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El Rey ha muerto…larga vida al Rey

Texto y fotos: Raúl Blanco

Don Roberto Iniesta Ojea nació un buen día, un 16 de mayo de 1962, como quien no quiere la cosa, sin trompetas ni cortejos, sin señales en el cielo, no hubo cometas cruzando el firmamento, ni ángeles anunciando nada, incluso, aunque no creo que sea necesario decirlo, su madre no era virgen. Pero aunque nadie lo supiera, aquel amanecer cargaba un secreto que solo la vida más tarde se atrevería a revelar, había llegado a este mundo un rey sin corona, un emperador sin trono, un profeta sin templo, un trovador destinado a sacudir almas hasta dejarlas desnudas ¿Qué no acudió ningún rey? Acaba de nacer, ya estaba aquí. Plasencia, hermosa y pequeña, no tenía cómo adivinarlo, ese día, entre sábanas humildes y el suspiro agotado de una madre que llevaba en el pecho más amor que fuerzas, nacía un terremoto disfrazado de niño, un relámpago envuelto en carne, un corazón condenado a arder sin remedio. Y la ciudad, ignorante de su propio milagro, siguió respirando tranquila, sin presentir que su historia, nuestra historia, acababa de cambiar para siempre.

Robe no fue un crío fácil, porque los escogidos nunca lo son. Creció con la rebeldía ardiendo en la sangre, con un padre al que se le agotaban las palabras, con un taller que lo asfixiaba como si cada herramienta fuese un grillete, como si cada motor apagado le apagara un poco más el alma. Él no quería tornillos ni tuercas, quería música, quería fuego, quería ese vértigo de los que nacen destinados a romper el mundo y a rehacerlo con las manos temblorosas, pero llenas de verdad. Poco a poco, como quien abre grietas con las uñas en un muro que parece eterno, fue ganando su espacio, su refugio, su madriguera. La Casa de La Salud, aquel viejo psiquiátrico abandonado donde otros solo veían ruina, se convirtió en su templo, allí incubó su locura más cuerda, su cordura más salvaje, los primeros latidos de una leyenda que todavía no sabía que lo era, nadie era consciente de lo que iba a suceder, posiblemente ni el propio Rey de Extremadura.

Tras un paso fugaz por Dosis Letal, el destino empezó a mover sus hilos gracias a la amistad con Salo, ese guitarrista de renombre al que tanto admiraba y que curiosamente fue el primer bajista de Extremoduro. Robe no quería cantar, se negaba, se escondía en la búsqueda de una voz que gritara al mundo sus palabras, pero el universo es testarudo, y las verdades que nacen del alma no aceptan portavoces prestados. Alguien le dijo que debía ser él quien diera voz a sus propias heridas, porque nadie más podría sostenerlas sin que se rompieran en mil pedazos, Y así fue, porque hay voces que no se eligen, son ellas las que te eligen a ti, las que se enredan en tus entrañas y te obligan a gritar aunque el mundo no esté listo.

Entonces llegó el milagro extremeño del crowdfunding, antes de que esa palabra moderna existiera siquiera, no había dinero, no había apoyo, no había más que hambre de arte, ambición de belleza, necesidad de respirar música, vendieron papeletas por mil pesetas para una cinta que aún no existía y la gente, su gente, empezó a reconocer en aquel chaval un fuego distinto… salvo los que más podían haberlo ayudado que le cerraron las puertas por el miedo a los distinto. Plasencia estaba entonces gobernada por moralistas de despacho, guardianes de lo correcto, asustados de todo lo que sonara a verdad cruda, los escandalizaba su música, su lenguaje, su descaro, les negaron escenarios, los humillaron, los dejaron en calzoncillos detrás de un telón para impedir que subieran a la Plaza Mayor y aun así, Robe caminaba erguido. Porque él no quería medallas: quería respeto, quería honestidad, quería libertad, hoy puedo imaginarlo, con esa media sonrisa de perro viejo, mascullando entre dientes “Iros todos a tomar por culo”, y con toda la razón del mundo, los mismos que lo despreciaron ahora lloran, mendigan homenajes, buscan estatuas y placas, ofrecen flores oficiales con discursos huecos, que se queden todo eso, si de verdad quieren honrarlo, que hagan lo que él suplicó durante décadas, darles a los jóvenes escenarios, salas de ensayo, oportunidades que no requieran exilio.

