Sandra Carrasco y David de Arahal: Poema de la libertad

XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla
Lugar: Teatro Central, Sevilla – 2 de octubre de 2026
Texto: Virginia Marín
Fotos: Laura León

Celebrando a Pepe Marchena, Sandra Carrasco y David de Arahal nos sumergen en una propuesta vanguardista donde la hondura del cante y la libertad del baile tejen complicidad con la guitarra y la riqueza rítmica de los coros, percusión, flauta y violín.

El quejío de la cantaora, que exhala sobre el escenario los dolores de un pasado que cantaba sus lamentos, profundos e implacables, resuenan con melancolía y se integran en una función rica en matices.

Tras una hermosa rondeña de David de Arahal, comienza el diálogo de la doble taranta, de aquellas en la que Pepe Marchena preguntaba y se replicaba, cual duelo poético de mineros.

Sandra y David nos trajeron los cantes jondos que cantaban los jornaleros bebiendo vino en los mostradores de la confitería de La Puebla de Cazalla. Aquella confitería que se expandió a taberna en 1914 y acabó convirtiéndose en la rescatadora del cante jondo. Así nos devuelven los ecos de aquellos tiempos en los que Pepe Marchena fue un referente con su personal manera de entender el arte.

Con un fondo naranja denso como el atardecer, destacan las siluetas negras de los artistas que van entrando, recordando a la fotografía del oscarizado Vittorio Storano en la película de Saura. Un joven Josué Segura, la voz profunda de Bernardo Miranda, los certeros Mellis de Huelva, el percusionista Lito Mánez, y la dulzura de los hermanos Parrilla con su flauta y su violín.

José Maldonado, bailarín y coreógrafo, integra en su espectáculo la danza y la plástica, creando una obra pictórica en directo mientras baila. Juntos rindieron homenaje a la ópera flamenca, a la combinación de tradición y vanguardia. A la raíz y a las alas, tal y como pintó el artista sobre una sábana blanca.

Bajo el manto armónico de la guitarra y la percusión y el lírico acompañamiento de la flauta y el violín, las certeras y tajantes palmas de los coristas van elevando la intensidad de cada tema y Sandra remata entregándose al baile desbordando compás.

Sandra recita, interpreta, canta y da sus pataítas. Desde una soleá apolá al estilo de Charamusco hasta unos fandangos de Huelva o unas colombianas polifónicas. Desde su silla o de pie, como el Niño de Marchena.

Una gala de melodías ancestrales y el brioso baile de Maldonado, capaz de fundir la tradición del revuelo con la libertad del movimiento moderno, así sea jugando con la gravedad, la pintura y el ballet, esculpiendo el compás con su taconeo o bailando una sevillana sentado en la enea.

Con unos fandangos de Huelva, cierran el espectáculo mostrando unos enormes ojos blancos recién pintados por Maldonado sobre sus chaquetas oscuras, ojos que pretenden desnudar el alma, no el cuerpo, tal como la cantaora explicó su concepción del arte, enamorada de la visión del flamenco de Pepe Marchena.

By Marta Grimaldi

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