Bandas: Luxúria de Lillith – Furit – Cristo Cadavérico – Victhorian
Lugar: Bueiro do Rock – Teresina, Brasil – 20 de septiembre de 2026
Fotos: Luca Apperti
Castellano
No hay quien detenga a Tere-Hell durante el mes de septiembre. Parece que la oscuridad ha decidido que le gusta este lugar y ha encontrado un sitio cómodo donde quedarse.
Entrar en Bueiro do Rock fue como entrar en otro mundo. Era más oscuro y pesado, pero ni mucho menos estaba muerto. Y, como si eso no fuera suficiente, el calor de Teresina nos estaba consumiendo, convirtiendo la sala en un infierno literal. El escenario perfecto para los demonios que estaban a punto de tomar el control.
La noche estaba encabezada por los goianos Luxúria de Lillith, que regresaban a Teresina después de 15 años, y las expectativas estaban por las nubes. Pero no estaban solos. Para esta ocasión, contaban con el respaldo de una legión local de esta tierra de fuego y sol: Furit, Cristo Cadavérico y Victhorian. Cada uno aportando su propio sonido a la noche.
Y eso es precisamente lo que hace que este cartel sea tan atractivo desde el principio. Antes de que Luxúria de Lillith siquiera suba al escenario, el cartel promete una auténtica muestra de la escena underground del metal de Teresina. Tres bandas locales, tres enfoques diferentes de la música extrema, hasta llegar al oscuro regreso de Goiânia. Aquí no hay que esperar simplemente a que llegue el cabeza de cartel, porque toda la noche tiene algo que decir, dando visibilidad a bandas que quizá todavía no sean muy conocidas fuera del circuito local. De pie en aquella sala, no pude evitar pensar que noches como esta son exactamente como empieza a cambiar eso.
El telón del mal está subiendo
Furit abrió la noche mientras Bueiro todavía se estaba llenando, sin perder tiempo para marcar el ritmo con riffs rápidos, voces feroces y un sonido que golpeaba con la fuerza del thrash de la vieja escuela. Mientras hacía algunas fotos, su música me mantenía inmóvil justo delante del escenario, obligándome a quedarme allí y observar a aquel cuarteto de thrashers trabajando.
TK Santos destacó al frente, sujetando el bajo mientras ladraba frente al micrófono, reforzado por Max Melo y Ulisses Melo, intercambiando un rápido trabajo de guitarras thrash mientras la banda avanzaba por temas como “Taste of Blood” y “Blessed with Fire”. Detrás de ellos, Lucas Nannini mantenía la presión sin aflojar. Cuando el set llegó a su tramo final, su doble bombo empujó todo todavía más fuerte y rápido hasta que Furit cerró su actuación con “Bestial Invasion” de Destruction. Lo que hizo destacar la versión fue que incluso imitaron los movimientos escénicos de Destruction durante el tema, algo que yo mismo he visto de primera mano en el pasado. Siempre mola ver a músicos rendir ese tipo de respeto directo a una banda que aman. Además, para mí, tocar esa versión fue una jugada táctica inteligente para darle al público algo familiar antes del cambio de escenario. Me recordó a una conversación con El Sangrón para Metal Hammer España: antes de su etapa en Brujeria, solía cerrar los conciertos con Sangre tocando una versión de Brujeria. Furit hizo exactamente lo mismo, y les funcionó perfectamente.
Cuando terminó el cambio de escenario y el impulso inicial se calmó, Cristo Cadavérico tomó el relevo y cambió completamente la atmósfera. Mientras seguía entrando más gente, los veteranos del black metal de Teresina llevaron una oscuridad lenta y pesada a Bueiro. La transformación llegó cuando los riffs de guitarra de Lord Herege chocaron con el bajo de Mortem, construyendo un muro denso de sonido aterrador, mientras los teclados de Errant Misanthrope añadían una capa inquietante sobre el patrón constante de batería de Havok. Cortando directamente a través de toda esa pesadez estaban los gritos agudos y desesperados de T. Mórbido, cuyos extraños movimientos, como poseído, al frente del escenario hacían parecer que estaba intentando activamente levantar algo muerto desde las profundidades del infierno. Recorrieron un set de diez canciones, mezclando clásicos más antiguos como “Lembranças do Anticristo” con temas completamente nuevos como “Aos Prazeres de Lilith” y “Lança do Destino” ofreciendo una muestra directa de hacia dónde se dirige su sonido en su próximo álbum debut de 2026, Lança do Destino. Aquella interpretación física dio al set un toque teatral y aterrador sin quitarle peso a la música. Cuando terminaron, todo el lugar parecía más pesado, dejando el recinto preparado para lo que estaba por venir.
