Pocos teclistas han convertido el rock progresivo en un universo tan reconocible como Rick Wakeman. Su obra siempre ha tenido algo de película: grandes temas, giros inesperados, personajes y una imaginación que se resiste a quedarse quieta. En Return to the Red Planet recupera el impulso narrativo de Red Planet, pero lo lleva a otro lugar: incorpora voces como parte del paisaje, reúne a su banda para grabar en directo y firma un tributo a David Bowie. Hablamos con él sobre composición, química de grupo, el valor de la melodía y esa necesidad de seguir creando que no parece haberse agotado.
Entrevista: Luis Delgado
Return to the Red Planet no parece una simple continuación de Red Planet. ¿Qué necesitabas cambiar para que el regreso tuviera sentido?
Habían aparecido muchos nuevos datos sobre Marte desde el primer disco y eso me dio un impulso creativo. Quería volver, pero hacer algo diferente. Una de las novedades fue utilizar voces como si fueran un instrumento más, describiendo lo que sucede en la historia en lugar de convertirlas en canciones convencionales.
¿Hasta qué punto trabajas con una estructura cerrada cuando abordas un álbum tan narrativo?
Empiezo con un plan, pero no me aferro a él. Diría que el resultado final es aproximadamente un sesenta por ciento de lo que había imaginado al principio. Las ideas de los músicos transforman el material. Lo importante es que, aunque cambie el camino, el disco conserve una dirección y tenga comienzo, parte central y final. The Epochs of Mars, que está dividida en tres secciones, me permitió cerrar el viaje como quería.

En una época en la que muchos discos se construyen por capas y a distancia, decidisteis tocar juntos en el estudio. ¿Qué se gana con ese método?
Se gana interacción. El primer Red Planet tuvo que hacerse de forma remota por la COVID, pero esta vez todos queríamos compartir la misma habitación. Una idea de guitarra provoca una respuesta del bajo; la batería modifica el pulso y alguien propone un cambio que ninguno había previsto. Esa clase de intercambio hace que el resultado sea inclusivo y espontáneo.
Cuando escucho el disco, escucho a una banda, no piezas ensambladas después. Tu equipo reúne músicos con personalidades muy distintas. ¿Cómo se complementan?
Dave Colquhoun lleva unos veinticinco años conmigo y tiene algo muy especial: sabe cuándo tocar y cuándo dejar espacio. Lee Pomeroy entiende el prog de una manera extraordinaria y ha desarrollado todavía más el legado de Chris Squire en el bajo. Adam Falkner puede tocar con enorme energía, pero también ser sutil; además, escucha lo que ocurre a su alrededor. Los tres tienen una sensibilidad que hace que no tenga que explicarles cada detalle.
Has dicho que quieres que la música viaje. ¿Qué significa eso para ti en términos de composición?
El prog no consiste solamente en reunir buenos músicos. Quiero melodías, cambios y una sensación de movimiento. Me gustan los álbumes que te llevan a algún sitio y en los que cada sección aporta algo. Estoy muy satisfecho con las melodías de Return to the Red Planet y con la manera en que se desarrolla.
«Bowie’s Vision» conecta el álbum con David Bowie y con vuestra relación a través de «Life on Mars». ¿Cómo se aborda un homenaje sin caer en la imitación?
David era un gran amigo y sentí que era el momento adecuado para dedicarle una pieza. No quería sonar como él ni escribir algo que pudiera haber escrito él. Quería que fuera mi interpretación, mi manera de darle las gracias.
¿Consideras que este es uno de tus trabajos más logrados?
Estoy muy orgulloso del álbum. De hecho, creo que es probablemente la mejor grabación que he hecho en este siglo. Lo he escuchado un par de veces y estoy muy contento con la composición. Sería fantástico poder tocarlo en directo junto con Red Planet, aunque eso dependerá de cómo se reciba y de si los promotores creen que hay público para una gira.
Tu carrera abarca décadas, pero sigues implicado en proyectos muy diferentes. ¿De dónde sale esa energía?
Cada día me levanto con algo musical que hacer: tocar, grabar o escribir. Eso sigue siendo emocionante. Ahora estoy trabajando en un ballet para el Royal Youth Ballet y en un concierto para piano y orquesta basado en las lecciones de Stephen Hawking sobre los agujeros negros. Todavía tengo muchísimas cosas por hacer. De hecho, en mi testamento he pedido que, si ponen una inscripción en mi tumba, diga: «No es justo, todavía no he terminado».
El título invita a mirar al espacio. ¿Crees que la humanidad llegará a Marte?
Sí, aunque probablemente no durante mi vida. Quizá mis nietos vean ese aterrizaje. Creo que Marte será una especie de punto de partida para seguir explorando más allá, una estación desde la que continuar el viaje. Me encantaría poder verlo.
¿Y habrá un tercer capítulo musical de esta exploración?
Creo que haremos un tercero dentro de un año más o menos. Y quiero que volvamos a grabarlo todos juntos en el estudio. Después de esta experiencia, no lo haría de otra manera.

