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Melvins – Lysol

Discográfica: 

Boner Records

 

Fecha de edición:

Noviembre de 1992

 

Componentes:

Roger “Buzz” Osborne: Voz principal y guitarra.
Joe Preston: Bajo y coros.
Dale Crover: Batería y coros.

Lysol fue un disco maldito desde su nacimiento. La portada —una ilustración de un guerrero nativo americano basada en la escultura Appeal to the Great Spirit del artista Cyrus Edwin Dallin— fue tapada con cinta negra por problemas legales con la marca desinfectante del mismo nombre y muchos ejemplares circularon mutilados, lo que solo aumentó el aura de rareza y culto.

Cuando fue lanzado en 1992, el mundo todavía estaba digiriendo la explosión del
grunge y el rock alternativo. Pero, pese a todas las etiquetas con las que se pretendía catalogar al grupo (Drone Metal, Grunge, Doom Metal, Sludge Metal, Alternative Metal…) los Melvins nunca habían sido una banda interesada en modas pasajeras: su brújula apuntaba hacia lugares más densos, más incómodos y, en última instancia, más visionarios.

El disco, grabado en apenas cuatro días y con un presupuesto irrisorio de 500 dólares, es una obra que desafía etiquetas: seis piezas que se funden en un solo torrente de sonido, como un ritual sombrío que no da concesiones.

Buzz Osborne, Dale Crover y Joe Preston estaban en un momento extraño. Habían conquistado a la crítica underground, habían llamado la atención de discográficas grandes, pero al mismo tiempo vivían tensiones internas. Preston —en la banda por un corto periodo— pedía más protagonismo, tanto que su nombre aparece en la contraportada en letras enormes, como si él fuera el verdadero eje del grupo. Fue su canto de cisne: no tardaría en ser expulsado.

La grabación, sin embargo, no fue el producto de egos desbordados, sino de una visión compartida. Melvins se propusieron sonar como una losa de granito cayendo lentamente sobre el oyente. Esa mezcla de labilidad y creatividad es parte del ADN del disco.

Lysol comienza con “Hung Bunny”, un murmullo de guitarras que parecen respiraciones mecánicas. No es un riff, no es una canción en sentido convencional: es una espera, una acumulación de tensión. Durante más de diez minutos (prácticamente un tercio del disco), Melvins sostienen una atmósfera que oscila entre lo hipnótico y lo agobiante, como si invocaran algo que tarda en manifestarse.

Cuando al fin irrumpe “Roman Dog Bird”, la pieza más al estilo Black Sabbath que la banda había hecho hasta la fecha, lo hace con riffs que parecen esculpidos en piedra volcánica. Crover golpea la batería con la paciencia de un verdugo y a esta se une la voz de Buzz, ya de por sí al límite, distorsionada con “flangers”. Esto bien podría ser lo que algunos llaman “sludge metal” en estado puro, pero llevado a un nivel casi ritual.

Con “Sacrifice”, una versión de Flipper, los Melvins se divierten a su manera: arrastran el punk abrasivo de Flipper hasta convertirlo en un pantano de lentitud y distorsión. Donde antes había furia inmediata, ahora hay podredumbre que se arrastra.

Inmediatamente después llegan “Second Coming” y “Ballad of Dwight Fry”, dos caras de un mismo homenaje a Alice Cooper. La primera, breve y oscura, funciona como una obertura maldita. La segunda, más extensa, es un ejercicio de teatralidad mórbida: Buzz no interpreta, sino que dramatiza, como si quisiera darle a Cooper un aire aún más enfermizo.

El cierre con “With Teeth” es casi redentor. Tras tanta densidad, aparece un riff más directo, un canto áspero pero liberador. Buzz dijo alguna vez que era una canción sobre hacer lo mejor posible, aunque el mundo no lo entienda. El final de Lysol no es una derrota, sino una declaración de integridad.

Conclusión

Lysol abrió un camino que otros recogerían: Earth, Sunn O))), Green River … todos reconocen en este disco una piedra angular. Donde otros veían aburrimiento o una “nota sostenida durante una hora”, como comentó un crítico con sorna, generaciones enteras encontraron un lenguaje nuevo entendido no como acumulación de riffs, sino como exploración del tiempo y el espacio a través del sonido.

Hoy, más de treinta años después, Lysol sigue siendo incómodo, sigue sonando ajeno al mainstream y, por eso mismo, conserva intacto su poder. No es un álbum que busque gustar: es un álbum que exige rendirse ante él. Una misa lenta y sofocante que convirtió a Melvins en arquitectos de un templo sonoro donde aún habitan las sombras de la música pesada contemporánea.

Texto: Aitor Marcet.

Temas:

«Hung Bunny»
«Roman Dog Bird»
«Sacrifice»
«Second Comming»
«The Ballad of Dwight Fry»
«With Teeth»

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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