Una Tercera Jornada Plural y con Mimbres de Proeza
Fotos: Rubén Rosinos y Raúl Blanco
Redacción: Iñigo Ortuñez, Oscar Saro, Marta Grimaldi, J.A. Lux
Cumplir una década en el mundo de la música, provenga el hito del ámbito del que proceda dentro de esta disciplina, es todo un logro. ¡Qué se lo digan a estos indómitos zamoranos hace dos años cuando el reino de los cielos se les vino encima! Han gateado, se han erguido, han socializado y, de repente, te los encuentras de vuelta de su viaje Erasmus, más sabios, más astutos y más abiertos de mente que nunca. ¡Felicidades Z! Live Rock Fest! ¡A por otros dos lustros más al menos!
Hasta en las minorías de las horas comprometidas, se nota el aumento de gentío en lo que se antoja como todo un éxito, nuevamente, para el festival que más está superando expectativas año tras año. Sábado, inicio de temporada y temperaturas estivales, solamente pueden repercutir de forma positiva. Si además sumas un letrero con mayúsculas dispares y menos manoseadas que de costumbre, o al menos con más argumentos que en otras ocasiones, pues, ¡voilá! El reclamo magnifica la caza y el cesto se llena de presas. ¡Olé!
Opensight: El Reino Unido y su etiqueta de gala para la alfombra roja.
La “marcianada” inaugural la ponían los británicos Opensight con Iván David al frente a las voces y guitarra, habla en castellano en su primera cita por la piel del toro. Junto a él, Neil McLaughlin también a las seis cuerdas, Duncan Arkley al bajo y Redd Reddington a la batería, todos bien trajeados y con camisa roja, como utensilios de espionaje y ofensiva en su personal odisea cinematográfica traducida a pentagrama y envuelta en proyecciones de películas clásicas y de serie B a sus espaldas. El cuarteto que tiene más de bizarro que de “apto para todos los públicos” salió a convencer con su perfume “psycho” y la anarquía por montera. No dan puntada sin hilo y, como ya es por todos conocido que con este sol no se crea tanto misterio, ellos tiraron de desparpajo para cebarse de su esquizoide propuesta y convencer a los que no tenían rumbo fijo. Ese es el secreto, no me quito la chistera porque estos son capaces de sacar de ella un piano de cola. “Primitive Principle” y “Plot Twist” (singles editados en 2021), “Stained Remains” y “The Great Silence” (“Mondo Fiction”- 2022) o la final “Midnight Hunter” dedicada a los “Gremlins” se suceden tras haber presentado en “petit comité” piezas de su próximo disco.
Ankhara: O de cómo la proximidad abate más barreras que el virtuosismo. El buen vino siempre en mejora con el tiempo.
Los de Madrid están viviendo una segunda juventud desde que se labraran, allá por el año noventa y cinco de finales de ese milenio, una reputación más que merecida con su heavy clásico con guiños power y detalles progresivos. Les bastó con tres álbumes para ser llamados por doquier, pero, aunque su hiato inactivo se mantuvo durante unos años, su regreso discográfico hace un lustro y dos unidades les ha sentado francamente bien. La voz de Pacho Brea se mantiene distinguida, Alberto Marín y Cecilio Sánchez han perfeccionado la perfección de cada paso adelante, Dani Criado se ha adueñado de las líneas gruesas y Matías de Vallejo les ha dado más vida que la que nos ha robado el “conejo de Duracell”. Muy a mi pesar éste no les acompañó en esta cita, siendo sustituido por otro joven que ejerció de motor y del que, sinceramente desconozco su presencia. Sobre la escena se traduce en una banda que ha agrietado la barrica y le ha sacado todo el sabor noble a su sonido, esparciendo semillas de genialidad al timbre al que han acudido a refugiarse y regando, a éstas mismas, con la luminosidad del tejado con el que protegen su ímpetu. “Demasiado Tarde”, “Hasta el Fin” o “No mires atrás” (“Dueño del Tiempo”- 1999), “Acordes Mágicos” (“Sombras del Pasado”- 2003) o “Sigue en pie” (“Sinergia”- 2018), son muestras más que suficientes para saber qué y cuánto.
