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Rock Arena 2026: el festival gratuito que sigue defendiendo el metal nacional en Alicante

Bandas: Khelleden, Mandrágora Negra, Strangers, Argion, Dawn of Extinction, Jolly Joker y Dünedain
Lugar: Teatro Cardenal Belluga, San Fulgencio, Alicante – 16 de julio de 2026
Texto y fotos: Rubén Rosinos

Celebrada su décima sexta edición, décima séptima si contamos aquí el primer germen de 2004, el festival alicantino Rock Arena se consolida como un acérrimo defensor del heavy metal y el rock nacional, y de forma gratuita. Por sus ediciones han pasado todas las bandas que han sido y son referente en todos los estilos del rock de este país: Angelus Apatrida, Avalanch, Koma, Saurom, Vita Imana, Saratoga… Y con algunas incursiones con bandas internacionales como Equilibrium y Death Angels.

Este año no sería excepción y, como ya se está convirtiendo en una tradición, en mitad de la temporada de festivales, muchos fanáticos del rock y el metal se desplazan a este municipio. Siendo esta, por desgracia, la edición que menos público ha recibido, por un lado, la ola de calor que nos visitaba y la publicación del cartel a menos de un mes de la fecha, achacada por la organización a la tardanza de la burocracia municipal. Tanto el equipo técnico, el personal del festival como las bandas demostraron una profesionalidad y puntualidad admirables. Sin nada que envidiar a las bien engranadas maquinarias de bandas internacionales que nos visitan. Ni un solo retraso; es más, algunas bandas acabaron puntuales o unos minutos antes, dando más margen a la siguiente banda.

No hay mejor forma para inaugurar un festival alicantino que con una banda de raíces de la Terreta. Khedellen es una joven banda de raíces folk nacida del proyecto de su vocalista Patxi, que se ha rodeado de una excelente cantidad de músicos de la provincia.

Con un tono irreverente y divertido que muestran tanto en sus letras como en la puesta en escena, desarrollan un folk metal un poco desmarcado de lo tradicional. Si bien sus influencias de Mägo de Oz, Saurom, Korpiklaani, etc. están presentes, defienden y reivindican la herencia cultural de la música festera y tradicional de Alicante. Ahora se encuentran presentando su segundo trabajo, Entre pitos y flautas. La verdad es que sí eché en falta a Marina, la que desde el inicio del proyecto fue flautista. Hace unos meses decidió dedicarse por completo a su carrera de música de orquesta y la verdad, por mi parte, le deseo lo mejor en ese nuevo camino.

Animando la fiesta y consiguiendo que a esa hora tan temprana arrancara una buena tanda de sonrisas, bailes y cantos entre los primeros asistentes al evento. “Entre Pitos y Flautas”, homónimo de su último disco, “La Tierra Olvidada”, con un sentido trasfondo ecologista, o “Brinda Con Esta…” se alternaron con una versión rockera de la canción tradicional festera “No En Volem Cap”, acompañada de su estribillo “No En Volem Cap, que no estigui borracho, no en volem cap que no estigui bufat”, mientras sirven cassalla directamente entre los asistentes.

Rozando los 40º a las seis de la tarde, salen al escenario los oriundos de Irún Mandrágora Negra. Liderados por sus dos fundadores, Moisés Montero “Moi”, a la voz, y Maxi Fructuoso, al bajo. La nueva formación de Mandrágora Negra cuenta con la destreza de Antonio J. García Ibáñez y Pasku en las guitarras gemelas y melódicas, junto a la contundente pegada de Garci en la batería.

Haciendo frente a unas condiciones ambientales extremas, no reparó en esforzarse en dar un directo potente y con mucha energía. Si soy sincero, no conocía la banda; escuché apenas un par de temas antes del evento y con su concierto han ganado un nuevo seguidor. Es más, bastantes personas entre el público coreaban las letras de la banda. Con un incansable Maxi recorriendo el escenario con su bajo y Moi animando al público, presentando un repertorio de cuarenta minutos; temas como “Guerrero inmortal” y “Un legado”, por hacer referencia a algunos del último disco, y clásicos como “Largo camino”, “Luna” o “Imparable”.

