Bandas: Blackgold – Pengshui – Indigo Blaze
Lugar: John Dee, Oslo – 30 de octubre de 2026
Texto y fotos: Jesús Figueirido
La noche previa a Halloween tenía todos los ingredientes para convertirse en una auténtica celebración del sonido más gamberro y contundente. El viernes 30 de octubre, The Underworld de Camden recibió a Blackgold, Pengshui e Indigo Blaze en una velada en la que la música y la estética más tenebrosa parecían estar hechas la una para la otra.
No hacía falta esperar a la noche de Halloween para encontrarse con personajes salidos de alguna película de terror. Entre el público abundaban los maquillajes siniestros, rostros pintados y estilismos oscuros que contribuían a crear una atmósfera especialmente apropiada para la ocasión. Con el Underworld lleno hasta la bandera, Camden volvía a demostrar por qué sigue siendo uno de los rincones imprescindibles de la escena alternativa londinense.



La noche arrancó con Indigo Blaze, encargados de abrir fuego con su propuesta y un repertorio que dejó títulos como «Got Pace», «We Don’t Miss», «D1», «Pump It», «Defcon», «UTB», «Necta», «Starwound» y «Critical Hit». Una primera descarga que sirvió para poner en marcha al público y preparar el terreno para lo que vendría después.
Pengshui tomó el relevo en una noche que iba ganando intensidad a medida que avanzaban las actuaciones. La formación londinense formaba parte de un cartel especialmente atractivo para quienes disfrutan de las mezclas entre la contundencia del rock, el metal y las bases urbanas. Su presencia completó una combinación de propuestas que tenía en la diversidad sonora uno de sus principales atractivos.



Blackgold: la vieja escuela del nu metal vuelve a tomar Camden
Pero si había una banda que prometía una buena dosis de nostalgia, actitud y energía, esa era Blackgold.
Considerados una de las formaciones británicas de metal pesado con mayor proyección del momento, este colectivo anónimo que esconde su identidad tras sus características máscaras ha conseguido hacerse un hueco en la escena gracias a una propuesta que recupera el espíritu del nu metal clásico desde una perspectiva actual. Grandes riffs, flow hip-hop, texturas de DJ y una presencia escénica explosiva son algunos de los ingredientes de una fórmula diseñada para grandes escenarios y públicos multitudinarios.
Su sonido remite inevitablemente a una mezcla entre Cypress Hill, Beastie Boys y Limp Bizkit, tres nombres fundamentales para entender esa época en la que el hip-hop y el metal encontraron un territorio común. Blackgold recoge ese legado, pero lo transforma en algo propio, conectando con quienes crecieron con aquellos sonidos y atrayendo también a nuevas generaciones de seguidores.
No es casualidad que hayan compartido escenario con pesos pesados como Limp Bizkit y Skindred, además de haber llevado su propuesta por Reino Unido, Europa y Estados Unidos. Su reputación como banda de directo no ha dejado de crecer, y Camden tuvo la oportunidad de comprobar por qué. Desde los primeros compases quedó claro que su propuesta no consiste únicamente en tocar canciones contundentes. Blackgold entiende el directo como una fiesta colectiva, donde la interacción con el público, los estribillos coreables y la energía sin filtros son tan importantes como los propios riffs.



El repertorio arrancó con «Intro» y «Wake Up», para dar paso a «Social Blackout (Reload)», «Today Is My Day», «It’s Art» y «One Chance». La banda fue desplegando su particular arsenal sonoro, alternando momentos de groove hip-hop con explosiones de guitarras y estribillos pensados para ser coreados a pleno pulmón. El setlist continuó con «Old School Sound», «Beastie Boy», «Simon Says», «Cash Rules» y «Bring the Noise», dejando bastante claras sus influencias y sus intenciones. Blackgold no parece tener ningún complejo a la hora de reivindicar una época en la que el hip-hop y el metal hicieron saltar por los aires cualquier etiqueta musical.

Ni siquiera un pequeño contratiempo técnico consiguió frenar la fiesta. Un problema con los micrófonos obligó a detener el concierto durante aproximadamente dos minutos, una pausa inesperada que podría haber enfriado el ambiente. Sin embargo, la banda resolvió la incidencia y volvió a la carga sin perder los papeles ni la conexión con el público. A partir de ahí, la recta final fue una auténtica celebración. «Killaz», «On Another Level» y «Crazy World» mantuvieron la intensidad, mientras que las referencias a Cypress Hill y el espíritu de la vieja escuela del hip-hop terminaron de redondear una actuación que parecía diseñada para despertar la nostalgia de quienes crecieron escuchando aquellos sonidos.
El tramo final, con «Dance Like That» y «Boogie Man», puso el broche a un repertorio cargado de actitud, ritmo y contundencia.
Con el Underworld lleno hasta la bandera, Blackgold consiguió lo que se espera de una gran banda en directo: conectar con el público, superar los pequeños imprevistos y convertir una sala abarrotada en una auténtica fiesta. Su propuesta demuestra que el nu metal clásico todavía tiene mucho recorrido cuando se combina con personalidad, frescura y una buena dosis de descaro.
