Construyendo sobre aquella atmósfera oscura, Victhorian subió al escenario como el último grupo local antes de los cabezas de cartel, manteniendo el impulso pesado y lento. Originalmente iniciado a principios de los años 2010 como un proyecto en solitario de Victhor De Victhorian antes de convertirse en una banda completa para directo, su visión del black metal equilibra pasajes pesados con un marcado lado melódico que se abre en coros dramáticos. Visualmente, destacaron en cuanto las luces los iluminaron. El teclista, Spiritus Lupus, llevaba una máscara negra y una capa que aportaban un toque macabro y teatral al escenario. A su lado, Onestab de Victhorian sostenía los graves con el bajo mientras Victhor De Victhorian impulsaba las canciones con la guitarra y agudos gritos atormentados a través de un set conciso que incluía temas como “A New Day of Hate”, “King” y “Cursed Poems”, antes de cerrar con “Victhorian”. Detrás de la batería, Spiritus Draconis, conocido fuera del escenario como Felix mantenía el impulso firme e implacable. Saber que Felix era uno de los organizadores principales que trabajaban entre bastidores para sacar adelante todo este evento hizo que su actuación me llegara todavía más. Hay algo profundamente respetable en ver a alguien corriendo de un lado a otro asegurándose de que el concierto realmente suceda, solo para después subir al escenario, sentarse detrás de la batería y convertirse en parte del ruido. Eso es el underground cuidando de sí mismo.















Llegando al clímax: Luxúria de Lillith
Después de que los grupos locales nos llevaran por tres tonalidades distintas del metal underground, llegó el momento de los cabezas de cartel. Luxúria de Lillith regresó a Teresina llevando consigo más de dos décadas de historia del black metal brasileño. Formados en Goiânia en 1998, su sonido mezcla bases de black metal melódico con un lado más pesado de death metal, apoyado en una imaginería ocultista y una teatralidad cruda. Yo no conocía a la banda antes del concierto, pero ver la expectación de la sala hizo que el hype fuese contagioso. En cuanto subieron al escenario, lo entendí. Las guitarras cortaron el aire, la batería golpeaba como un motor implacable y las voces pasaban de gritos agudos y rasgados a profundos guturales.
Alysson Drakkar dominó el escenario con un carisma enorme. En un momento empezó a dirigirse al público como demónio y demónia y tengo que admitir que me pareció brillante. No se sintió forzado ni excesivamente serio; él se estaba divirtiendo, el público se contagió y, de repente, Bueiro estaba lleno de demonios y demonias. A su lado, Andreia Larakna era una fuerza brutal con la guitarra, pero fueron sus voces de apoyo las que realmente captaron mi atención, atravesando todo con un tono increíblemente poderoso e indemoniado. Detrás de ambos, Taufic Rocha, (o Demolidor), hizo honor a su nombre, actuando como una auténtica máquina detrás de la batería y manteniendo el impulso extremadamente rápido y pesado. Estaba golpeando la batería con tanta fuerza que, en un momento mientras le hacía una foto, el crash se cayó al suelo, lo que hizo que terminara colocándolo de nuevo en su sitio para que pudiera continuar con su furia.
El setlist abarcó casi veinte años, equilibrando clásicos de su catálogo con temas de su lanzamiento más reciente, Necroritual. Pero por muy oscura que fuera la actuación, hay un enemigo que ni siquiera las fuerzas de la oscuridad pueden derrotar: el implacable calor de Teresina. Unos cuantos temas después, la pintura de cadáver ya estaba corriendo. Puedes traer a tus demonios a Tere-Hell, pero la ciudad seguirá haciéndoles sudar. A través del objetivo de mi cámara, aquel aspecto derretido y caótico hizo que las fotos se sintieran todavía más crudas y apocalípticas.
Para el final, Luxúria invitó a un invitado especial al escenario: Genário França, más conocido como Count de Arkanus Ad Noctum. El público se volvió loco en cuanto subió, uniéndose a Alysson para volver a desatar “Luxúria de Lillith” como un cadáver arrastrado de nuevo a la superficie. Verlos compartir el micrófono para cerrar el concierto provocó una oleada total de energía en la sala. Una muestra pura de unidad underground, donde nadie intentaba superar al otro; todo giraba alrededor de la música y de ofrecer un concierto inolvidable.
Susurros desde mi mente
Fue una gran noche y me divertí muchísimo. El ambiente dentro de Bueiro era puro, y la gente estaba allí para disfrutar de verdad. ¿Estaba lleno hasta los topes? No. Pero para un domingo por la noche, la sala tenía la energía adecuada. Lo que más destacó fue lo humildes que fueron las cuatro bandas. Nadie estaba posando ni obsesionándose con el estatus o con el tamaño del público — todo giraba estrictamente alrededor de tocar fuerte, pasarlo bien y ofrecer un concierto de verdad. Furit marcó ese estándar desde el principio. Tocaron ante una sala que todavía se estaba llenando con la misma intensidad que si estuvieran delante de miles de personas. Habiendo estado yo mismo en ese lado del escenario, conozco íntimamente esa sensación. El tamaño del público no cambia la misión: subes, y tocas para destruir. Su vocalista hizo un comentario esencial durante el set, recordando a todos que, aunque su estilo fuera diferente al del resto del cartel, el metal debería unirnos en lugar de dividirnos. Ya hay suficiente división que nos impone el mundo exterior; no necesitamos traerla también a la escena musical. Ese espíritu de conexión llegó hasta el final cuando Count se unió a Luxúria de Lillith. En 2005, cuando Count llevó por primera vez la banda a Teresina, Alysson subió al escenario durante el set de Arkanus para tocar su versión de “Luxúria de Lillith”. Veinte años después de aquellas primeras cartas escritas a mano a finales de los 90, los papeles se invirtieron cuando Drakkar llamó a Count al escenario para compartir el micrófono. Un momento de círculo completamente cerrado construido únicamente sobre la hermandad underground.
