Evento: «Back To The Beginning» – Ozzy Osbourne – Black Sabbath
Lugar: Villa Park – Birmingham – 5 de julio de 2025
Fotos: Profesionales por Ross Halfin / Resto Marta Grimaldi
Lo que ocurrió en Villa Park fue la materialización de un sueño imposible. Quien estuvo allí sabe que presenció algo que jamás volverá a repetirse.
Supergrupo B: el sueño imposible

A las 17:30, cuando el sol aún besaba con desgana el horizonte, Jason Momoa reapareció en el escenario para presentar lo que ningún mortal habría osado soñar: la conjura del Supergrupo B. Lo que sucedió después traspasó los lindes de lo musical y se adentró de lleno en el territorio de la leyenda, como si hubiésemos asistido a una alineación planetaria donde el tiempo y el espacio se doblan ante el arte y la osadía.
Fue Tom Morello quien ensambló este aquelarre de egos y talentos. La apertura, “Breaking the Law”, con K.K. Downing, figura fundacional de Judas Priest, que empuñó la guitarra mientras Billy Corgan, Adam Jones, Rudy Sarzo y Danny Carey tejían un himno reconstruido sobre las brasas de la melancolia.
“Snowblind” trajo el influjo sabático, con Corgan a la voz y una atmósfera densa. La siguiente parada, “Flying High Again”, con un Sammy Hagar radiante, que se elevó junto a Nuno Bettencourt, Chad Smith y Vernon Reid, inyectando adrenalina setentera con soltura, disfrutando y contagiando ese buen rollo a todo el público. Con “Rock Candy”, el groove se adueñó del lugar con un homenaje honesto a Montrose.
El momento más teatral de la tarde llegó cuando Papa V Perpetua (el nuevo y enigmático rostro de Ghost) apareció en escena, completamente ataviado con su habitual parafernalia, esta vez en tonos plateados y con una actitud algo más contenida de lo que nos tiene acostumbrados en los conciertos de su propia banda. Se encargó de “Bark at the Moon” y, aunque su presencia tenía ese punto delirante y visual que solo él sabe dar, lo cierto es que no terminó de brillar con la fuerza que despliega cuando lidera a Ghost. Me dio la sensación de que pasó por el escenario casi de puntillas, como si estuviera de visita, sin robar demasiado protagonismo. Aun así, el público disfrutó de ese guiño inesperado.
Y entonces… el delirio absoluto. Como si los dioses del rock hubieran decidido manifestarse en carne mortal, se produjo una convergencia que desafía toda lógica: Aerosmith y Rolling Stones, unidos en la misma trinchera. Imaginaros nuestras caras cuando Steven Tyler apareció, carismático hasta el exceso. El mítico “The Train Kept A-Rollin’” de Tiny Bradshaw cobró vida con Ron Wood, Bettencourt, Morello, Andrew Watt, Rudy Sarzo y Travis Barker, una alineación que ni en los sueños más febriles podría imaginarse.
Sin darnos un segundo de respiro, la fiesta siguió con “Walk This Way”. La batería de Chad Smith fue demoledora y Steven Tyler, con ese estilo y descaro tan suyo, hizo suyo cada verso, llevando el tema al límite de forma salvaje. Pero aún quedaba el broche final, la versión “Whole Lotta Love” de Led Zeppelin. Tyler volvió a tomar el micrófono y puso en pie todo el recinto. Era, simple y llanamente, historia viva ante nuestros ojos.
Pantera
Pantera salió con la contundencia de un vendaval con «Cowboys From Hell», descarga dedicada, como no podía ser de otra forma, a los inmortales Dimebag Darrell y Vinnie Paul. Como colofón, Jason Momoa, tras su presentación, pidió espacio para sumarse al moshpit, lanzándose al foso entre la multitud como uno más, derribando cualquier barrera entre escenario y público. Sin tregua, “Walk” tomó el relevo y la masa se dejó arrastrar, marcando el paso con esa cadencia plomiza tan característica. Era imposible resistirse, el público entero acompañó el estribillo con los brazos en alto . Continuo la esperada «Planet Caravan», que envolvió al público como una niebla cósmica y la entregaron una sorpresa final con «Electric Funeral».
Tool
Y entonces, desde otra dimensión, llegó Tool, y lo hacen de una manera casi antinatural. Llamó la atención la camiseta de Maynard, con el enigmático mensaje “Not Local”. Arrancaron con «Forty Six & 2», siguieron con una monumental «Ænema», y entre medio… «Hand of Doom», de Sabbath. Tool deconstruyó, reconstruyó y absorbió el tema, reinventándolo en su propio lenguaje. Durante unos minutos, Sabbath existió en el universo de Tool, y todo sonó diferente.
