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LA RENGA: “La verdad bruta de una banda que nunca se disfrazó”

Entrevista a Gabriel “Tete” Iglesias, bajista de La Renga


Por Ricard Altadill y Hèctor Guillermo Izuel / Fotos Santi García Díaz

Hablar de La Renga es meterse de lleno en una historia de amistad, carretera, heridas y fidelidad absoluta al rock entendido como una forma de vida. En esta charla, Gabriel “Tete” Iglesias, bajista de la banda, pone voz a ese universo hecho de canciones que marcaron generaciones, de un lazo emocional muy fuerte con España y de una identidad que, después de cuatro décadas, sigue sonando igual de salvaje, honesta e incorruptible.

Tocar en España, para una banda como La Renga, también tiene algo de reencuentro para muchos argentinos que viven acá y que encuentran en sus canciones una forma de volver, aunque sea un rato, a su tierra. ¿Cómo viven ustedes esa carga emocional de tocar tan lejos y tan cerca al mismo tiempo?

Y bueno, sí, nosotros lo notamos mucho: argentinos que viven allá, cuando nos van a ver, es como que toda la parte emocional, hasta simbólica, porque van con banderas, con todo de Argentina. Para nosotros no es que nos pese, pero es fuerte, es distinto. Y bueno, la pasamos muy bien, nos gusta mucho.

Más allá de la conexión con la comunidad argentina, ¿cómo perciben al público español? ¿Sienten que se acerca a La Renga desde un lugar distinto o hay una conexión que termina yendo para el mismo lado?

No creo que haya… Al juntarse con los argentinos, que son bastante fervorosos, el público español… hay como un contagio y se llega al mismo lugar: a rockear, porque nosotros rockeamos al palo. Entonces ese mensaje parece que llega genial.

Últimamente cada vez que cruzan el charco más bandas argentinas con historia, el público responde. ¿Por qué creen que el rock argentino se vive con tanta pasión en España?

Bueno, la verdad es que no viví en España. Pero puede pasar un poco de lo que hablamos en la pregunta anterior: la emoción de Argentina, de volver a ver a la banda que por ahí vio de chico hace muchos años. Y todo eso se junta. Creo que se mezcla mucho lo emocional con el público.

En España, a La Renga siempre se la miró como una banda de verdad, sin maquillaje, sin pose y sin concesiones. ¿Cómo reciben ustedes esa mirada desde este lado del charco?

Y bueno, bárbaro, porque más allá de lo que dijiste, es lo que nosotros sentimos y hacemos. Así que es un doble orgullo, porque, a pesar de que hablamos el mismo idioma, las culturas… nosotros recibimos mucha cultura de España y de Italia, pero que ellos entiendan ese ida y vuelta entre lo que es copado y lo que no es copado, que no es una careteada, nos llena de orgullo.

Y para alguien en España que todavía no entró de lleno en el universo de La Renga, ¿qué tema le pondrían primero para entender de qué va la banda?

A mí me gusta Despedazado por mil partes Es un tema bastante viejo del disco, justamente Despedazado por mil partes, pero me parece que muestra el rock que nos gusta a nosotros: potente, salvaje y rústico a la vez.

Hay canciones como “La balada del diablo y la muerte”, “Hablando de la libertad” y “El final es en donde partí” que ya forman parte del ADN de La Renga. Cuando las miran hoy, ¿qué representan para ustedes y qué dicen de la identidad profunda de la banda?

Bueno, esos temas pertenecen al disco “Despedazado por mil partes”. Fue un disco que para nosotros marcó un cambio en la banda: empezamos a hacer, si bien ya hacíamos rock salvaje y rústico, “Despedazado por mil partes” fue como un quiebre. Ahí tuvimos la oportunidad de grabar con Ricardo Mollo, que nos hizo la producción, y lo grabamos en un estudio, con productor y compañía. Fue el primer disco así.

Más allá de lo que significan las canciones y el peso que tienen, la contracultura, la ciudad, el campo, los viajes por Argentina, ese disco fue un quiebre y nos representa mucho.

La Renga – Hablando De La Libertad – San Luis, 28 de enero de 2017

En cambio, temas como “La razón que te demora”, “Tripa y corazón”, “Panic Show” y “Desnudo para siempre” muestran caras distintas: la herida, la furia, la parte más íntima. ¿Sienten que ahí también está el mapa más completo de lo que son?