También fue tranquilizador ver que Bueiro do Rock funcionaba con fluidez. El equipo pudo trabajar sin estrés innecesario, y el técnico de luces finalmente tuvo libertad para hacer bien su trabajo y la diferencia se veía al instante. Las luces fueron brillantes durante toda la noche, el sonido estuvo bien afinado y el agua fría fue una bendición contra el calor.
Al final, de eso trata una noche como esta: cuatro bandas underground, cuatro expresiones diferentes de la música pesada, una sala apasionada y un equipo dedicado. Sin dramas, sin juegos de estatus. Solo música. Y durante un domingo por la noche en Tere-Hell, eso fue más que suficiente para invocar una masa de oscuridad.





English
Luxúria de Lillith: Return of the Living Demons to Tere-Hell
There is no stopping Tere-Hell in the month of September. It seems that darkness has decided it likes it here and has found a comfortable place to stay. Stepping inside Bueiro do Rock felt like entering another world. It was darker and heavier, but far from lifeless. And as if that wasn’t enough, the Teresina heat was consuming us, turning the room into a literal hell. The perfect setting for the demons about to take over.
The night was headlined by Goiânia’s Luxúria de Lillith, returning to Teresina after 15 years away, and expectations were through the roof. But they were not alone. For this occasion, they were backed by a local legion from this land of fire and sun: Furit, Cristo Cadavérico, and Victhorian. Each bringing their own sound to the night. And that is what makes this lineup so compelling from the start. Before Luxúria de Lillith even step onto the stage, the bill promises a real showcase of Teresina’s underground metal scene. Three local bands, three different approaches to extreme music, leading up to Goiânia’s dark return. There’s no waiting around for a headliner here because the whole night has something to say, bringing attention to bands that may not yet be widely known outside the local circuit. Standing in that room, I couldn’t help feeling that nights like this are exactly how that starts to change.
The curtain of evil is rising
Furit opened the night while Bueiro was still filling up, wasting no time setting the pace with fast riffs, fierce vocals, and a sound that hit with the force of old-school thrash. While I was taking a few pictures, their music kept immobilising me right in front of the stage, forcing me to stay put and watch this quartet of thrashers work. TK Santos stood out up front, locking down the bass while barking into the mic, reinforced by Max Melo and Ulisses Melo trading fast trashy guitar work as the band drove through tracks like “Taste of Blood” and “Blessed with Fire.” Behind them, Lucas Nannini kept pushing the pressure without letting up. As the set reached its final stretch, his double-kick pushed everything harder and faster until Furit brought their set to a close with Destruction’s “Bestial Invasion.” What made the cover stand out was how they even mimicked Destruction’s stage movements during the track, something I’ve seen firsthand in the past. It’s always cool to see musicians pay that kind of direct respect to a band they love. Also to me, seeing them playing the cover was a smart tactical play to give the crowd something familiar before a changeover. It reminded me of a chat with El Sangrón for Metal Hammer España: before his time in Brujeria, he used to close shows with Sangre by playing a Brujeria cover. Furit pulled off the exact same move, and they made it work perfectly.
As the changeover finished and the initial rush settled, Cristo Cadavérico took over and shifted the atmosphere completely. As more people filed in, the Teresina black metal veterans brought a slow, dark heaviness to Bueiro. The transformation was the moment Lord Herege’s guitar riffs collided with Mortem’s bass, laying down a dense wall of terrifying sound while Errant Misanthrope’s keyboards added a creepy layer over Havok’s steady drum pattern. Cutting straight through that heaviness were the desperate high screams of T. Mórbido, whose strange, possessed like movements up front made it look as if he were actively trying to raise something dead from the depths of hell. They pushed through a ten-song set, mixing older staples like “Lembranças do Anticristo” with brand new tracks like “Aos Prazeres de Lilith” and “Lança do Destino”—offering a direct preview of where their sound is heading on their upcoming 2026 debut album Lança do Destino. That physical performance gave the set a theatrical, frightening edge without stripping away the weight of the music. By the time they finished, the whole place felt heavier, leaving the venue ready for what was to come.
Building on that dark atmosphere, Victhorian stepped up as the final local act before the headliners, keeping the heavy, slow momentum going. Originally started in the early 2010s as a solo project by Victhor De Victhorian before growing into a full live band, their take on black metal balances heavy passages with a strong melodic side that opens into dramatic choruses. Visually, they stood out the second the lights hit them. The keyboard player, Spiritus Lupus, wore a black mask and cape that brought a macabre, theatrical touch to the stage. Beside him, Onestab de Victhorian held down the low end on bass while Victhor De Victhorian drove the songs forward with guitar and tortured high screams through a concise set featuring tracks like “A New Day of Hate,” “King,” and “Cursed Poems,” before closing out with “Victhorian.” Behind the kit, Spiritus Draconis known offstage as Felix, kept the drive steady and relentless. Knowing Felix was one of the core organizers working behind the scenes to pull this entire event together made his performance hit even harder. There’s something deeply respectable about seeing someone run around making sure the show actually happens, only to step up onto the stage, take his seat behind the drums, and become part of the noise. That is the underground taking care of itself.















