Festival: Sun & Thunder Fest
Lugar: Recinto de Marenostrum Fuengirola – Málaga – 17,18 y 19 de julio de 2025
Texto: Adriano H. Pinelo / Marta Grimaldi
Fotos: Marta Grimaldi / Aitana Bofill
El Festival andaluz más esperado
En pleno verano, cuando el aire quema y la piedra del castillo Sohail de Fuengirola pide tregua al sol, de repente el ambiente cambia. Llega Sun & Thunder 2025. Al fin alguien se atreve a traer de vuelta un festival a nuestra tierra, a nuestra Andalucía, aunque sea en un formato más modesto que los grandes nombres de otros lugares, y sí, con alguna que otra carencia. Pero, la verdad, ¿quién se va a poner a quejarse? Había ganas—muchas—de tener esto aquí, en nuestra playa, en nuestro sitio. Y el primer día, lo hemos vivido como si fuera un regalo caído del cielo.
Docka Pussel
Abrir un festival nunca es fácil, y menos cuando te toca subir la cuesta del Castillo Sohail a las tres de la tarde, buscando sombra como si fuera oro. Marenostrum tiene dos escenarios, uno mirando al mar y otro arriba, en el centro del Castillo, así que los horarios de las bandas te obligan a correr parriba y pabajo por esa cuesta si no quieres perderte nada. Pero cuando el inicio queda en manos de Docka Pussel, la cosa cambia. Son de esos grupos que parecen demasiado grandes para abrir y demasiado redondos para dejarlos más tarde. Con temas como “Blood” y “November”, supieron poner las pilas al público que aún se estaba acomodando recién llegado al festival. Vibraban con ellos hasta los muros del castillo, y para cuando soltaron “Mother Storm”, ya nadie tenía dudas de que habian acertado en acudir temprano a la jornada.
Astray Valley
Tras la apertura del festival por parte de los hispalenses Docka Pussel, sería el turno de Astray Valley. Venidos de tierras barcelonesas, nos obsequiaron con su Metalcore bien construido y lleno de matices.
Tras varios cambios en su formación, parece que por fin los de Barna van asentando la misma, para pasar a ser un cuarteto cerrado por el bajista Umbra Hatzler. Aún así el protagonismo recayó casi por entero sobre su vocalista, Clau Violette, quien no paraba de animar a los asistentes que se atrevieron a enfrentarse a un sol que coronaba el festival.

Voces melodiosas alternando con gutural fueron sucediéndose durante cuarenta minutos. No pudieron faltar la pegadiza «Pray For The Devil», «The Hunger» y «The Storm», de su álbum Midnight Sun (2023), o «Synthetic Heart», último single salido este mismo año. El bolo terminaría con «Your Skin». Buen arranque de festival con bandas potentes que se dejan la piel sobre el escenario.
Breed 77
El mestizaje musical tiene nombre propio y, esa tarde, volvió a ser Breed 77. Con la sombra escasa y el público repartido entre los dos escenarios, los británicos-gibraltareños salieron a romper cualquier idea preconcebida. Si alguien dudaba de eso del flamenco metal, solo hizo falta escucharles atacar con “Petroleo” para notar el golpe. Guitarras eléctricas, acústicas, palmas y distorsión, todo lanzado al aire del lugar.
A pesar de que el jueves y el calor jugaban en contra, el grupo supo teñir el ambiente de esa pasión que arrastran con canciones como “A Matter of Time” y “The River”. No faltó “La Última Hora”, recibida con un aplauso agradecido que solo dan quienes sienten que una banda es parte de ellos.
Soldier
El Thrash Metal de la vieja escuela corrió a cargo de los asturianos Soldier.
Con claras influencias de Megadeth o Pantera, por citar algunas de sus bandas de cabecera, el quinteto pisó el escenario como una apisonadora sin frenos, arrancando con «Between Two Masters», de su álbum debut Gas Powered Jesús (2012), para continuar con «Corrupted (Sex In Prison)» (The Great Western Oligarchy, 2015).
Trallazo tras trallazo fueron desgranando los ocho temas de tiempo de los que disponían, con Phil sin parar de moverse de un lado a otro y Pei García machacando el bajo con todas sus ganas.