Uno de los puntos fuertes del Rock Arena, además de su carácter gratuito, es la variedad de estilos que conviven en su cartel. Los madrileños Strangers, ya consolidados dentro del panorama nacional como banda de hard rock melódico y AOR, fueron la siguiente banda en pisar las tablas del festival. Celia volvió a demostrar que es la protagonista sobre el escenario, conectando con el público y bailando entre sus compañeros. Su potencia vocal, unida a una presencia escénica arrolladora, mantuvo la atención del público durante toda la actuación. A su alrededor, Miguel Martín aportó calidad y elegancia a las guitarras, sonido limpio con mucho gusto y expresividad. Incluso Miguel no dudó en pasar a la pista entre el público para seguir con sus solos, mientras que Abel Ramos sostuvo el empuje de la banda con una batería contundente y llena de intensidad, con el estoico Chema Chacón impasible con el bajo, pero con una presencia que llena el escenario sin necesidad de hacer malabares o aspavientos. La anterior vez que pude verlos y entrevistarlos estaban a punto de lanzar su nuevo disco Boundless, en el que se encuentran de gira de promoción.

Temas como “My Dream”, “Freedom”, “With You” o “Into the Night” encontraron una notable respuesta entre los asistentes, generando una mayor respuesta por el público. Detalles de puesta en escena como invitar a un “casting” vocal a los asistentes por parte de Celia o la bandera de Strangers ondeando sobre el escenario son broches y detalles a una actuación que fue creciendo progresivamente hasta desembocar en una recta final especialmente potente con “Flames” y “Enemy”.  

Cuando el suelo de piedra todavía parecía devolver cada grado acumulado durante todo el día y más de uno buscaba cualquier sombra donde refugiarse, Dawn Of Extinction puntuales salen a escena, descargando una primera andanada de riffs que no tardó en llamar la atención de quienes ya aguardaban frente al escenario y los que pululaban por dentro y fuera del recinto.

Liderados por los hermanos Cristian y Dani Juárez, guitarra y voz ambos, el grupo ha conseguido desarrollar una identidad propia basada en riffs afilados, melodías trabajadas y una equilibrada mezcla de voces limpias y guturales. Junto a Marcos Morales al bajo, forman un bloque compacto que transmite energía y actitud desde el primer acorde. En esta ocasión, Rodrigo Puche, batería de Ravens Gate, fue el encargado de ocupar el puesto; Alexis no nos acompañó esta ocasión, tras los parches, resolviendo la papeleta con absoluta solvencia.

Desde “Rise From Oblivion”, “From Tears To Vengeance” y “Behind the Mirror”. Presentando en directo su último sencillo “Dragons in the Night” y recordando sus primeros temas como “Motherfucker” y “Apocalypse”, quedaron patentes todas sus armas: potencia, melodía y una capacidad innata para combinar agresividad y gancho. Una banda que entiende perfectamente cómo convertir un concierto en una celebración de sudor, volumen y cuellos castigados.

Los valencianos Jolly Joker llegaron para poner la nota de hard rock clásico a la velada; ya con el sol oculto y con algo menos de temperatura, no dan tregua desde el primer segundo de pisar el escenario. Esto es verdadero rock and roll sin aditivos, pirotecnia o escenografía visual. Nada de postureo, sino de subir al escenario y liarla; les faltó prender fuego a alguna guitarra.

Con “Sky is so High” como pistoletazo de salida, la banda salió enchufada, enlazando temas como “Shotgun”, “Perfect Life” o “World Collapse” sin dar apenas respiro. Aaron Joffroy, la nueva incorporación a las baquetas, demostró desde el primer momento ser un acierto. Su pegada encajó a la perfección en un repertorio que ganó todavía más fuerza gracias al empuje de una formación que no dejó de moverse ni un solo segundo. Yannick, a la guitarra, y Andi, al bajo, fueron todo un espectáculo, cruzándose continuamente, compartiendo coros y mostrando una compenetración que ya es una de las señas de identidad del grupo. Yannick no dudó en subirse al muro de subwoofers mientras descargaba sus solos sobre el público, mientras Andi hacía volar su melena rubia al ritmo de un bajo contundente y lleno de actitud.

