Thomas Hedlund (Cult of Luna): “Puedo robar ritmos de Justin Bieber y nadie se daría cuenta”

Hola, Thomas. Muchas gracias por dedicarnos este tiempo. Empezaremos hablando de vuestro próximo álbum, In the Shadow of Your Shadow. La presentación del álbum lo describe como uno de los trabajos más oscuros de Cult of Luna, pero recientemente has dicho que tú no lo percibes necesariamente así. ¿Puedes explicarnos un poco tu punto de vista?

Bueno, en cuanto a las letras, sí, son oscuras. Pero cuando hablamos de la composición y de crear la música, me gusta pensar que intentamos respetar lo que cada canción necesita, sin dirigirla necesariamente hacia un lugar concreto. No es que queramos que suene tremendamente oscura. Simplemente queremos que resulte emocional, que tenga sentido y que sea inspiradora para nosotros, al menos, y quizá también para otras personas.

Por eso yo no pensaba realmente en el disco como algo oscuro. Quiero decir, si alguien quiere escucharlo en un contexto muy alegre, me parece perfecto. No es algo que podamos definir de una única manera. Y, además, aunque no diría que sea exactamente una cuestión de marketing, resulta muy fácil poner etiquetas a las cosas.

No estoy diciendo que esté mal considerar que es nuestro disco más oscuro. Es una interpretación perfectamente válida. Pero no hay respuestas correctas o incorrectas. En realidad, hay una cantidad infinita de respuestas correctas.

He leído que queríais grabar un disco más orgánico, con todos los miembros trabajando juntos, pero que las circunstancias os obligaron a hacerlo prácticamente por separado. ¿Puedes explicarnos el motivo?

Sí, fracasamos en ese sentido. Como dices, realmente queríamos abordar la grabación de una manera diferente y capturar ese momento de estar todos juntos en una misma habitación. Pero básicamente fue una cuestión de logística. Yo estaba fuera de gira bastante tiempo, así que tuve que grabar mis baterías antes de marcharme. A partir de ahí, todo se convirtió en una especie de rompecabezas, intentando encontrar momentos en los que cada uno pudiera grabar sus partes.

Así que diría que el proceso se alargó más de lo habitual y acabó siendo prácticamente lo contrario de lo que nos habría gustado hacer.

¿Y crees que eso afectó al resultado final?

Es difícil saberlo, pero no, creo que, desde luego, es el mejor disco que podíamos hacer.

Al final, las circunstancias son difíciles de controlar. Quiero decir, si nos hubiéramos ido, no sé, a Sevilla, y hubiéramos grabado el disco en un lugar agradable y soleado, quizá habría sonado diferente. No lo sé. Pero este es el resultado al que hemos llegado.

Hablemos un poco de los sencillos que ya habéis publicado.

Has comentado que “The Rift” es una de las primeras canciones realmente rápidas que habéis grabado, y también una experiencia diferente para ti como batería. ¿Cómo surgió musicalmente esa energía más agresiva?

Creo que eso es otra demostración de cómo componemos las canciones y de cómo se crean las cosas dentro de la banda. Es más bien algo como: “Esto me gusta. Sería divertido hacerlo”, ¿sabes? Y, por supuesto, éramos conscientes de que era muy diferente de muchas de las cosas que habíamos hecho antes. De hecho, es lo más rápido que hemos tocado nunca en esta banda. Pero fue un reto divertido. Y también tiene su gracia que ahora, cuando estamos en la mitad de la cuarentena, nos pongamos a tocar una canción rápida.

¡Tendríamos que haberlo hecho cuando teníamos 23 o 18 años! Entonces habría sido más fácil. Pero es muy divertido, de verdad. Es un tipo de energía diferente.

Al mismo tiempo, su letra habla de la necesidad de pertenecer a un grupo y de cómo esa pertenencia puede acabar excluyendo a los demás. ¿Qué puedes explicarnos de esta letra?

No creo que deba hablar demasiado sobre las letras porque no las he escrito yo. Así que sería más fácil que lo hiciera quien las escribió. Sin embargo, creo que hay cosas buenas y malas en ese deseo de pertenecer a un grupo.

A veces, pertenecer a un colectivo hace que las personas no tengan la confianza suficiente para expresar lo que realmente piensan, porque tienen miedo de ser diferentes. Pero, al mismo tiempo, estar en una banda es una especie de terapia de grupo constante. Nosotros tenemos un vínculo muy fuerte, pero también es extremadamente importante entender que podemos tener nuestras diferencias. Y es importante poder ponerlas sobre la mesa sin tomárnoslas de una manera tan personal que acabes diciendo: “Me voy. No quiero volver a hablar contigo”.

Creo que ese puede ser uno de los problemas de la sociedad moderna. La gente tiene ganas de imponer su punto de vista a los demás y esos acaba provocando que las personas estén cada vez más alejadas unas de otras. En lugar de mantener una conversación constructiva y amable sobre las cosas, y permitir que la gente piense de manera diferente. Porque siempre habrá personas que piensen de otra manera.

