Bandas: House of Protection – Thrown
Lugar: Sala Mon (Madrid) – 2 de julio de 2026
Fotos: Enrique Bernaola
«Nuestro objetivo es simplemente hacer algo enérgico», decía hace unos días Aric Improta en una entrevista para Metal Hammer España. Y vaya si lo consiguen. Porque Madrid, como había sucedido días antes en Barcelona y como sucedió días después en el Resurrection Fest, fue testigo de toda una tormenta de verano a la que, en la capital, se sumaron los suecos Thrown. Duró poco, pero la descarga fue apoteósica.


Un chaparrón de diferentes estilos que van desde el rock hasta el metal, pasando por la electrónica, el metalcore e incluso el punk. Todo un despliegue de energía sónica que refrescó la abarrotada Sala Mon, pese a que a la misma hora España se jugaba los octavos contra Austria. Poco o nada importó a los entregados asistentes, que desde el primer minuto se volcaron con la banda formada por el mencionado Improta (virtuoso batería de Night Verses) y Stephen Harrison, guitarrista y vocalista. Ambos se conocieron en Fever 333 y, tras su salida, decidieron crear un monstruo llamado House of Protection que cada vez cuenta con más metros cuadrados.
Abrieron con «Pulling Teeth», de su EP GALORE (2024). La gente pronto empezó a enloquecer con los dos miembros de una banda que se apoya en pistas electrónicas y de bajo pregrabadas. Siguieron con «Learn 2 Forget» y «Fuse», del mismo trabajo, y los pogos no se hicieron esperar. Imposible no hacerlos. Improta y Harrison contagian al personal con una actuación tan frenética como caótica. Se dejan la piel; a veces, incluso, de manera literal, con continuos saltos desde todas las partes del set o desde la banqueta de la batería, algo que Improta también gusta de hacer con Night Verses. Pero este es su juguete y lo disfruta como un niño.
Sonó «Afterlife», de su álbum debut, Outrun You All (2025). La gente, a coro. Como si llevaran toda la vida tocándola. Con «Godspeed» llegó la parte más bailable de un show que no daba respiro, con los dos miembros cantando y un batería de apoyo que pertenece al equipo de la gira. La locura terminó de explotar con «Fire»: Improta subido en un plato de su batería, que elevaron unas cuantas manos desde el público. Cerraron con «It’s Supposed To Hurt», un tema que por momentos nos recuerda a The Prodigy, pero esta vez desde Los Ángeles. Apenas 50 minutos de concierto que se pasaron volando, como los protagonistas.



La tormenta siguió descargando con Thrown, otra banda tan joven como prometedora. Los suecos cuentan también con un único álbum, Excessive Guilt (2024), que contiene once temas y una duración total de apenas 20 minutos. Canciones de menos de dos minutos que completaron un show de menos de media hora. Sin duda, todo un puñetazo de metalcore. Fuerte y directo, sin tiempo de reacción.
Arrancaron con «Bloodsucker» y ahí nos quedó claro que nos dejaríamos el cuello siguiendo la potencia brutal de su sonido. Su vocalista, Marcus Lundqvist, de lado a lado, pronto empezó a castigar sus cuerdas vocales con «Split», que formará parte de un próximo trabajo, para dar paso a «Backfire», uno de sus temas más aclamados entre el público. Metalcore, nu metal y djent para un sonido tan envolvente como poderoso.
Y sin descanso iban cayendo los temas. El sonido, muy bueno. La guitarra no podía estar más afilada: entraba como un cuchillo en mantequilla junto a la poderosa y profunda sección rítmica. Pero el delirio llegó con los primeros compases de «Guilt», uno de sus temas estrella, con ese riff que parece basado en Psicosis. La locura desbordó la sala con incontables fans subiéndose al escenario para tirarse sin complejos contra el público. Con «On the Verge», su tema más conocido, hicieron las delicias de los seguidores más acérrimos. Nuevo uppercut del metal más pesado.
Cerraron con «Grayout», que hizo temblar toda la sala. Tempestad antes de la calma que terminó dando fin a un recital que apenas duró media hora. Un directo sólido y potente que demostró que estamos ante una banda que va a dar mucho que hablar en los próximos años. Su estreno en Madrid fue espectacular, aunque dejó a la gente con ganas de mucho más. Pero con apenas un disco en su palmarés y canciones de dos minutos, poco más se puede hacer.
La tormenta cesó. Los House of Protection atendieron hasta al apuntador después del show y pronto quedó todo despejado, dando paso de nuevo al insoportable calor madrileño. Pero que nos quiten lo bailao bajo aquella poderosa tormenta.


