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El metal sinfónico demuestra su vigencia

Bandas: Epica + Amaranthe + Charlotte Wessels
Lugar: Razzmatazz 1 – Barcelona – 30 de enero de 2026
Promotor: Madness Live
Fotos: Miquel Raga

Una de las giras más interesantes que recorre Europa este invierno, y pasa por España que ya sabemos que en los últimos años no es nada fácil, es el combo formado por Charlotte Wessels, Amaranthe y Epica. Eso sí, siempre que te interese el metal sinfónico o goces de una mente musical abierta.

Barcelona fue la primera parada en una Razzmatazz 1 que no puso el cartel de sold out pero poco le faltó en un ambiente inmejorable. No se me ocurre mejor manera de empezar el fin de semana en un viernes aún marcado por el caos vergonzoso vivido en Catalunya por la movilidad y que se notó al acceder a la ciudad.

Charlotte Wessels coge las riendas de su destino

Puntualmente apareció Charlotte Wessels sobre las tablas de una Razzmatazz ya con buena presencia de público. No es habitual que la encargada de abrir la velada reciba tan buen recibimiento antes de emitir la primera nota, pero la neerlandesa no es una telonera cualquiera. Sus años al frente de Delain marcaron, y la valentía de emprender una carrera en solitario (casi coincidiendo con la pandemia) personalísima y con su única visión de guía y el soporte del crowdfunding lo dicen todo del aplomo de esta mujer. Y por si fuera poco… esa voz, poderosa e embriagadora.

Para su etapa actual y para los directos ha contado con músicos ya conocidos para los que siguieron su carrera con Delain, los ex de la banda Timo Somers y Otto Schimmelpenninck van der Oije.  Por cierto, en su crónica del concierto de Londres nuestro compañero Emilio Ortega comentaba que no había podido tocar el batería Joey Marin De Boer por problemas en una pierna. Por suerte actuó en Barcelona. Charlotte no necesitó más de 30 minutos para demostrar que su etapa post-Delain no es solo un proyecto personal, sino una evolución necesaria. Arrancó con la fuerza de «Chasing Sunsets», dejando claro que su voz sigue siendo ese faro de terciopelo capaz de cortar la instrumentación más densa. Más sutil “Dopamine” precedió a la emotiva “The Crying Room”.

“Soft Revolution”, aunque con algunos problemas de sonido, se mostró más contundente que su versión de estudio con un delicioso final a dueto con Charlotte y la teclista Nina van Beelen. Dos de las piezas más recientes como “Tempest” o “After Us, The Flood” marcaron momentos más íntimos sin desentonar.

Acabó con un tema de su reciente trabajo The Obsession, como la oscura y magnética «The Exorcism», ganando una dimensión colosal en directo, alejándose del intimismo de sus grabaciones en Patreon para abrazar un metal sinfónico con tintes progresivos mucho más maduro. Wessels ha vuelto, si nunca se fue, y lo ha hecho con las riendas de su propio destino bien apretadas. Convenció y dejó con ganas de más.

Amaranthe, fuegos artificiales… mojados?

Si Charlotte Wessels puso la clase, Amaranthe puso la pirotecnia sonora. Los suecos saltaron al escenario de Razzmatazz con la precisión de un reloj suizo y la energía de una clase de spinning a 140 BPM. Con un despliegue visual lumínico mayor, el sexteto dejó claro desde el primer segundo de «Fearless» y «Viral» que lo suyo no es la sutileza, sino el impacto inmediato.

El gran baluarte de la banda sigue siendo su tridente vocal. La interacción entre la Elize Ryd, el solvente Nils Molin y los guturales de Mikael Sehlin es coreográfica, casi perfecta. Ver cómo se reparten las líneas en cortes como «Digital World» o «Damnation Flame» es un espectáculo en sí mismo; son una unidad cohesionada que sabe cómo llenar cada centímetro del escenario.

Sin embargo, tras el ecuador del concierto con «Maximize» y «Strong», empezó a sobrevolar la sala una sensación de déjà vu. Amaranthe ha perfeccionado tanto su fórmula de «metal-Eurovisión» que, por momentos, la propuesta cae en la monotonía. El abuso de estructuras predecibles y esos estribillos excesivamente pop, diseñados para pegarse como chicle, terminan por aplanar los matices de su música. Cuando todo es un clímax constante, nada termina por destacar realmente, convirtiendo el set en una sucesión de himnos que, por momentos, suenan intercambiables.