«Theory Of Nothing» (The Great Western Oligarchy, 2015) «Straight To Valhalla», de su último lanzamiento, The Sleeping Of Reasin, de 2018, o «Destroyers», donde se remontan al primero, al igual que «Revolt», con la que darían por cerrado un show endiablado, donde estos soldados no dieron tregua al enemigo.
Jelusick

La tarde avanzaba, y aparecieron los carismáticos Jelusick. Abrieron su concierto con una mezcla entre la elegancia del rock progresivo y el músculo del hard rock. Tenían algunos problemas de sonido, pero no fueron los únicos del evento que tuvo algún que otro acople travieso.
Hicieron un despliegue instrumental, alternando fuerza bruta y delicadeza, mientras la guitarra peleaba su propio protagonismo en la mezcla. El público estaba increíblemente entregado a la selección de grandes temas elegidos para esta ocasión. Si alguien vino a subir la temperatura con su presencia, está claro que eran estos músicos. La voz de Dino brilló dominando las tablas, mientras el resto de los chicos mostraba su virtuosismo sin reserva alguna.
Es de esas bandas jóvenes, con las que todos tuvimos la sensación de estar viendo a un grupo que muy pronto será demasiado grande para este tipo de escenarios.
Dragonfly
Con un implacable sol que no nos permitía disfrutar de los bolos como nos hubiese gustado, y una ausencia de carpas casi total que hacía que la gente se amontonara donde pudiera en busca de algo de sombra que le diera un respiro, se presentó el cuarto grupo que pisaba el Thunder Stage en esta jornada de jueves.
Dragonfly cambió de tercio con su Power Metal Melódico, dando algo de tregua a la intensidad vivida hasta ese momento. Como una banda con la solera que te concede el tener en la calle más de media docena de títulos, el grupo sonaba verdaderamente compacto, con una batería de lo más contundente que marcaba el ritmo con total autoridad.
Grandes temas, como «Sólo Depende De Ti», de su álbum debut, Domine, 2006, con la que abrieron, pasando por «Soy» (Génesis, 2017), «Ángeles Con Una Sola Ala» (Alma Irae, 2008), o «El Peso Del Mundo» y «Vuela Conmigo», de su cuarto lanzamiento, Atlas (2013), sirvieron para hacer un repaso a su extensa trayectoria entre coros de los asistentes más valientes que allí se congregaron, para terminar despidiéndose con «No lo verán caer» (Alma Irae, 2008). Todo un derroche de virtuosismo y contundencia a partes iguales.
Omnium Gatherum
Me encantó la brutalidad y la elegancia de Omnium Gatherum. Solo la intro, “Louto”, ya fue como abrir la puerta a otra dimensión.
Arrancaron con “Slasher”, y una avalancha de riffs y melodías acariciaban el oleaje de la playa. Jukka Pelkonen, el frontman, parecía una tormenta nórdica con patas, saltaba, posaba y lanzaba simpáticos mensajes . Su gutural suena a caverna, pero nunca se pierde entre las guitarras y el piano, e hizo temblar hasta a los más tranquilos del fondo. Vamos, en general, a estos no los paraba ni el calor de nuestra Andalucía
La banda firmó un setlist para enmarcar, con el público a sus pies. Omnium Gatherum dejaron el escenario con esa sensación rara de que algo brutalmente bello acababa de suceder.
Mind Driller
Al fin comenzaba a caer el sol tras el escenario cuando salieron los bizarros y visualmente indescriptibles Mind Driller, con algo de retraso debido a problemas técnicos. Es cierto que había escuchado que su directo no deja indiferente a nadie. Y debo reconocer que es así al 100%.
Los tres vocalistas, con muy diferentes registros, le conceden a la banda una libertad de movimientos que los hacen impredecibles sobre el escenario. Si a ello le sumamos el potente Metal Industrial que desarrollan, con ritmos machacantes y bases electrónicas en primer plano, espectáculo, fuerza y diversión están garantizados.
Gestos obscenos y provocadores no cesarían durante todo el show. Calentando el ambiente y haciendo que los asistentes no parasen de mover sus cabezas.
