Deep Purple y Jayler: pasado y presente del Hard Rock

Bandas: Deep Purple – JAYLER
Lugar: Movistar Arena – Madrid – 20 de octubre de 2026
Texto y fotos: Carmen Molina

JAYLER: rock setentero y una actuación impecable

Estoy acostumbrada a encontrar el Movistar Arena envuelto en ese ambiente espectacular que he vivido y fotografiado en cientos de conciertos. Por eso, la imagen al llegar me resultó extraña: todavía había poco público para una noche de rock de esta envergadura. Quizá influyera el horario. JAYLER salió a las 19:30, cuando buena parte de los asistentes aún estaría saliendo del trabajo o de camino al recinto.

Los cuatro músicos merecían una audiencia mayor desde el primer acorde. Su actuación fue impecable, impresionante. A medida que avanzaba el concierto, el recinto fue ganando asistentes y calidez, algo que la banda agradeció.

El cuarteto británico está formado por James Bartholomew (voz y guitarra), Tyler Arrowsmith (guitarra), Ricky Hodgkiss (bajo y teclados) y Ed Evans (batería). A pesar de su juventud, demostraron una solvencia escénica que me sorprendió gratamente. Su propuesta mira de frente al rock clásico de los setenta, con ecos de Led Zeppelin, y su estética encaja con ese sonido. No parecían dispuestos a quedar a la sombra de una formación legendaria.

James me llamó especialmente la atención por sus giros vocales y su presencia escénica con su armónica en mano que le dio un toque brutal a los temas. El chaval buscó la complicidad de las primeras filas y se subió en varias ocasiones al bafle frontal del foso para acercarse a los asistentes. Tuve la oportunidad de fotografiar toda la actuación desde allí y seguir de cerca sus reacciones.

La banda fue ganándose al público con temas como «Down Below», «No Woman», «Riverboat Queen» y «Need Your Love», entre otros. “Alectrona” perteneciente a su álbum más reciente permitió que Tyler se luciera con su solo de guitarra. Pero si hay un momento que recuerdo especialmente: «The Getaway». Si la memoria no me falla, fue uno de los primeros temas de la noche. El gong de Ed Evans dio paso al grito de James Bartholomew. Un comienzo que captó mi atención de inmediato.

JAYLER me dejó una impresión excelente. Vi a una banda joven, con raíces en el rock clásico y personalidad suficiente para defender su propio espacio sobre el escenario. Finalizaron con “The Rinsk” incluyendo un fragmento de «War Pigs», de Black Sabbath.

Reitero la excelente actitud y energía de la banda la completo. Me habría gustado ver más público desde el primer acorde. Se lo merecían.

Deep Purple: una leyenda que sigue en la carretera

Hablar de Deep Purple es hablar de una de las grandes leyendas del rock. Su trayectoria y su repertorio forman parte de la historia del género, y precisamente por eso tenía muchas ganas de verlos. Sin embargo, la impresión general estuvo por debajo de mis expectativas, tanto por el ambiente que encontré en el Movistar Arena como por algunos aspectos de la actuación.

Deep Purple saltó al escenario a las 21:00 en punto. La introducción fue un acierto, como demostraba la cantidad de teléfonos móviles que grababan las imágenes. Una esfera aparecía entre las estrellas mientras surgían los rostros de los músicos grabados en piedra. La estética galáctica me transportó a los años setenta y ochenta, al universo de «Child in Time» y a la etapa más emblemática de la banda. También evocaba discos como Machine Head (1972), fundamental para entender el sonido que convirtió a Deep Purple en una referencia del hard rock. Una presentación a la altura de su historia, que contrastaba con la sensación algo fría que me acompañó durante buena parte del concierto.

Como he apuntado antes, esperaba una respuesta más multitudinaria para una banda de esta dimensión. La noche anterior, Deep Purple había actuado en el Sant Jordi Club de Barcelona y, por lo que pude comprobar, la cita madrileña tuvo una repercusión más discreta. En el Movistar Arena, las gradas permanecían cerradas y el público se concentraba en la pista. La asistencia me pareció escasa para una formación de este calibre, y esa imagen contrastaba con la trayectoria y la importancia de la banda.

La banda había ofrecido cuatro conciertos en España durante el mes de julio, en Hoyos del Espino, Pamplona, Marbella y Jerez de la Frontera, antes de regresar en octubre para actuar en Barcelona y Madrid. Es posible que el recorrido por distintas ciudades y festivales durante el verano influyera en la respuesta del público, aunque no hay datos que permitan establecer esa relación. En cualquier caso, esperaba encontrar un ambiente más acorde con la trayectoria de Deep Purple.

