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Lluvia de Sangre en Finsbury Park

Bandas: Slayer, Mastodon, Anthrax, Amon Amarth, Hatebreed, y Neckbreakker
Lugar: Finsbury Park, Londres, UK – 6 de julio de 2025
Texto: Emilio Ortega
Fotos: Jesús Figueirido

Alrededor de 20,000 fieles y afortunados seguidores, de todo tipo y condición, jóvenes y mayores, se dieron cita el domingo 6 de julio en Finsbury Park para presenciar la gira de los titanes Slayer.

A pesar de la clásica lluvia londinense, que caía a intervalos caprichosos, nadie parecía dispuesto a rendirse ante el clima. Si bien mojarse es una molestia en el día a día, en esta ocasión, el agua era parte del espectáculo. Nadie se movía de su sitio ni pensaba en abrir el paraguas.

El cartel era prometedor y se intuía un gran día de verano al aire libre pero con lluvias para rebajar la temperatura ambiental. Un día que pasó de lluvioso a soleado y luego a lluvioso.

Abrieron la tarde los daneses Neckbreakker, cinco músicos de death metal con un ímpetu que, sinceramente, hacía dudar de que fueran la banda más joven del cartel. Su set fue como un disparo, breve, preciso y, sobre todo, contundente. No faltaron miradas de complicidad entre la gente, como diciendo: “Esto no estaba en el guión, pero está funcionando”. Habrá que seguirles la pista.

La lluvia hace estragos otra vez y después de un receso corto viene la segunda banda del cartel, y en el momento de su aparición en las tablas, el cielo da un descanso y se apacigua.

Hatebreed no necesita presentación. En media hora demostraron que siguen siendo una apisonadora, y lo hicieron con la misma honestidad que se agradece cuando todo lo demás es espectáculo. “I Will Be Heard”, “Tear It Down”, “Destroy Everything”, “Looking Down the Barrel of Today” y la infaltable “Perseverance”, con Jamie Jasta arengando a la multitud. El público respondió con varios mosh pits que se extendían como olas en el mar, y en medio, una gigantesca pelota de playa, la “death ball”, que rebotaba sobre las cabezas. No pude resistirme y la empujé también: ¿cómo no hacerlo? Son esas pequeñas cosas las que hacen especial cada concierto.

Tras un breve intermedio, Mastodon subió al escenario con el nuevo guitarrista de gira, Nick Johnson,el cual fue presentado por el bajista y vocalista Troy Sanders previa mención al día anterior que tocaron en la despedida de Ozzy y Black Sabbath.

Abrieron con “Tread Lightly” y “The Motherload”, temas que parecían hechos para ese momento, con Brann Dailor alternando baquetas y micrófono con una naturalidad brutal. Mastodon desgranó una colección de temas que repasaban casi toda su carrera como “Crystal Skull”, “Black Tongue”, “Megalodon”, “Stream Breather”, “Blood and Thunder” y el sonido fue tan claro que parecía colarse en los huesos. El público, un poco más adulto, no dejó de corear ni un estribillo.

Tras otro descanso de media hora, tiempo suficiente para refrescar la garganta, venía lo bueno.

Anthrax quedó en cuarto lugar y, como siempre, la banda no decepcionó, tocando un set de ocho canciones llenas de energía, con “Among the Living”, “Caught in a Mosh” y «Madhouse» cómo protagonistas en el inicio y «I Am the Law» que, cómo comentó  el guitarrista líder del grupo Scott Ian, fue una canción rebelde de la época de los ochenta.

“Anti-social“ fue el punto perfecto para conectar una vez más con el público. Siguieron con la canción más corta del álbum Persistence of Time de 1990 “Time” y que hizo a botar a frenéticamente al personal, yo incluido. El cantante Joey Belladonna estaba en su salsa, animando y sobre todo aleccionando a la gente a pasar un gran rato, y él feliz de compartirlo con todo el mundo.