Comenzaron tirando de su último álbum The Void (2024), con «Game Over» y «Armour», de donde saldría más de la mitad de su repertorio, pasando por “Insanity”, con una base electrónica arrolladora, para terminar con «Rotten» (Involution, 2019) y «The Fallout». En definitiva, un grupo que, te guste o no, deberías ver en directo al menos una vez en la vida.
Dry River
A veces un festival necesita un punto y aparte. Así apareció Dry River, encaramados en las alturas del castillo, como si fueran los dueños secretos del aire. Cada gesto y cada palabra de Ángel al micrófono parecen calculados para arrancar sonrisas y hasta alguna lágrima a quienes saben escuchar.
No hay manera humana de que suenen mal; es como si el escenario los entendiera y se plegara a su favor. Técnicos hasta el extremo, precisos pero nunca fríos, Dry River se las arregla para que el público se sienta dentro de un pequeño espectáculo privado, uno de esos lujos que solo suceden de vez en cuando en los festivales.
Ángel, siempre cercano, invita a convertir las alturas del castillo en una pequeña fiesta, celebrando juntos ese “infierno” particular, mientras más abajo otras tormentas metálicas se preparaban para Kreator.
Tienes que ver en directo a esta banda si aún no lo has hecho, y sí, que lo sepan, estamos esperando disco nuevo.

Kreator
A las 20:30h en punto, en el Sun Stage, comenzaría el espectáculo más esperado de la jornada.
El telón inicial de los teutones Kreator cayó y nos permitió ver un escenario espectacularmente decorado para la matanza que se desarrollaría durante los siguientes 90 minutos. Sendos demonios custodiaban los flancos del escenario, mientras que un Violent Mind imponente ocupaba la parte central del mismo, abrazando con fuerza la batería, callada por el momento.
Si bien el setlist no nos mostró demasiadas sorpresas, desde mi punto de vista tampoco hacía falta. Comenzaron con “The Patriarch”, seguida de “Violent Revolution”, de su disco homónimo (2001), para continuar con clásicos que hacían las delicias de la horda de fans que se congregaron para corear sus temas. Cientos de camisetas de Kreator se veían por doquier. Saltos, cuernos y pogos estallaron desde los primeros acordes del “Enemy Of God” (2005), una de los primeros temas del concierto, o “People Of The Lie” (Coma Of Souls, 1990). “Hate Über Alles” (2022) aparecería en el ecuador de la noche, con la portada de su último lanzamiento decorando el fondo del escenario.
La pirotecnia no paraba ni un momento, subiendo en fracción de segundos la temperatura de un recinto ya de por sí recalentado por el sol del mediodía, y acompañando visualmente a los grandes éxitos de la banda alemana.
“Phobia” (Outcast, 1997) desató la locura entre los asistentes, con un Mille Petrozza enloquecido que no se concedió un respiro en toda la actuación. “Extreme Agression” (1989) y “Satan Is Real” (Gods Of Violence, 2017) también fueron fuertemente coreadas, para terminar con la imprescindible “Pleasure To Kill” (1986).
Nos entregaron espectáculo visual y musical de lo más completo, que nos dejó muy buen sabor de boca y con ganas de repetir.
Paradise Lost
De repente cambió el aire, Paradise Lost subieron al escenario como una brisa inesperada, fresca pero cargada, de esas que solo se siente con ellos. Su propuesta sumergió al público en una atmósfera tan densa como envolvente, donde el gótico y el doom bailaban lento bajo la luna.
Nick Holmes, con esa voz suya que parece arrastrar historias viejas y promesas rotas, consiguió que hasta los más reticentes acabaran atrapados en el hechizo. La banda manejó guitarras etéreas, una base rítmica palpitante y un magnetismo oscuro que iba creciendo con temas de su esplendida discografía como «Say Just Words» y «Ghosts».
El público entró en el trance, celebrando cada pista del repertorio, y cuando parecía que el clímax ya estaba dado, sorprendieron con una versión tan especial que incluso los más incrédulos dejaron caer las defensas y se entregaron al momento, «Smalltown Boy» (Bronski Beat).
