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Yuja Wang y la Mahler Chamber Orchestra mezclan vanguardia y clasicismo en un recital tan hermoso como desconcertante

Bandas: Yuja Wang y la Mahler Chamber Orchesta
Lugar: Palau de la Música Catalana, Barcelona – 14 de enero de 2026
Texto: Federico Navarro
Fotos: Mario Wurzburger

Poseo el don de la oportunidad, esas tremendas ganas de innovar, de ser el siempre el primero, el chulo de esa canción de Obús, de ser el que más. Pero mi ego es irrelevante, una triste máscara de carnaval al lado del talento de la pianista china Yuja Wang y la Mahler Chamber Orchesta que tocaron en el Palau de la Música Catalana de Barcelona el 14 de enero de 2026. Conviene recordar que la belleza y la acústica del recinto modernista construido por el arquitecto Lluis Domènech y Montaner son extraordinarias. Forma y contenido en perfecta armonía. 

Por eso ver a los miembros de la orquesta ocupar sus lugares y hacer que la Suite Pulcinella de Stravinsky (1882 – 1971) conquiste almas, tiempo y espacio no deja de estremecerle a uno. Bajo la batuta de Fabien Gabel, los músicos lograron que esta obra en la que el compositor ruso coqueteó con el barroco sonara tremendamente actual.

Tras finalizar las últimas notas, como si se tratara de una representación teatral, un piano acaba situándose en el centro de la sala. Entonces Yuja hace su aparición. Lleva un vestido negro a juego con el color de su cabello, pues siempre ha sido una enamorada del estilismo. Exhibe aplomo y seguridad; con solo treinta y ocho años tiene a crítica y afición rendidas a sus pies y lleva años sacando discos para la Deutsche Grammophon, la compañía de referencia en la música clásica.  Por eso sabe que es una estrella y, por lo tanto, tiene crédito para jugársela. Y es que el Concierto para piano y orquesta de György Ligeti (1923 – 2006) no es algo sencillo de interpretar ni de entender, algo que camina entre lo hipnótico y lo desconcertante. Me recuerda a aquella banda sonora de “El planeta de los simios” (1968) de Jerry Goldsmith, con ese suspense roto por una percusión que te sorprende cuando menos te lo esperas. No en vano, el húngaro Ligeti fue siempre un transgresor, algo que se traduce en que Stanley Kubrick eligiera varias de sus piezas para otro film clave en la ciencia ficción: “2001: Una odisea en el espacio” (1968).

Durante el intermedio uno debe ser rápido y las mesas de la cafetería se comparten entre el público que ha llenado hasta la bandera el Palau. Me siento en una de ellas pidiendo permiso a una señora mayor que ocupa una de las sillas. Agarrada al bolso da su consentimiento, pero aprovecha la ocasión para comentar la jugada: “¿qué te ha parecido?, ¡eso no es música!, ¡notas discordantes!”. Aquí me percato de que solo soy un paleto con delirios de grandeza y que esta mujer, que confiesa haber tocado el piano en sus años mozos, sabe de lo que habla. Algo atribulado contesto que quizás haber recurrido a Gershwin o Morricone hubiera sido una mejor opción. Al fin y al cabo son compositores cuyo repertorio suena a menudo en este lugar, cuya programación es tan heterogénea como exquisita. Una pareja añade que “es otro tipo de música, se debe entrar en ella, pero vale la pena”. Personalmente —que al fin y al cabo esto lo firma un servidor—, aplaudo el atrevimiento, una artista debe buscar las fronteras de la estética sin importarle el qué dirán.

La pausa es breve y la segunda parte discurre por otros derroteros: primero la orquesta acude a Mozart (1756 – 1791), cuya genialidad y frescura constituyen una absoluta garantía. Aquí no hay discusión posible. Los debates finalizan cuando piano e intérprete vuelven a ser el centro de atención. Wang, que ha diseñado su exitosa carrera de manera milimétrica, se ha cambiado de ropa y ha optado por el blanco. Sacude su media melena al saludar. Llega la hora de Frédéric Chopin (1810 – 1849) y su Concierto para piano número 1 en Mi menor opus 11. Es algo tan fascinante que aparco bolígrafo y libreta, cierro los ojos y me dejo llevar. Dedos y teclas caminan a una velocidad que huyen del exhibicionismo para buscar únicamente la hermosura. La pianista se detiene para dirigir a la orquesta en una imagen que congelo con las pocas neuronas que no han quedado cautivas. Y el concierto finaliza cuando hubiera deseado más, mucho más. Tras salir a saludar en varias ocasiones, no se concede ni un triste bis; la demostración de fuerza ha quedado ahí aunque un nocturno con ella sola al piano hubiera sido lo suyo. Pese a este pequeño reproche —uno es como Rosendo Mercado, es decir, algo loco por incordiar—, este ha sido uno de los recitales de los que se hablará durante mucho tiempo.

By Redacción Metal Hammer

Metal Hammer és una marca legendaria en toda Europa en cuanto a la difusión de la escena del hard rock y heavy metal. El primer número de la revista se editó en diciembre de 1987.

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