
Discográfica:
Cruz Records
Fecha de edición:
Agosto 1991
Componentes:
Ben McMillan: Voz principal.
Jack Endino: Guitarra.
Daniel House: Bajo.
Barrett Martin: Batería.
La furia, la melancolía y la sonrisa afilada: 1000 Smiling Knukles de Skin Yard
En 1991, mientras el Grunge daba su gran salto al mainstream, Skin Yard publicaba su cuarto disco: 1000 Smiling Knuckles. Para muchos, este supone su trabajo más sólido y maduro, aunque también uno de los más ignorados fuera del circuito underground. La banda, formada en Seattle a mediados de los ochenta, siempre había estado más cerca del papel de catalizador que de estrella: Jack Endino, guitarrista y productor, era considerado el arquitecto del Grunge tras haber producido los primeros trabajos de bandas como Nirvana y Mudhoney, pero gran parte de su talento se había esgrimido en las grabaciones de otros artistas en detrimento de sus propios proyectos. Con el lanzamiento de 1000 Smiling Knuckles Endino pudo librarse de ese peso y, a la sazón, demostró que Skin Yard no era una mera pieza de apoyo para cuando se subía a un escenario, sino una banda con identidad y peso propios.
La grabación se llevó a cabo entre finales de 1990 y principios de 1991, en los estudios Reciprocal Recording, epicentro de la escena de Seattle. Endino y el grupo optaron por un enfoque crudo: usaron una cinta de dos pulgadas a 15 ips, sin reducción de ruido, lo cual dio al álbum un sonido rugoso, directo, con ese leve zumbido analógico que tanto se extraña hoy en día. El resultado es un disco que respira autenticidad, que no busca brillar con artificios, sino capturar la energía de la banda en un momento culminante e irrepetible.
Y es que con la llegada de Barrett Martin a la batería (después se integraría en Screaming Trees), Skin Yard había encontrado por fin la consistencia rítmica que
necesitaba. Paralelamente, Daniel House, el otro miembro fundador de la banda, todavía estaba a cargo del bajo (abandonaría la música para dedicarse plenamente a su familia). Y es que 1991 fue el año en que Skin Yard estaba más engrasado que nunca y dispuesto a salir de gira; tras la publicación del disco, emprendieron su única gira europea, que los llevó hasta Noruega y Eslovenia, algo que para una banda de su perfil resultaba casi un hito.
En lo musical, el disco abre con “1000 Smiling Knuckles”, tema homónimo que funciona como declaración de intenciones: guitarras cortantes, una base rítmica densa y la voz de Ben McMillan cargada de rabia contenida. A partir de ahí, el álbum oscila entre canciones directas y pesadas, como “Headswill”, y otras más atmosféricas y sombrías, como “River Throat” o “Words on Bone”, donde se percibe la faceta más introspectiva de la banda.
También hay espacio para la ironía y el experimento: “Nietzsche with a Pizza” es un instrumental inesperado que relaja la tensión, casi un respiro en medio de tanta densidad, mientras que títulos como “Psychoriflepowerhypnotized” muestran ese lado algo lúdico y surrealista que convivía con la seriedad del conjunto. El cierre con “Burn a Hole” no deja lugar a dudas: Endino quería que el disco pesara en el oyente, que se quedara resonando después de la última nota hasta la eternidad. No en vano, la espléndida portada del ilustrador Jim Blanchard da fe de ello.
A pesar de que nunca alcanzó el impacto comercial de los discos que hicieron mundial el grunge, 1000 Smiling Knuckles tuvo buena acogida en el circuito independiente y es considerado por la propia banda como uno de sus trabajos más logrados. La crítica valoró su diversidad y su intensidad, aunque también se comentó que no ofrecía grandes estribillos memorables, lo que quizá le cerró las puertas de un público más amplio. Sin embargo, esa ausencia de concesiones es parte de su encanto: Skin Yard no buscaba hacer un Nevermind, sino un testimonio fiel de lo que eran.
Conclusión:
Hoy, escuchado con perspectiva, el álbum suena como un documento genuino de una época en la que el Grunge todavía tenía mucho de Metal y no había sido absorbido por las grandes discográficas. Su crudeza y honestidad lo convierten en un disco fundamental para quien quiera entender el espíritu del Seattle de principios de los noventa. No es un álbum de himnos, sino de texturas, de atmósferas y de carácter. Quizá por eso, entre los fans más fieles del género, 1000 Smiling Knuckles sigue siendo considerado un álbum de culto.
Texto: Aitor Marcet
Temas:
«1000 Smiling Knuckles»
«River Throat»
«Word son Bone»
«Living Pool»
«Headswill»
«Psychoriflepowerhypnotized»
«Material Freak»
«Jezechrist»
«Nietzsche with a Pizza»
«Burn a Hole»