Y así nos dejaron, sumergidos en su oscuridad…
Myrkur
Pasadas las 10 de la noche ya estábamos de vuelta en el Thunder Stage, por tercera vez ese mismo día, y aún a riesgo de nuestra salud, para poder disfrutar de la actuación de Amalie Bruun, al frente de Myrkur, banda danesa que practica un tipo de Black Metal Atmosférico con tintes de folk nórdico.
Los asistentes la esperaban con ganas, y en cuestión de dos canciones ya se sentía en el ambiente la densidad de los bosques escandinavos, la bruma y la oscuridad. La voz melodiosa de Amelie nos cautivaba, atrayéndonos a las profundidades de sus pensamientos, para hacernos despertar de cuando en cuando y volver a sumergirnos en ellos.
Apenas una hora de actuación en la que repasó a conciencia su último lanzamiento, Spine (2023), con temas como “Like Human”, “Mothlike”, “Valkyriernes Sang”, “Devil In The Detail”, y la propia “Spine”, pero donde no pudieron faltar clásicos como “Leaves Of Yggdrasil”, de su álbum Folkesange, de 2020, la emotiva “Odin Sang” (2023) o la potente “Ulvinde” (Mareridt, 2017), que sirvió como colofón a un sueño del que nos hizo despertar gracias a la voz desgarrada más propia del Black Metal.
Myrkur nos concedió una catarsis en mitad de la tormenta de decibelios que estábamos viviendo hasta aquel momento.
Leo Jiménez

Leo Jiménez subió al escenario para dejar claro, una vez más, por qué es conocido como “la voz de acero”. Desde los primeros compases de “Desde niño”, cada frase y cada grito de Leo atravesaban el aire, la noche y el público —muchos, fieles desde los tiempos de Saratoga— que no tardó en alzar el puño, con las gargantas listas para corear hasta la última sílaba.
Cayeron canciones como “Volar”, de 037, y le prosiguieron auténticos cañonazos. La banda, sólida y compacta, supo arropar a Leo en cada giro. No faltaron los momentos de complicidad, con el artista animando, contando historias y agradeciendo con humildad el cariño recibido. Hubo espacio también para los temas de siempre, esos que han acompañado a toda una generación y que, en directo, ganan todavía más peso.
La honestidad brutal de Leo en cada interpretación, la manera en que se dirige al público y la pasión que pone en cada verso hacen que cada canción parezca escrita para cada uno de los presentes. Pura magia.
Samael
La jornada del jueves iba tocando a su fin, aunque aún habría tiempo de disfrutar de un par de bandas más. Este era el turno de los suizos Samael. Proyecto que comenzó siendo puro Black Metal, paulatinamente fue evolucionando hacia un sonido más suave, incorporando elementos electrónicos, para derivar en un grupo de Metal Industrial.
Como anécdota, me pareció extraño escuchar el sonido de la batería sin ver a nadie sentado frente a ella, pero es que Xy, teclista y programador de la banda, también se ocupa de la batería, por lo que esta está vacía la mayor parte del tiempo.
Sonidos duros, secos y rodeados de partes electrónicas es lo que nos encontramos en su directo. Canciones frías, llenas de fuerza y mucho volumen, se suceden una tras otra como una maquinaria bien engrasada que no deja de funcionar.
Tras la breve Intro comienzan su show con “Rain”, “Shining Kingdom” y “Angel’s Decay”, las tres extraídas de su álbum Passage (1996), para continuar con temas igual de contundentes, como “Slavocracy” (2007), “Jupiterian Vibe”, también del citado Passage, o “Ceremony Of Opposites” (Ceremony Of Opposites, 1994), para terminar con “My Saviour” (Passage, 1996), y así dar por concluida una actuación dura y fría, como lo es el Black Metal.
Eihwar
La llamada del norte llegó con Eihwar y su épica vikinga. Melodías paganas y coros guerreros transportaron a todos a tierras lejanas de lucha y hermandad. Fue una clausura en la parte del castillo,para una noche de jueves donde la variedad fue el gran triunfo.
Próximo reportaje del Festival con fotos exclusivas en nuestra revista física del mes de septiembre.
















