Bandas: Sabaton
Lugar: The O2, Londres – 4 de diciembre de 2025
Fotos: Jesús Figueirido
Texto: Emilio Ortega
Los vikingos escandinavos Sabaton hicieron honores a su espíritu guerrero y regresaron a Londres con un majestuoso espectáculo que redefinió la esencia del metal sinfónico contemporáneo. El O2 Arena vibró con más de diez mil asistentes que presenciaron cómo la banda sueca fusiona su arsenal de himnos bélicos con la fuerza dramática de la The Legendary Orchestra, creada especialmente para esta gira llamada paradójicamente The Legendary Tour.
El concierto giró en torno a su reciente álbum Legends, recién lanzado el mes pasado, y desde el inicio quedó claro que la velada estaría marcada por una propuesta musical ambiciosa. Como antesala del plato fuerte, The Legendary Orchestra fue la encargada de encender los motores con un repertorio de música clásica que cautivó al público, ávido de sumergirse en sonoridades evocadoras de los grandes soldados vikingos que inspiran a Sabaton.
La actuación de The Legendary Orchestra, con arreglos orquestales y corales renovados basados en temas emblemáticos de la larga trayectoria de la banda, elevó la experiencia desde el primer momento. Sus interpretaciones destacaron por armonías potentes, coros imponentes, voces sólidas e instrumentos solistas que brillaron con fuerza, construyendo un paisaje musical que trascendió con soltura los límites entre lo clásico y el metal.
Durante una hora completa de actuación, la orquesta demostró la perfecta fusión entre ambos mundos, dejando al público preparado para lo que vendría. Tras una pausa de media hora, el fervor del público no hizo más que intensificarse, anticipando el momento más esperado de la noche: la entrada triunfal de Sabaton.







La escenografía marcó la pauta desde el primer instante. El escenario principal se erigía como un enorme castillo, con torretas laterales y una estructura central en forma de puños elevando lo que parecía ser la corona de un trono, destinado al set de batería. En medio del recinto, una torre más pequeña funcionaba como escenario secundario, y fue allí donde se inauguró el preámbulo del espectáculo.
Napoleón Bonaparte apareció primero, recibido con abucheos por la histórica rivalidad entre Francia e Inglaterra, seguido por Gengis Kan, el emperador mongol, que no dudó en desafiar al pequeño francés para diversión general. La entrada de Julio César, emperador romano, provocó el mayor aplauso de su “legión”, como él mismo proclamó desde la tarima. Los tres discutían entre sí quién merecía el título del gobernante más grande de la historia de la humanidad.
Fue necesaria la intervención de Jacques de Molay, gran maestro de los caballeros templarios, para zanjar la disputa. Acompañado de cinco guerreros encapuchados, reveló finalmente a los integrantes de Sabaton, provocando la explosión de júbilo del público, que coreaba el nombre de la banda al unísono. En ese momento, la música comenzó a sonar y un gran puente levadizo descendió, permitiendo a la banda avanzar desde el escenario secundario hasta el principal. A lo largo del espectáculo, este puente se elevó y descendió en varias ocasiones, convirtiéndose en uno de los elementos más celebrados de la puesta en escena.
Las primeras canciones de la noche fueron “Templars”, una elección lógica dado el vestuario templario con el que había aparecido la banda durante la introducción, seguida de la ya clásica “The Last Stand”. Durante ambos temas, Sabaton cruzó desde el escenario principal hasta el secundario para acercarse visualmente a la multitud, que los recibió con un fervor desbordante y una energía perfecta para encender la fiesta metalera.
Tras este arranque, la banda regresó con su habitual indumentaria de camuflaje bélico para interpretar “Hordes of Khan”, precedida por una breve introducción del propio Gengis Khan, que volvió a arrancar risas y vítores entre el público. Joakim Brodén tomó el mando con una voz poderosa y precisa, mientras los arreglos orquestales realzaban cada tema hasta un nivel insospechado, aportando una épica adicional que engrandecía los clásicos del grupo.
El concierto concedió un espacio generoso a la teatralidad. El vestuario cambiaba constantemente y cada canción sumaba un nuevo efecto escénico: columnas de fuego, densas cortinas de humo y explosiones sorpresa que mantenían al público en vilo. Incluso Napoleón volvió a aparecer durante “I, Emperor”, disparando cañonazos hacia la multitud y protagonizando un combate humorístico con Brodén, para delirio de todos los presentes.