“A Way Back” es una pieza mucho más contenida. ¿Qué nos puedes contar de este tema?

Sí, es exactamente como dices. Y creo que tenemos el lujo de que, como no estamos intentando componer grandes éxitos comerciales, podemos permitirnos explorar direcciones musicales muy diferentes. Además, toda nuestra estética musical se presta a ello. Y dentro de la banda también somos personas muy diferentes, así que todos podemos aportar cosas distintas. Y eso es precisamente lo que queremos.

Esta es una canción de Kristian y él, como yo, es más bien un tipo aficionado al pop, por decirlo de alguna manera. Así que para él componer una canción de este tipo era algo completamente natural.

En el nuevo disco colaboráis con dos músicos de universos bastante distintos: Joe Duplantier en “Sadness Will Reign” y David Eugene Edwards en “One More Day”. ¿Qué aportó cada uno a las canciones?

Bueno, los dos son artistas increíbles, aunque muy diferentes entre sí, por supuesto. Y eso también tiene que ver con lo que comentábamos antes: todo depende de lo que necesita cada canción. Quiero decir, si hubieran participado en la canción del otro, quizá también habría funcionado.

No diría que las canciones estuvieran escritas específicamente para ellos, pero nos pareció muy natural pedirles a esos dos músicos que colaboraran con nosotros. Aportan muchísimo talento y profundidad, porque son grandes artistas por derecho propio.

Y queríamos que hicieran lo suyo, que aportaran su propia personalidad. Y desde luego, ambos lo hicieron.

Además, David Eugene Edwards llegó a escribir buena parte de la letra de la canción en la que participa.

Así que simplemente estamos muy agradecidos de que quisieran formar parte del disco.

En febrero del 27 iniciaréis una gira y que os hará pasar el 28 de febrero por Barcelona gracias a Route RF . ¿Qué podemos esperar del espectáculo que estáis preparando?

Bueno, intentamos cambiar el diseño y diferentes elementos del espectáculo entre una gira y otra. Así que seguramente habrá cosas nuevas. Pero también está el hecho de que estamos realmente entusiasmados por volver a hacerlo.

Vamos a llegar con muchísimas ganas y es muy divertido poder tocar las canciones nuevas y presentarlas en un contexto de directo, porque evidentemente van a sonar un poco diferentes. Y eso siempre resulta emocionante: intentar conservar la esencia de la versión del álbum, pero al mismo tiempo añadir otras capas cuando interpretas la música en directo. Así que, ¿qué podéis esperar? Pues a una banda muy entusiasmada y, esperemos, con todos sus miembros sanos y felices.

Os acompañarán Youth Code and BRUIT, dos bandas muy diferentes. Explícame un poco más de ellas y porqué las habéis elegido acompañantes.

Pues esto encaja exactamente con lo que decía antes sobre nuestras diferencias musicales. Quiero decir, como dices, son diferentes, y eso es lo que nos encanta. Siempre que podemos, es muy divertido contar con músicos que tocan cosas diferentes. Y espero que nuestro público, que creo que tiene una mentalidad bastante abierta, disfrute de estas bandas tanto como nosotros. Me encanta que haya una variedad musical tan amplia.

Has dicho que, cuando buscas referencias musicales, casi nunca recurres al metal y que personalmente escuchas mucho pop. Me parece fascinante porque tu manera de tocar es una parte esencial de la personalidad de Cult of Luna. ¿Podrías darme algún ejemplo concreto de un artista o una canción de otro género que haya influido en tu forma de tocar dentro del grupo?

Bueno, como batería, por ejemplo, me encanta la batería de The National. (Bryan Devendorf) Es increíble y consigue transmitir una intensidad enorme y una sensación de pesadez muy grande. Pero cuando los ves tocar, piensas: “¿Cómo es posible?”. Porque toca de una manera muy suave y, aun así, consiguen que todo suene gigantesco.

Esa es también una de las ventajas de ser batería. Puedo robar patrones rítmicos de una canción de Justin Bieber, ¿Sabes?. Y nadie que escuche a Cult of Luna imaginaría jamás que vienen de ahí. Porque los sonidos son completamente diferentes y la manera de tocarlos también lo es, evidentemente, con el tempo y todos esos elementos. Pero el contexto musical me permite hacerlo.

Puede ser una canción de Travis Scott o puede ser, no sé, una canción de Joni Mitchell. Da exactamente igual. Si escucho algo que me gusta y que puedo aprovechar rítmicamente, no importa de dónde venga.

Me gusta también esta teoría tuya de que el secreto de conseguir un sonido realmente poderoso muchas veces consiste en quitar elementos, no en añadirlos. ¿Puedes explicarme un poco más esta idea?