Reaching the Climax: Luxúria de Lillith
After the local acts had taken us through three distinct shades of underground metal, it was time for the headliners. Luxúria de Lillith made their return to Teresina, bringing over two decades of Brazilian black metal history with them. Formed in Goiânia in 1998, their sound blends melodic black metal foundations with a heavier death metal edge, grounded in occult imagery and raw theatricality. I didn’t know the band before the show, but seeing the room’s anticipation made the hype contagious. The second they stepped onstage, I got it. The guitars ripped through the air, the drums hit like a relentless engine, and the vocals swung between high, rasped screams and deep growls.
Alysson Drakkar commanded the stage with immense charisma. At one point, he started addressing the crowd as demónio and demónia and I have to admit, I found it brilliant. It didn’t feel forced or overly serious; he was having fun, the crowd fed off it, and suddenly Bueiro was packed with demons and demonesses. Alongside him, Andreia Larakna was a brutal force on guitar, but her backing vocals really stole my attention cutting through with an insanely powerful, indemoniada tone. Behind them both, Taufic Rocha, (o Demolidor), lived up to the name, acting as a mean machine behind the kit and keeping the momentum extremely fast and heavy. He was hitting those drums so hard that at one moment while I was taking a picture of him, the crash cymbal fell down onto the floor, leading me to find myself putting it back up for him to allow him to continue with his fury. The setlist spanned nearly twenty years, balancing classic catalog staples with tracks from their latest release, Necroritual. But no matter how dark the performance was, there’s one enemy even the forces of darkness can’t beat: the relentless Teresina heat. A few tracks in, the corpse paint was already running. You can bring your demons to Tere-Hell, but the city will still make them sweat. Through my camera lens, that melting, chaotic look made the shots feel even more raw and apocalyptic.
For the finale, Luxúria invited a special guest onto the stage: Genário França, better known as Count from Arkanus Ad Noctum. The crowd went electric the second he stepped up, joining Alysson to unleash once again “Luxúria de Lillith” like a corpse dragged back up. Watching them share the mic to close out the show brought a total surge of energy to the room, a pure display of underground unity, where nobody was trying to outdo each other; it was all about the music and delivering an unforgettable show.
Whispers from My Mind
It was a great night and I had so much fun. The vibes inside Bueiro were pure, and people were there to truly enjoy themselves. Was it packed to the brim? No. But for a Sunday night, the room had the right energy. What stood out most was how humble all four bands were. Nobody was posturing or obsessing over status or crowd size—it was strictly about playing hard, having a good time, and putting on a proper show. Furit set that standard early on. They played to a still filling room with the same intensity as if they were standing before thousands. Having been on that side of the stage myself, I know that feeling intimately. The crowd size doesn’t change the mission: you step up, and you play to destroy. Their vocalist made an essential point during the set, reminding everyone that even if their style differed from the rest of the bill, metal should unite us rather than divide us. There is already enough division forced on us by the outside world; we don’t need to bring it into the music scene.
That spirit of connection carried all the way to the end when Count joined Luxúria de Lillith. Back in 2005, when Count first brought the band to Teresina, Alysson hopped on stage during Arkanus’s set to play their cover of “Luxúria de Lillith.” Twenty years after those first handwritten letters in the late ’90s, the roles flipped as Drakkar called Count up to share the mic a complete full circle moment built purely on underground brotherhood.
It was also reassuring to see Bueiro do Rock running smoothly. The staff were able to work without unnecessary stress, and the lighting technician finally had the freedom to do their job properly and you could see the difference instantly. The lights were brilliant throughout the night, the sound was fine tuned, and the cold water was a welcome mercy against the heat. In the end, that is what a night like this is all about: four underground bands, four different expressions of heavy music, a passionate room, and a dedicated crew. No drama, no status games. Just the music. And for one Sunday night in Tere-Hell, that was more than enough to summon a mass of darkness.





Italiano
Luxúria de Lillith: Il ritorno dei demoni viventi a Tere-Hell
Non c’è modo di fermare Tere-Hell durante il mese di settembre. Sembra che l’oscurità abbia deciso che questo posto le piace e abbia trovato un luogo confortevole dove restare. Entrare nel Bueiro do Rock è stato come entrare in un altro mondo. Era più oscuro e pesante, ma tutt’altro che privo di vita. E, come se non bastasse, il caldo di Teresina ci stava consumando, trasformando la sala in un vero e proprio inferno. Lo scenario perfetto per i demoni che stavano per prendere il controllo.
La serata aveva come headliner i goiani Luxúria de Lillith, di ritorno a Teresina dopo 15 anni di assenza, e le aspettative erano alle stelle. Ma non erano soli. Per questa occasione, avevano al loro fianco una legione locale proveniente da questa terra di fuoco e sole: Furit, Cristo Cadavérico e Victhorian, ognuna con il proprio suono da portare nella notte. Ed è proprio questo che rende questa lineup così interessante fin dall’inizio. Prima ancora che i Luxúria de Lillith salgano sul palco, il bill promette una vera panoramica della scena metal underground di Teresina. Tre band locali, tre approcci diversi alla musica estrema, fino ad arrivare all’oscuro ritorno da Goiânia. Qui non c’è da aspettare semplicemente l’arrivo dell’headliner, perché l’intera serata ha qualcosa da dire, dando attenzione a band che forse non sono ancora molto conosciute al di fuori del circuito locale. Stando in quella sala, non ho potuto fare a meno di pensare che è proprio così che serate come questa iniziano a cambiare le cose.
