Rose Tattoo: el último aplauso

Dicotomía, ese palabra que nos acompaña diariamente. Verdadera o falsa, lo cierto es que nos divide tal y como su definición indica. Bien o mal, izquierda o derecha, cielo o infierno, todas presentes en el imaginario colectivo. La línea que las separa es bien fina, al igual que la vida y la muerte. Angry Anderson ha cruzado esa línea de la vida a la muerte, dejando un enorme vacío, como siempre que se va alguien de su talla. Su banda generalmente fue ensombrecida por otra dicotomía, donde siempre fueron comparados con sus compatriotas AC/DC. Nunca fui capaz a entender esa comparación, más allá de ser dos bandas de Rock’n’Roll procedentes del mismo país.

Llevaba días queriendo escribir unas palabras sobre Rose Tattoo, pero las obligaciones me lo impedían. Hoy me obligo a hacer un pequeño homenaje a una de las personas más auténticas del mundo del rock. Una banda que tuve la suerte (o desgracia) de disfrutar en su último concierto. Otra dicotomía. Fue el pasado viernes 7 de Agosto en la bonita ciudad alemana de Colonia. Aprovechando mi viaje para el festival Keep It True Legions, busqué, como hago habitualmente, otros conciertos con los que amortizar el viaje. Y encontré a los australianos a poco más de 200 Km de donde me encontraba. Así que me planté en la ciudad que atraviesa el Rin para, sin saberlo, despedirme de una forma triunfal de Rose Tattoo.

La noticia de la cancelación de la gira se dio a conocer el lunes 10 de agosto. La gira llamada One Last Ride se interrumpía abruptamente por la hospitalización de Angry Anderson, sin dar muchos detalles de lo ocurrido. Pensando en la edad que tenía, por mi cabeza se me pasó la triste idea de haber visto el último concierto de la historia de Rose Tattoo. Y, para desgracia de todos, así fue. A sus 79 años seguía pateando culos cada noche, dejándose la vida para alegrarla a sus seguidores. Las razones por las que lo hacía me importan bastante poco. Lo hacía, gustaba y llenaba allá por donde su gira pasaba. Un último viaje que tenía fecha y lugar de despedida, sin que nadie se imaginaba que estaba escribiendo sus últimas palabras en su historia del Rok’n’Roll (siempre y cuando nadie decida mancillar su glorioso legado).

La descarga tenía lugar en el Live Music Hall de Colonia, una sala bastante profesional con un aforo medio. El público, muy entrado en edad, llenaba el recinto sin estar apretados, por lo que la comodidad daba un plus a una gira que nos evitaba, una más. La banda australiana apareció sobre las tablas sin intros ni nada similar, subiéndose cual banda noventera actuando en el salón de actos del municipio más recóndito de España. Solo les faltaba apoyar sus amplis sobre cajas de cerveza. Y con la sobriedad más absoluta arrancaron una descarga inolvidable, como solían hacer estos tipos procedentes del otro lado del planeta. Una banda cruda como pocas, que a pesar de las penurias que sufrieron en los mitificados años 80, resurgieron cual Ave Fénix a las puertas del nuevo siglo, llevándoles a las cotas de popularidad, probablemente, más altas de su historia.

El repertorio no varió frente a lo que venían interpretando cada noche, exceptuando festivales. Una colección de clásicos, principalmente centrándose en su primer disco, con los que disfrutamos de lo lindo: “One of the Boys”, “Rock’n’Roll Outlaw”, “Remedy”, “We Can’t Be Beaten”, “Nice Boys” o el final apoteósico con “Astra Wally”. Era la cuarta vez que tenía la oportunidad de verles, y, sin duda, ha sido la mejor. Ver a una banda entregada a la vieja usanza, sin adornos ni autotunes, contagiando la esencia más pura del Rock ‘n’ Roll. Una descarga difícilmente repetible en un mundo donde la tecnología y la perfección dominan cada aspecto  de un concierto, hasta el punto de eliminar ese sensación de directo. He de remarcar que los años se notaban, por lo que los parones fueron una tónica durante buena parte el concierto. Este hecho no impidió la ejecución de dieciocho canciones en noventa minutos. Tampoco cortó el ritmo del concierto, a pesar de no lograr la intensidad que su repertorio pudiera sugerir.

Pronto se encendían las luces del Live Music Hall. Apenas pasaban un par de minutos de las 21:30 y ya nos teníamos que ir. Había merecido la pena el viaje hasta Colonia. Lo hubiera merecido igualmente, porque esa misma noche Testament también llevaba su gira a la misma ciudad. Un plan u otro hubiera sido fantástico, pero tras siete años sin verles, me apetecía mucho más ver a los australianos. Y ya no volveré a verles nunca más. A la salida, un coche atronaba a los vecinos con Scarred for Life. Sin saberlo, fue la primera canción que escuché tras su último concierto. Curiosamente solían comenzar cada concierto de la misma forma. Esa noche también lo hicieron. Casualidad o no, así terminó mi historia junto a la banda australiana. Su legado es imborrable y su música inolvidable. Gracias por tanto, Gary.

Rose tattoo – Rock ‘N’ Roll Outlaw – Official Music Video
By Victor M. Lera

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