Bandas: Parkway Drive – Thy Art Is Murder – The Amity Affliction
Lugar: Palacio Vistalegre, Madrid – 1 de noviembre de 2025
Fotos: Xabi Aresti
Texto: Txema Garay
Madrid todavía resuena después del asalto que Parkway Drive desplegó este sábado en el Palacio Vistalegre. Los australianos arrasaron con una puesta en escena incendiaria y un directo que refrendó todas las expectativas con un recinto prácticamente agotado, un ambiente eléctrico desde horas antes y miles de seguidores preparados para entregarse sin límites. Lo que se vivió fue algo más que un concierto, fue una exhibición de metal moderno en su máxima expresión, una auténtica catarsis colectiva.
Antes de que Parkway Drive desataran el caos en Vistalegre, quedó claro que el relevo generacional en la escena es ya una realidad. La media de edad descendía bruscamente en comparación con otros eventos de heavy metal, reflejando un panorama en transformación en el que nuevas bandas emergen con fuerza mientras el género evoluciona y demuestra que la evolución es una realidad que se abre paso a pesar de las duras condiciones.
The Amity Affliction
La tarde comenzó a arder temprano. Los australianos The Amity Affliction fueron los encargados de abrir la velada con su mezcla de melancolía melódica y breakdowns demoledores, aunque tuvieron que pelear contra un sonido que no fue su mejor aliado. Con los estribillos cantados a pleno pulmón y el recinto en pleno trajín de tropa entrando, tuvieron que bregar en contra frente a una situación que no era la idónea.
Además, su voceras Joel Birsch tampoco se dejó la piel como esperábamos y el uso abusivo de elementos pregrabados deslució la comparecencia. Ofrecieron un repaso breve a cortes como “Pittsburgh”, “All That I Remember”, “Drag The Lake” o “Soak Me in Bleach” con los que dejaron firmemente inaugurada la jornada.
Thy Art Is Murder

Si los primeros prendieron dubitativamente la mecha, Thy Art Is Murder alzaron la antorcha más alto y desataron las primeras hostilidades del día con mucho brío. Su vocalista, demostró ser de otra pasta y salió dispuesto a comerse el escenario con ganas. El empuje se notó desde los primeros instantes y el bolo que empezó en ralentí fue creciendo de menos a más, hasta terminar por enganchar a toda la concurrencia en los últimos compases.
No fallaron cortes tan devastadores como “Holy War”, “Slaves Beyond Death”, “Blood Throne” y una ‘Puppet Master que certificó sus credenciales. Desde luego quedó patente que ellos sí que venían a poner un granito de arena bien contundente en esta jornada.
Parkway Drive
Con la pista a rebosar, las gradas rugiendo y todo el recinto sumido en penumbra, los miembros de Parkway Drive irrumpieron desde atrás escoltados por dos abanderados que los dirigían al escenario. Una comitiva insospechada que dejó desconcertado a todo el mundo, mientras sus integrantes saludaban a todos aquellos que se acercaban en su camino, en lo que destacaría reciamente como el primer detalle de nivel que la banda nos traería para esta noche.
De esa guisa llegaron a un escenario desde el que dejaron claro que habían venido para disfrutar e igualmente a cuidar de sus seguidores. Encaramados todos juntos en la parte frontal del escenario, aún cubierto con un telón, desenfundaron su primera pieza “Carrion”. La locura estalló y la estrecha vinculación con sus seguidores quedó patente nuevamente con continuos destellos de cercanía.
Winstom McCall, ataviado con indumentaria similar a la de un boxeador, dominó todos los frentes con galones. Y aquello era solo el arranque de una noche que apuntaba alto desde sus primeros compases. Sin tiempo que perder, concatenaron otra favorita de la multitud “Prey” que les sirvió para meterse al recinto en el bolsillo, justo en el momento que caía el telón y quedaba al descubierto la impresionante producción que llevaban consigo. Los australianos venían convencidos de lo que se traían entre manos y desprecintarían con esmero toda la artillería pesada traída para el recital en el que poco a poco fueron sonando piezas como “Glitch”, que iluminó el recinto entre llamaradas, su flamante single “Sacred” o la impepinable “Vice Grip” capaz de convencer hasta el más reticente. El repertorio les serviría para recorrer todo su catálogo aunque infundieron más protagonismo acertadamente a sus obras más recientes, las cuales cuadran con más contundencia en directo.

Retrocedieron a tiempos pretéritos con la inclusión de piezas añejas como “Boneyards” y “Sleepwalker” que hicieron las delicias de sus seguidores más veteranos aunque no podemos esquivar que resultaron más lineales para parte del personal. La teatralidad de “Cemetery Bloom” con un puñado de bailarines como guion, marcando la puesta de escena, aportó un nuevo cambio de enfoque antes de acometer más temas demoledores.
Fue entonces cuando los australianos volvieron a elevar el listón con la potencia y las detonaciones pirotécnicas de “The Void”, acompañadas por un recinto que apretaba desde todos los sitios. Dispuestos a batir todos los registros, Wiston interpretaría minuciosamente bajo la lluvia “Wising Wells” ante un palacio completamente rendido por la estampa que acababa de divisar. Otro alarde más de la capacidad de sorprender a los asistentes por parte de una banda dispuesta a echar toda la leña en el asador.
Por si fuera poco, Wiston se entremezclaría con toda la tropa para hacerla participe de “Idols and Anchors” otro buque insignia que interpretó rodeado de seguidores. Esos mismos, que lo levantaron para acercarlo en crowdsurf hasta el escenario justo antes de arrancar “Chronos” a todo trapo. Rebajaron la intensidad para el momento emotivo que nos brindaron con “Darker Still” dibujando un íntimo intervalo con cientos de móviles alzados al aire.



Lejos de aflojar más, despegaron nuevamente con otro choque de intensidad proporcionado por “Bottom Fedder” antes de amagar con zanjar la sesión ante un recinto descontrolado.
Llegaba entonces el momento de lucimiento para su batería Ben Gordon quien pertrechado en su batería giratoria, ofreció una lección de técnica y pericia, demostrando cómo manejarse con soltura en un instrumento en esas condiciones. La fiesta era una realidad y con el recinto en plena ebullición empalmaron la exhibición con la entrada del ejército de bailarines encargados de prender fuego todo el escenario para encarar una formidable “Crushed” que iluminó nuevamente todo el recinto entre llamaradas.
Parecía imposible mejorar la velada pero con toda la tropa entusiasmada y satisfecha quemaron su último cartucho con la inevitable “Wild Eyes” rubricando un final impecable en lo que podemos soslayar fue una descarga sin fisuras.
De esta forma, los australianos reafirmaron su candidatura firmemente a ocupar los puestos más altos del panorama musical y es que cumplieron en todos los aspectos y supieron ser la banda que muchos llevamos tiempo esperando en este rollo. Sin lugar a dudas el concierto del año para muchos de los asistentes.