Dynazty: ¿Metal de nueva generación o una nueva generación metalera?, he ahí la cuestión.

Parece ser que había ganas de ver a los suecos que roturaban antaño los campos del hard rock, para abonarse desde hace más de diez vueltas al astro diurno, a un híbrido entre el power metal menos acelerado y el heavy moderno más contundente. ¡Estaba aquello hasta la bandera! Nils Molin aparte de cantar como le sale de ahí mismo, de sus pulmones, atrae magnéticamente con su presencia. Se nota que se ha tenido que trabajar su papel para Amaranthe y se crece sobre las tablas sin que ni Njord pueda soplarle. Cohesionados y con agallas, la maquinaria Egg – Magnusson – Lavér – Olsson, hace que su sonido macizo solicite atención desde cualquier punto cardinal desde donde te encuentres. No tienen tampoco mucho margen de frescura al estar todo demasiado encorsetado y programado, pero eso no les quita que gocemos con “temazos” como “The Human Paradox” (“Titanic Mass”- 2016) “In The Arms of a Devil” y “The Grey”(“Firesign”- 2018), “Waterfall”, “Presence of Mind” y “Heartless Madness” (“The Dark Delight”- 2020), la sentida “Yours” y la cañera “Natural Born Killers” (“Final Advent”- 2022). También presentaron su nuevo disco “Game of Faces” de 2025 con “Call of the Night” y el tema homónimo, dejando sin repercusión a sus primeras obras. Pena que se hayan pasado de frenada al querer interactuar en demasía con el respetable y hayan perdido demasiadas tornas al segundero con reclamos que no les pertenecen. Cuando a un bien le sigue un pero…
Rhapsody Of Fire: Hasta las islas encantadas tienen que pagar aranceles y atravesar aduanas para colar espadas de esmeralda. Demasiado croma en esta producción.
Cinematic metal lo llaman ellos, pero yo lo llamaría “prestidigitador metal”, me explico; si la mayoría de lo que suena en un show no se encuentra sobre el tablado, a los ojos de todos los espectadores, o es un truco digno de David Copperfield o, sin paños calientes, es el boceto actoral de una superproducción digital. Si ya malamente nos encaminamos con el cambio de nombre acaecido hace años por motivos legales y nos plantamos en la actualidad con un único miembro de la formación original, o eres un comercial de la hos… o tienes más morro que “Espinete”. Estamos en esa fase en la que nos sostenemos a duras penas con la nostalgia, pero no todo vale, no al menos para mí. Puedes tener una serie de versos escritos en la lengua raíz y después convertirlos en gesta de puño en ristre, pero si treinta años después damos pábulo a esta serie de pillajes desenmascarados sin sacudir la cabeza alrededor, ¿qué esperamos de nuestra música dentro de los próximos eclipses?
Alex Staropoli puede practicar el amor propio hasta la saciedad en casa, pero, ese abuso desde su baúl mágico de la orientación de la música me recuerda más a un “Dj” que a un escuadrón de penitentes, por mucho que sus compañeros lo secunden de forma más orgánica y, en sus roles, hasta de manera magistral (el guitarrista Roberto De Micheli hace que te caigas de culo con sus habilidades). Esto no me identifica y me siento fuera de lugar al ver a miles de personas enloquecer con aquellos estribillos de grano pajillero sin superar. Las más nuevas “Rain of Fury” y “Warrior Heart” (“The Eighth Mountain”- 2019), “I´ll Be Your Hero” (“I´ll Be Your Hero E.P.” – 2021) o “Challenge the Wind” (“Challenge The Wind”- 2024) evolucionan favorablemente, la vida es así. No obstante la apelación a los asistentes es respondida masivamente cuando se tira de pretérito como con “The Magic of the Wizard´s Dream y “Unholy Warcry” (“Symphony od Enchanted Lands II: The Dark Secret”- 2004) “The March of The Sword Master” (“Power of the Dagonflame”- 2002), “Dawn of Victory” (“Dawn of Victory”- 2000). Antes de obviar los créditos finales, nos piden su tradicional “wall of death” para ensordecer con el griterío global entonando “Emeral Sword” (“Symphony of Enchanted Lands”- 1998). ¡Mierda! Se me han caído las palomitas…
Gotthard – El talento de sobrevivir tras una sombra inabarcable sin perder el miedo al resplandor. Renace el mito bajo otro prisma y por encima de todas las dudas.