Pero el que acaparó todas las miradas fue Lane Lazy. Patadas al aire, carreras, rodillas en el suelo, vasos de agua encima de la cabeza, búsqueda constante del contacto con las primeras filas. Con “Motor, I Just Wanna (Kiss You)”, “Hey You” y una desmadrada “Rockin’ in Stereo” para rematar, Jolly Joker rubricó el final de uno de esos conciertos que te deja con la sensación de que una hora ha pasado en diez minutos.

Dünedain llegaba al Rock Arena en circunstancias tan especiales como inesperadas. A la anunciada ausencia de Carlos Sanz se unió la baja de última hora de Alberto Symon, vocalista de Sylvania y sustituto previsto para la ocasión. Con el honor de ejercer de cabezas de cartel y congregando la mayor afluencia de público de toda la jornada, los abulenses saltaron al escenario decididos y mostrando que el núcleo original de la banda sigue en forma. Tony Delgado se hizo cargo del peso vocal de la actuación, sin dejar de lado su papel como guitarrista principal, respaldado por Alberto P. Velasco y Mariano Sánchez, que aportaron apoyo vocal y su incansable presencia sobre el escenario, que temblaba bajo su incansable movimiento.

Un repertorio largo, de unos veinte temas, en el que su último álbum, Erase, cobró protagonismo con temas como “Fénix”, “Legado”, “Vuela” o la propia “Érase”, muy bien recibidos por un público entregado desde los primeros compases. Sin olvidar los clásicos, canciones más actuales o antiguas, encendieron el local. “1000 Golpes”, “La Misma Canción”, “Memento Mori” se convirtieron en verdaderos himnos entonados por cientos de voces, confirmando que son un referente en el power metal nacional.

Miguel Arias volvió con esa pegada marca de la casa que sostiene buena parte del músculo rítmico de Dünedain, mientras que Alberto, incansable, recorría el escenario, dando vueltas sobre sí mismo y alzando su bajo al cielo nocturno. Mariano, siempre cercano y manteniendo la base rítmica y las melodías armonizadas con Tony. Cerrando con bises “Por los siglos de los siglos”, “Tu sueño” y “Corazón de invierno”, una actuación que recuerda el núcleo clásico de la banda es capaz de levantar los ánimos y corazones del público.

Cerrar un festival siempre es duro; aunque se cumplieran los horarios, salir a escena en la madrugada es siempre síntoma de falta de público. Pero esa circunstancia no amilanó a los asturianos Argion, que no dudaron en dejarse la piel sobre las tablas. Con la madrugada ya bien entrada, muchas horas de festival acumuladas y menos público frente al escenario.

Lejos de dejarse llevar por las circunstancias, salieron decididos a ofrecer lo mejor de si mismos. La banda dio un concierto intenso, con un sonido especialmente contundente y una actitud que consiguió mantener la atención de los fieles que seguían resistiendo. Temas como “Sois Nuestro Pilar”, “Un Largo Viaje”, “La Ciudad Eterna”, “Tierra Prometida”, “Anne Bonny” o “Águila de Sangre” son una pequeña muestra del repertorio que llevo una hora.

Richard de la Uz, nuevo vocalista, no se quedó corto a la hora de defender los temas, a pesar de que en mi memoria sigue con mucho cariño la forma de cantarlos de Paniagua; incansable, con una bandera de la banda en su pie de micrófono, no dio tregua en ningún momento de la actuación. Mientras que Iván Canedo con el bajo tampoco se quedó corto de energía y ánimos, gracias a su constante interacción con el público y melenas al viento que empezaba a soplar, cálido, pero bien recibido. Sergio Bernardo y Pablo Sacht se mostraron incansables durante toda la actuación; el tándem compenetrado de ambas guitarras, marca característica del power metal, respaldado por la firmeza de Miguel “Pichi” Pérez a la batería incansable. El tramo final con “Mi héroe”, “Sobre el mar” y “Fuerza y honor” puso el broche a un concierto que destacó por su honestidad y entrega.

Así nos despedimos de un festival familiar, en el que se puede disfrutar de la cercanía con las bandas, orientado al disfrute del público y humilde. Un oasis de heavy metal y rock en medio de la provincia de Alicante.

By Rubén Rosinos Vaamonde

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