Cuando cerraron con “Indians”, el terreno ya estaba perfectamente preparado para lo que venía.

Otro receso de media hora para presenciar a los suecos Amon Amarth con su contundente death melódico y subir más si cabe la temperatura.

Abriendo su set con «Guardians of Asgaard», los incondicionales del viking metal dominaron el escenario, que incluía un casco vikingo gigante en el centro y dos grandes guerreros vikingos a ambos lados, además de abundante pirotecnia. El vocalista Johan Hegg hizo cantar al público cada palabra, sobre todo en el himno «Put Your Back Into the Oar», durante el cual los asistentes se titaron al suelo para remar.

Antes, con temas más relevantes como “Deceiver of the gods“ y “Crack the Sky“ nos ofrecieron toda su fuerza, Olavi Mikkonen y Johan Söderberg estuvieron especialmente compenetrados; cada riff parecía abrir grietas en el suelo. Terminaron con el grandilocuente “Twilight of the Thunder God“ qué fue atronador y nos dejó la miel en los labios y se despidieron levantando su copa de cuerno y su ya mítico salud en sueco Skål, grandes y a la vez muy campechanos.

La exaltación incrementa porque llega el momento que todo el mundo estaba esperando pacientemente.

El cabeza de cartel hacía acto de presencia después de seis años desde que confirmaron su separación. Regresaron para traer el infierno a la tierra literalmente y descargar toda su adrenalina acumulada durante todo este tiempo en una hora y media de caos absoluto.

Antes de aparecer, las pantallas nos regalaron una revisión de su historia, una serie de imágenes que funcionaron como recordatorio de lo que han significado para generaciones.

Por fin, años después de su último concierto en Londres, los legendarios Slayer regresaron al escenario con «South of Heaven». A partir de ahí, un repertorio de veinte canciones que abarcan toda su carrera, con más pirotecnia de la imaginable y con la cruz inversa en llamas para mostrar toda su parafernalia. Tom Araya, el líder bajista y vocalista estaba en muy buena forma y no se notaba para nada el tiempo que estuvo retirado de la música.

Kerry King, el emblemático guitarrista cómo siempre en su zona de confort, desató riffs como latigazos. Caldeaba el ambiente de forma tan espectacular que parecía aquello el mismo infierno, con todos los diablos y demonios sobrevolando por el recinto.

Siguieron con “Repentless”, “Disciple” y “Die by the Sword” para continuar con la locura total y creando los más salvajes mosh pits. Bestial.

Después de «Jihad», el líder Tom Araya se dirigió al público, agradeciéndoles su presencia y preguntándoles si estaban listos. Con una gran aclamación de los fans, Tom les dio las gracias de nuevo: «¡Eso es lo que necesito oír!», antes de comenzar con «War Ensemble», contundente canción para darte a entender que no hay descanso posible.

Los puntos culminantes del set incluyeron “Chemical Warfare”, “Mandatory Suicide”, “Hate Worldwide”, “Seasons in the Abyss” y “Hell Awaits”. Sin embargo, con “Spirit Black” todo se tornó negro en las pantallas, previo al paso de tocar “Dead Skin Mask”, la cual fue presentada por Tom Araya como una balada. Él explicó lo importante que es amar, tener mucho amor y saber compartirlo. Pero, realmente, el momento absoluto llegó cuando interpretaron “Wicked World” de Black Sabbath, tal como lo hicieron el día anterior en el show “Back to the Beginning” en Birmingham. Genios.

No daban respiro alguno, ni dejaban nada al azar.

Después de finalizar su set con “Raining Blood” y “Angel of Death”, quedó bastante claro que el regreso de Slayer a Londres fue triunfal y que, de hecho, siguen reinando.

Slayer continúa en una forma espectacular desde su reunión y, definitivamente, les queda cuerda para rato. Por nuestra parte, esperamos seguir disfrutando de ellos por mucho tiempo más.

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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