¡Sí!, ¡Es cierto! Los de Lugano, Suiza, tras la trágica pérdida del icónico Steve Lee nunca han podido competir contra sí mismos y, muchas veces, eso les ha puesto la zancadilla para contender con otros que han ganado peso por la inmediatez y que han arrollado un testamento sonoro, enmarcado en el olimpo de los dioses del rock para quien reposa la medicina. Ese que ostentan los del respetado y querido Leo Leoni. Nic Maeder tiene dos pelotas como dos balones baloncesto; se ha mantenido como “el otro” durante la friolera de trece años y, con nuevo disco bajo el brazo, “Stereo Crush”, todavía habrá quien lo considere de esta guisa. Yo no, ya no… ¡Pedazo de disco se han anotado! Coge distancia, despréndete de prejuicios y, finalmente, ¡GOZA! Sé que no es lo mismo, pero mira, te puedo decir que cada vez le falta menos para el casi…
Ahora, donde han de batirse el cobre es donde se reafirman en sus convicciones y ¡vaya si lo consiguen! Con un sonido tremendo al que yo le hubiere dado un par de puntos más hacia arriba y, como era de esperar, atendiendo a que la respuesta de los temas nuevos, frente a los grandes éxitos de los Gotthard de antes de 2010 es sustancialmente distante (no dejéis de escuchar su artefacto de 2025, en serio, ¡Cómo ha sonado “Burning Bridges”!), yo me cuestiono: ¿Frustante? Pues supongo que sí, pero nada tan irremediable como para que no te haga levitar cuando ves a miles de personas inhalar y exhalar la vida a través de ti y de tu catálogo. “Mountain Mama” (“Dial Hard”- 1994), “Top of the World” (“Human Zoo”- 1997), “Anytime, Anywhere” y “Lif U Up (“Lip Service”- 2005), la belleza de “Heaven” (“Homerun”- 2001) donde nos permiten cantar sus primeros compases y ser parte de la leyenda… Impresionante.
Curiosa es la forma que tenemos de interiorizar las cosas, ¿no? Con “Hush”, canción original de Joe South, redescubierta para el rock por Deep Purple y nuevamente retratada en el disco homónimo (“Gotthard” – 1992) de los anteriormente llamados Forsale allá por 1988, les hace llevarse la primera ovación de la noche. Ellos se manejan bien con toda esta parafernalia de “covers” y repiten con “Mighty Queen” creada por Bob Dylan e inmortalizada para nuestras huestes en el disco “G” de 1996. Acongojante. Los del Paso de San Gotardo han retoñado como pequeñas llamas desprendidas del Fénix absoluto, ahora es cuando debemos ayudarlos de veras, ellos no guardan rencor y quieren ser parte de la luz.
Lita Ford – Posiblemente la sexagenaria más genuina del ayer, el ahora y el mañana. Una diva que no vale por seis, ¿Hablábamos de igualdad? Faltan cinco mujeres como mínimo, tomemos nota.
Lita Rosanna Ford, nacida en Londres hace sesenta y seis primaveras, puede presumir de haber sobrevivido a su adolescencia “garajera” con The Runaways, de abrirse camino a base de codazos y poses “provocativas” en unos primeros años ochenta dominados por machos alfa desechables. También puede “fardar” de haber estado, en la segunda mitad de aquel decenario, protegida por la “capo” Sharon Osbourne y, a su vez, tener en plantilla para su lucimiento personal a, nada menos que Ozzy, Alice Cooper, Randy Castillo, Aldo Nova, Matt Bissonette o Jeff Scott Soto. Si nos ponemos un poco chismosos, “no es moco de pavo” el haber salido indemne tras verse emparejada con Chris Holmes (W.A.S.P.), Tommy Lee (Mötley Crüe) o Tony Iommi (Black Sabbath), para acabar en brazos de su verdadero amor, Jim Gillette, vocalista de Nitro. Como colofón y considerada una de las grandes guitarristas de nuestro rollo, ha superado los altibajos de la industria discográfica y se mantiene en activo cuando tiene nada que demostrarle a nadie. ¡Brau!

