En la redacción de Metal Hammer somos veinte personas y como dice la frase del siglo XVI «En botica hay de todo». En Metal Hammer nos une el amor por el metal y todas sus expresiones y como la mayoría de las revistas y webs de este país trabajamos por amor a la música.
Vayamos por partes…
Los hechos

Ante la polémica surgida por el fondo de inversión estadounidense KKR (Kohlberg Kravis Roberts) que ha adquirido una presencia significativa en la escena de festivales de música en España a través de la compra de Superstruct Entertainment en 2024 por 1.300 millones de euros. Superstruct es una promotora que organiza más de 80 festivales en Europa y Australia, incluyendo algunos de los más destacados en España como Sónar, Viña Rock, FIB Benicàssim, Arenal Sound, Resurrection Fest, Monegros Desert Festival, O Son do Camiño, Granada Sound, Brunch-In the Park, Morriña Fest, Granada Sound y Brava Madrid. Además, hace poco se expandió hacia otra línea de negocio de la música de baile comprando Boiler Room, la icónica plataforma de retransmisión en streaming, creada en 2010, que estaba en manos de la tiquetera británica DICE.
KKR ha sido duramente criticado por su implicación en proyectos inmobiliarios en territorios palestinos ocupados, como Jerusalén Este, Gaza y Cisjordania. Estas inversiones se han canalizado a través de empresas como Axel Springer, un conglomerado mediático e inmobiliario en el que KKR es el principal inversor desde 2019. Axel Springer controla plataformas como Yad2, que ofrece viviendas en zonas ocupadas, y Guesty, una empresa israelí de software para la gestión de propiedades.
La implicación de KKR con estas actividades ha generado una fuerte reacción en el ámbito cultural, especialmente en el mundo de la música. Numerosos artistas y colectivos han lanzado campañas de boicot contra festivales respaldados por este fondo de inversión. Bandas como Sons of Aguirre & Scila, Reincidentes, Fermin Muguruza, Gigatron, Crossed, Porretas, Ska-P y Non Servium han cancelado sus actuaciones en protesta. En el ámbito de la música electrónica, artistas como Ancient Pleasure, Juliana Huxtable y Amantra también han decidido no participar en estos eventos, sumándose al rechazo por la implicación de KKR en empresas relacionadas con los asentamientos israelíes en Palestina.
La defensa
Resurrection Fest EG (@resurrectionfest) declaran en una publicación compartida que son festival con raíces locales y alcance internacional. En un momento en que la gestión cultural se encuentra en el centro del debate público, el Resurrection Fest defiende su identidad gallega y el papel que juega dentro del tejido social y económico del territorio. Así lo destacan en su mensaje:
“Resurrection Fest es un festival organizado por empresas gallegas que mantienen total autonomía en su gestión y toma de decisiones desde su fundación hasta el día de hoy, integrado por un equipo de más de 1000 trabajadores directos, proveedores locales, artistas, y público originario de más de 40 países, cuyo impacto cultural y social en la región y en todo el país es innegable.”
Por tanto queda claro que, no todo es blanco o negro: Resurrection refleja una respuesta local ante el boicot global.
Las opiniones
El ministro de Cultura de España, Ernest Urtasun, ha manifestado su rechazo a la presencia de KKR en los festivales nacionales, declarando que el fondo «no es bienvenido» en el país . Además, el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid ha cancelado su colaboración con la promotora Sharemusic!, vinculada a KKR, y ha propuesto declarar el municipio como «Libre de Apartheid Israelí» .
En el caso de Angelus Apatrida, compartieron en redes sociales una opinión personal, consensuada previamente con su equipo.
Las conclusiones
Todos estamos de acuerdo: Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel y su entorno son unos genocidas.
Metal Hammer opina:
A nosotros nos une la música.
Evidentemente que estamos en contra de toda barbarie de aniquilación o genocidio de pueblos o razas.
No nos gustan las hipocresías, hay una infinidad de empresas mundialmente acaparadoras y famosas que controlan con sus fondos el mundo, podéis comprobar en este enlace de BDS Movement y también participan directa e indirectamente como en «Le Salaire de la peur» (El salario del miedo, película de 1953) en la represión mundial.
Respetamos las decisiones tomadas por todos los grupos involucrados, y entendemos las diferentes posiciones que han surgido en torno a esta situación.
También a nivel político que, aunque estemos de acuerdo con Ernest Urtasun nos ha mosqueado, que siendo de izquierdas y mandando durante tantos años en este país no hayan tenido los cojones de sacar los muertos de las cunetas de la guerra civil (hace 80 años) o que la memoria histórica no haya tenido los bemoles de tirar de una vez por todas el Valle de los caídos y que todavía se maten toros en nombre del arte.
Vamos como decía el romancero de Cepeda “En botica hay de todo” y que por desgracia como decía la Lupe “teatro, puro teatro”.
Y mientras tanto…El agujero de Wegow
La industria musical española está atravesando un terremoto que no suena precisamente a acorde mayor. Wegow, una de las plataformas de venta de entradas más conocidas del país, ha anunciado su entrada en preconcurso de acreedores.
La empresa asegura que todo esto responde a una «compleja situación financiera» y que buscan «asegurar la viabilidad futura del proyecto». Palabras bonitas mientras los impagos —algunos de decenas de miles de euros— se acumulan.
Grupos como Hora Zulu lo ha denunciado públicamente. No han cobrado, pero siguen adelante con sus conciertos. Por compromiso. Por su público. Porque “el show debe continuar”, aunque los billetes no lleguen.
¿Quién se salva?
Mientras Wegow paraliza pagos sin dar la cara y los afectados se enteran por redes o por la prensa (eso, cuando se enteran), la pregunta flota en el aire: ¿quién va a responder por esto? Porque Wegow no es un chiringuito de barrio: es una empresa con vínculos, con presencia internacional, con apoyos institucionales. Y, sin embargo, parece que nadie sabe —o quiere decir— quién sostiene realmente su estructura económica.

