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Fuego, caos y crowdsurfers: Lorna Shore y Whitechapel arrasan en Oslo

Bandas: Lorna Shore – Whitechapel – Shadow of Intent – Humanity’s Last Breath
Lugar: Sentrum Scene, Oslo – 18 de febrero de 2026
Fotos y texto: Oiane Díaz

En los últimos tiempos –sí, decimos “últimos tiempos” porque, salvo que nos pongamos a buscar fechas concretas, no podemos determinar exactamente desde cuándo está ocurriendo esto–, estamos viendo cómo, un montón de grandes giras que visitan Europa, incluyendo un generoso puñado de ciudades en su recorrido, descartan de la lista visitar nuestro país. ¿El motivo? Pues no lo sabemos con certeza, pero de lo que sí estamos seguros que este tour “I Feel The Everblack Festering Within Me” es claramente uno de estos casos.

Y es que, hace ya algunos meses, recibimos la tremenda noticia de la gira que traería a Europa a Lorna Shore junto a Whitechapel además de Shadow of Intent y Humanity’s Last Breath. Nada más y nada menos que veinticuatro fechas a lo largo de todo un mes (entre el 23 de enero y el 22 de febrero), que se dice rápido y, claro, ninguna en España. Con lo cual, no nos quedaba otra alternativa que buscar otras posibilidades y tratar de cuadrar alguna ciudad durante esos treinta días de conciertos. De manera un poco casual, se alinearon los astros y resulta que Oslo fue la ciudad que encajaba a la perfección en todo este plan.

Llegada la fecha, allí estábamos, pasando a echar un vistazo a los alrededores del recinto un par de horas antes de la apertura de puertas, a eso de las tres y media de la tarde. Con los -16ºC que teníamos en la capital noruega aquel día, no esperábamos que los fans se hubiesen animado a hacer cola, pero nos equivocábamos por completo: la fila daba la vuelta al edificio. Cientos de personas esperaban con unas ganas enormes el momento en el que el Sentrum Scene diese luz verde para pasar a su interior. A las cinco y media en punto llegó este momento.

Con el cartel de sold-out colgado en la entrada –algo que sabíamos semanas atrás–, la previsión era algo similar al apocalipsis: colegas que habían estado en los shows de otras ciudades nos advertían de la cantidad enorme de crowdsurfers desde el inicio hasta el final y del conciertazo que había sido. Así que ahí estábamos para comprobarlo.

La elegante sala, con una forma similar a un anfiteatro, en el que los asistentes podían quedarse de pie, algo que nos resultó bastante curioso, tenía también una planta superior, donde había más personas acomodadas en butacas. Por supuesto, todo a rebosar. En la planta baja aún se podía “respirar” un poco, pero esto no duraría mucho tiempo. Humanity’s Last Breath se subieron con una puntualidad envidiable para abrir con “Väldet”, de su álbum de 2021 Välde.

Con su llegada, estos suecos encabezados por Filip Danielsson, siempre traen consigo un “rollo” oscuro que impregna el lugar y nos hace introducirnos en una especie de inframundo. La voz de este hombre es impresionante y esa pesadez de los riffs de Tuomas Kurikka, que lo acompañan en cada tema, convierten a esta banda en una de las más brutales que hemos visto en vivo. Por suerte, ya habíamos tenido ocasión de disfrutar de su directo en varias ocasiones (Rockstadt Extreme Fest, Brutal Assault…) y nunca decepcionan. Esta vez no sería diferente: a pesar de lo breve que fue su actuación –apenas siete cortes–, rompieron el hielo de manera espectacular. Cerrando con “Instill”, de su último trabajo Ashen, que vio la luz hace tres años, se despidieron de un público que quedó encantado.

De forma súper rápida, los técnicos se encargaron de toda la cuestión del cambio de escenario para que Shadow of Intent pudieran salir sin mucha demora. Para las siete y veinte, de acuerdo a lo previsto, la formación estadounidense encabezada por Ben Duerr se apoderaba del stage. Los de Connecticut venían con un LP relativamente nuevo, Imperium Delirium –de junio de 2025–, y les pareció que esta gira era la ocasión perfecta para presentarlo.

A nuestro modo de ver, quizás no hubiese estado de más alternar con sencillos algo más añejos, pero aún así, nada que reprochar a esta bandaza en mayúsculas. Los crowdsurfers empezaron ya con el primer corte, “They Murdered Sleep”, para no dejar de volar por los aires hasta el final. Esa voz de ultratumba del bueno de Ben que logra que sus fans se vuelvan locos, lo consiguió también en Oslo: mosh pits continuos, vasos por el aire y seguidores volcadísimos, en una faceta que no nos esperábamos del público escandinavo, pero nos gustó mucho. Para poner el broche final a un concierto de categoría, como no podía ser de otro modo, recurrieron a lo que se ha convertido ya casi en un himno “The Heretic Prevails”, que nos sigue poniendo la piel de gallina sin importar cuántas veces lo hayamos visto en directo. Nos quedamos con ganas de más.

En los minutos que trascurrieron entre el segundo y el tercer concierto pudimos comprobar lo llenísima que estaba la Sentrum Scene: aquellos que habían conseguido abrirse paso hasta la barra para pedir un trago, estaban teniendo serios problemas para volver hacia la zona más adelantada de la pista. Para las ocho de la tarde, allí no cabía ni un solo alfiler. Una gran parte de los ítems que se vendían en el merchandise ya estaban agotados y, la gente esperaba con ganas a recibir a los chicos de Phil Bozeman.

