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Winters Bane – Heart Of A Killer

Discográfica: 

Massacre Records

 

Fecha de edición:

1993 (sin más detalle)

 

Componentes:

Tim Owens – Voz
Lou St. Paul – Guitarra
Dennis Hayes – Bajo
Terry Salem – Batería

Un día estaba echando un vistazo en una tienda de discos de barrio, en Valladolid, y me encontré con este artefacto. Y a precio de serie media! Ni me lo pensé. Menuda compra fue aquella. Cuando me acuerdo de aquel día, muchos años después, recuerdo haberme sentido afortunado al encontrar ahí un disco como éste. Hoy sigo pensando lo mismo, con el añadido de ser consciente de que Heart Of A Killer debe ser un disco bastante difícil de encontrar. Me doy cuenta de que seguramente, el único motivo por el que este álbum estaba en esa tienda, un día de primavera de 1998 (el disco había salido cinco años antes), fue la hábil previsión del dueño de ésta, seguro de venderlo a algún fan de Judas Priest. Y es que el mítico grupo inglés vivía entonces una segunda juventud gracias a la reciente edición de Jugulator (1997), el potente disco de regreso de los de Birmingham tras la salida, unos años antes, de Rob Halford, y para esta etapa habían fichado a un joven y bastante desconocido prodigio vocal americano llamado Tim Owens, que venía de casa con el apodo de Ripper, por su pasión por la banda británica.

Esta misma persona era el cantante y principal reclamo (al menos en un principio) de Heart Of A Killer, el debut de Winters Bane, una más que competente banda de metal procedente de Akron, Ohio.

Lo que vino después del fichaje de Owens por Priest no tiene mucho que ver con Heart Of A Killer, pero lo cierto es que la popularidad de este hombre subió como la espuma. Judas Priest volvieron a estar arriba, antes de torpedear su propia leyenda con un disco tan infame como Demolition (2001), se estrenó en 2000 una película (entretenida, aunque llena de tópicos, y de la que los propios Priest llegaron a desvincularse) llamada Rock Star (vaya nombre), basada de manera un poco libre en la vida de Owens, y el propio cantante pasó del anonimato a estar entre las opciones como vocalista de un montón de artistas de renombre en el transcurso de los seis o siete años que duró su relación con Judas Priest.

Desde entonces, Owens ha estado metido en un montón de proyectos y la inmensa mayoría de ellos se me escapan, pero puedo decir con seguridad que de todos los discos que he escuchado con él al frente, algunos de ellos obra de artistas más que populares y exitosos como los propios Priest, Iced Earth, Yngwie Malmsteem o los actuales KK’s Priest, Heart Of A Killer es mi preferido de todos. No voy a perder el tiempo hablando de la ya mencionada atrocidad (y no creo que por culpa del cantante, precisamente) que es Demolition, un experimento fallido que seguramente precipitó el final de la colaboración entre Owens y Priest, pero lo que he escuchado de KK’s Priest, aún previsible y todo eso, está bien, y un disco como The Glorious Burden (2004) de Iced Earth lo mismo. Por no hablar de Jugulator, que quizás no haya envejecido de la mejor manera, pero que es un bastante buen disco que en su día me encantó. Pues bien, objetivamente hablando, ninguno de ellos puede acercarse al nivel de genialidad de este debut de Winters Bane, un grupo sin mucha más historia posterior, pero con un potencial increíble si tenemos en cuenta este álbum.

La información relativa a la creación del disco es escasa, pero parece ser que se grabó en Alemania, con producción de un señor llamado Torsten Hartmann, y es, aunque no en su totalidad, un disco conceptual. Discos de este tipo hay a montones, pero no han de ser muy habituales aquellos que dediquen sólo unas pocas canciones, en vez de todas ellas, a la narrativa en cuestión (me viene a la cabeza Fatal Portrait, el debut de King Diamond en 1986 y ninguno más, la verdad). En el disco de Winters Bane, las seis primeras canciones cuentan la historia del juez Cohegan, un juez que sentencia a morir a un criminal. Antes de la ejecución, el reo se deshace de los guardias e intenta asesinar a Cohegan, hasta que es finalmente abatido. Poco después, el juez ha de someterse a una operación para que le sea trasplantado un nuevo corazón y el donante resulta ser el personaje al que él sentenció a muerte. De esto trata la portada, del famoso Andreas Marschall, aunque como curiosidad hay que decir que ésta contiene un error, ya que el nombre del juez se puede ver mal escrito (Cohagen) en un recorte de periódico.

