Bandas: The Darkness – Dea Matrona
Lugar: Sala La Riviera, Madrid – 22 de octubre de 2025
Texto y Fotos: Raúl Blanco
Una noche para celebrar el rock sin complejos

La Sala La Riviera de Madrid se convirtió en el templo del rock and roll más desvergonzado con el regreso de The Darkness, que presentaron su nuevo trabajo Dreams on Toast en una cita donde el humor, la técnica y el espectáculo volvieron a caminar de la mano. Dos décadas después de irrumpir con Permission to Land, los hermanos Justin y Dan Hawkins demostraron que su fórmula, entre lo grandilocuente y lo autoparódico, sigue funcionando cuando el escenario les pertenece.
La velada comenzó con Dea Matrona, dúo irlandés formado por Mollie McGinn y Orlaith Forsythe, que ofreció un set de rock clásico con aroma setentero. Con influencias evidentes de su irlanda natal, las de Belfast desplegaron un sonido pulido, riffs contagiosos y actitud natural. Sin grandes alardes, consiguieron calentar el ambiente con un repertorio que combinó energía juvenil y respeto por las raíces.
Poco después, las luces bajaron y The Darkness irrumpieron entre vítores con “Rock And Roll Party Cowboy”, una entrada arrolladora que dejó claro el tono de la noche. Sin pausa, la banda enlazó “Growing On Me” y “Get Your Hands Off My Woman”, dos clásicos que transformaron La Riviera en una auténtica celebración colectiva. Justin Hawkins, siempre el epicentro del espectáculo, alternó acrobacias imposibles, solos incendiarios y una colección de falsetes que siguen desafiando la lógica vocal. Su carisma, mitad frontman virtuoso, mitad showman cómico, mantuvo el pulso del concierto desde el primer minuto.



El repertorio se movió con soltura entre los nuevos temas de Dreams on Toast como “Mortal Dread” o “Walking Through Fire” y los himnos que cimentaron su fama, caso de “Love Is Only A Feeling” o “Givin’ Up”. En uno de los momentos más espontáneos de la noche, Hawkins pidió al público que dejara los móviles y disfrutara del presente, reforzando esa sensación de vieja escuela que siempre ha acompañado a la banda.
El batería Rufus Tiger Taylor protagonizó uno de los instantes más curiosos al tomar el micrófono para cantar “My Only”. A continuación, llegó la siempre inesperada versión de “The Power Of Love” reinterpretada con ironía por Justin, que la llevó al terreno del glam rock sin perder ni un gramo de teatralidad. El tramo final elevó la temperatura con “Friday Night”, “The Longest Kiss” y una potente “Japanese Prisoner Of Love”. Cada tema fue una excusa para nuevos saltos, bromas y solos de guitarra que demostraron que, aunque el grupo ya no sorprende como en sus primeros años, sigue poseyendo un magnetismo escénico que pocas bandas contemporáneas pueden igualar.
El punto culminante llegó, cómo no, con “I Believe In A Thing Called Love”, su tema insignia, que convirtió el lugar en un karaoke eufórico. Tras una breve retirada, el grupo regresó con una americana brillante y una dosis extra de desenfreno para cerrar con “I Hate Myself (For Loving You)”, en la que Justin Hawkins llevó su histrionismo al límite, entre poses imposibles y sonrisas cómplices. En poco más de hora y media, The Darkness ofrecieron un espectáculo tan irregular como irresistible. Hubo virtuosismo, exceso, humor y algún desliz, pero también un compromiso absoluto con la diversión y la puesta en escena. Puede que la ingenuidad de sus inicios haya quedado atrás, pero su espíritu sigue intacto: el de una banda que cree, y hace creer, que el rock and roll todavía puede ser un juego grandioso, ruidoso y profundamente liberador.



















