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Rod Stewart, eterno: aún rugió en València

Artista: Rod Stewart
Lugar: Roig Arena. València – 30 de junio de 2026
Texto: Juan Enrique Tur
Fotos: Javi Reaktiu

¿Qué demonios hago aquí? Lo reconozco: solo había transcurrido poco más de la mitad de “Infatuation”, el primer singles de uno de esos álbumes disco de Rod Stewart de principios de los 80 que ahora sobreviven en los cajones de vinilos a 3 euros, y esa pregunta ya había asaltado mi cabeza. Seguramente también le sucedería a algún otro roquero entre las 12.000 personas que prácticamente llenaron el pasado martes 30 de junio la pista y las gradas del Roig Arena de València, aunque lo cierto es que no pude contrastarlo porque tampoco localicé a ninguno en un auditorio en el que, por primera vez en mucho tiempo, mi edad estaba bastante por debajo de la de la media de los asistentes, más cercana a los 81 añazos del protagonista de la noche. ¿Pero estábamos los rockeros tan fuera de juego en el show que apenas acababa de empezar? Rebobinemos un poco.

Con la consabida puntualidad británica, a las 21 horas las luces de las gradas se apagaron y, con el PA escupiendo los compases de “Scotland The Brave”, uno de los himnos oficiosos de Escocia, toda la atención se centró en un escenario enteramente blanco únicamente adornado por unas escaleras de escasos peldaños hacia una plataforma trasera superior con espacio para los teclados, el arpa y la percusión. Un escenario que, sin solución de continuidad, fue invadido por los y las músicas y coristas que acompañan a Sir Rod Stewart para arremeter directamente con el citado “Infatuation”.

La escena era impactante. Rod es un señor de edad avanzada, aunque, desde la distancia y sin centrar la mirada en las pantallas gigantes que rodeaban el escenario, nada lo señalaba exageradamente: se contoneaba y lucía con la misma solvencia que mantiene desde hace al menos tres décadas. Pero eso, unido al blanco acharolado del escenario, las tres coristas rubias y estupendas y el tema elegido para empezar, le hacía a uno sentirse como asistiendo a un programa de Entre Amigos —los más viejos conocerán la referencia— en plan bestia. La continuación con el “Having a Party” de Sam Cooke, no acababa de reconducir el tema, y el popularísimo “It’s a Heartache” de Bonnie Tyler, inmediatamente después de anunciar al respetable que nos iba a deleitar con 24 temas, llevaba la cosa aún más lejos convirtiendo el Roig Arena en un gigantesco pub de karaoke de Benidorm.

No era malo, en absoluto, era Stewart empezando a toda mecha un concierto de lo que Rod ha sido prácticamente en la totalidad de su carrera, y así seguía insistiendo con el otro single de Camouflage — “Some Guys Have All the Luck”— y “Tonight I’m Yours”, otra de las pocas piezas propias que interpretaría en el repertorio, aunque esta ya sonaba más rockera que la original con el eficaz Don Kirkpatrick poniendo su afilada guitarra al servicio del espectáculo. Con eso, para cuando empalmaron los primeros compases de “It Takes Two”, el dueto que grabó junto a Tina Turner en 1991, entrando de lleno en su bagaje rockero, todas las dudas estaban disipadas. Habíamos venido a ver esto. Y una “Forever Young” endurecida, subía aún más el listón, alargada además por su otro trío de acompañantes femeninas (además de las tres coristas contaba con tres multiinstrumentistas, también luciendo palmito) interpretando un fragmento instrumental de corte celta justo antes del solo de guitarra para permitir al cantante su primer descanso y cambio de vestuario.

Rod se había montado un circo y ya funcionaba a pleno rendimiento, y aunque anunció que lo que seguía era una fragmento lento, iniciarlo con una tremenda interpretación del “The First Cut Is The Deepest” de Cat Stevens —que, como muchos de los temas que interpreta, ha hecho suyo— para nada rebajó la emoción. “I Don’t Want To Talk About It” de los Crazy Horse fue la elegida para seguir, y tras ella una “You’re in My Heart (The Final Acclaim)” dedicada a su Celtic de Glasgow (lo cuál era ampliamente subrayado en las pantallas), en uno más de los momentos abiertamente horteras aunque ampliamente celebrados por su parroquia de fans.

No obstante, si el tono de ésta había devuelto el show al pub, “Hot Legs” lo volvió a resituar en el rock, y “Maggie May”, interrumpida y retomada prácticamente tras empezar porque —según bromeó Rod— el público no la cantaba lo suficiente, elevó la emoción al punto más álgido del show justo en su epicentro. Tras ella, la versión del “I’d Rather Go Blind” de Etta James contenida en Never a Dull Moment puso el punto y final al repaso a los más viejo de su trayectoria (y a las esperanzas que tuviéramos algunos de escuchar otros viejos clásicos), y una cañera versión de “Young Turks” encendió la mecha para la recta final.

Desde entonces, lo confieso, ya asistía al show con la sonrisa puesta, atento al siguiente truco que el viejo zorro de Stewart y los suyos se guardara en la chistera para detener el tiempo en algún momento perdido décadas atrás. Imagino que para el rockerío presente ya nada le trasladó la misma emoción que lo ya escuchado. “Rythm Of My Heart” tenía los mimbres para hacerlo —el tema los tiene— pero su dedicatoria “al pueblo Ucraniano y al presidente Zelenski” (a cuya imagen en la pantalla trasera hizo Stewart un largo saludo militar) a mí al menos me sacaron momentáneamente del show. Y la retahíla de ultrahits pop que desencadenaron en el final con Love Train (en el que en las pantallas tuvo un recuerdo también para denunciar el genocidio en Gaza y la política internacional de Trump), con los consabidos “Baby Jane”, “Do Ya Think I’m Sexy” y “Sailing”, no consiguieron emocionarme de nuevo, aunque el público acabara celebrándolos prácticamente en pie.

Tras una hora y cincuenta minutos de show, Rod Stewart, cuyo estado de salud se había puesto en serias dudas en las semanas anteriores tras suspender algún concierto y acabar otro cantado sentado en una banqueta, abandonó el escenario del Roig Arena por su propio pie en medio de un aplauso unánime. ¿Fue el recital de su vida o el que los seguidores de su versión más añeja habíamos soñado? Ni una cosa ni la otra, obviamente, pero sí fue un show dignísimo. Demasiado para creer que esta vez sea la última que le tengamos por aquí. Aunque parezca mentira, hay Rod para rato.

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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