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Deafheaven alcanza su cenit en un concierto antológico

Bandas: Deafheaven + Portrayal of Guilt + Zeruel 
Lugar: Sala Apolo – Barcelona – 20 de noviembre de 2025
Texto: Carlos Cervilla
Fotos: Quico Gras

Surgidos de la bruma de San Francisco, en 2010, este quinteto encabezado por George Clarke y Kerry McCoy ha llevado por bandera el romper cualquier barrera posible, siendo uno de los reyes indiscutibles del blackgaze, consiguiendo una mezcla de lo más singular entre la agresividad del black metal y las texturas melódicas y etéreas del shoegaze y el post-rock. A diferencia del black metal noruego, su sonido evoca la melancolía urbana, la desesperación de la pobreza en medio de la gentrificación rampante de San Francisco y el anhelo romántico.

Sus comienzos fueron de lo más humildes pero su debut Roads to Judah (2011) los colocó en el mapa, siendo un LP crudo que ya dejaba entrever un estilo único y una declaración de principios.

Con Sunbather (2013) sacudieron los cimientos del metal extremo, la banda declaró la guerra a la estética tradicional del metal. En un subgénero dominado por logotipos ilegibles, paletas de colores oscuros, imaginería de cadáveres y simbología ocultista, el rosa vibrante de la portada de su segundo álbum fue un acto de provocación estética radical. Con el contraste de su portada y su producción cristalina con guitarras afiladas, gritos desgarradores y melodías bellísimas, siguen manteniendo su segundo disco como la cima inalcanzable de Deafheaven.

En 2015 doblaron la apuesta con New Bermuda, más oscuro y pesado que su predecesor, muy querido por sus fieles seguidores y recibiendo de nuevo la etiqueta de obra maestra por gran parte de la crítica.

Con Ordinary Corrupt Human Love (2018) dieron un volantazo a su sonido, introduciendo toques de psicodelia y rock progresivo, generando división de opiniones en la crítica así como logrando el éxito comercial.

Las curvas llegaron con Infinite Granite (2021), su cambio más drástico y polarizante, desplazándose hacia el shoegaze puro y dream pop, incorporando voces y guitarras limpias en su práctica totalidad, dejando los momentos de blackgaze relegados a simples pinceladas. Tras este polémico lanzamiento, muchos dieron a la banda por muerta pero Deafheaven se aplicaron un dicho: ‘en ocasiones se acierta y en otras se aprende’, pues estos quince años de evolución les ha servido para crear su siguiente obra maestra.

Lonely People With Power (2025), es la culminación de una dialéctica constante entre la violencia visceral del black metal y la texturización etérea del shoegaze y el post-rock. Deafheaven ha trazado una línea evolutiva que ha redefinido los límites del género, trascendiendo esa etiqueta y aplicando todo lo aprendido durante su carrera, logrando, una vez más, el éxito unánime entre crítica especializada y público.

Así las cosas, las expectativas por volver a ver al quinteto de San Francisco en nuestro país se tradujo en un sold out en tiempo récord en la sala Apolo 2 que les obligó a desplazar la fecha hacia su hermana mayor, la Apolo principal.

A las 19:30h la sala aún lucía fría y corta de público, así que los jóvenes Zeruel desde Baltimore tuvieron la dificilísima tarea de encender la mecha de una noche histórica.

Dieron el pistoletazo de salida con la intro «Awake» con el líder de la banda, Braydon, añadiendo las primeras capas de textura desde su sintetizador a un lateral del escenario. En «Blight», cambió el sintetizador por una guitarra heredera del sonido clásico del shoegaze y a él se unieron batería y bajo para completar la formación.

Se presentaron tímidamente como Zeruel e introdujeron «Vessels of Light» que enlazaron con «Oztroja». Durante este primer tramo de actuación los problemas técnicos tuvieron más protagonismo del que nos gustaría reconocer, el mayor de ellos: la susurrada voz de Braydon siendo literalmente inaudible.

Con «Millicent» y «Limbo» todo pareció colocarse en su lugar y pudimos escuchar, ahora sí, el shoegaze de Zeruel al completo. Llegó «Return by Dawn» donde demuestran tener una gran dupla de bajo y batería.