Il sipario del male si aprono
I Furit hanno aperto la serata mentre il Bueiro si stava ancora riempiendo, senza perdere tempo a dettare il ritmo con riff veloci, voci feroci e un sound che colpiva con la forza del thrash della vecchia scuola. Mentre scattavo qualche foto, la loro musica continuava a immobilizzarmi proprio davanti al palco, costringendomi a restare lì e guardare quel quartetto di thrasher al lavoro. TK Santos si è distinto davanti, tenendo saldamente il basso mentre abbaiava nel microfono, sostenuto da Max Melo e Ulisses Melo, che si scambiavano veloci parti di chitarra thrash mentre la band attraversava brani come “Taste of Blood” e “Blessed with Fire”. Dietro di loro, Lucas Nannini continuava a spingere senza mollare la pressione. Quando il set è arrivato alla parte finale, il suo doppio pedale ha spinto tutto ancora più forte e veloce, fino a quando i Furit hanno chiuso la loro esibizione con “Bestial Invasion” dei Destruction. Ciò che ha reso speciale la cover è stato il fatto che abbiano persino imitato i movimenti sul palco dei Destruction durante il brano, qualcosa che ho visto personalmente in passato. È sempre bello vedere dei musicisti rendere un omaggio così diretto a una band che amano. Per me, suonare quella cover è stata una mossa tattica intelligente per dare al pubblico qualcosa di familiare prima del cambio palco. Mi ha ricordato una conversazione con El Sangrón per Metal Hammer España: prima del suo periodo nei Brujeria, era solito chiudere i concerti con Sangre, suonando una cover dei Brujeria. I Furit hanno fatto esattamente la stessa cosa, e ha funzionato alla perfezione.
Quando il cambio palco è terminato e l’adrenalina iniziale si è calmata, i Cristo Cadavérico hanno preso il controllo e cambiato completamente l’atmosfera. Mentre altra gente continuava ad arrivare, i veterani del black metal di Teresina hanno portato al Bueiro una pesantezza lenta e oscura. La trasformazione è arrivata quando i riff di chitarra di Lord Herege si sono scontrati con il basso di Mortem, creando un muro denso di suono terrificante, mentre le tastiere di Errant Misanthrope aggiungevano uno strato inquietante al pattern costante della batteria di Havok. A tagliare dritto attraverso tutta quella pesantezza erano le urla acute e disperate di T. Mórbido, i cui strani movimenti da posseduto sul palco facevano sembrare che stesse cercando attivamente di riportare in vita qualcosa di morto dalle profondità dell’inferno. Hanno attraversato una setlist di dieci brani, mescolando vecchi classici come “Lembranças do Anticristo” con brani completamente nuovi come “Aos Prazeres de Lilith” e “Lança do Destino”. Offrendo un’anteprima diretta di dove sta andando il loro sound nel loro prossimo album di debutto del 2026, Lança do Destino. Quella performance fisica ha dato al set un taglio teatrale e inquietante senza togliere peso alla musica. Quando hanno finito, l’intero locale sembrava più pesante, lasciando il posto pronto per ciò che sarebbe arrivato.
Costruendo su quell’atmosfera oscura, i Victhorian sono saliti sul palco come ultima band locale prima degli headliner, mantenendo lo slancio pesante e lento. Nati originariamente all’inizio degli anni 2010 come progetto solista di Victhor De Victhorian, prima di diventare una vera band dal vivo, il loro modo di interpretare il black metal bilancia passaggi pesanti con una forte componente melodica che si apre in cori drammatici. A livello visivo, si sono fatti notare nel momento stesso in cui le luci li hanno colpiti. Il tastierista, Spiritus Lupus, indossava una maschera nera e un mantello che davano al palco un tocco macabro e teatrale. Accanto a lui, Onestab de Victhorian teneva le basse con il basso, mentre Victhor De Victhorian portava avanti i brani con la chitarra e urla acute e tormentate, attraverso un set conciso che comprendeva pezzi come “A New Day of Hate”, “King” e “Cursed Poems”, prima di chiudere con “Victhorian”.
Dietro la batteria, Spiritus Draconis conosciuto fuori dal palco come Felix, manteneva la spinta costante e implacabile. Sapere che Felix era uno degli organizzatori principali che lavoravano dietro le quinte per far sì che tutto questo evento potesse accadere ha reso la sua performance ancora più significativa per me. C’è qualcosa di profondamente rispettabile nel vedere qualcuno correre da una parte all’altra assicurandosi che lo show avvenga davvero, per poi salire sul palco, sedersi dietro la batteria e diventare parte del rumore. Questo è l’underground che si prende cura di se stesso.















