Festival: Graspop Metal Meeting 2025
Lugar: Dessel, Bélgica – 19, 20, 21 y 22 de junio de 2025
Texto: Oiane Díaz
Fotos: Juan Sanz
Apertura explosiva de uno de nuestros festivales favoritos de Europa
Graspop 2025 | DÍA 1
Junio es sinónimo de un montón de cosas, pero para muchos de nosotros significa una sola: la llegada de una nueva edición del Graspop Metal Meeting. Dessel (Bélgica) volvía a convertirse en el epicentro del metal europeo con su vigésimo octava edición, y allí estábamos nosotros para contarlo. Atrás quedaban los charcos y el barro de 2024; este año el sol fue protagonista absoluto durante toda la edición, algo que le confería un cariz totalmente distinto al festival.
Con el recinto vestido de gala –las familiares cruces gigantes, la noria, autos de choque, puestos de bebida y comida, y un merchandising más tentador que nunca–, nos plantamos el mismo jueves desde bien pronto en las trincheras del GMM para arrancar cuatro días de no parar.
Lo que sigue –y el resto de crónicas que se publicarán en los próximos días– es tan solo un breve adelanto de la cobertura que publicaremos íntegramente en el próximo número impreso de Metal Hammer España, con texto y fotografías, donde repasaremos a fondo cada jornada del festival, ¡estad pendientes de lo que viene!
Municipal Waste: No hay tiempo para calentar
Sin paños calientes ni intros eternas, a las doce del mediodía, Municipal Waste abrían el South Stage con un concierto que fue directo al grano. Tony Foresta y los suyos salieron a degüello con temazos como «Sadistic Magician» o «Born to Party», completando un set lleno de energía e interacción con el público. Mientras tanto, formaciones como Psychonaut, Deafheaven o Fleshwater llenaban los escenarios alternativos del GMM, en una apertura por todo lo alto.
Algo más tarde, en el North, Warkings apostaron por un estilo más épico y un power metal con una estética muy curiosa, que iban de la mano del propio nombre de la banda. Mientras tanto, en el Marquee, Signs of the Swarm pusieron este escenario patas arriba con su brutalidad, mientras los británicos The Raven Age hacían lo propio en el Metal Dome. Tras un breve respiro, volvimos al South para ver a Landmvrks desplegar su metalcore, presentando varios temas de su reciente The Darkest Place I’ve Ever Been, a lo que el público respondió con ganas.

La jornada seguía fuerte: Trash Boat en el Jupiler dieron paso a Death Angel en el Marquee con un set que demostró que su estilo thrasher se mantiene intacto a pesar de las más de cuatro décadas que han pasado desde su formación. Mark Osagueda y Rob Cavestany siguen en plena forma, como si aún estuviésemos en los ochenta. Mientras tanto, en el North, los finlandeses Beast in Black arrasaron con su potencia y calidad, con un Yanis Papadopoulos que hizo cantar al público desde el primer minuto.
Un toque de nostalgia
En el Jupiler, Alien Ant Farm apelaban a la nostalgia con un repertorio centrado en el Anthology, su disco más icónico. “Smooth Criminal” incluida, por supuesto. De vuelta al South, Motionless in White ofrecían un set bastante equilibrado, con un especial protagonismo de sus tres últimos álbumes y un Chris Cerulli entregado a su gente. Soen en el Marquee, atraían a un numeroso público en los escasos tres cuartos de hora de los que disponían en el festival y daban el relevo a Alestorm, en un dilema horario en el que se solapaban con Terror y Paradise Lost.
Sin pensarlo demasiado, nos dejamos llevar por la fiesta pirata de Alestorm en el North (patitos de goma incluidos), corriendo después hasta la otra punta del recinto del GMM para ser testigos del hardcore más puro de Terror y sus enloquecidos fans revueltos en mosh pits infinitos en un Jupiler hasta los topes; finalmente aterrizamos en el Marquee para ver a unos sobrios y sólidos Paradise Lost con Nick Holmes al frente.
Tras este rato de locura, de ir y venir sin parar, Dream Theater nos sumergieron en su particular universo algo más calmado y centrado en su nuevo disco Night Terror, haciendo también un repaso a joyas extraídas de trabajos más antiguos. Mientras, en el Marquee, los suecos Orbit Culture nos dejaron boquiabiertos, como llevan ya un tiempo haciéndolo: fogonazos, potencia y adelantos de Death Above Live, su próximo trabajo.
Sin dar tregua, Epica con su metal sinfónico y la impecable voz de Simone Simons, subían al North Stage para ofrecer un show lleno de elegancia. En paralelo, Perturbator tomaba el Metal Dome con su propuesta de metal electrónico: una fiesta sonora comandada por un James Kent que no necesita a nadie más para reventar un escenario.
Clásicos que no pasan de moda
La noche nos golpeaba con otro triple solape difícil de gestionar: Iron Maiden, Carcass y Stick To Your Guns. Tras pasarnos por Carcass y Stick to Your Guns por disfrutar un rato de cada una de las bandas, volvimos al South Stage para centrarnos en el show de los Maiden, que volvieron a dar un espectáculo solo a la altura de una banda como ellos, deleitándonos con una selección de temazos inapelable como «Run to the Hills» o «The Trooper», y un cierre de infarto con «Fear of the Dark» y «Wasted Years».