Antes de «Avalon» se despidieron cautelosamente y dio la sensación de que el concierto terminaba cuando, por fin, todo estaba sonando plenamente y nosotros empezábamos a entrar en el mundo de Zeruel. Una propuesta interesante que tiró más de intención que de corazón y que acabaron siendo mermados por un arranque técnico complicado, una pena.

Si Zeruel se esforzaron en invocar la belleza, esta fue rápidamente desmembrada por Portrayal of Guilt.

El trío de Blackened Screamo apareció acompañado por luces frías y humo que transformaban a la formación en simples siluetas. Arrancaron sin piedad con «Possession» y «The Sixth Circle», ambas de CHRISTFUCKER (2021). La primera inició acelerada con sus blast beats y la segunda puso la sala patas arriba con un groove pesadísimo.

Con «Heaven’s Gate» vimos un tema agresivo y punzante pero con «One Last Taste of Heaven» de Devil Music (2023), siempre liderados por la voz desgarrada de su guitarrista Matt King, llegaron los primeros moshpits de la noche. El demoníaco riff atmosférico y posterior breakdown de «Burning Hand» nos recordó que PoG podrían ser hermanos bastardos de Chat Pile.

En Ostraca Split el ambiente se volvió abrasivo y «Where Angels Come to Die» fue la elegida para mantener el listón bien alto, es una delicia que se caracteriza por sus particulares riffs disonantes y radicales cambios rítmicos. Devil Music sostiene la velocidad y el músculo que su batería, James Beveridge, logró aportar durante toda la actuación de manera incansable. «Sadist» devuelve el protagonismo al implacable Alex Stanfield aportando unos ritmos cargados de groovedesde su bajo. La fugaz «Sacrificial Rite» mantiene la hipnosis y la violencia pero en «…where the suffering never ends» asistimos a una sesión de ruidismo.

Se despidieron con «Fall From Grace» y «The Crucifixion», un aluvión final repleto de violencia y riffs afilados para dejar el ambiente de la sala listo para recibir a los cabezas de cartel. Sin duda, Portrayal of Guilt se metieron a mucha gente en el bolsillo con una actuación brutal.

Minutos antes de las 21:30h se podía palpar en el ambiente una sensación de lo más especial con un público emocionado por encontrarse a punto de ver a unos Deafheaven asaltando las salas de nuestro país con una nueva obra maestra bajo el brazo. Con una mezcla de público experto y primerizo con esta banda, otros que se encontraban a cientos de kilómetros de casa y muchos otros locales, la expectación era unánime y gigantesca.

Se apagaron las luces a la hora prevista y empezó a sonar la intro «Incidental I» y aparecieron los de San Francisco con un outfit de lo más casual y un sencillo telón únicamente adornado por la gigante magnolia estilizada para esta nueva era. Empezaron a desgranar Lonely People With Power (2025) con el brutal torbellino que es «Doberman», siendo un muro de distorsión desde el primer compás, con un George Clarke que salió con la rabia equivalente de dicho perro dispuesto a hacerse dueño y señor del escenario, mordiendo cada estrofa y provocando al público desde el primer momento.

Llegó el turno del que fue el primer single de su nuevo redondo, «Magnolia», que, en su lanzamiento, fue una declaración de intenciones y muy celebrado por sus seguidores por la vuelta de la banda a su sonido clásico. El clima de la sala ya era abrasador y empezamos a ver stage dive y unos moshpits monumentales bajo un sonido que era tan contundente que nos consiguió remover algo por dentro, con un Daniel Tracy desatado lanzando los primeros blast beats de la actuación y haciéndonos añicos con la losa que es el breakdown de «Magnolia».

Tan pronto como el tercer tema, empezaron a sonar las campanas de «Brought to the Water», único vistazo del setlist a New Bermuda (2015), y el público entró en combustión. Arrancaron con su afilado riff principal que podrían haber firmado los mismísimos Slayer y, el sustituto de Shiv Mehra -que está ausente durante toda la gira europea por motivos personales-, Ian Waters, se encargó de ejecutar el coreadísimo solo central de la canción antes de dar paso a las primeras guitarras etéreas de la noche, sensacional.

