de la banda y seguramente muy a su pesar de forma interna, derramó manantiales encubiertos de agua y sal por las mejillas de aquellos que no querían soltar la mano de su pretérito. Simplemente el colofón esperado con dos puntos más de majestuosidad. Es como ver Karate Kid, Los Gremlins o E.T. con tus nuevas generaciones cercanas y unirte a su edad como un Peter Pan sin complejos, pruébalo, es catártico.

Europe se han revelado contra modas, mofas, incomprensión, fanatismo exagerado, detractores exacerbados y amantes caducas creyendo en sí mismos y, dejando para el final, quizás otro nuevo inicio de una cuenta adelante que no tiene visos de invertirse. Sensacionales.

By J.A.Lux

Amante y coleccionista de música, adorador del Rock y Metal en todas sus vertientes. Apasionado del celuloide y más si es de terror. Defensor irreductible de la cultura, siempre dispuesto a debatir y colaborar para su progreso.

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