Slayer
Slayer fue un auténtico puño cerrado. Un ataque frontal de principio a fin, “Disciple”, “War Ensemble”, “South of Heaven”, “Raining Blood” y “Angel of Death” se sucedieron como una descarga implacable. En medio de semejante avalancha llegó “Wicked World”, que debutó y, para sorpresa de todos, fue interrumpida a mitad de camino, casi como una broma cruel del destino. Pero Slayer no deja ningún cabo suelto; tras “South of Heaven” retomaron el tema y lo integraron con absoluta naturalidad en el repertorio, como si nada hubiera pasado.
Allí, nos volvimos completamente locos. Tom Araya y el resto de la banda demostraron estar en plena forma, capaces de encender a todo el público con una sola mirada.
Guns N’ Roses
Con Guns N’ Roses nunca se sabe del todo qué esperar. Axl Rose apareció en piano y de repente, piezas como “It’s Alright”, “Never Say Die”, “Junior’s Eyes” y “Sabbath Bloody Sabbath” se presentaron como fantasmas redimidos en su set, como si por una vez Guns N’ Roses quisiera saldar deudas con los verdaderos pioneros. La interpretación de “Sabbath Bloody Sabbath” fue colosal y con un Axl mostrando por fin cierta humildad. Sobre el estado de la banda musical y vocalmente, creo que no es necesario insistir en como esta la cosa.
Por supuesto, tampoco faltaron los himnos de siempre, “Welcome to the Jungle” y una “Paradise City” acortada, que pusieron a prueba la resistencia del público, que os aseguro, que después de tantísimas horas, seguía saltando como si nada, de hecho, cada vez más.
Metallica

Ver a Metallica en este contexto fue indescriptible, aunque realmente, todo lo era. James Hetfield, más reflexivo y agradecido que nunca, compartía miradas y palabras con el público. La apertura con “Hole in the Sky” fue toda una declaración de intenciones, un guiño directo a Black Sabbath y a sus propias raíces, rescatando un tema que no tocaban desde 2009. El estadio reaccionó como si de repente se hubieran encendido todas las luces del pasado de golpe. El formato de no ser cabeza de cartel o el simple hecho de tocar justo antes de Ozzy y Sabbath hizó que Metallica saliera a darlo todo, y logró que media hora pareciera un universo entero.
Después de ese arranque vino “Creeping Death”, “For Whom the Bell Tolls”, “Battery” y “Master of Puppets”, que llenaron cada rincón. Entre medias, el debut absoluto de “Johnny Blade”. James Hetfield, seguía emocionado, no paró de repartir agradecimientos: “¡Mirad todo este amor! Sin Black Sabbath no existiría Metallica. Gracias por darnos un propósito en la vida”.
Metallica son los legítimos herederos del trono que deja Sabbath. Ellos lo saben y, lejos de la arrogancia, lo celebran con humildad y un respeto absoluto por sus maestros.
Ozzy Osbourne: El Último Abrazo
No sé cómo se escribe una crónica “como dios manda” sobre algo tan importante, tan único, pero tampoco me importa. Esto no va de prensa, ni de postureo, ni de vender la moto. Va de Ozzy. De lo que nos hizo sentir juntos, y va, sobre todo, de decir adiós, aunque nos cueste horrores.

De repente, ahí estaba él. La figura de Ozzy apareció entre luces azules y humo, como si no lleváramos años temiendo este momento. Empezó a sonar “O Fortuna” y se me pusieron los pelos de punta. Y ahí, en su trono de cuero, tan frágil y tan inmenso a la vez, estaba el Príncipe de las Tinieblas.
Ozzy ya no corretea, no da saltos de loco, pero cuando suelta un “Six fucking years I’ve been laid up!” con una sonrisa de niño pequeño, da igual todo lo demás. Está ahí, ha peleado por volver. ¿Y quién es capaz de exigirle más?
