Bandas: Chez Kane – Care Of Night – Steelheart – B4U – Pretty Maids – Shiraz Lane – Remedy
Lugar: Palacio de Congresos y Exposiciones de León – 8 de Noviembre de 2025
Fotos: Gabriel Pérez Hernando y Raúl Blanco
Texto: Jesús Alijo Lux
Como en esta vida hay que oír de todo, cuando tuvimos acceso al Palacio de Congresos y Exposiciones de León para acceder a nuestra acreditación, pude comprobar que las lenguas viperinas habrían de tragarse sus venenosas intenciones. Tras pronosticar un “pinchazo” inventado, camuflado tras la sombra de las sempiternas sugerencias y críticas de los “gurús del meollo”, algo que parece que en este país de redes enfermizas es de cuna privada y recurso popular, me encontré con que hubo demasiados perros ladradores, amansados entre las caras de felicidad de los y las que fueron a disfrutar de lo que otros arriesgan para mantener vivo un género musical que sigue en pie, tras ser vapuleado por los medios generalistas. Eran cerca de las 18 horas y el ambiente ya se intuía más poblado que en sus dos citas predecesoras. Chez Kane abría la festividad roquera de la tierra de la tapa junto a la consumición, lo que, tras los constantes debates sobre sus recientes imágenes, me resultó lógico. ¡Cómo gusta el salseo en la piel del toro!
La fémina defensora de las predilectas de los ochenta apareció con imagen, pero no con escándalo, lo que ya le dio un punto extra para meternos en un show en el que demostró que es una animal de directo. Voz, actitud, soltura y carisma al servicio de una colección de canciones nacidas para triunfar en disco, pero más sobre un escenario que, sin más ayuda que las labores individuales de sus acompañantes, sonó a realidad. Quizás los coros no fueron el punto fuerte de la banda de Chez, pero al menos no iban grabados y se vio a una banda como las de antaño, ¡ya era hora joder! Si bien los que no comulgamos con esa práctica tan extendida entre los que deben de dar ejemplo, esas leves imperfecciones no desmerecieron, para nada, el verdadero arrojo que la frontwoman y los suyos demostraron sobre las tablas. La sección rítmica sonó potente, las guitarras de James Ready y Harry Scott Elliott (Tyketto) correctas y en constante mejora de sonido lo que le brindó a la dama del melodic rock espacio para lucir su potencia y dejar un set tan previsible como acertado, pero sin privarnos de teclados reales. No escatimó en medios para cerrar picos y levantar euforia con “Too Late For Love”, “Ball N´Chain”, “Better Than Love” o las finales “Rocket On The Radio” y “Powerzone”. ¡Bravo por ella!

Si el escenario principal estrenado por la galesa tuvo reajustes para sonar como debía, la verdad es que el escenario, digamos más discreto, no acusó deficiencias notables como en citas anteriores. Care Of Night, uno de los abanderados de la vertiente más clásica del A.O.R. y de rock melódico sueco actual, sonaron prístinos y elevaron su categoría, por primera vez en España, como para no ser obviados en próximos eventos de este pelaje. Ellos rezuman elegancia, no tanto en sus camisas (broma), pero sí en su exquisita instrumentación y las dotes vocales de Calle Schonberg, al que le sentí más agudo que en sus discos. Comenzar con “Love Equals War” a mí ya me atrapó por completo, pues lo considero uno de los mejores temas de su corriente en los últimos lustros. Supieron mantener las palpitaciones necesarias, en su refuerzo Toto, para crear arritmia con la llegada de la hard roquera “Hit” de ese disco inolvidable donde versan que el amor iguala a la guerra para, después con sus memorables “Your Perfection” (también de esta maravilla sonora), “Melanie” (Reconnected – 2023), “Cassandra” y “Heart Belongs” (Connected – 2015), hacernos discernir sobre su porqué y aseverar que nuestro deseo de que su cuarto álbum los posicione donde merecen está bien refrendado. Muy buenas las guitarras de Östrom así como los teclados de Berg que se encontraron bien apoyados por los Svensson al bajo y a la batería. Amables, conciliadores y con una sonrisa de adentro hacia afuera que bien podría haber inspirado al capo Matijevic. No les deis de lado, ellos buscan lo que otros no pueden ni soñar, por muchos eclipses que pasen.
Volvíamos al escenario principal para darnos de bruces con el “rockstar” de turno y unos Steelheart que nada tienen que ver con la leyenda que cimentaron con sus dos primeros discos recién estrenada la década de los noventa. La banda me pareció insuficiente para marcar tónica y por mucho que Milijenko mantenga un rango de voz remarcable en agudos y graves (poco cuerpo en los medios), la afinación actual de su música es más que una ayuda para el lucimiento personal. Más americano que Trump, con su chicle en la boca constantemente, y con el mismo desdén que posee el del botón rojo ante quienes le venerábamos en el pasado y que, tras su grave accidente, aún hemos creído en él posteriormente, enfatizando sus raíces zeppelianas en los discos menos llamativos para los clásicos, me pareció intolerable que dejara de lado la originalidad de estas magnas obras, sobre todo Tangled In Reins, del que sonó nada en absoluto. “She´s Gone” estuvo sentida, “Everybody loves Eileen” aceptable, y “Gimme Gimme” correcta, pero “I´ll Never Let You Go” completamente desangelada. Sus temas de la banda sonora de Rock Star fueron soberanos y potentes, todo hay que decirlo, pero la sensación general fue de decepción y falta de empatía. Su primera vez en España resultó una espinita que había que sacarse cuando podría haber sido como extirparte un riñón, algo vital e inolvidable. No obstante, gran apuesta por parte de la organización.



