Sin interrupción, soltaron una bomba del calibre de «Sunbather» de su homónimo de 2013, creando un contraste delicioso entre la oscuridad de New Bermuda y la luminosidad del presente tema. Con los gritos desgarradores de George Clarke, siempre interpretando las canciones como un director de orquesta poseído, interactuando con el público de manera retadora y provocativa, invitándonos a dar más y más. Aquí McCoy, mientras añade capas de shoegaze a la ecuación, no pudo evitar soltar una sonrisa de asombro e incredulidad al ver la locura que acababan de desatar en la anciana sala Apolo.

Clarke aprovechó para presentar Lonely People With Power e introducir una bajada de revoluciones con «The Garden Route», donde muestran la herencia de lo aprendido en su penúltimo disco, con un fuerte contraste de texturas de guitarras etéreas y gruñidos en la parte vocal. «Body Behavior» fue presentada como la favorita de Clarke y vimos cómo es una canción que gana enteros en directo, con un Chris Johnson que la dota de músculo y tensión desde el bajo.

Con «Amethyst», una de mis favoritas de esta nueva era, despedimos la primera parte del set. Iniciada desde el spoken word, crece a fuego lento, con recreo, hasta llegar a un clímax donde vemos a una banda en estado de gracia y un George Clarke omnipresente en el escenario.

Tras un breve descanso llegó la primera del bis: «Incidental II», un ejercicio de ruidismo iniciado en formato lanzado, acompañado por la voz de Jae Matthews de Boy Harsher, y rematada en directo por los de San Francisco. Con la sala caldeada de nuevo, dieron el pistoletazo final con «Revelator», seis minutos de violencia sin cuartel en el corte más visceral de Lonely People With Power.

Y si «Revelator» ponía la sala patas arriba, «Dream House» la redujo a escombros. El himno por antonomasia de Deafheaven, el momento de catarsis colectiva donde la barrera entre público y banda parece disolverse por completo. Aquí la emoción se encuentra a flor de piel y en el clímax de la canción cientos de gargantas se agolparon cerca del escenario para cantar al unísono «I want to dream!» junto a George Clarke, que se acabó dejando caer sobre el público como si fuera una suerte de santo.

Como lo de esta banda es romper barreras, hicieron lo propio con el final del concierto. Históricamente, «Dream House» había sido el cierre de sus actuaciones durante más de doce años pero, en esta gira, han decidido poner la guinda del pastel con la maravilla que es «Winona», muy celebrada por el público y llamada a convertirse en un clásico instantáneo de Deafheaven.

Tras este final de infarto, Clarke y los suyos se despidieron de nosotros, confesando que la fecha de Barcelona había sido la más intensa de toda la gira y prometiéndonos volver “muy pronto”.

Deafheaven no precisa de pirotecnia ni de un elaborado atrezo ni de un burdo corpse paint para aparentar algo que no son. Podríamos debatir sobre cómo es posible que esta banda parezca haber dejado olvidado su álbum debut en sus setlists, así como la ausencia de muchos temas clásicos o el oscurísimo single «Black Brick», o parecer renegar de Ordinary Corrupt Human Love e Infinite Granite. Pero lo cierto es que no podemos ponerle ni una sola pega a un repertorio lleno de temas recién salidos del horno, con la constatación de ser una de las bandas más en forma del momento, aún con sustitutos como Ian Waters en sus filas -que hizo un trabajo excelente-, habiendo logrado en Lonely People With Power la desembocadura de todos sus trabajos y alcanzado su sonido definitivo, el más maduro y refinado de su trayectoria.

Es impactante sentir que las luces del final del show te arrancan de la dimensión de Deafheaven, girarte en dirección a la salida y encontrarte con completos desconocidos con la cara desencajada y lágrimas de emoción, que no terminan de creerse la noche que acabamos de vivir junto a la banda de Clarke y McCoy. Pero la catarsis fue real, fuimos arrollados por el sonido de una banda atronadora y conquistados por el sueño de Deafheaven, al que volveremos cada vez que cerremos los ojos y apretemos nuestros puños.

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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