Banda: Airbourne + Asomvel
Lugar: Razzmatazz, Barcelona – 24 de marzo de 2026
Texto: Òscar Saro
Fotos: Alfredo M.Geisse
Los australianos Airbourne, acompañados de unos solventes Asomvel, volvieron a demostrar en Barcelona que no necesitan reinventarse para ofrecernos una nueva noche de pura electricidad.

Cada vez es más habitual convertir el lanzamiento de un nuevo sencillo en motivo más que suficiente para volver a la carretera y levantar una gira de gran formato. Ese parece ser también el caso de los australianos Airbourne, que en junio de 2025 publicaron el sencillo, “GUTSY”, material nuevo desde hace seis años y detonante para regresar a los escenarios con el Gutsy Tour 2026. Una gira de más de treinta fechas por capitales europeas que, en su paso por nuestras tierras de la mano de Madness Live, los ha llevado a hacer volar por los aires la agenda de finales de marzo con tres llenos consecutivos en Barcelona, Madrid y Bilbao.
Y es que, simplemente es necesario dejarse noquear nuevamente por uno de sus directos, para comprender que el hábitat natural de la banda de los hermanos O’Keeffe está indudablemente ubicado entre esa mítica torre de amplificadores Marshal y su público. Allí es donde los hemos vuelto a gozar y, como en sus últimas visitas, no nos han traído un espectáculo nuevo ni un giro inesperado en su propuesta. Pero tampoco les hace ninguna falta: porqué lo que sí que nos han vuelto a proporcionar es una nueva velada de energía desbocada. Y lo damos por bueno, no esperamos nada diferente, tenemos más que suficiente con una nueva dosis de pura electricidad.
En la noche que nos ocupa, la del 24 de marzo en la sala Razzmatazz de Barcelona, conviene insistir una vez más en lo que supone un sold out en este recinto: una experiencia de inmersión total en la masa, donde acercarse a la barra o intentar llegar al lavabo puede convertirse en una pequeña odisea física. Sinceramente, es una clara situación de inseguridad que considero conveniente revisar.
Asomvel prende la mecha de la noche con rock’n’roll áspero y directo

Formados en 1993 en Harrogate, North Yorkshire, Inglaterra, Asomvel llevaron a Barcelona una descarga de rock’n’roll acelerado, directo y sin concesiones, muy en la línea del clan familiar liderado por el reciente desaparecido Phil Campell y también similar a la de sus ancestros, los propios Motörhead.
Con el cabeza de familia Lenny Robinson a la guitarra, acompañado de sus hijos Ralph Robinson al bajo y la voz y Stel Robinson en la segunda guitarra, cerraba el cuarteto el batería Ryan Thackwray. La banda ofreció una actuación muy física y directa sin demasiadas concesiones. Hubo algún momento en el que la voz rasgada de Ralph no me terminó de encajar del todo, pero la entrega general del grupo estuvo muy por encima de cualquier matiz. Los dos guitarristas alternaron solos y riffs, y se encargaron de reforzar varios pasajes con coros que proporcionan un carácter más cercano al formato de himno rockero. Mención especial para Thackwray en la batería, que se mostró realmente demoledor.
Ocuparon corriendo al escenario y arrancaron con “King of the World”, que fue toda una declaración de guerra. A partir de ahí, el concierto fue una sucesión de impactos. “Louder & Louder” hizo honor a su propio título y elevó todavía más la intensidad, mientras “Born to Rock ’n’ Roll”, tema que da nombre a su último álbum de estudio, publicado el 29 de marzo de 2024, consiguió arrancar los primeros coros del público.

Desarrollando con eficacia el papel que tenían asignado, consiguieron una conexión constante con el público, como se vio en “If It’s Too Loud, You’re Too Old”, que nos dejó un mar de brazos balanceándose, o con “Outside the Law” con las palmas acompañando el ritmo percusivo del tema. Con “Set Your World on Fire”, además, llegó el momento en el que Ralph azuzó a la sala para a que respondiera todavía con más fuerza.
Aprovechando la pausa para enviar un recuerdo para Phil Campbell, se lanzaron con la versión de “Born to Raise Hell” de Motörhead, pieza que encajó a la perfección en el repertorio y en la identidad de una banda que bebe claramente de esa tradición de rock británico, sucio y veloz.
En la recta central del concierto, “Luck Is for Losers” exprimió el estribillo hasta la saciedad, reforzando ese carácter coreable de su repertorio. Después llegó “Lone Wolf”, que arrancó con fuerza y un solo potente, antes de que Ralph bajara al foso y provocara uno de los momentos de mayor locura.
El tramo final mantuvo el nivel sin un solo respiro. “Take You to Hell” sonó como una auténtica apisonadora, “Light ’Em Up” volvió a llevar al bajista hasta el foso para hacer cantar al público, y “The Nightmare Ain’t Over” puso el broche con un tema rápido, incisivo y perfecto para cerrar por todo lo alto. En ese último arreón volvió a sobresalir Ryan Thackwray, tremendo durante toda la noche tras los parches, sosteniendo cada acelerón con una pegada arrolladora.
Asomvel firmó así una actuación solvente y fiel a la esencia del rock acelerado y sucio de raíces británicas.


