Un álbum inspirado en las paradojas visuales y filosóficas de M.C. Escher.
En El libre albedrío del engranaje, álbum debut de La Escalera de Escher, todo parte de una obsesión artística y filosófica: el universo del ilustrador neerlandés M.C. Escher y sus célebres construcciones imposibles. El proyecto encuentra su punto de partida en la famosa escalera infinita concebida por el artista, una estructura capaz de desafiar la lógica espacial y que sirve aquí como metáfora de la propia existencia. Un recorrido que parece avanzar o retroceder constantemente para terminar regresando al mismo lugar, reflejando la incertidumbre, las contradicciones y los ciclos que marcan la vida cotidiana. El propio título del disco resume buena parte de su planteamiento conceptual. El libre albedrío del engranaje enfrenta dos ideas aparentemente incompatibles: la libertad de decisión y la naturaleza mecánica de un sistema diseñado para funcionar de forma predecible.

La obra explora precisamente esa tensión. ¿Hasta qué punto somos piezas dentro de una estructura mayor? ¿Existe realmente la capacidad de elegir o simplemente seguimos patrones previamente establecidos? A partir de estas preguntas, las canciones desarrollan múltiples lecturas y dobles significados, invitando al oyente a interpretar los temas desde perspectivas diferentes. Musicalmente, el álbum encuentra su eje en la ruptura constante de las estructuras tradicionales. Aunque parte de elementos heredados del rock, el metal y el pop, las composiciones evolucionan siguiendo una lógica claramente progresiva, alejándose de las fórmulas convencionales de estrofa y estribillo para introducir cambios inesperados y giros continuos. El resultado es una obra que puede funcionar tanto como escucha accesible y atmosférica como una experiencia más detallada para quienes disfrutan explorando capas de arreglos, matices y cambios estructurales.
Dentro de un trabajo especialmente variado, existen varios temas que sirven como puerta de entrada al universo conceptual de La Escalera de Escher. “No quiero saber” aborda la necesidad de desprenderse de prejuicios y observar la realidad desde una perspectiva más amplia. La canción contrapone sintetizadores modernos con guitarras acústicas en una atmósfera íntima que simboliza el encuentro entre tecnología y humanidad.
“Permíteme serte sincero” representa uno de los momentos más inesperados del álbum. Partiendo de una base cercana al blues, el tema evoluciona hacia terrenos metaleros, construyendo un contraste estilístico que refleja el choque entre realidades opuestas. “Frases en blanco” introduce una dimensión más sinfónica y reflexiva, utilizando la metáfora como herramienta para cuestionar certezas y plantear nuevas preguntas. Por último, “Todo lo que fue y será” actúa como culminación conceptual y musical del trabajo. Se trata del corte más cercano al metal progresivo, una composición compleja y abstracta que conecta de forma directa con la influencia estética y filosófica de Escher.
La historia del álbum se remonta a 2019, cuando su autor completó la composición del material. Sin embargo, la producción tuvo que retrasarse hasta 2022 debido a las circunstancias derivadas de la pandemia. La grabación se llevó a cabo de forma independiente en distintos espacios, incluyendo un estudio doméstico acondicionado para registrar baterías, además de otras localizaciones utilizadas para voces, guitarras y bajo. Los teclados y arreglos orquestales fueron programados durante el proceso de producción.
Entre las primeras personas que escucharon el material se encuentran Elena Alonso, teclista de Lethargus, y el pianista y profesor Pablo Abarca, quienes mostraron su apoyo al proyecto en sus primeras fases. Posteriormente, músicos como Gareth Woodman, de Kotoband, y Bruno Coelho, de Mr. Eddie, contribuyeron a impulsar definitivamente la publicación del trabajo.