Sonando más heavy de lo que esperábamos de ella, con una banda más que ventajosa como es la compañía de Patrick Kennison (The Union Underground, 3 –Faced) a la guitarra, el inconmensurable Bobby Rock a la batería (Vinnie Vincent, Nelson, Gary Hoey) y el nuevo bajista desde 2022, el sueco/americano Marten Andersson (Steelheart, George Lynch, Lizzy Borden), la Ford, sin trampa ni cartón y con guitarras hasta de doble mástil, nos embobó de lo lindo, facturando una actuación totalmente de vieja escuela, sin artificios banales tras el cuarteto y con una ristra de canciones memorables. Tampoco tuvo el mejor “feedback” desde la mesa de control, pero eso no frena al músico de raza y desde su inicio con “Gotta Let Go” (“Dancing On the Edge”- 1984) ya constatamos que estamos ante un acontecimiento histórico, para algunos más que para otros. “Larger Than Life” y Playing With Fire” (“Dangerous Curves”- 1990), “Relentless” (“Living Like A Runaway”- 2012) y “Back to the Cave” (“Lita”- 1988), donde presenta a sus sección rítmica, alargando el tema y haciendo lo correspondiente con su “partenaire” a las del clavijero. Rock se luce y eso tenía que pasar sí o sí. Después toca volar a los años de desenfreno, sin pegas ¿eh? Con “Can´t Catch Me” (“Lita”).
La rubia se desboca y tira de recuerdo con la atemporal “Cherry Bomb” (“The Runaways”- 1976), el homenaje a los Sex Pistols con “Black Leather” (“Sex Pack”- 1983) y “Only Woman Bleed” tema de Alice Cooper y que ella integró, con su dulzura, en el emblemático “Stiletto” de 1990. Un tributo a una época que, de su propia pureza, parece que pronto damos por sentada y apartada. Para acabar, aquel “hit” que protagonizó junto al Madman, muy bien imitado por Kennison, “Close My Eyes Forever” y como colofón “Kiss Me Deadly” para reivindicar el cariño que se le profesa al “Lita” de 1988. Un ejemplo para la sociedad, donde la saciedad nos ha convertido en más tolerantes, eso no lo discuto, pero todavía debemos sacudirnos de encima demasiada hipocresía.
Sepultura: El final de cuarenta años de “chaos” relatado por el cincuenta por ciento de los protagonistas y, con la ausencia del alma completa.
Ellos no contaron con los mismos medios y ubicación para colarse entre los grandes de la música extrema y, a pesar de todo lo consiguieron. Cuarenta años después y tras haber desempeñado un papel decisivo en la evolución de género y de su propio árbol genealógico de cara al mundo entero, es una pena que digan adiós todavía enfrentados en dos bloques en los que, siendo sinceros, siempre tendrán las de ganar los hermanos Cavalera. “Cést la vie”, pero lo que sí que puedo aseverar es que me rindo ante el coraje que han mantenido Andreas Kisser y Paulo Jr. durante los años posteriores a la trágica ruptura y sobre todo por dar ellos el primer paso para que el desenlace aconteciera sin más drama. Con Derrick Greene, quien nunca ha podido suplir, a pesar de ser un solvente músico, la figura de Max Cavalera, y eso que ha formado parte de los de la tumba más años que el propio creador de la novela. Por último, y con todo el peso que ello conlleva en esta banda, el nuevo y sorprendente Greyson Nekrutman, un digno sustituto del todopoderoso Eloy Casagrande, hora de decir “Sayonara Baby”.
Probablemente dieron el concierto de su vida, o, para no pecar de pertinaz, el mejor de los que les he visto en las múltiples ocasiones en las que he unido mi ser a ellos. De entrada la triada de “Beneath The Remains” e “Inner Self” (“Beneath The Remains”- 1989) junto a “Desperate Cry” (“Arise”- 1991) a-c-o-j-o-n-a. Después, llenos de viveza se empastan en un batiburrillo de clásicos de la era de Max e Igor junto al repertorio que ha cogido peso en sus titánicas introspecciones artísticas: “Kairos” del disco del mismo título editado en 2011, “Phantom Self” de “Machine Messiah” de 2017, “Means to an End”,“Agony of Defeat” y “Guardians of Earth” (“Quadra”- 2020), “Choke” (“Against”- 1998), “Attitude” del punto de inflexión popular de “Roots”- 1996, “Propaganda” y “Kaiowas” de “Chaos A.D.”- 1993, “Dead Embryonic Cells” (“Arise”) o “Scape to the Void” de “Schizophrenia”- 1987.
