Festival: Koba Live
Lugar: Plateruena Kultur Aterpea, Durango (Bizkaia) – 16 de mayo de 2026
Fotos: Xabi Aresti
Texto: Txema Garay
El regreso de Koba Live a Durango volvió a poner de manifiesto la importancia del festival dentro de la escena del país. Tras el varapalo de hace unos meses, cuando se anunció que este año no habría edición, las tornas cambiaron recientemente y la capacidad de reacción de la organización ha dado lugar a un giro radical con un nuevo proyecto. En su nueva ubicación, el ambiente volvió a estar marcado por la pasión y la hermandad entre bandas y público, en una jornada intensa en la que convivieron sonidos épicos, oscuros y demoledores hasta bien entrada la madrugada.
El escenario de Plateruena acogió las actuaciones de Injector, Txatar, Killus, Rhapsody Of Fire y Onslaught, firmando un cartel tan variado como contundente. Pero la historia no terminó ahí, ya que en el festival se vivió como una sesión continua en la que la fiesta arrancó desde la mañana, con concurso de bandas, comida popular, juegos y la consecuente retahíla de conciertos que se prolongó hasta bien entrada la madrugada.
Injector
La descarga de Injector fue la encargada de abrir el evento con una actuación directa que conectó desde el primer minuto con el público de Koba Live. La banda de Cartagena desplegó toda su velocidad y agresividad sobre el escenario, combinando riffs afilados y una puesta en escena llena de fuerza. Su sonido, marcado por el thrash metal más clásico y contundente, calentó rápidamente el ambiente en el lugar.
Con una ejecución sólida y una actitud arrolladora, Injector dejó claro por qué se ha convertido en uno de los nombres más potentes de la escena musical y que su material más flamante, Endless Scorn (2024), apunta alto. El festival arrancó con una recepción entusiasta por parte del público y grandes sensaciones. Como aperitivo a su concierto especial en Murcia, donde interpretarán el Kill ’Em All completo, dejaron un “Hit The Lights” absolutamente soberbio.
Además, nos ofrecieron un repaso que desplegó toda su artillería pesada con temas como “Path of the Wrathgod”, “Warning Blast”, “Oppressive Force”, “UTLOA”, “Resetting Time”, “Crawling One”, “Feed the Monster”, “March to Kill” o “Unborn Legions”.
Txatar
El festival suele contar con bandas locales y esta edición recurrió a Txatar, un trío de thrash metal hilvanado con la legendaria banda guipuzcoana Legen Beltza.
El vocalista y bajista Xanti Rodriguez comandó una apabullante descarga en la que forjaron lazos con una concurrencia con ganas de escuchar leña. Aprovecharon su escueto lapso para repasar Hildakoen Jainko (2024) con sonoros pelotazos como “Piztiak” o “Amalur”, que incendiaron el recinto.
El combo lo completan Joseba Azkue y Edorta Azkune, quienes a su vez siguen vinculados a su colega Ekaitz Garmendia apoyándoles desde el estudio. Su repaso tuvo, como era de esperar, el tono más local, contando con multitud de colegas de la zona entre la concurrencia que les apoyaron con robustez. Xanti comandó un espectáculo monumental que dejó su impronta en el festival. Su férreo nivel les permitió ofrecer un bolo compacto y atronador en todas sus vertientes.
Killus

