Nuestro sitio web utiliza cookies para mejorar y personalizar su experiencia y para mostrar anuncios (si los hubiera). Nuestro sitio web también puede incluir cookies de terceros como Google Adsense, Google Analytics, Youtube. Al utilizar el sitio web, usted acepta el uso de cookies.

Malevolence: Hermandad y metalcore en Madrid

Bandas: Malevolence – Nasty – Brothers Till We Die
Lugar: Sala Copérnico (Madrid) – 28 de mayo de 2026
Texto y Fotos: Héctor Sanfer

Bajar las escaleras de la Copérnico aquella noche significaba dejar atrás el bullicio de la calle para encontrarse de golpe con una sala abarrotada y un escenario dispuesto a recibir tres de los nombres más potentes de la gira If It’s All The Spain In You. Brothers Till We Die, Nasty y Malevolence hicieron parada en Madrid para ofrecer una velada que tuvo de todo: golpes contra la valla, cuerpos volando por encima del público, círculos abiertos en mitad de la pista y cientos de gargantas dejándose la voz tema tras tema.

A medida que la sala se iba llenando, la sensación era clara: había ganas de concierto. No tardó demasiado en comprobarse cuando Brothers Till We Die subieron al escenario. Los madrileños asumieron la responsabilidad de abrir la noche y lo hicieron con solvencia, encontrándose desde el principio con una audiencia predispuesta a responder. Su actuación sirvió para poner en marcha una maquinaria que ya no se detendría hasta el final del evento.

Tras ellos llegó el turno de Nasty. Los belgas apenas necesitaron unos minutos para elevar varios grados la temperatura de la sala. Su propuesta encontró un terreno fértil entre un público que respondió de inmediato. Los primeros empujones se transformaron rápidamente en mosh pits cada vez más amplios, mientras las primeras filas vivían el concierto pegadas al escenario.

Con el paso de los temas, la pista terminó convirtiéndose en un continuo ir y venir de personas. Los crowdsurfers aparecían constantemente sobre las cabezas de los asistentes, recorriendo la sala hasta llegar a la parte trasera para volver a incorporarse a la multitud y repetir el recorrido una vez más. Por momentos era más fácil ver a alguien suspendido en el aire que quieto sobre el suelo.

Cuando Malevolence tomó posiciones sobre el escenario, el lugar era una autentica locura. Los británicos fueron recibidos con una ovación que dejó claro quiénes eran los protagonistas de la noche. A partir de ahí, cada canción fue recibida como un auténtico acontecimiento por un público que parecía conocer de memoria todo el repertorio.

Uno de los aspectos más llamativos de su actuación fue la naturalidad con la que se desenvolvieron sobre las tablas. Lejos de cualquier pose exagerada, los músicos se mostraron cercanos, disfrutando visiblemente de lo que ocurría frente a ellos. Entre canción y canción intercambiaban miradas cómplices y sonrisas mientras observaban cómo la sala respondía a cada uno de sus movimientos. Los estribillos fueron coreados con fuerza, los breakdowns provocaron nuevas oleadas de movimiento entre el público y apenas hubo momentos de respiro. Incluso desde los laterales podía apreciarse cómo quienes habían optado por mantenerse alejados del centro terminaban involucrándose de una forma u otra en lo que estaba ocurriendo.

El desenlace llegó demasiado pronto para muchos. Con las últimas notas todavía resonando en la sala, una lluvia de aplausos y cánticos despidió a Malevolence. Durante varios minutos, el nombre de la banda siguió escuchándose entre el público, que se resistía a dar por terminada una noche marcada por el compañerismo. Esta claro y lo vivimos allí en la Copérnico, que no hace falta un gran recinto para vivir un gran concierto.

By Héctor Sanfer

Artículos relacionados