Festival: Rock Imperium
Lugar: Parque del Batel – Cartagena – Del 26 al 29 junio 2025
Texto: J.A.C
Fotos: Rubén Rosinos / Manu Hernández (The Triumph of Death)
Cartagena, inundada de rayos de sol, ebria de sofocos y suspiros, apasionada en sus contrastes, y voluptuosa en sus ademanes, acogía durante cuatro días a una ingente familia vacacional que, aprovechando la estación estival y los permisos en preacuerdo, se zambullían en las cristalinas intenciones que se encajan entre la maraña de cables y herrajes, cuya función se traduce en concebir el marco de una instantánea emocional futura.
Jueves 26 de julio de 2025: El espacio tangente entre la solemnidad y el rito
Menú Diamante Lagarto
Pasado el mediodía y entre las horas más desaconsejables, en la Región de Murcia y prácticamente en toda España, como para retar a nuestra tez o al temple de nuestras neuronas, saltaban a escena los premiados (ninguna broma formar parte de este festival), barra desdichados (¡menudo par de collons os gastáis!), los primeros atletas de esta olimpiada de distorsiones e inquietudes paralelas, opuestas o coincidentes.
Cóctel de bienvenida:

Crummy, desde Málaga, nos presentaron su variopinto concepto de metal evolucionado, involucrados con la causa y desprendidos como pocos a pesar de la poca afluencia de personal. Con “Falsos Poetas” de formato más clásico, y con la metáfora como dardo envenenado, se despiden tras presentar su más reciente larga duración, “Atlas”, al que no debieras darle la espalda.
Diabulus In Música se acreditan desde Iruña, Navarra, llevando en este entuerto unos cuantos años, los suficientes como para no desconsiderar su metal sinfónico realista, en el que los profusos teclados y “brujerías de corriente eléctrica” de Gorka Elso, que por cierto también gutura, proporcionan sensación de alivio frente a bandas extremadamente populares y que se desdicen con los abusos tecnológicos. Si por enfermedad el año pasado no pudieron acudir, este año se resarcen con temas como “Ex Nihilo” (The Wanderer– 2012), “Otoi” (Euphonic Entropy– 2020) o “Earthly Illusions” (Dirge for the Archons– 2016) donde Zuberoa encandila con su voz e instrumentación arcaica. La banda rubrica una actuación de primer nivel.
Con su vibrante speed y heavy de alta gradación, los murcianos Iron Curtain salen decididos a rebanar cuellos e izar la bandera de la franqueza como nota discordante entre los tratados más políticamente correctos e impersonales. Old school sin florituras y con grandes canciones, un homenaje a la primera juventud de nuestros inicios, el buen sabor de la añoranza sin adulteración. “Devil´s Eyes”, “Gypsy Rocker”, “Rattlesnake” o “Evil Is Everywhere” representan su última larga duración, Savaged Dawn– 2024, seguidos de temas de “Jaguar Spirit” de 2013 como su homónimo y “Satan´s Race”, evidenciando notablemente que, en la piel del toro, algo falla para que estos grupos no sean comparados y cortejados como pasa con todo producto arancelario bien publicitado.
HellRipper no fallan en su blackened heavy metal y es que el talentoso multi instrumentista escocés James McBain tiene claro su porqué, su hasta cuándo y sobre todo su con quién. “Blood Orgy of the She-Devils” y “The Affair of the Poisons” (del disco del mismo título editado en 2020), “Goat Vomit Nightmare”, “The Nuckelavee” de Warlocks Grim & Withered Hags (2023) y “Headless Angels” (Black Arts & Alchemy – 2019) son sacudidas aniquiladoras que cuentan tanto con la crudeza más “negra” como con la hiriente certeza melódica del heavy metal más descarnado.
Entrantes:
Para los amantes del Anime y de la épica del metal, la mente creativa de Yasuharu Takanashi, traducida a alineación corpórea, Far East Groove, con el guitarrista de los aventajados black metaleros japoneses Sigh, Nozomu Wakai, y una ponderación específica de teclados y violines, generó una especial satisfacción para los otakus desplazados al Parque de la Cuesta del Batel, así como a todo personaje que mantenga la ilusión con el heavy en expansión. Los temas principales de “Fairy Tale” o “Naruto” se unían a “Heaven Shaking Event” o “Become The Wind”, en perfecto maridaje étnico servido sobre arenas ardientes mediterráneas y recomendado, en un sorprendente castellano, por la anfitriona vocal de semejante viandas.
Los irreductibles heraldos del averno, Satan, una de las insignes agrupaciones de la NWOBHM, pactaba con nuestras almas a base de heavy sin corrupción. La intro “Into The Fire” junto a “Trial By Fire” o “Blades of Steel” (Court In The Act – 1983), marcas demoníacas indelebles de sus inicios se funden con temas más acordes a su singladura actual como son “Burning Portrait” o “Ascendancy” de “Earth Infernal” (2022) y “Sacramental Rites” (Songs In Crimson – 2024), sin perder ni un ápice de aquella personalidad que tanto marcó a muchos otros músicos venideros, alguno incluso presente en el cartel que nos acontece (¿te suenan Blind Guardian?). Pura historia viva del movimiento británico y por ende mundial, ya que su procedencia solo certifica su destino, no tan masivo como debiera, a través de la devoción por encima de la ambición.
Otros que están completamente remozados son los hermanos Gizzi, quienes tras haberse empachado de éxitos con sus tres primeros discos y un pletórico frontman como era Mark Rankin, supieron reinventarse tras la marcha del mencionado, recurriendo a nuevas tendencias en boga no lejanas a su inspiración inicial para seguir componiendo con acierto. Dante conoce sus limitaciones pero no por ello se dejan de abordar en mayúsculas himnos atemporales como son “Don´t Say It´s Over” o la versión de Cameo “Word Up” (Swagger – 1994), “Money”, “Better Days e “Inside Out” de su inolvidable debut llamado “Taking On the World” (1989) o el hit single por excelencia “Steal Your Fire” de Gallus (1992). Esta ristra de éxitos crea una comunión vocal con el público que eriza el vello solo con su mención. Su más reciente obra, “Hombres” (2024), ha encajado muy aceptablemente entre sus seguidores de toda la vida como atestigua “Falling”. En una etapa en la que se apela al crecimiento armamentístico, Gun aseguran su independencia y nos alejan de los innecesarios cincos por ciento con un cien por cien de paz y armonía musical.
Platos principales:

