Banda: Armored Saint – WA.S.P.
Lugar: Eventim Apollo, Londres – 28 de septiembre de 2025
Fotos: Jesús Figueirido
Texto: Emilio Ortega
Más de 5 mil fieles seguidores se dieron cita en el Eventim Apollo de Hammersmith en Londres en este domingo 28 de septiembre, ya otoñal, con amenazas de lluvia durante todo el día, para conmemorar la gira mundial de W.A.S.P. – The Album ONE Alive!
Con la banda celebrando más de 40 años de su disco debut homónimo (1984), ya de por sí un hito, no es común que un grupo de esta magnitud, con más de cuatro décadas a sus espaldas, se aventure en una gira para tocar íntegramente el álbum que los lanzó al estrellato. Para mí fue como viajar de nuevo al pasado, una promesa de una noche entrañablemente nostálgica que me devolvía a mi adolescencia, al igual que a muchos veteranos del público.
Armored Saint

Armored Saint asumió el rol de invitado especial, dejando claro una vez más por qué son vistos como una de las bandas más firmes y queridas del heavy metal americano, aunque nunca lograran el éxito comercial de muchos de sus pares.
Desde el momento en que subieron al escenario, el combo de Los Ángeles, liderado por el carismático y potente cantante John Bush, se apoderó del escenario contagiándonos buen rollo, interactuando en todo momento con un público que estaba ansioso por el Metal clásico. El sonido de la banda fue impecable, puro, nítido y sin adulterar.
La legendaria formación reunió a Joey Vera en el bajo, a los hermanos Sandoval —Gonzo comandando la batería y Phil la guitarra— junto a Jeff Duncan. Lejos de las rutinas de otras bandas veteranas, Armored Saint irradia una vitalidad pura y real, imponiéndose como una potencia indomable.
Comenzaron con su famosa “March Of The Saint”, himno habitual y grandioso, e incluyeron temas de su época dorada “Long Before I Die”, “Can U Deliver” y temas fuertes de su material más nuevo, “Standing on the Shoulders of Giants”, y terminaron con la contundente “Reign Of Fire”, manteniendo un equilibrio perfecto entre pasado y presente.
Sin duda alguna, John Bush sigue siendo una de las voces más dinámicas y robustas del género, manteniendo una conexión constante con la audiencia, incluso saliendo del escenario para cantar desde los bordes y las áreas cercanas al foso del público.
Hubo un momento en que sintió mucha frustración por problemas técnicos del micrófono al no poder ser escuchado por la gente a partir del tercer tema, hasta que lo subsanaron instantes después. Exclamó que eso sólo podía significar una cosa: que toda la rabia contenida se enfocaría en completar el resto del bolo con más fuerza si cabe, y bien que lo ejecutó.
Armored Saint cumplió con creces su papel de teloneros y ofreció una actuación de 50 minutos con la calidad digna de cabeza de cartel, dejando al recinto completamente encendido y listo para recibir a W.A.S.P.
W.A.S.P.
Un receso de más de media hora para engalanar la tarima y poner los últimos toques para presenciar lo que todos estábamos deseando: la puesta en escena de los W.A.S.P. La banda, liderada por el icónico Blackie Lawless, iba a interpretar el primer disco de principio a fin en orden cronológico. El set estaba dominado por la imponente estructura del micrófono de Blackie, “Elvis”, lleno de cadenas y calaveras, y una atmósfera teatral aunque más enfocada en la música que en el Shock Rock de antaño. Pero una cosa era evidente: iba a ser un magnífico espectáculo y un gran ritual del heavy metal.

Desde antes de que la banda saliera a las tablas, el ambiente ya era eléctrico y, cuando todas las luces se apagaron, la banda sonora preconcierto, con fragmentos de “Anvil of Crom” y la inquietante “The End” de The Doors, ya creaba una tensión dramática. Cuando Blackie Lawless y sus integrantes de la banda irrumpieron en la tarima, la sala explotó y pudimos comprobar que, aunque la presencia de Lawless sigue siendo aplastante, domina el escenario con su gran experiencia.
La banda, con el guitarrista Doug Blair, el bajista Mike Duda y el increíble baterista Aquiles Priester, sonó como una máquina bien engrasada.
Todo empezó a rodar con su famosísima e inolvidable “I Wanna Be Somebody” para calentar motores, y la explosión inicial fue ensordecedora, transmitiendo toda esa energía eléctrica de la canción al público, que cantó al unísono cada palabra. Acto seguido, “L.O.V.E. Machine”, también súper conocida, con un estribillo pegadizo, encendió aún más a la audiencia. Uno a uno los temas iban cayendo, cuando “Sleeping (in the Fire)” rebajó la temperatura con esta gran balada, que hicieron extensa mostrando el virtuosismo del actual guitarrista y la faceta más melódica del grupo, sin perder un ápice de intensidad.
Llegó el momento de tocar “On Your Knees”, la canción por antonomasia con la que siempre abren todos sus conciertos, y estamparon una vez más su autoridad con una precisión sólida y contundente. Blackie tuvo momentos en los que se dirigió a nosotros explicando la idea de tocar todo el disco completo y, a la vez, que sería la última vez que lo harían, y que nos sintiéramos unos privilegiados por ello.
Acabaron con una de mis favoritas, “Tormentor”, con imágenes en pantalla del videoclip, y bajaron el telón con “The Torture Never Stops”, simplemente apoteósico. A pesar de las críticas sobre el uso de pistas de acompañamiento para algunas voces, la inconfundible voz de Blackie sonó fuerte y clara, aunque no tan afilada como en los 80; todavía tiene la potencia y rango para dar vida a las canciones.

Después de unos minutos de vítores para que aparecieran a tocar el bis, se encendieron las luces del escenario y sonó el intro de “Inside the Electric Circus”, y de nuevo saltaron a la tarima y nos ofrecieron un potente popurrí que incluyó fragmentos de canciones como “I Don’t Need No Doctor” y “Scream Until You Like It”, con imágenes expuestas en pantalla, manteniendo el ritmo frenético.
“Forever Free” fue el tema acústico para una vez más rebajar el tono, y acto seguido Blackie nos emplazó para que le ayudáramos con el siguiente tema, también con tintes acústicos y a capela: la canción “Wild Child”. Después del estribillo, la banda al unísono hizo tronar la canción al máximo volumen, siendo esta canción el punto álgido de la noche, conectando con el público, que cantó con todas sus fuerzas, moviendo la cabeza y levantando los puños al mismo tiempo.
Éxtasis total, y por última vez Blackie se dirigió a nosotros para recordar los tiempos que estamos viviendo, sobre todo por la falta de libertad de expresión, como les ocurrió a ellos hace 40 años con sus líricas. Nos pidió que nos despertemos y luchemos por nuestro derecho de expresión, y nos presentó la canción “Blind in Britain”, haciendo apología de “Blind in Texas”. El público enloqueció una vez más al ver una gran bandera del Union Jack de Gran Bretaña deslizarse y ondear detrás del escenario.
El cierre perfecto: una celebración de Heavy Metal puro y clásico que dejó a todos satisfechos.
La formación actual, aunque diferente a la original, demostró una cohesión y una energía dignas del nombre que representan, y Blackie Lawless sigue siendo un líder carismático que sabe cómo dirigir la orquesta. Para los fans de toda la vida, fue un viaje al pasado directo al corazón con una producción sólida y un sonido impresionante. Para los neófitos, fue una lección de historia viva del Heavy Metal en directo.
El circo de W.A.S.P. sigue en marcha y, a juzgar por este magnífico concierto, todavía tienen mucha cuerda que ofrecer.





