Directamente desde Knoxville, allí teníamos ante nosotros a Whitechapel, que fueron recibidos con una ovación gigantesca. Al igual que Shadow of Intent, venían con nuevo trabajo publicado en 2025, Hymns in Dissonance y decidieron atacar por este frente en la apertura, interpretando “Prisoner 666” seguida de la canción que da nombre al disco y un par más de este LP, poniendo el broche final a este bloque de ‘presentación’ con “Hate Cult Ritual”. Por supuesto, todo este tiempo el goteo de crowdsurfers fue continuo; seguridad no paraba de recoger a personas que se lanzaban una y otra vez y la temperatura en la sala se elevaba por momentos.

A mitad de set, decidieron cambiar por completo el rumbo de show para echar atrás casi dos décadas e incluir tres sencillos de su primer álbum The Somatic Defilement, momento en el que sus fans se volvieron completamente locos. La Sentrum Scene saltó por los aires para, casi sin darnos cuenta, plantarnos en “This is Exile”, con la cual dieron por terminada su actuación y se despidieron del público. Whitechapel son un tanque de devastación; arrasaron.

Y así las cosas, cuando ya casi se nos estaban acabando las energías, llegaba el plato fuerte de la noche. Era la hora de una de las bandas que más fama está consiguiendo en los últimos años, más o menos desde la incorporación definitiva de Will Ramos a sus filas como vocalista, allá por 2021. Lorna Shore se disponían a salir al stage entre el nerviosismo de los allí presentes. Veíamos camisetas, gorras, sudaderas y demás accesorios con el nombre del grupo, fans expectantes por ver, en muchos de los casos, por primera vez a la banda de New Jersey.

A las nueve y cuarto, el enorme telón que protegía el escenario cayó y con ello, un estruendo tremendo acompañado por “Oblivion”. Si hasta el momento el recinto estaba lleno a rebosar, ahora lo estaba aún más o, aunque no fuese así, la impresión lo era, con un público que se estaba dejando la piel acompañando a la banda. Un atentísimo Will saludó a todo aquel que se había acercado a verles para continuar con una brutal “Unbreakable”, único corte en el que dejaron acceder a los fotógrafos. El fuego y la pirotecnia eran constantes, por lo que, no era demasiado seguro permanecer tres temas en el foso. Como decíamos, “Unbreakable” sonó a las mil maravillas, dando paso a “War Machine”, en lo que también fue un trío presentación de su I Feel the Everblack Festering Within Me, que fue lanzado en septiembre de año pasado.

Tras ello, la banda sorprendió invitando a Nick Chance, su actual fotógrafo y videógrafo a unirse a cantar con Will en “Sun//Eater”, retrocediendo así al Pain Remains de 2022. Es hasta difícil encontrar un adjetivo para describir la voz de Ramos; simplemente es espectacular ver todo lo que puede hacer con ella, hasta unos límites insospechados. La calidad del sonido estaba siendo una locura, hasta el punto de decir que probablemente este haya sido uno de los conciertos con mejor sonido a los que hayamos acudido. A cada tema, las enormes pantallas colocadas en el fondo del escenario, cambiaban de imágenes; las formas y colores no dejaban de llamar nuestra atención a cada momento que pasaba. En general, estaba siendo todo un espectáculo de luces, voz y una interpretación tremenda, superando nuestras expectativas.

Continuaron en esta línea, alternando cortes de los dos álbumes mencionados, mientras los fogonazos aderezaban la voz de Will que, nos guste o no, acapara toda la atención sobre el escenario aunque, a veces, lo comparte sutilmente con Adam De Micco, en solos en los que es imposible no girar la mirada hacia las manos del guitarrista y la destreza que demuestra. Los minutos fueron pasando e iniciaron la ‘trilogía’ del Pain Remains (I, II y III) hasta finalizar con la tercera parte “In a Sea of Fire” y marcharse dando las gracias por todo. Sin embargo, sabíamos que eso no podía terminar ahí, aunque se hicieron de rogar.

Tras un parón –que se hizo bastante largo, por cierto–, Lorna Shore volvieron al stage para destrozar por completo Oslo: “To the Hellfire”, en la que montaron una auténtica barbacoa, con una tira de fuego de lado a lado del escenario que, no contentos con ello, adornaron con algunas llamaradas. Una auténtica locura, un Will Ramos que terminó de demostrar que lo que tiene su voz es algo de otro planeta y, en general, un espectáculo se mire por donde se mire, de manera independiente a ser fan o no de la banda. De nuevo, mostrando su agradecimiento a todos los asistentes, los estadounidenses se despidieron amablemente y se marcharon, dejando a la gente en un estado de felicidad enorme, contentos de haber podido disfrutar de aquella noche.

Lo cierto es que, merece la pena verles y la fama que han logrado está más que justificada. Un show de ese calibre no sale con ese nivel de detalle si no hay mucho trabajo por detrás, y es algo que se debe reconocer. Más de la mitad de sus veinticuatro conciertos por Europa han colgado el sold-out y, el resto, han estado a punto. Puesto el punto final a la gira europea, que también ha estado compuesta por varios “Pop-ups” en los que cientos de fans han podido interactuar con la banda en países como Alemania y Francia en espacios más reducidos, regresan a Estados Unidos para embarcarse en otro enorme tour junto a Paleface Swiss y Signs of the Swarm. Ojalá vuelvan pronto y hagan un huequecito para pasar por nuestro país.

By Oiane Díaz

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