Banda: Machine Head
Lugar: Sala Razzmatazz (Barcelona) – 30 de abril de 2026
Fotos: Alfredo M. Geisse
No se colgó el cartel de agotadas las localidades, pero una buena entrada se registró, siendo una fecha a priori un poco conflictiva debido al inicio del puente del primero de mayo.
No había teloneros ni artistas invitados como viene siendo habitual en las giras de Machine Head, donde prefieren explayarse ante sus seguidores en extensos recitales de casi tres horas. Así que la cosa empezó bastante pronto con un público muy ansioso ya de tener delante a Robb Flynn y los suyos. Por supuesto no decepcionaron en su salida a escena con «Imperium» y especialmente la demoledora «Ten Ton Hammer». Sonido espectacular, mucha actitud y ganas de gustar serían las directrices de todo el concierto, con lo que no tardaron mucho en meterse al público en el bolsillo. También hay que destacar una puesta en escena impecable tanto de imagen personal como de proyecciones, no había duda de que estábamos tratando con una banda grande y que se creen su papel.


Presentaban nuevo disco Unatoned (2025), que todo sea dicho es bastante mediocre, con lo cual se dedicaron a hacer un extenso repaso a toda su discografía sin dejar ninguno de sus álbumes de lado. El público jaleado por Robb Flynn empezó a hacer intensos circle pits al ritmo de obuses como «The Blood, The Sweat, The Tears» o la estupendamente recibida «Aesthetics Of Hate». Todo funcionaba a las mil maravillas, pero también hay que reconocer que hubo altibajos, algo también normal en un concierto tan largo. Canciones de corte más moderno y comercial como «Outsider» (entre otras) lastraban un poco el concierto al lado de puñetazos como «Game Over». Tampoco se puede obviar que los dos temas acústicos que hicieron, no procedían lo más mínimo, provocando un cierto coitus interruptus al devenir del concierto. Es posible que los hicieran para descansar de tanta intensidad, pero no le sentaron bien a un concierto de pedigrí metálico contrastado. Las aguas volvieron a su cauce con burradas como «Bulldozer» o la final, clásica, inevitable y demoledora «Davidian» coreada como si no hubiera un mañana. Sólo quedaba ya tiempo para un bis que fue «Halo» de esa obra imprescindible que es The Blackening.
Dos horas y cuarenta cinco minutos en líneas generales bastante satisfactorias que siguen manteniendo a Machine Head como una maquinaria solvente y muy viva dentro de la escena metálica. Pocos se entregan tanto durante tanto tiempo.










