Bandas: Sir. Elton John
Lugar: Estadio Banorte (Estadio Azteca), Ciudad de México — 2 y 3 de octubre de 2026
Texto: Raúl Reyes Zúñiga
Fotos: Adrián Reyes Pérez
El closet de personajes se cerró definitivamente para la capital mexicana. Trajes que en algún momento formaron parte de la historia de Elton John, como el uniforme de béisbol de Los Angeles Dodgers, el traje de abeja que utilizó en mayo de 1974 en Watford (Reino Unido) o aquel inolvidable disfraz de Pato Donald con el que se presentó en Central Park, Nueva York, el 13 de septiembre de 1980, quedaron guardados para siempre. Lo mismo ocurrió con aquellas plumas, lentejuelas y extravagantes vestuarios que marcaron toda una época.
Con los ojos enrojecidos por la emoción, la leyenda de Elton John se despidió de su público mexicano ofreciendo dos conciertos memorables que no formaban parte de su gira mundial Farewell Yellow Brick Road Tour. El músico británico consiguió llenar el Estadio Azteca durante dos noches, reuniendo a un total de 120.000 espectadores. Fue un regreso especialmente emotivo a tierras mexicanas, ya que el artista no había vuelto al país desde 2012.



El contexto de estas actuaciones era completamente distinto. Se trataba de dos conciertos fuera de su gira, algo así como una despedida dedicada especialmente a sus amigos mexicanos. Se mirase por donde se mirase, estas dos fechas representaban mucho más que dos simples conciertos: fueron dos viajes históricos por la trayectoria de uno de los grandes nombres de la música. Resultó maravilloso contemplar un escenario ocupado por una banda repleta de figuras destacadas del panorama musical internacional, con una presencia central que acaparaba todas las miradas: Sir Elton John.
Sentado frente a su piano, ante 60.000 personas cada noche, el legendario músico británico conseguía poner la piel de gallina. Su voz, inevitablemente marcada por el paso de los años, no restó emoción ni intensidad a las interpretaciones que ofreció durante ambas actuaciones. En cada una de las noches, el público tuvo el privilegio de presenciar el espectáculo y cantar junto a Elton John. Fueron dos veladas históricas para la capital mexicana, acompañadas por músicos de primer nivel que han dejado huella en numerosos proyectos y en la propia historia del rock.

Ray Cooper es un extraordinario percusionista que ha mantenido una estrecha colaboración con artistas de la talla de George Harrison, Eric Clapton y Phil Collins. También ha participado en proyectos relacionados con bandas legendarias como The Who, The Rolling Stones y Pink Floyd, entre muchas otras.
Por su parte, Nigel Olsson, además de ser uno de los pilares de la banda de Elton John desde la batería, ha desarrollado una destacada trayectoria musical vinculada a formaciones como The Spencer Davis Group, Uriah Heep y Plastic Penny. En los teclados se encontraba Kim Bullard, una pieza fundamental en proyectos como Poco y Crosby, Stills & Nash. Su experiencia como músico de sesión y colaborador de estudio incluye trabajos con artistas y bandas como Yes, Santana, The Doobie Brothers y Nine Inch Nails, entre otros.
Davey Johnstone, virtuoso de la guitarra y estrecho colaborador de Elton John desde 1971, también ha trabajado con grandes nombres de la música como Alice Cooper, Meat Loaf, Stevie Nicks, Bob Seger y Rod Stewart. Su papel como director musical ha sido fundamental en el desarrollo de los espectáculos del artista británico. John Mahon, corista y percusionista, cuenta igualmente con una amplia trayectoria profesional, en la que figuran colaboraciones con Al Stewart, Helen Reddy, Rita Coolidge y Three Dog Night.
El bajista y corista Matt Bissonette completa esta extraordinaria formación. A lo largo de su carrera ha colaborado con David Lee Roth, Jeff Lynne y Electric Light Orchestra (ELO), Ringo Starr & His All-Starr Band, Joe Satriani y REO Speedwagon. Todos ellos son músicos de primer nivel, elegidos por el propio Elton John para acompañarle sobre el escenario. Juntos ofrecieron dos veladas inolvidables, en las que cada integrante asumió su papel con una precisión y una profesionalidad extraordinarias.
La selección del repertorio para estas dos actuaciones tampoco fue una tarea sencilla. Según explicó el equipo del artista, fueron necesarios dos días para cerrar definitivamente la lista de canciones debido a la dificultad que suponía elegir entre tantos éxitos.
«Fue difícil definir los temas», señalaron desde su equipo, que también explicó que se había buscado «un equilibrio entre las canciones más representativas de la carrera de Elton John«.

Los días 2 y 3 de octubre, el Estadio Azteca fue testigo de un repertorio compuesto por 21 canciones que el músico británico interpretó con el alma. Durante cada tema se percibía la conexión entre el artista y sus seguidores, especialmente cuando sonaban clásicos como «Rocket Man», «Tiny Dancer» y «Goodbye Yellow Brick Road».
Sin duda, Tláloc, el dios de la lluvia, pareció unirse a las lágrimas del público durante aquellas noches de despedida de su majestad en el Estadio Azteca. Contemplar por última vez la imagen icónica de Sir Elton John, sentado frente a su piano, observando a los miles de espectadores y tratando de contener la emoción, fue uno de los momentos más conmovedores de ambas actuaciones.
El artista encontró fuerzas para dirigirse al público y pronunciar unas palabras cargadas de sentimiento: «Quería hacer estos dos últimos conciertos para vosotros, para daros las gracias por todo el amor y el apoyo que me habéis dado durante tanto tiempo».
Unas palabras que provocaron lágrimas entre numerosos asistentes. En el rostro de Elton John también se reflejaba la emoción, mientras hacía una pausa y tragaba saliva antes de continuar. Aquellas noches también dejaron opiniones encontradas. Una parte del público acudió con la expectativa equivocada de escuchar al mismo Elton John de hacía más de tres décadas. Otros parecían esperar encontrarse con la imagen física del artista de su juventud, olvidando que el paso del tiempo es inevitable para todos.
Quienes acudieron con esas expectativas quizá terminaron decepcionados, sin comprender que no estaban asistiendo a un concierto cualquiera, sino a la despedida de una leyenda de la música de 79 años, un artista cuya trayectoria ha marcado a varias generaciones. Porque, más allá de los cambios en su voz o en su apariencia, lo que quedó sobre el escenario del Estadio Azteca fue la esencia de Elton John: su talento, su piano, sus canciones y una conexión con el público que ha sobrevivido al paso de las décadas.
Dos noches que permanecerán en la memoria de quienes tuvieron la oportunidad de presenciarlas.