Airbourne sigue siendo Marshalls, cervezas y descarga eléctrica.

Con la sala llena hasta los topes y esa sensación de que, si habías conseguido una buena posición, más te valía no dejarla, los australianos convirtieron la noche en aquello que siempre han ofrecido: una celebración sudorosa, cervecera y contagiosamente eléctrica. La cara más salvaje del hard rock en directo.
El sonido ambiente hizo crecer el fervor del público, siendo especialmente coreados clásicos como “Seek & Destroy”, “Run to the Hills” o “Ace of Spades”, que provocaron incluso los primeros moshpits antes de la llegada del grupo. La banda sonora de Terminator y unas luces rojas anunciaron el aviso de impacto inminente, y así fue como Airbourne, tomó el escenario para disparar el sencillo que da nombre a la gira, “Gutsy”, con una energía descomunal y con Joel inaugurando pronto su deporte favorito: el lanzamiento de cervezas al público.

La puesta en escena era la de otras veces: murallas de amplificadores Marshall a ambos lados, torres de luces arriba y abajo, y una gran pancarta al fondo que, como suele ocurrir en Razz, quedaba medio escondida por la batería. No hacía falta más. Airbourne siempre ha centrado sus espectáculos en derrochar mucha actitud.
“Too Much, Too Young, Too Fast” no tardó en hacer vibrar a toda la sala por completo, con la banda moviéndose al unísono y el público dejándose contagiar por el torrente de energía. “Cradle to the Grave” sirvió para poner a cantar a la multitud, mientras el frontman aprovechó su primer discurso para lanzar un alegato en favor de no dejar nunca de rockear.
Con “Hungry”, micrófono en mano, Joel exprimió aún más la respuesta de la sala, obligándola a cantar y palmear. “Back in the Game”, con ese riff musculoso y ese aroma tan claramente emparentado con AC/DC, fue otro de esos momentos en los que Airbourne recordó por qué lleva más de dos décadas perfeccionando esta fórmula de rock de alto voltaje, directa a la yugular y sin un solo segundo para respirar.

Pero si hubo un punto de no retorno, ese fue “Raise the Flag”, cuando el cantante bajó al público y, en hombros, se marcó en su típico rodeo entre la multitud, guitarra en mano y con ese ritual de estrujar latas de cerveza que terminó de encender una sala que ya hervía. A partir de ahí, los moshpits se multiplicaron y aquello pasó de concierto a locura colectiva. “Cheap Wine & Cheaper Women” fue puro desmadre, con brazos en alto siguiendo cada riff y varias personas elevadas sobre la multitud, mientras la banda se mostraba encantada de contemplar el caos que estaban provocando.
“Alive After Death”, que devolvió el rojo al escenario, es un tema nuevo que están tocando en directo antes de publicarlo oficialmente. Y con “Breakin’ Outta Hell” cayó como uno de los grandes himnos de la noche, un “temazo” épico recibido con auténtica devoción. Los focos blancos, los ruidos de una alarma con manivela y los efectos de aviones sobrevolando añadían una teatralidad perfecta para “Diamond in the Rough”, que encontró a la sala cantando el estribillo con ganas. Así llegó el momento cumbre del lanzamiento de cervezas, con “Live It Up” y un continuo volar de vasos que el público intentó cazar al vuelo.
Tras abandonar brevemente el escenario, regresaron para el encore y, lejos de aflojar, remataron la faena con aún más locura. Joel apareció encima de los bafles y la gente se adelantó al inicio de “Ready to Rock”, coreando la melodía antes de que sonara. El remate final fue tan contundente como cabía esperar. “Runnin’ Wild” desató el último gran estallido comunal, con el público entregándolo absolutamente todo entre los gritos y las palmas, para cerrar por todo lo alto una actuación de puro desenfreno eléctrico.
Amplificadores apilados, riffs disparados a quemarropa, cerveza volando por los aires y una sala entera dejándose electrificar. Eso es lo que siempre ha sido Airboune y lo que certificaron que continúan siendo, sin indicios de pisar el freno.