Si creíamos, que así era, que faltaba poco para el summum, la traca final iba a competir con los días grandes del carnaval de Rio. Insuperables se sucedieron, tras la “impepinable” versión de Motörhead llamada “Orgasmatron”, las colosales, y cito ordinalmente, “Troops of Doom” (“Morbid Visions”- 1986), “Territory” y “Refuse Resist” (“Chaos A.D.”), “Arise”, “Ratamahatta” y “Roots, Bloody Roots” (“Roots”- 1996).
A hombros, así debieron de salir los brasileños porque, divididos por binomios, su imperio se recordará en las páginas de los bravos.
Dark Funeral: Dejarse poseer para volver el año que viene ya con las cervicales recuperadas. El innoble arte del maléfico.
Con el escenario repleto de la carga simbólica necesaria para venerar al ángel caído: cruces invertidas, estrellas de cinco puntas y ese aura ponzoñosa que se crea entre la oscuridad y el frio de las luces de neón, la Suecia nihilista y anticristiana se aposta en el Copper Stage para desolar a una explanada que mantenía el tipo para la hora, el día y la paliza que se llevaba encima.
Seguramente por ello al quinteto inverso le costó poco poseer a los asistentes al sacrificio, que no convencerlos, y, ante no una de sus mejores actuaciones (he visto a Heljarmadr en baja forma no he logrado conectar con su voz y sus “screams” no acababan de encajarme en el plano total), el azote de su velocidad, la densidad del bajo y la formidable ejecución percutora (muy, muy técnica por parte de Jalomaah) han camuflado sus deficiencias como las arrugas quedan disimuladas bajo las pinturas sacrílegas. “Blast beats” a “cascoporro”, imposibles de obviar (¡qué forma de tocar!) y que neutralizan nuestro estatus convirtiéndonos en rapiña sencilla, se posicionan como lo mejor incluso por encima de temas como “Open the Gates” (“Dark Funeral E.P.” – 1994) que con más de treinta años de solera se merecía más respeto. Quizás con “Nosferatu” (“We Are the Apocalypse”- 2022) mejoró algo el asunto, pero creo que finalmente, y tras una serie de arias irreligiosas que pasaron fugazmente, ésta no fue la noche para el resurgir del averno… Si hubiese sido viernes trece…
Nanowar Of Steel: Se clausura la barraca, la lona cubre el carrusel y nos queda la disco móvil para ir acabando consumiciones.
Los italianos con su mofa y befa ocurrente y ya menos centrada en Manowar (por si algún día se cruzan con ellos…), ponían la nota de humor fácil para marcharnos como el que ha concurrido en las fiestas patronales de una urbe ajena, cubata en mano y afonía como suvenir recordatorio. Se lo curran y se meten en el papel, son una anécdota pasajera que dentro de su prolongación de cese anticipado anima y aparca al sueño durante una hora más. Nada que objetar, pero tampoco mucho que traducir, esto es simplemente cachondeo con guitarras y una exposición de irreverencia que bien puede ejercer de crítica satírica de algunos capítulos vividos en esta misma jornada. ¡Aúpa ese “Disco Metal”!
Se acabaron los tres días de festival concreto y, entre abrazos de amigos y amigas eternas, de nuevas alianzas prometedoras, de sonrisas cómplices, de mapas de la alquimia anímica y de lasitud pertrechada, resolvemos la ecuación con la misma conclusión que el año pasado, y el anterior, y el anterior… El Z! Live Rock Fest no es una casualidad, es el fruto de un trabajo titánico y que está recogiendo las merecidas renovaciones tanto de los de ayer como de los del mañana. A por otros diez años, mi más sincera enhorabuena.
















