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The Smashing Pumpkins – Siamese Dream

Discográfica: 

Virgin Records

 

Fecha de edición:

27 de julio de 1993

 

Componentes:

Billy Corgan: Voz principal, guitarra, mellotron y arreglos.
James Iha: Guitarra.
D’Arcy Wretzky: Bajo, voz.
Jimmy Chamberlin: Batería.

Músicos adicionales:

Butch Vig, David Ragsdale y Eric Remschneider: Arreglos de cuerdas.

Luces y sombras en un torbellino sonoro: Siamese Dream de The Smashing Pumpkins

Más allá de su éxito comercial, Siamese Dream de Smashing Pumpkins es un disco que no suena como ningún otro, porque fue hecho bajo unas condiciones que ningún otro grupo habría soportado

En el verano de 1993, cuando el grunge parecía haber conquistado el mundo con su furia introspectiva, un disco llegó para elevar el dolor y la confusión juvenil a una nueva dimensión estética. Siamese Dream, el segundo álbum de The Smashing Pumpkins, no solo fue una proeza técnica y sonora, sino que también una catarsis grabada entre la destrucción personal y el perfeccionismo obsesivo.

Billy Corgan, mente y corazón del grupo, se encontraba al borde del colapso emocional. Hundido en una profunda depresión, acosado por la ansiedad, con pensamientos suicidas y sintiendo que el mundo —y su propia banda— se desmoronaba a su alrededor. El guitarrista James Iha y la bajista D’arcy Wretzky acababan de terminar su relación sentimental y Jimmy Chamberlin, el extraordinario baterista de la banda, estaba atrapado en una espiral de adicción a la heroína que amenazaba con tragárselo por completo.

Con esta carga emocional a cuestas, la banda entró al estudio Triclops, en Atlanta (Georgia), de la mano de Butch Vig —quien venía de producir el histórico Nevermind de Nirvana— y allí pasaron meses encerrados, tejiendo interminables capas de guitarras y buscando una belleza casi enfermiza dentro del ruido. Corgan, obsesivo, inseguro y controlador, terminó grabando la mayor parte de las guitarras y bajos del álbum él solo, desplazando a sus compañeros y generando en ellos un enorme resentimiento pero, ciertamente, el resultado final fue tremendo.

Siamese Dream abre con “Cherub Rock”, un disparo directo contra la industria musical indie, a la que Corgan consideraba hipócrita y elitista. La batería de Chamberlin estalla como un trueno y las guitarras se arremolinan en un crescendo glorioso. Fue un gesto desafiante que venía a decir algo así como: sí, somos alternativos, pero no vamos a disculparnos cuando sonamos a Metal.

Le sigue una descarga de furia contenida llamada “Quiet”, densa como el plomo, donde Corgan —una vez más— se impone con su inconfundible muro de guitarras. Iha y Wretzky no tienen espacio aquí; sus instrumentos fueron regrabados sin piedad. No obstante Chamberlin sí brilla: su batería, precisa y violenta, es el latido de la canción.

Entonces irrumpe “Today”, uno de los momentos más desconcertantes del disco. Bajo su melodía luminosa y casi naíf se esconde una confesión brutal: la depresión. Corgan la escribió durante uno de sus días más oscuros, mientras valoraba la opción del suicidio. El tema expresa la amarga ironía de cantar “hoy es el mejor día de mi vida” mientras uno se desmorona por dentro. Fue el sencillo que catapultó al grupo al estrellato y la MTV lo rotó tan intensivamente que terminó provocando cierto empacho.

“Hummer” es una de esas canciones que solo The Smashing Pumpkins podían concebir: más de seis minutos de épica onírica donde la distorsión describe un paisaje emocional. Fue una de las más trabajadas en el estudio, con docenas de pistas de guitarra superpuestas. La obsesión de Corgan por cada detalle llegó al extremo de rehacer secciones enteras porque una sola nota no sonaba como él quería.

“Rocket” prolonga esa sensación de escapismo sonoro que envuelve a todo el disco. Es una canción más etérea, con melodías pop, en la que Corgan canta sobre la necesidad de huir de su propio dolor. La progresión del tema se vuelve impredecible y posee un final frenético. Cabe señalar que pese a que Iha aparece en el videoclip, no participó en la grabación: otra muestra de la dinámica desequilibrada que reinaba en el estudio.