Los que nos encontrábamos allí, lo entendimos rápido. Cuarenta mil personas en silencio cada vez que hablaba. Arrancaron los clásicos, y se despejaron las dudas, “I Don’t Know”, “Mr. Crowley”, “Suicide Solution”… Sonaban a gloria, y la gente cantaba con un nudo en la garganta. Había lágrimas, y no sólo en las primeras filas. Cada canción era una patada de recuerdos. Da igual la edad que tuvieras, a todos se nos venía algo encima. Yo misma tuve que apretar los dientes en “Mama, I’m Coming Home”, pero de nada servía, porque el mismo Ozzy estaba emocionado, se notaba en su voz al cantar, en sus ojos… se estaba despidiendo…y Zakk Wylde estaba siempre atento, preparado para cubrir a Ozzy en cuanto su voz se quebraba.
Sé que los amigos que he conocido en el camino, los que hemos disfrutado de este evento allí, entenderán lo que les digo, porque, mire a mi alrededor, y no eran lagrimas de pena, no señor, no te equivoques, eran lagrimas de reconocimiento, lo has conseguido Ozzy, eres así de grande, así de especial. así de único. Nos miraba como pidiendo permiso para aflojar por primera vez, y nosotros, todos, ahí, llorando y riendo a la vez, porque sabíamos que esto, era el último gran abrazo.
Por suerte, después de tanta lágrima, Ozzy no quiso dejarnos hechos polvo. Empezó a sonar “Crazy Train” y, de golpe, saltamos, gritamos. Por un momento, todo volvió a ser como antes. Ozzy, desde el trono, nos gritaba “Go fucking crazy!” y le hicimos caso. Porque era la última vez, y lo sabíamos. Ese día sólo importaba sentir, estar juntos, mirar a Ozzy y darle las gracias por todo lo que nos ha dado, y por no rendirse nunca.
Black Sabbath
Así empezó todo, y ahí estaba otra vez Ozzy, aquel del que dudaban si cantaría uno o dos temas, y curiosamente fue el que mas temas canto de la tarde… Y creo que no hay otra forma de contar lo de esta noche, solo desde el corazón. Lo que vivimos en Villa Park fue una cita histórica, una fiesta de despedida, de agradecimiento, de esas que te cambian un poco por dentro. El punto final a una historia que cambió la música, y de paso, a todos los que estábamos allí (y a muchos que ni siquiera pudieron estar).
Ver de nuevo a Black Sabbath en Birmingham, con Bill Ward otra vez en la batería, parecía imposible, una cosa de otra época. Pero no, estaba ocurriendo y era necesario, necesitábamos ver este círculo cerrarse de verdad, en casa.
El estadio latía diferente. Éramos miles, venidos de todos lados, cruzando países y mares, otros bajaban por las calles donde hace setenta años cuatro niños jugaban sin saber que cambiarían el mundo. Todo el mundo tenia algo importante que decirle a Sabbath… «Gracias»
Un breve video, «Sabbra Cadabra», recorrió su historia. Imágenes de garajes, de hospitales, de giras imposibles, de pérdidas. De esperanza…
Cuando se apagaron las luces y sonó la intro de «Black Sabbath» seguida de «War Pigs», el estadio se detuvo. Tony Iommi, serio y brillante, repartió riffs como si escribiera el Apocalipsis con las manos, Geezer Butler, movo los cimientos con ese bajo distorsionado que aún suena como una amenaza, Bill Ward, sin camiseta, sudando cada golpe y Ozzy, más humano que nunca…


“N.I.B.” fue tan pura como ellos mismos. “Iron Man” sonó más pesada que nunca, y esa pesadez la sentías en lo mas hondo de tu alma, y cuando Ozzy soltó el “I am Iron Man”, la ovación no fue solo por el tema, era por él, por el que sigue de pie contra todo, por el superviviente que nos enseñó a no rendirnos.
Y entonces, el final: “Paranoid”, ese tema que surgió en el último momento, escrita rápidamente para completar su álbum de 1970, y que se convirtió en su éxito más inesperado. Nadie se acordaba del reloj, ni del cansancio. Ozzy pidió locura y Villa Park se lo dio. Fuegos artificiales, más abrazos, gritos hasta quedarnos sin voz y esa sensación de que esto era de verdad la última vez, la definitiva, y nadie quería que terminase.
La salida del estadio fue silenciosa. Caminábamos despacio, como si no quisiéramos soltar del todo lo que acabábamos de vivir. Nos mirábamos de reojo, sonriendo como tontos, sabiendo que no hacía falta decir nada más. Hay eventos que no se pueden explicar, por muchas palabras que intente escribir aquí. Ni vídeos, ni fotos, ni crónicas, nada podrá acercarse a lo que fue estar allí.