Hubo espacio para la curiosidad con la interpretación de un tema inédito, “Chaos Theory” que parece seguir la estela de su último trabajo, The Catalyst, y momentos de mayor agresividad como en «Boom!1». Pero el público, lo que quería era fiesta. Y la hubo: tras el bloque final con «The Nexus» y «Call Out My Name», los bises trajeron el momento más distendido.

En «That Song», la banda se permitió un guiño a los clásicos, intercalando fragmentos del «We Will Rock You» de Queen, un recurso efectivo pero que subraya ese carácter de entretenimiento ligero que define a la banda. Por no comentar la ya cansina referencia a Madrid a modo de competición que las bandas internacionales acostumbran a usar. Cerraron con la machacona «Drop Dead Cynical», dejando a la audiencia satisfecha. Amaranthe son los reyes de la pista, de eso no hay duda, pero a veces se echa en falta un poco de claroscuro entre tanto brillo fluorescente.

Epica convenciendo sin excesos

Llegó el turno de los neerlandeses Epica, una banda que se ha convertido en uno de les referentes del género. Vídeo de bienvenida para calentar, con puyita para que dejemos los móviles en el bolsillo y arranque con «Apparition» en la que Simone aparece casi inmóvil bajo una capa y tool a modo más de actriz teatral que cantante de metal. En «Cross the Divide», queda patente que Mark Jansen y los suyos no dejan nada al azar: la puesta en escena fue notable, con una estructura de show estudiada que denotaba ya el nivel de banda que tenemos delante con visuales efectistas y al servicio de cada canción en la pantalla de fondo y debajo de toda la plataforma de escenario.

Sin embargo, la perfección técnica de la banda se topó con un enemigo inesperado: la mesa de mezclas. Durante gran parte del set, el sonido de las guitarras y el bajo se impuso con una contundencia excesiva, sepultando por momentos la complejidad de las orquestaciones y, lo que es más grave, perjudicando la nitidez de la voz de Simone Simons. Incluso la batería de Ariën van Weesenbeek perdió pegada en una mezcla que favorecía demasiado las frecuencias graves. A esto se sumaron ciertos juegos de iluminación que, aunque ambiciosos, resultaron algo erráticos en momentos clave del espectáculo. Abuso de las luces de contra, errores en algún inicio dejando todo a oscuras… Puede resultar efectivo e incluso bonito que los músicos parezcan sombras moviéndose, pero también queremos verles las caras…

Pese a estos baches técnicos, la banda demostró por qué son líderes. El bloque compuesto por «Martyr of the Free Word» y la épica «Eye of the Storm» mantuvo el listón altísimo, y un momento que pudo ser electrizante fue «Sirens – Of Blood and Water». Ver a Charlotte Wessels sobre el escenario junto a Simone fue un regalo envenenado para los fans ya que precisamente solo vimos sombras. Si le sumamos la citada mezcla en donde, especialmente en este tema, debían destacar dos portentos de voz no hubo pues la comunión que encandilase como se podía presuponer a los fans.

La intensidad bajó de revoluciones con una emotiva versión a piano de «Tides of Time», donde la vulnerabilidad de Simone emocionó antes de encarar la recta final con clásicos como «Cry for the Moon» y la siempre triunfal «Beyond the Matrix». Y eso que Simone pareció haber salido a cumplir, y lo hizo sobradamente, pero sin pisar el acelerador en cuanto a entrega hacia el público. Tampoco nunca se ha mostrado muy excéntrica, al contrario, más bien comedida.

El punto divertido en la parte final fue que se paseara un cámara por el escenario y el foso del público y sus imágenes se pudieran ver en directo en la pantalla. Además la perspectiva y visión del músico desde las tablas es desconocida para la mayoría de asistentes a un concierto y siempre es efectivo.

Epica ofreció un concierto solvente y de una calidad técnica individual incontestable. Fue una exhibición de músculo sinfónico que, de haber contado con un sonido más equilibrado y una iluminación más precisa, habría rozado la perfección absoluta. Aun así, ver a una banda en este estado de forma sigue siendo una experiencia obligatoria para cualquier amante del género.

By Albert Perera

Live After Death tuvo la culpa de todo y tantos años después aquí seguimos. Si hay algo que me gusta más que escuchar música es hablar sobre ella y difundirla… y en ello estamos durante un cuarto de siglo.

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