Raggiungendo il climax: Luxúria de Lillith
Dopo che le band locali ci avevano accompagnato attraverso tre diverse sfumature del metal underground, era arrivato il momento degli headliner. I Luxúria de Lillith sono tornati a Teresina portando con sé più di due decenni di storia del black metal brasiliano. Formati a Goiânia nel 1998, il loro sound mescola basi di black metal melodico con un lato più pesante di death metal, radicato nell’immaginario occulto e in una teatralità cruda. Non conoscevo la band prima del concerto, ma vedere l’attesa nella sala ha reso l’hype contagioso. Nel momento stesso in cui sono saliti sul palco, ho capito. Le chitarre squarciavano l’aria, la batteria colpiva come un motore inarrestabile e la voce passava da urla acute e graffianti a profondi growl. Alysson Drakkar ha dominato il palco con un carisma enorme. A un certo punto ha iniziato a rivolgersi al pubblico chiamandolo demónio e demónia e devo ammettere che l’ho trovato geniale. Non sembrava forzato né eccessivamente serio; lui si stava divertendo, il pubblico ha raccolto l’energia e, all’improvviso, il Bueiro era pieno di demoni e demonie. Accanto a lui, Andreia Larakna era una forza brutale alla chitarra, ma sono state le sue backing vocals a catturare davvero la mia attenzione. Attraversando tutto con un tono incredibilmente potente e indemoniato. Dietro entrambi, Taufic Rocha, (o Demolidor), ha dimostrato di meritare il nome, comportandosi come una vera macchina dietro la batteria e mantenendo il ritmo estremamente veloce e pesante. Colpiva quei tamburi con una tale forza che, a un certo punto, mentre gli scattavo una foto, il crash è caduto a terra, e mi sono ritrovato a rimetterlo al suo posto per permettergli di continuare con la sua furia.
La setlist ha attraversato quasi vent’anni, bilanciando classici del catalogo con brani dell’ultima uscita, Necroritual. Ma per quanto oscura fosse la performance, c’è un nemico che nemmeno le forze dell’oscurità possono sconfiggere: l’implacabile caldo di Teresina. Dopo pochi brani, il corpse paint aveva già iniziato a colare. Puoi portare i tuoi demoni a Tere-Hell, ma la città continuerà a farli sudare. Attraverso l’obiettivo della mia macchina fotografica, quell’aspetto sciolto e caotico rendeva gli scatti ancora più crudi e apocalittici.
Per il finale, i Luxúria hanno invitato sul palco un ospite speciale: Genário França, meglio conosciuto come Count degli Arkanus Ad Noctum. Il pubblico è esploso nel momento in cui è salito sul palco, unendosi ad Alysson per scatenare ancora una volta “Luxúria de Lillith”, come un cadavere trascinato di nuovo in superficie. Vederli condividere il microfono per chiudere il concerto ha portato un’ondata totale di energia nella sala. Una dimostrazione pura di unità underground, dove nessuno cercava di superare l’altro; tutto riguardava la musica e il portare sul palco uno show indimenticabile.
Sussurri dalla mia mente
È stata una grande serata e mi sono divertito tantissimo. L’atmosfera dentro il Bueiro era pura, e la gente era lì per divertirsi davvero. Era pieno fino all’orlo? No. Ma per una domenica sera, la sala aveva l’energia giusta. Quello che mi ha colpito maggiormente è stata l’umiltà di tutte e quattro le band. Nessuno si atteggiava o era ossessionato dallo status o dalle dimensioni del pubblico, si trattava esclusivamente di suonare forte, divertirsi e fare un vero concerto. I Furit hanno stabilito questo standard fin dall’inizio. Hanno suonato davanti a una sala che si stava ancora riempiendo con la stessa intensità che avrebbero avuto davanti a migliaia di persone. Essendo stato io stesso dall’altra parte del palco, conosco intimamente quella sensazione. Le dimensioni del pubblico non cambiano la missione: sali sul palco e suoni per distruggere. Il loro cantante ha fatto un’osservazione essenziale durante il set, ricordando a tutti che, anche se il loro stile era diverso da quello delle altre band del bill, il metal dovrebbe unirci invece di dividerci. Il mondo esterno ci impone già abbastanza divisioni; non abbiamo bisogno di portarle anche nella scena musicale.
Quello spirito di connessione è arrivato fino alla fine, quando Count si è unito ai Luxúria de Lillith. Nel 2005, quando Count portò per la prima volta la band a Teresina, Alysson salì sul palco durante il set degli Arkanus per suonare la loro cover di “Luxúria de Lillith”. Vent’anni dopo quelle prime lettere scritte a mano alla fine degli anni ’90, i ruoli si sono invertiti quando Drakkar ha chiamato Count sul palco per condividere il microfono. Un momento di cerchio completo costruito unicamente sulla fratellanza underground.
È stato anche rassicurante vedere il Bueiro do Rock funzionare senza problemi. Lo staff ha potuto lavorare senza stress inutili, e il tecnico delle luci ha finalmente avuto la libertà di fare bene il proprio lavoro e la differenza si vedeva immediatamente. Le luci sono state brillanti per tutta la notte, il suono era ben calibrato e l’acqua fredda è stata una benedizione contro il caldo. Alla fine, è proprio questo che significa una serata del genere: quattro band underground, quattro diverse espressioni della musica pesante, una sala appassionata e una crew dedicata. Nessun dramma, nessun gioco di status. Solo musica. E per una domenica sera a Tere-Hell, è stato più che sufficiente per evocare una massa di oscurità.





Portugués
Luxúria de Lillith: O retorno dos demônios vivos a Tere-Hell
Não há como parar Tere-Hell durante o mês de setembro. Parece que a escuridão decidiu que gosta daqui e encontrou um lugar confortável para ficar. Entrar no Bueiro do Rock foi como entrar em outro mundo. Era mais escuro e pesado, mas estava longe de ser sem vida. E, como se isso não bastasse, o calor de Teresina estava nos consumindo, transformando a casa em um inferno literal. O cenário perfeito para os demônios que estavam prestes a tomar conta.