Ahora, mientras escribo, sigue el nudo en la garganta, y sé que ese agradecimiento no cabe en ninguna frase, pero lo repito una vez más: gracias, Ozzy, gracias, Sabbath, porque nadie, absolutamente nadie, lo hará nunca como vosotros. Nadie.


Testigos del momento
Delante mía, había una madre con un niño de unos seis años. El chaval iba disfrazado de Slash, con su sombrero y su melena rizada. Me quedé con la imagen de ese niño, porque es el futuro. Allí estaba, viviendo algo que muchos no han conseguido a su edad, ver a Black Sabbath y sentir la música de verdad, desde tan pequeño.

Pensaba: algún día, ese niño podrá decir con orgullo que estuvo en ese concierto. Es otra generación, pero era precioso verle disfrutar, con los ojos como platos. Lo vivía con una pasión tremenda. La gente de la fila de al lado le animaba, le aplaudía; todos alucinábamos con la emoción que transmitía mientras disfrutaba de Guns N’ Roses, Metallica, Ozzy… Ver a ese chaval, de verdad, fue maravilloso.
También, ser consciente del formato del evento, una Jam Session con los artistas más grandes de nuestro género, con sus fallos, sin pistas pregrabadas, improvisando… es algo prácticamente imposible de disfrutar hoy en día en directo.
En el aeropuerto, a la vuelta, nos cruzábamos miradas cómplices con desconocidos, y todos sabíamos por qué estábamos allí. La conversación surgía sola, como si necesitáramos seguir exprimiendo cada segundo de lo vivido. Hasta el azafato del avión, que resultó ser de Birmingham nos comento orgulloso que había estado en el gold circle y nos enseño videos y fotos. Lo mejor de todo, quizás, era ver cómo se nos seguía erizando la piel a todos al recordarlo. Nadie quería dejar atrás ese día porque sentíamos, que habíamos sido parte de algo demasiado grande.
Setlist
Supergrupo B (Tom Morello’s All-Stars)
Breaking the Law (con Billy Corgan, Tom Morello, K.K. Downing, Adam Jones, Rudy Sarzo y Danny Carey)
Snowblind (con Billy Corgan, Tom Morello, K.K. Downing, Adam Jones, Rudy Sarzo y Danny Carey)
Flying High Again (con Sammy Hagar, Nuno Bettencourt, Adam Wakeman, Rudy Sarzo, Chad Smith y Vernon Reid)
Rock Candy (con Sammy Hagar, Nuno Bettencourt, Adam Wakeman, Rudy Sarzo, Chad Smith y Tom Morello)
Bark at the Moon (con Papa V Perpetua, Vernon Reid, Nuno Bettencourt, Adam Wakeman, Rudy Sarzo y Travis Barker)
The Train Kept A-Rollin’ (con Steven Tyler, Ron Wood, Nuno Bettencourt, Tom Morello, Andrew Watt, Rudy Sarzo y Travis Barker)
Walk This Way (con Steven Tyler, Nuno Bettencourt, Tom Morello, Andrew Watt, Rudy Sarzo y Chad Smith)
Whole Lotta Love (con Steven Tyler, Nuno Bettencourt, Tom Morello, Andrew Watt, Rudy Sarzo y Chad Smith)
Pantera
Cowboys From Hell (dedicada a Dimebag Darrell y Vinnie Paul)
Walk
Planet Caravan
Electric Funeral (estreno en vivo)
Tool
Forty Six & 2
Hand of Doom (estreno en vivo)
Ænema
Slayer
Disciple
War Ensemble
Wicked World (abandonada, estreno en vivo)
South of Heaven (seguida de Wicked World)
Raining Blood
Angel of Death
Guns N’ Roses
It’s Alright (abreviada, primera vez desde 1993)
Never Say Die (estreno en vivo)
Junior’s Eyes (estreno en vivo)
Sabbath Bloody Sabbath (estreno en vivo)
Welcome to the Jungle
Paradise City (abreviada)
Metallica
Hole in the Sky
Creeping Death
For Whom the Bell Tolls
Johnny Blade (estreno en vivo)
Battery
Master of Puppets
Ozzy Osbourne
O Fortuna intro
I Don’t Know
Mr. Crowley
Suicide Solution
Mama, I’m Coming Home
Crazy Train
Black Sabbath
Sabbra Cadabra (video de la historia de Black Sabbath)
War Pigs (con intro de “Black Sabbath”)
N.I.B. (con presentación de la banda)
Iron Man
Paranoid (con fuegos artificiales al final)