El ambiente en el recinto se mantuvo dinámico y lleno de vida. El público reaccionaba con entusiasmo a cada gesto de la banda, preparado para vivir cada momento como si fuera parte del propio espectáculo. Momento para la irrupción de Julio César a la tarima y presentar el siguiente tema “Crossing The Rubicon” donde la pirotecnia y lanzamientos de llamas surcan por todo el escenario una vez más.
Llegó entonces la ocasión de interpretar una canción en su propio idioma: “Carolus Rex”, recibida con un estruendo impresionante por parte del público. Durante la ovación, Joakim Brodén aprovechó para mostrar su característico sentido del humor, bromeando con que algunos elementos del set del escenario podían comprarse en Ikea, desatando las risas de todo el recinto.
A continuación, la banda encadenó dos de sus clásicos infaltables en directo: “The Red Baron” y “The Stormtroopers”. En este último, el guitarrista Thobbe Englund presumió la guitarra especialmente bautizada con el nombre del tema, un guiño perfecto para los fans. Le precede el breve solo de batería de Hans Van Dahl como antesala de “A Tiger Amongst Dragons”, mostrando una vertiente diferente del grupo; el cantante toca la guitarra mientras los guitarristas toman el mando de la percusión con sendos tambores de gran tamaño, retomando luego sus funciones habituales con los riffs pertinentes de la canción.
En escena apareció entonces Pär Sundström, bajista y uno de los fundadores de Sabaton, para dedicar unas palabras al público. Recordó los inicios humildes de la banda, cuando tocaban en pequeñas salas y jamás imaginaron llegar a un recinto tan imponente como aquel. Acto seguido, pidió a todos que encendieran las luces de sus móviles, creando un espectáculo visual apoteósico, el pabellón entero brilló como un firmamento galáctico, ofreciendo uno de los momentos más emotivos de la velada.
Este punto marcó el inicio de una nueva fase del concierto. A partir de “Christmas Truce”, Sabaton se unió en el escenario con The Legendary Orchestra, que ya había encendido al público durante la apertura. Desde entonces y hasta el final del show, banda y orquesta tocaron juntos, elevando cada canción a un plano épico.
Uno de los instantes más dulces llegó con Noa Gruman, vocalista invitada, quien interpretó un breve y delicado dueto con Joakim Brodén al cierre de “Soldier of Heaven”, aportando una calidez especial al tema. Pero la calma dio paso a uno de los momentos más importantes de la noche con “The Attack of the Dead Men”. Todo el recinto se tiñó de un inquietante color verde mientras la banda cruzaba el puente en fila india, con Brodén al frente luciendo una máscara de gas. Avanzaron entre la multitud antes de regresar al escenario principal, creando una escena visual tan inusual como espectacular, que dejó al público completamente impresionado.















El espectáculo continuó la tralla con canciones como » Night Witches «, «Primo Victoria», que se llevó la mayor ovación y no es para menos, especialmente cuando escuchas el intro “Through the gates of hell», invocando la locura en el mismo infierno con todo el mundo botando y alzando los brazos, indudablemente una de sus más famosas de su extensa colección, y con la siguiente, ”Steel Commanders», nos mostraron su perfil más powermetalero, regalándonos un despliegue total que lo tuvo absolutamente todo.
Joakim Brodén tomó entonces el micrófono para dirigirse al público. Comentó que la última vez que Sabaton actuó en Londres fue en el Wembley Arena y que, desde entonces, había escuchado que muchos fans echaban en falta algunos de los temas clásicos de los inicios de la banda. Con una sonrisa cómplice, dio paso al siguiente número.
Cuando empezó “The Art of War”, la conexión entre el público y Sabaton se hizo absoluta. Cada vez que Brodén levantaba el puño, todo el estadio lo imitaba al unísono, creando un efecto visual impresionante. Como era de esperar, el tema también estuvo acompañado de potentes efectos de fuego que elevaron aún más la intensidad del momento. Para cerrar la noche, Sabaton recurrió a dos piezas imprescindibles. “To Hell and Back”, un himno épico que no podía faltar, sonó con toda la fuerza del público coreando cada verso. Después llegó “Masters of the World”, una rareza en directo que no interpretaban desde 2007 y que desató la sorpresa y la euforia general. Durante esta última canción, la banda cruzó por última vez el puente hacia el escenario B, culminando el concierto con una nube de confeti perfectamente sincronizada, una traca final espectacular que arrancó gritos y aplausos ensordecedores.
Sabaton realizó una profunda reverencia, posó para una foto memorable y se despidió del público, no sin antes prometer que volverían. Una conclusión perfecta para una noche que rozó lo legendario.
Durante dos horas, la puesta en escena combinó precisión militar, fuego teatral y una narrativa audiovisual que convirtió cada canción en un capítulo digno del cine bélico más espectacular. Todo estaba cuidado al detalle: ritmos, luces, escenografía e interpretación. Resultó fantástico ver a un público tan diverso disfrutando del mismo espectáculo.
Sabaton ofreció una actuación majestuosa y monumental. La puesta en escena fue impresionante, la música sonó impecable y la narrativa mantuvo la emoción de principio a fin. Salí verdaderamente maravillado; era imposible que fuera de otra forma ante semejante despliegue.
Incluso si no eres fan del metal, pero buscas vivir una experiencia intensa e inolvidable, un concierto de Sabaton merece absolutamente la pena.
Fue una noche para la historia. Sabaton demostró, una vez más, que dominan el escenario mundial con una seguridad apabullante y una exigencia constante por alcanzar la excelencia. La velada reafirmó lo que la banda lleva insinuando en los últimos años: su música no solo se escucha, se vive, y aquella noche, Londres la vivió en su versión más ambiciosa y cinematográfica hasta la fecha.
Una vez más, Sabaton mostró que su espectáculo visual juega en otra liga, conquistando sin dificultad a su fiel y apasionada legión de seguidores.
Al concluir, una idea quedó clara: el trono del heavy metal está a buen recaudo.