En cuanto al estilo musical del combo americano, Winters Bane suelen caer en el inmenso cajón de sastre que es el power metal, pero como es habitual en lo referente a este estilo al otro lado del charco, éste tiene mucho más que ver con el thrash metal que en Europa. De esta manera, el antiguo grupo de Owens emparenta de manera más cercana (salvando también ciertas distancias) con otras bandas americanas del estilo, como los ya mencionados Iced Earth, Sanctuary o incluso un grupo como Metal Church, que con casi cualquier estandarte europeo que pueda venir a la cabeza. De hecho, recuerdo que el disco venía con una pegatina de la discográfica con la leyenda Power / Speed / Thrash from Ohio como reclamo.

De todas formas, y como también suele ser más que habitual en el metal tradicional, toda esta música viene de donde viene, y el disco no deja de ser también el enésimo ejercicio de idolatría hacia Judas Priest. No hay más que escuchar el abrumador poderío vocal del cantante, y me atrevo a decir que un disco como el famosísimo Painkiller es el espejo más obvio en el que Winters Bane se miraron a la hora de escribir Heart Of A Killer.

Antes mencioné que Owens era el reclamo obvio del disco, al menos tras su entrada en Priest, y con razón. Casi nadie puede sustituir a Rob Halford y queda claro por qué fue él el elegido. Pero hay mucho más, ya que si bien la labor de Dennis Hayes al bajo no es lo más destacable del conjunto, lo de la guitarra y la batería es otro tema, y a pesar de no ser un entendido en estas cuestiones, me sorprende que músicos como Lou St. Paul y Terry Salem no hayan llegado a ser mucho más populares y relevantes. El tono del primero es espectacular, y el guitarrista parece tener un arsenal de recursos bastante amplio, además de un tremendo buen gusto a la hora de usarlos. Un fiera. Salem no le va a la zaga, y lejos de abrumar al oyente con el típico sonido de doble bombo a piñón fijo y en plan metralleta (tampoco se trata de un disco excesivamente veloz), hace uso de su instrumento de una manera mucho más sutil, dejando respirar a su kit, pero sin olvidarse de dejar continuos detalles con los pies. Un montón de variedad en este sentido y un más que obvio parecido (o eso me parece a mí) con el trabajo del gran Scott Travis en el ya mencionado Painkiller.

“Wages Of Sin” inicia el álbum y la trama sobre Cohegan con cierta intriga, digna de la historia a contar, gracias al sonido de la lluvia y a la misteriosa narración de Owens sobre una guitarra limpia y una sencilla percusión. Este tema acaba siendo el más largo del disco, pero sólo gracias a ese minuto y medio extra del comienzo. Una vez que la canción empieza de verdad, sabemos de qué va a ir el disco, musicalmente hablando: el cantante se presenta con un grito imponente, antes incluso de empezar a cantar, y St. Paul muestra en un solo tema riffs suficientes como para llenar medio disco, además de un solo bastante largo, pero muy destacable, con esos detalles del batería de los que hablé antes y que me son difíciles de explicar sin escucharlos a la vez. El tema narra los momentos previos a la ejecución, aunque se da a entender que el reo podría no ser culpable, lo que resulta contradictorio con el resto de la trama. “Blink Of An Eye” es algo más rápida y cuenta el momento en el que el juez se persona para ver la ejecución y el reo se escapa y le ataca. Los guardias acaban con éste cuando estaba intentando estrangular a Cohegan, pero el ya de por sí débil corazón del juez sucumbe a la tensión. El comienzo es muy dramático y me encanta, pero el resto de la canción no hace más que mejorar, sobre todo en su segunda parte, tras un temprano solo de guitarra y más tensión en aumento, hasta que termina igual que comenzó. Owens sabe de su habilidad para hacer lo que quiera con su voz, pero opta por no abusar de nuestra paciencia con demostraciones innecesarias, e incluso cuando se sale de lo habitual para dejar claro el primer punto (gritos, algo de falsete, etc), lo hace de una forma que no llama la atención para mal.