Eso es posterior a “Despedazado por mil partes”. Todos esos temas son a partir de “Detonador de sueños”. Y ahí es donde se nos cierra el círculo y podemos lograr todo lo que veníamos haciendo.

Yendo un poco más al fondo: ¿hay algunas canciones de ustedes que hoy ya no tocarían más? ¿Porque quedaron lejos, porque duelen o porque ya no los representan?

No, ninguna. Hay canciones que no tocamos en vivo, pero ninguna dejamos de tocar por eso. Todas nos siguen representando y estamos muy orgullosos de todos nuestros discos y canciones. A veces no las tocamos por cómo armamos el show: tratamos de que haya una continuidad de emociones y ritmo. Entonces hay temas que quizás no entran en ese momento, pero nada más que por eso.

La Renga – Tripa y corazón – Fuengirola, España

Pensando en este lado del océano, ¿hay algún tema de La Renga que crean que en España puede golpear de una forma especial?

La verdad que no sé, ahora mismo no se me ocurre. Pero todos los temas los tocamos con todo el amor del mundo para que a la gente le guste.

Cuando piensan en España a nivel musical, ¿qué te viene a la cabeza?

A mí lo primero que me suena es Barón Rojo. Fue una banda que, cuando nosotros empezamos a tocar y a escuchar rock, apareció en Argentina, y fue increíble. Me acuerdo de que fuimos a verlos con El Tanque, con Riff en Obras. Así que lo primero que me sale es Barón Rojo.

¿Alguna banda o artista que les haya dejado huella de verdad?

Barón Rojo y, a partir de ellos, conocimos a Obús, a Leño. En esa época no era fácil conseguir material, pero gracias a gente que viajaba conseguimos discos y los escuchamos. La verdad que nos encanta ese rock.

Después de tantos años, ¿cómo se hace para mantenerse vigente dentro del rock argentino sin traicionarse?

Creo que siempre hicimos todo con el corazón. Desde grabar un disco hasta hacer un recital, todo lo hacemos con el mismo sentimiento que el primer día. A lo largo de todos estos años seguimos siendo los mismos.

Mirando todo el recorrido, ¿están conformes con la trayectoria de la banda? ¿Y cuál fue el momento más difícil?

Sí. El momento más difícil fue cuando murió uno de los chicos que venía a vernos, por una bengala en un recital nuestro. Fue una herida que sigue abierta. Siempre está presente y nos mantiene alerta. Ese fue nuestro peor momento.

Sostener una banda tantos años implica dejar cosas en el camino. ¿Qué se pierde y qué se gana? ¿Volverían a empezar?

Sí, lo haría otra vez. Con La Renga no se pierde nada. Somos un grupo de amigos, una familia, hace más de 40 años. Disfrutamos todo.

¿Qué diferencias sienten entre el público de los 90 y el de ahora?

No me gusta clasificar, pero en los 90 era todo más energético, más intenso. Hoy sigue la energía, pero es un público más reflexivo. También prestan más atención a lo visual, a lo que pasa en el escenario.

Pensando en la historia del rock argentino, ¿qué significa Pappo para La Renga?

Pappo es el número uno. Para mí, junto con Manal y Vox Dei, fueron fundamentales. Son una influencia muy importante en el sonido de La Renga.

¿Ven relevo en el rock argentino?

Sí, siempre la música se renueva. Hay muchas bandas con actitud rockera, que es lo más importante.

El rock dialoga con la realidad. ¿Cómo viven la relación entre música, mirada social y política? ¿Y qué opinan del cruce entre tecnología y música?

La tecnología es muy importante y beneficiosa: en los shows, en las imágenes, en los estudios. Aunque a nosotros nos gusta lo analógico, convivimos con lo digital. Ahora, lo de los hologramas me parece demasiado. Ahí se pierden emociones, la carne. A mí, en particular, no me gusta.

Gracias por la charla.

Bueno, gracias.

La Renga – La banquina de algún lado (En Vivo en Nápoles, Italia 2024)
By Ricard Altadill

Explota, explota, cabró !, que tot el que escups, torna en forma de cançó.

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