Barcelona lo abrazó. Y Robe, con su mezcla de genio y herida, de caos y ternura, devolvió el abrazo multiplicado por mil, aquella actuación con la túnica, con Salo “ajusticiándolo” sobre el escenario, provocó risas, murmullos, incredulidad… y captó la atención de Avispa, que finalmente los fichó para su primer disco se grabó con miseria, con prisa, con cuatro duros y un millón de ganas y que aun así, se convirtió en la biblia de una generación de perdidos: un mapa de ruta para los fracasados, los soñadores, los que viven rotos pero no se rendían. Confieso, y me duele escribirlo, que yo, hace quince años, huía de Extremoduro, me parecía ruido, un caos incomprensible liderado por un tipo que decía que cantaba, qué idiota era, qué atrevida es la ignorancia, tuve que verlo de cerca, justo cuando muchos de sus fieles lo empezaban a abandonar, cuando lo escuché de verdad, cuando comprendí que algo en mí estaba hecho de su misma madera, torcida, luminosa, indomable, ambos aprendimos a nadar contracorriente, de repente me vi reflejado en ese tipo menudo y es que solo quería que la ola que surge del último suspiro de un segundo, me transportara mecido hasta el siguiente.

No voy a contar disco por disco, ara eso está Juancaraes en sus videos de Youtube, que lo hace como nadie, yo quiero hablar del hombre detrás de la voz del poeta escondido en la furia, del Neruda borracho, del Lorca callejero, del Machado eléctrico, del tipo que podía llamarte “Puta” o “Zorra” sin misoginia, sin veneno, sino con la crudeza del realismo más feroz… y al mismo tiempo hablar del arte con una delicadeza capaz de detener el corazón. A mí me impresionó su humildad, su paciencia, su humanidad inmensa que intimidaba más que su propia leyenda, hay quienes preparan su despedida con documentos y testamentos pero Robe lo dejó cantado, con rabia, su rabia, “que me entierren con la picha por fuera, pa’ que se la coma un ratón”, solo un genio puede reírse así de la muerte. Hoy he querido escuchar su último disco, no he podido, ahí estaba su adiós, escondido en versos que ahora duelen, un presagio, una sombra en la esquina, una puerta entreabierta hacia un lugar al que ninguno quiere mirar todavía. Quién sabe… quizás concreto la fecha de su muerte, con Satán, como esos jugadores que engañan a la vida con trampas hermosas. Quizás la Muerte llevaba años tratando de alcanzarlo y él, pícaro, la despistaba con canciones hasta que la muy hija de puta lo encontró dormido, confiado, creyendo que aún podía huir un rato más.

Pero déjame decirte algo, Parca, te has equivocado, has dejado huérfano a un país que ya tenía pocos, o quizás ningún, poeta, has apagado una voz que no debía apagarse y no te va a salir gratis, allá donde lo sueltes, va a incendiar el cielo. Robe se ha marchado como vivió, a su manera, a contracorriente, con ese desprecio elegante por los protocolos. Estaba a las puertas de homenajes que no deseaba, de medallas que aceptó solo por compromiso con su gente, en enero recibiría la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes Pospuesta en 2024, qué canalla, qué cabrón adorable, puedo verlo riéndose a carcajadas, dejando plantado a un rey no electo como diciendo “Yo soy el Rey de Extremadura, bienvenido a mi palacio, aquí mandan mis cojones”.

“El Hombre Pájaro” emprendió su vuelo, comenzó su “Viaje Interior”, porque ya no tenía “Nada que Perder”, pasaba las tardes “A la Orilla del Río”, en su Plasencia querida, pensando en “El Poder del Arte”, todos le pedíamos “Haz que tiemble el suelo” y él, “…”, se empeñaba en ser “Ininteligible”, porque sabía que el arte de verdad no es para entendidos, sino para valientes, y de pronto, “Adiós, cielo azul… llegó la tormenta”, un maldito diez de diciembre nos heló la sangre a todos, la noticia entró en las casas como un ladrón sin alma, nos quebró por dentro, dejó un silencio que aún pesa como plomo, esto no era real. no podía ser real, no puede ser que un país entero se despierte más solo de lo que se acostó, no puede ser que se nos haya ido el tipo que convertía heridas en música y barro en poesía. Y mira, Robe…cuando termine de escribir esto voy a buscar el siguiente escalón, convencido de que estas en el tejado esperando a ver si llego yo, ese que lleva al tejado porque no quiero creer esta mierda. Porque estoy seguro de que estás allí arriba, sentado, fumando, riéndote de todos nosotros, viendo si tengo huevos de subir contigo, porque esto…esto…”Esto no está pasando”.

Hasta siempre Robe. Hasta siempre, siempre, siempre.

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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