La embriaguez de la tierra de Cocodrilo Dundee empapa a los miles de seguidores de Airbourne que necesitan de la tormenta eléctrica que descargan los de Warrnambool para incendiar sus cervezas a rito de corriente continua, corriente alterna y una serie de clichés y temas acomodados ya en la cultura contemporánea popular. Ellos son pura adrenalina desatada en cada compás y, como reclamo de diversión y pureza estilística, tiene pocos rivales. Aunque atravesaran un mal día nadie lo notaría, es tal la unión que consiguen generar con la congregación que nada puede parar su desenfreno. Junto a un setlist estándar, la Victoria de donde proceden se extiende masivamente como sustantivo triunfalista. A veces con lo esperado no podemos ni pedir más, ni extender un texto innecesariamente.
En extremo codiciada la aparición del rey diamante y su inspirador corpsepaint junto al amado Andy LaRocque, actuación que no defraudó ni con los soportes vitales de clase alta que recrearon una atmósfera única a modo de atrezo (Hospital Saint Lucifer 1920), ni con el repertorio e interpretaciones de una ya consolidada familia magnificada por el poder de lo oculto y su endiablada fuerza. Puede gustarte o no su acracia a la hora de tirar de falsete, mantener su vibrato de barítono o hasta guturar sin enrabietarse, pero en lo que no debiera haber confrontación es en el hecho de que Kim Bendix Petersen, de sesenta y nueve años de edad, desangra su alma en cada uno de sus manifiestos ocultistas y teatrales en campaña activa de plasmación de sus propias pesadillas y reflexiones. Con mucha nostalgia de su carrera de los años ochenta y noventa, aireando consagrados capítulos versados en crúor, “Abigail” ocupó el trono totalitario entre tantos contendientes de primer orden. King Diamond profesa una filosofía que se despoja de los dioses y que, paradójicamente, lo ensalza como una de las figuras claves en las que creer dentro de un mundo ignaro amamantado en el politeísmo camuflado.
Kissin´ Dynamite explotan y rocían nuestros gaznates con ardientes labios de testosterona sin reclamo carnal conciso, excitando hasta la ceguera y, para desconsuelo del que se crece a través del arraigo posesivo, los alemanes nos proporcionan una orgía de hard rock festivalero descomedido y sin barreras de látex que es imposible de esquivar. Tienen magnetismo, tienen desparpajo y, sobre todo, tienen más verborrea que un Don Juan venido a trovador amatorio en clave de tunante ochentero. Ahora mismo son una antena de emisión abierta para desatarse y dejar que la fiera se aparee sin miramientos, por instinto. “DNA” “No One Dies A Virgin” o “The Devil Is A Woman” lubrican este encuentro lujuriosamente sabroso.

Postre:
Cierra la jornada un registro completamente opuesto y que ha sentado las bases de gran parte de la angustia y brutalidad del mundo que nos atañe. El triunfo de la muerte caminante que esputa desde su atalaya la bilis de su concepción y la soberanía de los calendarios derrotados, aunados en toda una odisea de primeros cargos mandatarios. Tom Gabriel no solo es la figura, aun es el activista convencido y reivindica, con sapiencia, los dictados de unos Hellhammer esenciales en la historia. Triumph Of Death no es un tributo, es una decisión coherente y necesaria para no sellar las grietas que supuraron, décadas ha, las entrañas de la tierra profunda. “Maniac”, “Decapitator”, “Aggressor” y “Messiah”, ¿hace falta más documentación? Sí, sacar lustre al pasaporte de la bajista Jamie Lee Cussigh que soporta la pegada de Tim Wey con empaque. Y, por supuesto, no podemos dejar de mencionar a uno de los miembros fundadores que sigue siendo pilar fundamental del proyecto: André Mathieu (Raptus), en guitarra y algunas voces, cuya presencia es tan esencial como subversiva en este engranaje de sombras.
Valoración:
Una recepción llena de contrastes, de lado a lado, pero que contaba con suficientes ases en la manga como para prolongar, adictivamente, una partida digna de redifusión rotativa en los cerebros allí presentes.












