Europe: una flamante declaración de bienes e intenciones

Han pasado nueve años desde el lanzamiento de Walk On Earth, el último disco de Europe y uno de los más valorados desde su regreso, con la formación validada como original, para un nuevo milenio que no les aguardaba con seguridad, pero que sí que los añoraba con frustración.

Casi una década, mucho tiempo, en el que tantas veces ingrato mundo musical que cambia perspectivas, adultera cuerpos, envenena mentes y merma talentos físicos. Imagina, si durante ese tiempo añadido a tus ya cargadas espaldas, persistes en adicionar kilómetros y kilómetros a tu pasaporte vital y, para colmo, te impones la gestación de un nuevo reto, tanto emocional como empresarial, cuando vivir de las rentas podría ser lo más cómodo y recomendable. Otra flamante declaración de bienes e intenciones para seguir aportando, ya no solo al universo interior que has expandido colonizando imperios desde la convicción, sino para entrar en colisión, cuanto más estruendosa mejor, con cientos, miles, millones de ánimas, anteriores, momentáneas o posteriores, en el mismo vasto cosmos compartido, alineado o incluso sobredimensionado.

Los que con orgullo llevan, desde su Suecia natal, el nombre del viejo continente que en este loco presente parece deberle una comisión a las otras potencias internacionales, echaron a rodar como Force antes de que los años ochenta ofrecieran a Estocolmo la oportunidad de entregar a la posteridad otra cascada de éxitos mundiales atemporales. Sí, cambiando su apelativo y con dos inmersiones juveniles, ingobernables e insolentes (Europe y Wings Of Tomorrow, 1983 y 84 respectivamente), con denominación de origen hard `n´ heavy, ya soltaron la lengua de numerosas audiencias y, con labores adicionales de su carismático vocalista y máximo compositor, Joey Tempest, lograron grabar el disco con el que cualquier chaval de su edad soñaba para que la tierra se rindiera a sus pies, pero al que cualquier hombre adulto, tras dialogar con la sabiduría de la serenidad, podría poner un pero a la hora de repasar sus logros venideros bajo el yugo de la masificación.

Era el año 1986 y ahora, inmersos en la gira conmemorativa del cuarenta aniversario de aquel cheque en blanco, rememoramos los que supimos comprenderlos y no someterlos al dictado de nuestras preferencias, con mayor vehemencia si cabe, la espantada de John Norum en pleno ascenso hacia el infinito y más allá; la llegada del prestidigitador del mástil con cardado rubio, Kee Marcello; su afiliación al rock melódico más cercano al Adult Oriented Rock (Out oF This World – 1988); el mimetismo para con el hard rock melódico de corte de barras y estrellas (Prisioners In Paradise – 1991); la separación pedazo a pedazo del propio buque insignia; las carreras en solitario y las colaboraciones de subsistencia; la primicia de una reunión en formato sexteto que nunca llegaría a materializarse; el regreso de la formación clásica si no atendemos más que a lo que interesa; los dos primeros discos de calado ahora oscuro, ahora moderno, en detrimento de su envidiado gancho comercial para todos los públicos (Start From The Dark – 2004, Secret Society – 2006); la mutación majestuosa de sus composiciones para paladares exigentes educados en las más exclusivas escuelas de arte británicas (Last Look At Eden – 2009); el desaliño modernista en rescate del blues y del tributo a los primeros espadas que lo recubrieron con mantos de válvulas (Bag Of Bones – 2012); la densidad del gélido hálito en la ausencia de neones efectistas y la prolongada sombra de la propia levedad del ser (War Of Kings – 2015), o su incursión adaptativa y auditiva en el séptimo arte, estirando nuestras neuronas como si de pantallas de proyección se tratasen, con los guiones purple/zeppelin/floid del modernista Walk On Earth de, como os mencionaba al principio, 2017.

¡Menudo periplo!

Aciertos, errores, juicios de valor, el valor de los que emiten juicios con una comparativa adolescente permanente, los rifirrafes encuadernados en las redes sociales entre la polarizada hueste de la banda, la polémica de los pseudo periodistas musicales de una sola escucha y los youtubers sensacionalistas de turno… ¡Vaya panorama! Nos veíamos obligados en esta santa casa, sin pretensiones altivas ni presiones de arriba, a arrojar luz independiente sobre el nuevo trabajo de esta banda que, a día de hoy, se erige como la candidata idónea para llevar la antorcha de todos y cada uno de sus compañeros de generación, hasta que la mano que haya de relevarles sea tan firme como nos merecemos los que amamos el rock por encima de nuestras filias personales. Come This Madness – 2026, merece periodismo sincero y orientativo, nunca dictatorial, pero también ha de recibir mucha más elaboración que la de los gurús de todo esto. Por todos los que de la nota publicitaria sacan lustre; por aquellos quienes solo pulsan una única tecla, la de apertura de cajón para sangrar al novel y colgarse la medalla en la foto del deseado; por los jetas que viven de lo poco bien que hicieron: estar en el lugar adecuado en el momento preciso; por los dueños de páginas de prensa rosa del metal y por los representantes y presentadores de medios altamente casposos cuya extensión de sus dedos se llama alcohol. Para todos esos que han enterrado el rock una y mil veces, según los ceros en la cifra por la que empeñarse, aquí tenéis, al menos, análisis de los que llevan semanas y que no buscan la inmediatez del click.

Esperamos que os guste.

Europe – Scandinavian Eyes (Official Video)
By J.A.Lux

Amante y coleccionista de música, adorador del Rock y Metal en todas sus vertientes. Apasionado del celuloide y más si es de terror. Defensor irreductible de la cultura, siempre dispuesto a debatir y colaborar para su progreso.

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