Una de las propuestas más esperadas fue la de los castellonenses Killus. Su directo gira en torno al metal industrial y se sostiene sobre una potente muralla de sonido, construida a partir de infinitas capas que generan una atmósfera imbatible durante toda su comparecencia. Si a eso se le suma la capacidad de sus integrantes, con su particular estética, para interactuar con el público, el resultado es un combo prácticamente insuperable.
Los personajes enmascarados, con su estética espectral, irrumpieron con fuerza para repasar su sólido XXV Years Feeding The Monster (2024), del que dieron buena cuenta con trallazos como “Imperator XXV”, “Free XXV”, “Stranger Things XXV”, “Feel The Monster XXV” y “Ultrazombies XXV”. Redondearon su comparecencia con una jocosa versión de ABBA, “Gimme! Gimme! Gimme! (A Man After Midnight)”, en la que todo el mundo acabó entregado.
Su descarga fue posiblemente la que más gente atrajo, a pesar de quedar aún dos de los grupos más potentes del festival. Pese a la contundencia visual, la propuesta de Killus nos dejó la sensación de que había excesiva dependencia de bases y elementos pregrabados, dificultando por nuestra parte poder valorar de forma más cercana a sus intérpretes.
Rhapsody Of Fire
En la parte superior del cartel destacaba la formación de Rhapsody Of Fire de Alex Staropoli, una de las escisiones de una banda que durante finales de los noventa y principios de los dos mil gozó de cierto prestigio en un entorno donde el power metal y la música sinfónica disfrutaban de cierto auge. Alex Staropoli ha confiado en su principal baluarte, Giacomo Voli, la tarea de interpretar sus composiciones y liderar a la banda en directo. Algo que quedó claro desde los primeros compases, con un cantante dispuesto a arengar a la concurrencia todo lo que hiciese falta para sumergirles en su comparecencia.
Los italianos entremezclaron varios de los pilares históricos de su catálogo, como “Unholy Warcry”, con la que desprecintaron por todo lo alto el repertorio, para dar paso a una buena parte de su material más nuevo, como “Rain Of Fury”, “I’ll Be Your Hero” y “Chains Of Destiny”, con las que se metieron a la tropa en el bolsillo. El voceras descendería las escaleras para entremezclarse con el personal en un circle pit demandado por él mismo, en el que acabó luciendo la bufanda del Athletic. Toda una lección de saber estrechar lazos con la gente y de cercanía que muchos músicos tendrían que aprender.
El repaso prosiguió con la emotividad que desprende “The Magic Of The Wizard’s Dream” antes de acometer el obligado repaso a su obra de más reciente factura, Challenge the Wind (2024), con su corte homónimo y “Kreel’s Magic Stuff”, intercalados por estandartes de la talla de “On the Way to Ainor” o “The March of the Swordmaster”, sin que muchos de los congregados observasen diferencias entre los temas de una época u otra.
El guitarrista Roberto De Micheli y el bajista Alessandro Sala cumplieron su cometido, pero sin excesivo esmero de comunicación con la concurrencia y, en la parte trasera, Paolo Marchesich esculpía la fuerza necesaria para recubrir de potencia semejantes cañonazos.
En el tramo final arrollaron con varios himnos de la casa como “Dawn of Victory”, que dio paso a una fulgente “A New Saga Begins” antes de echar la persiana con las imprescindibles “Land Of Immortals” y “Emerald Sword”, que, como muchos nos comentaron a la salida, les retrotrajeron a épocas más jóvenes con ellos.



Onslaught
Los británicos salieron casi a la una de la mañana para poner el broche a otra entrañable edición de Koba y lo hicieron como solo ellos saben, echando toda la carne en el asador. Un repaso a su material más granado, repleto de temazos y el homenaje a sus compatriotas, los de Lemmy Kilmister, Motörhead y su versión de “Iron Fist”, un acontecimiento imperdible de primeras aunque algunos no lo viesen así y optaran por largarse.

Y es que, a pesar de la huida de mucha tropa, fueron muchos los que quisieron repetir y volver a disfrutar de su demoledor concierto. En esta ocasión, al contrario del año pasado, pudimos disfrutar de su jefe de filas, Sy Keeler. El clásico vocalista despertó el entusiasmo de muchos de los presentes, que no pararon de agitar las melenas durante toda su comparecencia con el repaso de su disco debut, Power From Hell (1985).
Dispuestos a dejar su impronta, aceleraron de golpe con cortes impepinables como “Onslaught (Power From Hell)”, “Thermonuclear Devastation” y “Death Metal”. Una lección musical que acababa de empezar. Su guitarrista fundador, Nige Rockett, contemplaba discreto el recital desde su posición.
En el otro lado, el joven hacha Nick Sampson ofreció una clase tras otra de guitarra, clavando cada uno de los exigentes episodios que tocaba y cada uno de los solos marcados en el guion. Bajo esas premisas certificaron su potencial con cortes como “Angels of Death” y “Steel Meets Steel”. Desde ahí saltaron a The Force (1986) para clavar una tanda demencial compuesta por “Let There Be Death”, “Demoniac”, “Metal Forces” o “Fight With the Beast”.
Y aún quedaba tela que cortar con el rescate de Killing Peace (2007), del que extrajeron temas incontestables como “Destroyer of Worlds”, “Burn” o “Killing Peace”, en donde la intensidad se apoderó del recinto. Remacharon una actuación sin fisuras con la emblemática “The Sound of Violence” y la obligada revisión de Motörhead con “Iron Fist”, dejando bien claro que su potencial, pujanza y espectacularidad están fuera de dudas.
Serían ya las dos y pico de la mañana cuando los galones de Bristol rubricarían una experiencia indescriptible en uno de esos festivales que merecen una mención especial por la integridad demostrada por esa cuadrilla que lo monta y que tanto esfuerzo ha realizado para sacarlo adelante. Más de uno se acercó a darles las gracias antes de marchar.