A noite teve como atração principal os goianos do Luxúria de Lillith, retornando a Teresina depois de 15 anos, e as expectativas estavam nas alturas. Mas eles não estavam sozinhos. Para essa ocasião, contaram com o apoio de uma legião local desta terra de fogo e sol: Furit, Cristo Cadavérico e Victhorian. Cada uma trazendo seu próprio som para a noite. E é exatamente isso que torna esse lineup tão interessante desde o começo. Antes mesmo de o Luxúria de Lillith subir ao palco, o cartaz promete uma verdadeira mostra da cena underground do metal de Teresina. Três bandas locais, três abordagens diferentes da música extrema, levando até o retorno sombrio de Goiânia. Aqui não existe simplesmente aquela espera pelo headliner, porque a noite inteira tem algo a dizer, dando atenção a bandas que talvez ainda não sejam muito conhecidas fora do circuito local. Parado naquela sala, não pude deixar de pensar que é exatamente assim que noites como essa começam a mudar isso.
A cortina do mal está subindo
O Furit abriu a noite enquanto o Bueiro ainda estava enchendo, sem perder tempo para estabelecer o ritmo com riffs rápidos, vocais ferozes e um som que atingia com a força do thrash old school. Enquanto eu tirava algumas fotos, a música deles continuava me deixando imóvel bem na frente do palco me obrigando a ficar ali e assistir aquele quarteto de thrashers trabalhando. TK Santos se destacou na frente, segurando o baixo enquanto berrava no microfone, reforçado por Max Melo e Ulisses Melo, trocando trabalhos rápidos de guitarra thrash enquanto a banda avançava por faixas como “Taste of Blood” e “Blessed with Fire”. Atrás deles, Lucas Nannini continuava aumentando a pressão sem diminuir. Quando o set chegou à reta final, seu bumbo duplo empurrou tudo ainda mais forte e rápido até que o Furit encerrou sua apresentação com “Bestial Invasion”, do Destruction. O que fez o cover se destacar foi o fato de eles até imitarem os movimentos de palco do Destruction durante a música. Algo que eu já vi pessoalmente no passado. É sempre legal ver músicos prestando esse tipo de respeito direto a uma banda que amam. Para mim também, tocar esse cover foi uma jogada tática inteligente para dar ao público algo familiar antes da troca de palco. Isso me lembrou de uma conversa com El Sangrón para a Metal Hammer España: antes de seu período no Brujeria, ele costumava encerrar os shows com Sangre, tocando um cover do Brujeria. O Furit fez exatamente a mesma coisa, e funcionou perfeitamente.
Quando a troca de palco terminou e a empolgação inicial diminuiu, o Cristo Cadavérico assumiu e mudou completamente a atmosfera. Enquanto mais pessoas continuavam chegando, os veteranos do black metal de Teresina trouxeram um peso lento e sombrio para o Bueiro. A transformação aconteceu quando os riffs de guitarra de Lord Herege colidiram com o baixo de Mortem, criando uma parede densa de som aterrorizante, enquanto os teclados de Errant Misanthrope acrescentavam uma camada sinistra ao padrão constante da bateria de Havok. Cortando diretamente toda aquela densidade estavam os gritos agudos e desesperados de T. Mórbido, cujos movimentos estranhos, como se estivesse possuído, na frente do palco faziam parecer que ele estava tentando ativamente trazer alguma coisa morta de volta das profundezas do inferno.
Eles passaram por um set de dez músicas, misturando clássicos mais antigos como “Lembranças do Anticristo” com faixas completamente novas como “Aos Prazeres de Lilith” e “Lança do Destino”, oferecendo uma prévia direta de para onde seu som está caminhando em seu próximo álbum de estreia de 2026, Lança do Destino. Aquela performance física deu ao set um toque teatral e assustador sem tirar o peso da música. Quando terminaram, o lugar inteiro parecia mais pesado, deixando a casa pronta para o que viria a seguir.
Construindo sobre aquela atmosfera sombria, o Victhorian subiu ao palco como a última atração local antes dos headliners, mantendo o ritmo pesado e lento. Originalmente iniciado no começo dos anos 2010 como um projeto solo de Victhor De Victhorian, antes de crescer e se transformar em uma banda completa para os shows, sua abordagem do black metal equilibra passagens pesadas com um forte lado melódico que se abre em refrões dramáticos. Visualmente, eles se destacaram no segundo em que as luzes os atingiram. O tecladista, Spiritus Lupus, usava uma máscara preta e uma capa que traziam um toque macabro e teatral ao palco. Ao lado dele, Onestab de Victhorian segurava as frequências graves no baixo enquanto Victhor De Victhorian conduzia as músicas com guitarra e gritos agudos e torturados através de um set conciso com faixas como “A New Day of Hate”, “King” e “Cursed Poems”, antes de encerrar com “Victhorian”. Atrás da bateria, Spiritus Draconis, conhecido fora do palco como Felix mantinha o ritmo firme e implacável. Saber que Felix era um dos principais organizadores trabalhando nos bastidores para fazer todo esse evento acontecer fez sua performance bater ainda mais forte para mim. Existe algo profundamente respeitável em ver alguém correndo de um lado para o outro, garantindo que o show realmente aconteça, apenas para depois subir ao palco, sentar atrás da bateria e se tornar parte do barulho. Isso é o underground cuidando de si mesmo.















