The Black Keys siguen dando con la tecla

Banda: The Black Keys
Lugar: Movistar Arena, Madrid – 13 de septiembre de 2026
Texto y Fotos: Enrique Bernaola

La experiencia vuelve a ser un grado. Topicazo, sí. Pero realidad, también. Así, grosso modo, podría resumirse la visita de The Black Keys a Madrid. Porque cuando alguien lleva más de un cuarto de siglo sobre los escenarios se nota. Y mucho. Los de Ohio lo demostraron con creces en un Movistar Arena que presentó una buena entrada, aunque no completa.

Cerca de 11.000 personas acudieron a la obligada cita del ya legendario dueto. Y, buena parte de ellos, fue a lo que fue: escuchar las cuatro o cinco canciones que han escuchado hasta la saciedad pero que siempre gusta de oírlas en vivo. Muchos, como el que escribe estas líneas, seguro que estuvieron en su última visita a la capital, allá por 2012. El escenario era el mismo, pero las sensaciones muy diferentes.

Porque en 2026, ya con 14 álbumes de estudio, Dan Auerbach (vocalista, guitarrista) y Patrick Carney (batería), las tablas no son las mismas. Pero tampoco la ilusión, el hambre, el ímpetu. Hace 14 años se comían el mundo. Era su época dorada. Acababan de sacar su mejor trabajo, El Camino (2011). Y eso que venían de Brothers (2010), otra de sus mejores obras. Y aquí es cuando viene el segundo topicazo: cualquier tiempo pasado fue mejor.

Es normal, nada que achacar en este sentido. Es difícil, por no decir imposible, mantener ese nivel. Volvemos a la experiencia: sabes que esa época pasó, pero no te importa. Eres consciente. Este genial dúo de músicos dio buena muestra de ello. No en vano, de los 18 temas que sonaron, ocho fueron de esos dos trabajos. Sabían que la gente quería eso, y eso le dieron. Fue tan evidente que, en la mayoría del resto de temas, el público apenas se movía pese al genial sonido de una banda ya muy trabajada.

Arrancaron con «I Got Mine», justo donde lo dejaron en 2012, aunque ahora acompañados de más músicos, lo que hizo la experiencia mucho más redonda. Blues-rock del bueno. Siguieron con «Fever», dedicatoria a Robert Finley, el músico de la América profunda que los precedió y que los tiene encandilados, y ya soltaron «Gold on the Ceiling», primer tema estrella de la noche.

Hubo tiempo también para versionar a grandes referentes. La primera, a Richard Berry & the Pharaohs con «Have Love Will Travel». Frialdad con «Just Couldn’t Tie Me Down» (juraría que pocos la conocían) y leve remontada con «Next Girl» y «Lo-Hi». Pero la pasividad del público se sincronizaba con la de Auerbach, muy parco en palabras pese a su guiño a nuestro país portando una camiseta de la selección española. Con «Everlasting Light», tocada algo más pausada, quisieron intimar un poco con la gente con su característica bola de cristal.

Y, por fin, llegó otro clásico que reconoció la audiencia: «Howlin’ for You». Gran remontada con la gente animándose con los coros. Era una de las que venían a oír y no defraudó. Le siguió «Wild Child», un tema de su álbum Dropout Boogie (2022) y que cuenta con un divertido riff y que merece ser más valorado. Con «Man on a Mission» el guitarrista se gustó con un genial solo que fue bien recibido. Pero más disfrutable fue lo que vino después: «Weight of Love» con su arranque de guitarra acústica y su espíritu Pink Floyd, que inundó todo el pabellón antes de terminar con un genial solo de guitarra a lo Led Zeppelin. Uno de los momentos más mágicos de la velada.

Los de Ohio quisieron valorar su último trabajo Peaches! tocando «Where There’s Smoke, There’s Fire», una versión de un tema de Willie Griffin, algo que volvió a poner fríos a todos pese a la clase magistral con el Hammond a lo Ray Manzarek con The Doors. Es por eso que fue tan necesaria la siguiente, «Tighten Up», que ya sí era reconocible para el gran público. Algo similar a lo que sucedió en la siguiente versión: «I Wanna Be Your Dog», de los The Stooges.

Se fueron con «She’s Long Gone», que fue de menos a más. Luces apagadas y principio del fin. Todos esperando una nueva salida, que se hizo rogar. Por momentos dio la sensación de que dudaban si salir, porque el concierto había estado bien, pero quizás esperaban más efusividad. Y la tuvieron porque sabían cómo ganársela. «Little Black Submarines» y «Lonely Boy», dos de sus temas estrellas de El Camino. La primera, con Auerbach pidiendo luces de móvil al público para hacer más especial el tema, y el segundo, la explosión con el clásico entre los clásicos. Sin embargo, al subidón le siguió el bajón. Porque fueron solo dos bises y lo que es peor: la sensación de que fue por cumplir expediente. Por contentar a todos. Pero algunos nos quedamos con ganas de más.

By Enrique Bernaola

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