La señal de un encefalograma plano y el genial riff de “Heart Of A Killer” dan paso al capítulo en el que se cuenta la operación de Cohegan, a través de lo que parece ser una conversación entre los propios médicos. Se trata de una canción bastante sobria en la que el esperado solo es sustituido por un largo y mucho más melódico final, cambiando así el tema totalmente de tercio. Cohegan admite sentirse distinto y lo que se escucha al final es un corazón latiendo. Un riff aún mejor introduce la genial “Horror Glances”, un tema que juega con distintos cambios de ritmo y que puede ser lo mejor del disco hasta el momento. Mención especial para el hipnótico y siniestro estribillo a dos voces recitado por Owens, hasta la llegada de la última frase, en la que se menciona el título de la canción. En la segunda estrofa, el cantante se demuestra totalmente desatado con unas notas altísimas al alcance de muy pocos. Cohegan, en primera persona, se da cuenta de lo que ha pasado, y puede revivir los crímenes cometidos por aquel cuyo corazón lleva él ahora dentro. El disco sube un poco más de nivel con la rápida y directa “The Silhouette”, que cuenta con un mayor protagonismo por parte de Hayes, ya cerca del final en la parte previa al solo. La locura se adueña de Cohegan, que en su delirio cree ver una sombra amenazante decidida a terminar con él. El juez decide defenderse con una pistola y tras disparar se da cuenta de que es su mujer la que yace muerta en el suelo.

“Reflections Within” termina la historia de manera algo más variada y progresiva, gracias a los teclados de un tal Gerhard Magin. Es el tema menos llamativo de la narración y puede que el que menos me guste de todo el disco, pero también me mola. Al igual que en “Wages Of Sin”, el tema empieza con una narración (Cohegan es declarado culpable por el asesinato de su señora), hasta que el riff principal se hace con el protagonismo replicando los momentos finales de la misma. Los teclados se dejan notar sólo como apoyo en ciertos momentos algo más melódicos en los que Owens simplemente habla. Por lo demás, más de lo mismo, aunque con más variedad. Cohegan pide perdón a su familia y se prepara para morir, esperando dejar atrás en la otra vida todos sus horribles recuerdos, derivados de los crímenes cometidos por el anterior dueño de su corazón. Pero por lo visto, uno relacionado con un asesinato cometido en una habitación llena de espejos (se habla de ello en “Horror Glances”) va a seguir acompañándolo. El principio de “Haunted House” me resulta un poco atropellado, pero todo mejora cuando la canción se asienta definitivamente. Es el tema más corto del disco y narra una historia de terror en cuyo estribillo Owens destroza su garganta casi literalmente. Pero no tanto como en “Night Shade”, que vuelve a empezar con una guitarra limpia y algo de teclado de fondo. Cuando esta parte termina aparece el resto del grupo y el cantante fuerza alguna de las palabras de manera brillante, pero el grito que pega cuando el tema acelera (if the bitch she feels the need) es totalmente apoteósico y digno de ser escuchado. No soy muy aficionado a excesos de este tipo, la verdad, pero esto es una barbaridad y no será la última demostración del estilo a encontrar en esta canción. La canción se toma un pequeño respiro y tras éste, será St. Paul quien tome el protagonismo con un solo espectacular, acompañado por un Salem brutal en las partes más veloces. La letra parece tratar sobre la llamada droga de las brujas, o Atropa Belladona (Deadly Nightshade), una planta venenosa que en la canción es utilizada por dichas brujas para sus crímenes. “Winters Bane” es un tema instrumental con distintas velocidades y otra gran demostración de St. Paul a la hora de ensamblar varios riffs distintos de manera exitosa. La parte en la que la canción frena no me llama tanto, pero al menos sirve de introducción para otro gran solo del guitarrista.

Y podría decir que incluso lo mejor queda para el final, ya que “Cleansing Mother” puede ser mi canción preferida del álbum. Se trata además, por momentos, de la canción más violenta y rápida del mismo, a pesar de que tiene otros ambientes e incluso el propio inicio no apunta en esa dirección. Podría tratarse de un mensaje ecológico el que se incluye en la letra, ya que se narra cómo la Naturaleza se toma la justicia por su mano, echando mano de todos sus recursos para acabar con la raza humana. St. Paul vuelve a brillar como solista y la batería parece apropiarse del papel que la propia Tierra tiene en la historia, destrozando todo a su paso.

Y hasta aquí llega este disco. La carrera del grupo no tendría mucho más recorrido, aunque lo que he escuchado del resto de su corta discográfica me ha gustado mucho (en especial el brutal Redivivus, con el que el grupo volvió en 2006, por supuesto sin su famoso ex cantante), pero lo cierto es que no sólo este primer disco es genial por sí mismo, si no que además es muy probable que sea una de las principales razones por las que Owens no ha dejado de trabajar con gente muy importante y ha terminado teniendo el cartel que hoy en día tiene.

Texto: Diego Torres Vicente

Temas:

1.Wages Of Sin
2.Blink Of An Eye
3.Heart Of A Killer
4.Horror Glances
5.The Silhouette
6.Reflections Within
7.Haunted House
8.Night Shade
9.Winters Bane
10.Cleansing Mother

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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