
Discográfica:
El Puerto Records
Fecha de edición:
6 de noviembre de 2026
Componentes:
David Reece – voz
Andy Susemihl – guitarra, coros
Steve Gordon MIA – guitarras
Gorka Alegre – bajo
Tommy McWilliams – batería
Bangalore Choir cerraron la entrada de los grandes clubs y de las fiestas masivas en el olimpo del Sunset Strip. Acontecía el fin de una era que se iniciaba, en paralelo, al nacimiento de una banda que tuvo que crecer y convertirse en clásico a toda velocidad. Ahora abren esas mismas puertas más como museo que para compartir pista de baile, pero lo hacen como guías de auténtico lujo y con el valor que a muchas otras agrupaciones les ha faltado para sacar los discos en los que creían.
On Target se estableció como otra de las joyas que seguirían a los prolíficos ochenta. David Reece ya había demostrado las que se gastaba con su vozarrón, tanto, que ni Accept pudo dejarlo pasar tras la marcha de Udo. El resultado fue el disco más controvertido de la carrera de los alemanes y, para mi gusto, uno de los mejores que poseen, tanto por su aperturismo, como por su frescura. Una pena que no lo entendieran así los acérrimos y que el respaldo fuera residual, pero suficiente como para que Bangalore Choir apareciera.
Ha llovido y ha escampado; el señor Reece ha estado muy activo dentro del hard and heavy o viceversa, pero ya más centrado en su amada criatura, ha obtenido resultados dispares hasta que en 2025 sacara una segunda parte de su debut que, a pesar de la presión a la que estaba sometida, tenía lúcidos momentos. Tan solo un año más tarde y con una convicción que tira de espaldas, nos presenta Payload, una larga duración que saca lo mejor de sus primeros años y que los traslada a un presente huérfano de originales, sobre todo en una Europa plagada que “quieros y no puedo” en forma de plagios descarados.
Payload no es On Target, por supuesto, no podría mentiros, pero esto no es para nada una ofensa, tampoco necesitábamos un émulo. Payload es una masterclass de hard rock melódico americano con grandes pasajes instrumentales, con mucha dedicación a las composiciones y con un espíritu de juventud al que ya quisieran tener acceso infinidad de bandas. Aparte de la figura del frontman que se encuentra fantástico a lo largo y ancho de estos doce cortes, tenemos las guitarras de Andy Susemihl (Angel Heart, Sinner) y Steve Gordon MIA (Phil Collins, Bon Jovi, Rod Stewart), quienes con sus bendings al límite, sus afiladas incursiones ocasionales y sus expresivas contestaciones solistas tanto en detalles, como en sus momentos para destacar y liberar su instrumento a antojo, nos devuelven a un pasado que debió correr mejor suerte. Todo ello sin sonar antiguo, ni triturado; todo lo contrario, todo se oye con un acabado contemporáneo que no traspasa las lides de su propia intención.
Nos llega la sorpresa de contar con nuestro nacional Gorka Alegre, contundente y robusto a más no poder, y es que la conexión entre ambos nació cuando el sensacional bajista y compositor entregó su proyecto Zhenx, hace la friolera de nueve años ya… Para la batería se cuenta con los servicios de Tommy McWilliams (Jon Secada, Sammy Hagar, Lauren Harris, Elewant Weapons) quien está muy presente insuflando una energía brutal, aunque las ayudas de tecnologías sean evidentes, ya que son uno de los puntos fuertes del artista, pionero de esas artes y que ha estado al servicio de grandísimos nombres internacionales tanto para estos menesteres como para la composición. Todos forman un frente activo en la escritura que rebosa sapiencia, focalización y destellos de genialidad.
Detalles de un disco con vocación
«Tear It Down» destapa el tarro de las esencias como himno rescatado de las mejores estanterías de finales de los ochenta y principios de los noventa. No me extrañaría que fuese una bala que se le quedara atascada al señor Reece y que no fuera disparada en el imprescindible On Target. Hard rock festivo con todos los elementos que para ello se necesitan: guitarras brillantes, una base rítmica que empuje la canción sin prisas, pero con decisión; coros y estribillos con un gancho especial y un vocalista, David Reece, que tiene tanto la voz idónea para esto, como la humildad de no pasar desapercibido con un timbre actual y sin egos del pasado.
“Believing”, “I´ll Take The Risk”, «Answer The Call» o “Won´t Fool Me Again”, con diferentes velocidades, efectos de guitarra, teclados y ese brío más pronunciado, nos llevan a un futurible directo en el que no debieran faltar. Estribillos nítidos y dispuestos a ser vociferados por multitudes mientras que acompañamos a las melodías con un tarareo sin forzar. El poder instrumental y sobre todo esas imponentes guitarras no dejarán que mantengas fuera de tu mente a Dokken, XYZ o Ratt, por ponerte unos ejemplos lo suficientemente acertados.
«The Damage That Remains» es un medio tiempo que suena tan actual como a éxito de antaño. Es notorio que el equipo compositivo y ejecutivo ha visto lo que a David nunca se le ha pasado por alto, que estuvo, que se mantuvo y que debe seguir estando, pero no sea como sea, sino con las canciones que merece un artista de su tallado. También encontramos en esta vertiente, pero con trasfondo más dramático «Nothing Left To Prove» de cadencia más pesada y con una faceta más clásica que incluye el típico desarrollo acústico, en su tramo específico, que no desentona ni en su orden ni en su empeño. Nuevamente, en esta línea, inspiradísimas guitarras que nos llevan a otro tema machacón con recuerdos a unos Bon Jovi que nunca pudieron ser tan rudos, con estrofas de esas que ya quisiera poder cantar Don Dokken ahora, ¡y hace veinte años! Por cierto, el estribillo y, nuevamente el solo, de lo mejor del disco, y eso que hay mucho de esto en este plástico. Apunta, se llama «Breakdown Unforgettable».
Sé que estás esperando a las baladas, ¡claro! Cualquiera puede olvidar “Loaded Gun”…, ¿no?, Pues haberlas haylas, pero con matices; «Even If It´s Nothing» es una bonita tonada, de esas que tan bien le resultan al americano, quien además despliega todos los recursos que necesita un tema de estas características, pero como todos sujetamos un listón muy alto, aunque se saborea gustosamente no nos llena hasta el empacho que necesitamos para dar un puñetazo sobre la mesa, en señal de absoluta congratulación. «Bitter End» más nostálgica y personal, incomparable nuevamente con nuestro éxito de referencia, pero con un feeling que nos traslada a aquellos maravillosos ochenta donde, el roce de una mano en la tuya propia, marcaba tanto como un beso. Aquellos años en los que un adiós era tan definitivo como seguir respirando entre sollozos, e incluso llantos desesperados. Nada nuevo, como volver a enamorarse y volver a fallar, pero tan intenso como la intimidad de un abrazo exclusivo.
Este disco contiene una porción de una receta, mágica y personal, que solo se encuentra en los librillos de los mejores, pero a la que solo tienen acceso tanto ellos mismo, como aquellos a los que se les permitió ayudar en esa cocina que se cerró por todo lo alto hace tres décadas.
Temas:
1. Tear It All Down
2. Cost Of The Grind
3. Believing
4. I´ll Take The Risk
5. The Damage That Remains
6. Nothing Left To Prove
7. Breakdown Unforgettable
8. Even If It´s Nothing
9. Answer The Call
10. Bitter End
11. Late To The Party
12. Won´t Fool Me Again