El disco cambia de tono con “Disarm”, quizá el tema más íntimo del álbum. Acompañado por arreglos de cuerdas y campanas, Corgan canta sobre su infancia, marcada por el abuso emocional, con una vulnerabilidad estremecedora. La canción fue vetada en algunas emisoras de radio debido a la frase “cut that Little child”, pero eso no impidió que se convirtiera en uno de sus mayores éxitos.

“Soma”, escrita junto a Iha, es una de las pistas más introspectivas del álbum. Nacida del dolor de una ruptura —la que Corgan y su exnovia Chris Fabian vivieron al terminar su relación sentimental—, crece lentamente hasta estallar en uno de los solos de guitarra más memorables del rock alternativo. Se dice que hay más de 40 pistas de guitarra sobrepuestas aquí y, sin embargo, el resultado parece exquisitamente delicado.

La furia regresa con “Geek U.S.A.”, una tormenta de guitarras, ritmos rotos y cambios de tempo en la que Chamberlin se luce con una batería que raya en lo sobrenatural. Fue una de las canciones más difíciles de grabar, no por complejidad técnica sino por las discusiones constantes y el perfeccionismo de Corgan, que exigía decenas de tomas hasta lograr la interpretación exacta que tenía en mente. El esfuerzo mereció la pena, pues es uno de los mejores y más complejos temas del disco.

“Mayonaise” (coescrita con Iha) es un remanso de melancolía, una canción que, aunque nunca fue single, se convirtió en un clásico absoluto para los fans. Tiene esa mezcla tan característica del grupo: melancolía, belleza y una energía contenida que estalla en el momento justo.

Inmediatamente después escuchamos las notas tranquilas de “Spaceboy”, la canción que Corgan escribió para Jesse, su medio hermano autista: una lección de ternura y aceptación construida con guitarras acústicas y sintetizadores, en un tono que se aparta claramente de la distorsión predominante del disco.

Después llegamos a “Silverfuck”: una experiencia de ocho minutos de caos controlado, con partes instrumentales que exploran lo lisérgico, lo imprevisible y lo salvaje. Chamberlin destaca de nuevo con ritmos que se acercan al jazz/rock. En directo, la banda convertía este tema en una improvisación casi ritual que, a veces, se extendía por más de 20 minutos.

La penúltima canción, “Sweet Sweet”, es un suspiro fugaz de poco más de un minuto. Una especie de descanso, suave y acústico, justo antes de cerrar con “Luna”: una balada casi romántica, en la que Corgan canta como si se permitiera, por fin, un poco de paz. Es el momento de quietud después de la tormenta. Una luna que ilumina las cenizas tras la batalla.

Lo que pocos sabían en ese momento era el infierno que vivía la banda mientras creaban esta obra. Jimmy Chamberlin, brillante pero inestable, desaparecía durante días en medio de sus adicciones. D’arcy y James Iha apenas podían estar en la misma habitación. Y Billy Corgan, agotado y al borde del abismo, parecía estar luchando contra todo: su banda, el mercado musical, su pasado… y consigo mismo.

Cuando el disco fue lanzado el 27 de julio de 1993, la recepción fue abrumadoramente positiva. Críticos de Rolling Stone, Spin, NME y otros medios lo alabaron como una obra maestra del rock alternativo. En ventas, superó los 4 millones de copias solo en EE.UU. y colocó a los Smashing Pumpkins en la primera línea del canon rockero de los noventa, junto a Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden.

Conclusión:

Más allá de su éxito comercial, Siamese Dream es un disco que no suena como ningún otro, porque fue hecho bajo unas condiciones que ningún otro grupo habría soportado. De hecho, ni siquiera los propios Smashing Pumpkins fueron capaces de mantenerse mucho tiempo en tan sinuoso estado de gracia. Mellon Collie and the Infinite Sadness (Virgin, 1995) todavía es un muy digno sucesor, pero a finales de los 90 la banda comenzaría a derivar su sonido hacia pasajes mucho menos inspiradores y jamás volvería a recuperar su brío. Con todo, Siamese Dream es la prueba fehaciente de que Corgan y compañía fueron capaces de elaborar una obra maestra que, pasadas más de tres décadas, se sigue disfrutando con inmenso placer.

Texto: Aitor Marcet

Temas:

  1. Cherub Rock
  2. Quiet
  3. Today
  4. Hummer
  5. Rocket
  6. Disarm
  7. Soma
  8. Geek U.S.A.
  9. Mayonaise
  10. Spaceboy
  11. Silverfuck
  12. Sweet Sweet
  13. Luna
By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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