Chegando ao clímax: Luxúria de Lillith
Depois que as bandas locais nos levaram por três tons distintos do metal underground, chegou a hora dos headliners. O Luxúria de Lillith retornou a Teresina trazendo consigo mais de duas décadas de história do black metal brasileiro. Formados em Goiânia em 1998, seu som mistura bases de black metal melódico com um lado mais pesado de death metal, fundamentado em imagens ocultistas e teatralidade crua. Eu não conhecia a banda antes do show, mas ver a expectativa na sala fez o hype se tornar contagiante. No segundo em que eles subiram ao palco, eu entendi. As guitarras rasgaram o ar, a bateria batia como um motor implacável e os vocais alternavam entre gritos agudos e rasgados e guturais profundos.
Alysson Drakkar comandou o palco com um carisma enorme. Em determinado momento, começou a chamar o público de demónio e demónia e preciso admitir que achei brilhante. Não pareceu forçado nem excessivamente sério; ele estava se divertindo, o público entrou na brincadeira e, de repente, o Bueiro estava cheio de demônios e demônias. Ao lado dele, Andreia Larakna era uma força brutal na guitarra, mas foram seus backing vocals que realmente roubaram minha atenção , cortando tudo com um tom insanamente poderoso e indemoniado. Atrás dos dois, Taufic Rocha, (o Demolidor), fez jus ao nome, agindo como uma verdadeira máquina atrás da bateria e mantendo o ritmo extremamente rápido e pesado. Ele estava batendo naqueles tambores com tanta força que, em determinado momento, enquanto eu tirava uma foto dele, o crash caiu no chão, fazendo com que eu acabasse colocando-o de volta no lugar para permitir que ele continuasse com sua fúria.
O setlist percorreu quase vinte anos, equilibrando clássicos do catálogo com faixas do lançamento mais recente, Necroritual. Mas, por mais sombria que fosse a apresentação, existe um inimigo que nem mesmo as forças da escuridão conseguem derrotar: o calor implacável de Teresina. Depois de algumas músicas, a corpse paint já estava escorrendo. Você pode trazer seus demônios para Tere-Hell, mas a cidade ainda vai fazê-los suar. Através da lente da minha câmera, aquele visual derretido e caótico fez com que as fotos parecessem ainda mais cruas e apocalípticas.
Para o final, o Luxúria convidou um convidado especial ao palco: Genário França, mais conhecido como Count, do Arkanus Ad Noctum. O público foi à loucura no segundo em que ele subiu, juntando-se a Alysson para mais uma vez soltar “Luxúria de Lillith” como um cadáver arrastado de volta à superfície. Vê-los dividindo o microfone para encerrar o show trouxe uma explosão total de energia para a sala. Uma demonstração pura de união underground, onde ninguém estava tentando superar ninguém; tudo era sobre a música e sobre entregar um show inesquecível.
Sussurros da Minha Mente
Foi uma grande noite e eu me diverti muito. A vibe dentro do Bueiro era pura, e as pessoas estavam ali para realmente se divertir. Estava lotado até a tampa? Não. Mas, para uma noite de domingo, a casa tinha a energia certa. O que mais chamou minha atenção foi o quanto as quatro bandas eram humildes. Ninguém estava fazendo pose ou obcecado com status ou tamanho de público, era estritamente sobre tocar pesado, se divertir e fazer um show de verdade. O Furit estabeleceu esse padrão logo no começo. Eles tocaram para uma casa que ainda estava enchendo com a mesma intensidade que teriam diante de milhares de pessoas. Tendo estado eu mesmo daquele lado do palco, conheço intimamente essa sensação. O tamanho do público não muda a missão: você sobe e toca para destruir. O vocalista deles fez uma observação essencial durante o set, lembrando a todos que, mesmo que o estilo deles fosse diferente do restante do lineup, o metal deveria nos unir em vez de nos dividir. O mundo lá fora já nos impõe divisão suficiente; não precisamos trazê-la também para a cena musical.
Esse espírito de conexão chegou até o final, quando Count se juntou ao Luxúria de Lillith. Em 2005, quando Countlevou a banda pela primeira vez a Teresina, Alysson subiu ao palco durante o set do Arkanus para tocar o cover de “Luxúria de Lillith”. Vinte anos depois daquelas primeiras cartas escritas à mão no final dos anos 90, os papéis se inverteram quando Drakkar chamou Count ao palco para dividir o microfone. Um momento de círculo completo construído puramente sobre a irmandade underground.
Também foi reconfortante ver o Bueiro do Rock funcionando sem problemas. A equipe conseguiu trabalhar sem estresse desnecessário, e o técnico de luz finalmente teve liberdade para fazer seu trabalho direito e a diferença era instantaneamente visível. As luzes estavam brilhantes durante toda a noite, o som estava bem ajustado e a água gelada foi uma bênção contra o calor. No fim, é disso que uma noite como essa trata: quatro bandas underground, quatro expressões diferentes da música pesada, uma casa apaixonada e uma equipe dedicada. Sem drama, sem jogos de status. Apenas música. E, por uma noite de domingo em Tere-Hell, isso foi mais do que suficiente para invocar uma massa de escuridão.