¿Y después de eso? Pues tuvimos aún más. Aunque parezca que no podía quedar gran cosa, nada más y nada menos que Powerwolf, Hatebreed y Lagwagon quedaban pendientes para cerrar la jornada, tres grandes que no queríamos perdernos. Nos dividimos: vimos el despliegue teatral de Powerwolf compuesto principalmente por fuego y el vozarrón de Attila, nos dejamos la garganta con el bolazo de Hatebreed, que fue quizás el más intenso del día, y rematamos la faena con Lagwagon, que pusieron la guinda con su punk rock acelerado en el Jupiler.
Graspop 2025 | DÍA 2: Una jornada llena de espectáculo
El segundo día del Graspop arrancaba con fuerza y una programación de vértigo. Solamente durante las horas matutinas, bandas como Dead Poet Society, Spectral Wound, British Lion o House of Protection llenarían los escenarios del festival belga. Para nosotros, la jornada del viernes venía cargada con uno de los momentos más especiales del evento: alrededor de las dos de la tarde Bloodhunter se subían al Marquee con la carismática Diva Satánica al frente, dejando claro desde el primer minuto por qué merecen estar en un cartel internacional como este. Con una asistencia más que notable para la hora que era, la banda desplegó una descarga de energía, técnica y conexión con el público que no tardó en desatar los primeros mosh pits del día. No solo destruyeron cuellos sino que se llevaron algún que otro puñado de nuevos fans tras el show.
Después del concierto, tuvimos ocasión de charlar con ellos un buen rato, en una entrevista (https://metalhammer.es/bloodhunter-graspop-entrevista/). Sin embargo, ya sabéis que los directos no paran en el GGM y así, como quien no quiere la cosa, teníamos un solape entre Employed to Serve en el lejano Jupiler y el bueno de Myles Kennedy en el North Stage, que completó un show elegante y sin excesos, en el que ofreció un especial protagonismo a The Art of Letting Go, su disco más reciente. La actuación cumplió con creces las expectativas de quienes se acercaron a disfrutar de su directo, que quedaron con ganas de más.
Grupazos y calor como protagonistas

El ritmo no bajaba –el calor tampoco– y Knocked Loose llegaban para arrasar el South Stage. Pese a tocar a una hora complicada y solapados con Unprocessed, la explanada se llenó para recibir una de las bandas con mayor proyección del momento. Desde el arranque con “Blinding Faith”, la locura fue total: pogos y crowdsurfing sin respiro, con Isaac Hale a la guitarra robando protagonismo al propio Bryan Garris y su peculiar voz. De lo más potente hasta el momento.
Las pantallas del recinto recordaban con insistencia las altas temperaturas y la necesidad de tomar medidas para protegerse: agua, crema solar, buscar algo de sombra, etc. Mientras tanto, volvían los temidos solapes. Esta vez entre Green Lung en el Marquee, Northlane en el Jupiler, Gloryhammer, a quienes finalmente elegimos. Su concierto fue un despliegue de épica y humor, sin renunciar ni al vestuario ni a su actitud festiva, refrescando al público con aspersores y generando diversión y muy buen rollo entre sus fans.
A continuación, tras Kim Dracula en el Metal Dome –el escenario más alejado a la par que el Jupiler–, The Ghost Inside tomaban el relevo en el South con un recibimiento espectacular. Abrían con fuerza demostrando por qué siguen siendo una banda imprescindible del metalcore actual. La energía del público se mezclaba con la entrega de la banda, en especial con la del batería Andrew Tkaczyk, cuyo regreso tras aquel trágico accidente sigue siendo admirable.
La tarde seguía bien cargadita: nada más y nada menos que Orange Goblin y Polaris, daban paso a Eagles of Death Metal, que ponían un toque desenfadado en el Marquee. Después, Me First & The Gimme Gimmes montaban una fiesta multicolor llena de hinchables que simulaban, como poco, una playa en Hawaii. Las camisas imposibles y las versiones de temas fueron protagonistas de este break dentro de lo extremo.
Uno de los momentos más esperados para el público llegaba con Falling In Reverse. La banda liderada por el polémico Ronnie Radke convirtió su actuación en todo un show desde antes de empezar, retransmitiendo en directo su camino desde los camerinos hasta el escenario. Con el recinto abarrotado, el grupo ofreció un espectáculo audiovisual a lo grande, con fuego, luces, vídeo y una puesta en escena tan apabullante como su último single, “Watch the World Burn”, que cerró por lo alto un concierto que, desde luego, cuenta con una producción a otro nivel.
Solapes y elecciones complicadas
Para las nueve de la noche, FIR ya habían terminado y aún quedaban muchos grupos potentes para terminar el día: Skillet y Blood Incantation coincidían en horario con Jinjer, que reventaban el Jupiler con una Tatiana Shmaylyuk que continúa rompiendo moldes cada vez que sube a un escenario. A eso de las diez y media, Dethklok hacían las delicias de los fans de Metalocalypse antes de dar paso a Slipknot, una de las actuaciones más potentes de todo el festival. Lo de Corey Taylor y los suyos fue apoteósico: un sonido que rozó la perfección, un setlist que incluyó sorpresas y temazos, y un saber estar sobre las tablas que solo está al alcance de las bandas como Slipknot, que llevan ya mucho camino a sus espaldas.
Para rematar una jornada memorable, Opeth ofrecían un oasis sonoro con su metal progresivo antes del final explosivo con Behemoth. Los polacos transformaron su show en algo que rozó un ritual lleno de misticismo, fuego y potencia. Behemoth decidió cambiar de “stage” cruzando con antorchas entre el público para subir a la torre central del North Stage y tocar algunos temas desde allí. Un cierre épico con “O Father, O Satan, O Sun” puso el broche perfecto a un viernes espectacular.