Entre los asistentes predominaban personas de cincuenta, sesenta e incluso setenta años, aunque bastaba mirar hacia las primeras filas para descubrir a niños de apenas diez. Me gustó esa imagen: distintas generaciones compartiendo las canciones de un grupo cuya música sigue encontrando nuevos oyentes.

«Highway Star» abrió el concierto, seguida de «A Bit on the Side» e «Into the Fire». Desde los primeros temas, la voz de Ian Gillan condicionó mi percepción. En determinados momentos le costaba alcanzar algunos registros, algo que contrastaba con la solvencia instrumental de sus compañeros. Fue una impresión que se mantuvo durante buena parte de la noche.

Uno de los músicos que más destacó fue Simon McBride. Ian Gillan lo presentó antes de darle paso a un solo de guitarra en el que dejó clara su técnica y personalidad. McBride respondió con una interpretación brillante, demostrando que podía asumir el protagonismo sin perder de vista el sonido de la banda. Sus intervenciones estuvieron entre los momentos más destacados del concierto.

«Diablo» nos trasladó a una época más reciente y dio paso a Don Airey, que aprovechó su momento con un solo magistral de órgano Hammond para enlazar con «Lazy». Su sonido recuperó esos matices psicodélicos tan ligados a la identidad musical de Deep Purple. A medida que avanzaba el tema, los teclados encontraron su espacio junto a la voz de Gillan, dejando ver la complicidad entre ambos músicos. Fue uno de los pasajes en los que la riqueza instrumental de la banda brilló con especial claridad.

Ian Paice también tuvo su espacio. Me gustó su actuación, con esa manera de sostener el ritmo y dar movimiento a las canciones desde detrás de una batería espectacular. Su interpretación tuvo fuerza y personalidad. Tampoco pasó desapercibida su camisa blanca de estampado tropical, un toque desenfadado que contrastaba con la contundencia de su forma de tocar.

«Sometimes I Feel Like Screaming» tuvo una buena acogida, antes de dar paso a «Sacred Land» y «Lazy Sod». Tras estos dos temas, Don Airey volvió a tomar protagonismo con un nuevo solo de teclados.

Con «Space Truckin'», el bajo de Roger Glover aportó ese pulso contundente que empuja la canción y sostiene su energía. Su trabajo, junto a la batería de Paice, puso de relieve la importancia de una base rítmica sólida en el sonido de Deep Purple.

Después llegó «Smoke on the Water». Bastaron sus primeros compases para que el público reconociera uno de los grandes himnos del rock, una canción que forma parte de la memoria colectiva y que sigue conectando con distintas generaciones.

Pese a estos momentos, el concierto me dejó sensaciones encontradas. La voz de Ian Gillan fue uno de los aspectos más irregulares. A sus 81 años, afrontar las exigencias de un repertorio como el de Deep Purple no debe de ser fácil. Además, el concierto de Madrid llegaba después de la actuación de Barcelona la noche anterior, lo que suponía dos fechas consecutivas. Es un contexto que invita a tener en cuenta el esfuerzo que supone mantener estas exigencias vocales noche tras noche y la necesidad de dosificar la energía. Esto no cambia lo que percibí desde el público, pero sí ayuda a ponerlo en perspectiva. Como cronista, no quería dejar fuera las dificultades que escuché, del mismo modo que tampoco quería restar valor al trabajo de sus compañeros.

Casi al final llegó «Hush», compuesta por Joe South y convertida en uno de los primeros éxitos de Deep Purple en 1968. La canción nos llevó a los orígenes de la banda y recordó una etapa anterior a la incorporación de Gillan. Décadas después, sigue teniendo su lugar en el repertorio y conecta el presente del grupo con sus primeros pasos.

Deep Purple conserva una riqueza instrumental y un legado universal. Me quedo con la guitarra de Simon McBride, los teclados de Don Airey, el trabajo rítmico de Ian Paice y Roger Glover, y la imagen de un público en el que convivían varias generaciones. La banda mantiene un sonido reconocible y un repertorio que pertenece a la historia del rock. Hubo músicos y momentos que disfruté, pero salí con la sensación de que faltó algo para que el concierto terminara de conectar conmigo.

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

Artículos relacionados