En el escenario, vamos a decir secundario con todo el cariño, volvieron a rugir los leoneses Be For You, o como nos gusta llamarlos en esta casa por su amabilidad y simpatía, B4U, quienes se mostraron más seguros que nunca, con mejor sonido que en anteriores ocasiones y con unas ganas de demostrar sus dotes, nada desdeñables, que hipnotizaron a sus seguidores y a los que decidieron apoyarlos totalmente. Frentes de orgullo y admiración entre el gentío, de respeto por su trato llano. Su vocalista Ángel estuvo totalmente desatado y con una guapa camiseta de Nevermore, que poco tiene que ver con su sonido, pero sí con el dramatismo que ofrece en sus interpretaciones muy a la Geoff Tate y al difunto Warrel Dane. Guitarras muy bien tratadas y una sección rítmica compacta nos orientaron por el hard como por el progresivo ligero, lo que sumado a su versión de “Heart Turns To Stone” de Foreigner y al adelanto de tres canciones de lo que será su próximo álbum dispuesto para 2026, colmaron las expectativas de esta banda con grandes visos de trascender más allá de nuestro territorio.

Llegó la hora del cabeza de cartel y ¡vaya si se ganaron ese título! Pretty Maids se comieron seguramente a todas las bandas que han sonado durante estos tres años. Duros, claros, sin ayudas aparentes y con un juego de luces y escenario de apabullar. Ronnie Atkins con su pulsera en la que declara la guerra al cáncer (ponía Fuck Cancer), como superviviente activo y en convivencia con esta pandemia sin piedad, se declaró digno de elogio y llevó las riendas, entre su voz de ángel y la de demonio, de un set con predominancia de caracteres del nuevo milenio (“King Maker” o “Pandemonium” por ejemplo). Pero cuando realmente se desató la locura general fue cuando arremetieron con “Back To Back” de Red,Hot And Heavy y el repaso soberano a Future World con la homónima, “Rodeo” y “Love Games”. Los momentos melódicos calaron hondo con “Hell On High Heels” (Anything Worth Doing I Worth Overdoing – 1999) y su clásico “secuestrado”, “Please Don´t Leave Me”, ahora ya convertido a tributo, tras el deceso del sagrado John Sykes. Evidentemente “Little Drops Of Heaven”, su renacer para las nuevas generaciones planeó muy alto, saciando casi al cien por cien de los y las allí congregados y congregadas. Ken Hammer con su pose férrea pero afable, no da puntada sin hilo, mientras que Rene Shades (último miembro en llegar ya hace trece años) al bajo, el batería y el teclista Allan Tschicaja y Morten Sandager, respectivamente y desde 2006 asalariados a tiempo completo, nos arrollaron con una solvencia musical sin demostraciones innecesarias, pero sí con una entrega absoluta. Que la vida les sea propicia para poder volver a ver a una de las bandas mayúsculas de nuestra historia.
Cerrando el telón del escenario contrario, asaltaron nuestras carteras unos jóvenes asalta caminos que ya merecen toda la consideración de la ley y el orden. Llevan más de trece años en activo, y sus ademanes de manejar el hard americano con el europeo y encima hacerlo sonar contemporáneo, los ha de llevar muy lejos por su distinción y pericia. ¡Sí!, ¡Lo sé!, la voz aguda de Hannes Kett puede resultar histriónica fuera de contexto, pero el vocalista la maneja de admiración para reventar tímpanos y darle garra a sus pegadizas tonadas. Su puesta en escena y el sonido que sacaron lo dijo todo: híper profesional y totalmente adictivo, lleno de “punch”. Todos los miembros a gran altura, pero de los finlandeses me dejó perplejo su guitarrista principal, Jani Laine, y sus poses Lynch. Grandioso. Presentaban recién editado disco, In Vertigo, todo un éxito ya desde su nacimiento visto cómo reaccionó la gente cantando las canciones de “pé a pá”, con especial unidad en “Stone Cold Lover” y “Plastic Heart”, aunque el repaso fue intensivo, con nada menos que cuatro temas. “Tidal Wave” o “Harder To Breathe” (Carnival Days – 2018), “Do You” (Vibration I -2020) y el cierre con su versión de la maravillosa “To The Moon And Back” de Savage Garden, me planteó una grata reflexión: este quinteto finés tiene la llave para abrir las puertas de nuestro rollo a las nuevas generaciones sin que las anteriores tengan nada que reprochar. Me rindo ante ellos, una salvajada…
Ya como despedida, los Remedy del simpático Roland Forsman, la nueva revelación sueca del hard melódico, que con solo dos discos en el mercado ya tienen una legión de seguidores, se mostraron más austeros en su formación, pero no por ello menos consistentes. Se metieron con facilidad al público en el bolsillo, que ya por las horas y el desgaste, había mermado considerablemente. Ellos tiraron de emoción y de entrega, a pesar de ser músicos curtidos, pero es que los rostros complacientes que se proyectaban hacia ellos no merecían menos, y supieron aprovechar el envite y contagiarse de una energía juvenil que recarga el alma. “Living On The Edge”, “Marilyn” y “Angelina” son balas directas pero para cerrar, eligieron su gran éxito, “Moon Has The Night” (escrita mientras Roland paseaba a su precioso perro que me enseñó en foto en backstage). He de decir que se convirtió en la banda sonora personal del equipo Metal Hammer. Nos esperan grandes cosas con ellos.
2025 ha sido un año duro para la música, hemos sufrido muchas pérdidas de grandes estrellas, bastantes decepciones de conciertos y abusos, en cierto modo, con los precios de las entradas para ver a las rutilantes estrellas que se niegan a ceder el testigo. Pero, festivales como este, constantemente en mejora de dotaciones y facilidades y, con una idiosincrasia tan definida y con tanto poder para nuestra geografía, sanan el alma y el cuerpo tras los veranos que dejan huella.




















