Es muy fácil dejarse llevar, especialmente cuando estás en un estudio y tienes acceso a tantos instrumentos y a una cantidad prácticamente infinita de sonidos y posibilidades. Empiezas a pensar: “Voy a añadir esto también”. Pero después, cuando llega el momento de hacer la mezcla, todo se convierte en una pesadilla, porque quieres que absolutamente todos los elementos tengan presencia, y eso es sencillamente imposible.

Así que, para nosotros, a veces se trata de confiar en que no hace falta tener dos o tres guitarras tocando el mismo riff. Puede bastar con una sola guitarra y el bajo. Y eso es suficiente, porque permite que ambos instrumentos tengan su propio espacio y puedan respirar. Y creo que es una lección importante para muchas bandas que hacen música dura y pesada. Quiero decir, es difícil sonar más pesado que Nirvana, ¡y eran un trío!

Es una locura lo enorme que puedes conseguir que suene algo utilizando tan pocos elementos. Pero al mismo tiempo, nuestras canciones son bastante largas, así que, para mantenerlas interesantes, tenemos que prestar mucha atención a qué añadimos y en qué momento lo hacemos. Y con la batería me sucede exactamente lo mismo. No diría que menos siempre es más, porque eso tampoco es verdad. Pero sí creo que hay que tener la confianza suficiente para atreverse a tocar muy pocas notas.

En directo compartes la responsabilidad rítmica con Christian Augustin. ¿Cómo construís ese diálogo entre dos percusionistas sin que la música pierda claridad? ¿Hay partes en las que podéis improvisar o todo está perfectamente establecido?

Para mí, como soy quien crea prácticamente todas las partes de batería, es un auténtico lujo poder contar con alguien como él. Porque en un disco puedo grabar tres baterías diferentes en una misma canción, añadir percusiones y hacer todas esas cosas. Pero después llega el momento de tocarlo en directo y piensas: “Madre mía, vale, ¿qué partes elegimos ahora?”.

Así que es fantástico tenerlo. Es un músico increíble, hace sugerencias y tiene una capacidad de escucha extraordinaria. Por eso es maravilloso trabajar con él y nos lo pasamos realmente bien.

Y hay otra cosa interesante: cuando estás de gira, a lo largo de dos o tres semanas, las canciones van evolucionando. Empiezas a improvisar más y a cambiar algunas cosas. Él y yo hacemos eso continuamente, y es muy divertido. Es una manera de mantener viva la inspiración.

Tú y Johannes tocáis juntos desde que erais adolescentes. Ahora tenéis familias, diferentes proyectos y una vida mucho más complicada que cuando recorríais Europa tocando hardcore. ¿Qué crees que os ha permitido mantener esa amistad y conservar la ilusión por Cult of Luna después de tantos años?

Bueno, para empezar, no es mi amigo.

[Ríe.]

¡No, es broma! Es como un hermano para mí.

Somos muy diferentes como personas y nos gustan cosas distintas. Y en cuanto a la música, desde luego, también somos diferentes.

Por cierto, esta es mi hija. [La hija de Thomas aparece espontáneamente durante la conversación.]

Pero hemos mantenido ese amor y respeto mutuos. Y sé que, si todo se va al infierno, puedo contar con él. Y sé que él siente lo mismo. Podría llamar a su puerta y decirle: “Por favor, necesito que me ayudes ahora mismo”.

Ese tipo de vínculo que compartes con alguien con quien prácticamente has crecido, al menos en el sentido musical de la palabra, es algo muy especial. Es increíble. Hemos compartido muchísimas cosas. Y lo mismo ocurre con los demás miembros de la banda. Vas atravesando la vida con todo lo que eso implica: la muerte de familiares, divorcios, el nacimiento de hijos, tensiones dentro de la banda y diferencias creativas.

Pero sí, es difícil explicar exactamente por qué hemos seguido juntos. Simplemente se siente como algo natural. Y creo que, cuando tengamos 70 años, seguiremos sentados intentando encontrar un buen riff.

Este año, en Roadburn, recuperasteis material de distintas etapas de vuestra carrera. ¿Cómo fue esa experiencia? ¿Hubo alguna canción antigua que te sorprendiera especialmente al volver a trabajar con ella?

¡Fue divertidísimo! ¡Fue genial!

Resultó especialmente interesante tocar canciones que se habían compuesto al principio de la trayectoria del grupo. Porque entonces podías escuchar a una banda que todavía estaba intentando encontrar su identidad musical. Y eso hacía que algunas canciones te provocaran una reacción del tipo: «Ah, vale, ¿así que decidisteis hacer esto en aquel momento?».

¡Era una elección un poco extraña!

Pero esa parte experimental, ese proceso de buscar y buscar hasta encontrar algo… Y después, poco a poco, a lo largo de los discos, ir encontrando una voz propia y algo que, no diría que es único, pero que al menos es nuestro.

Fue muy divertido. Lo disfruté muchísimo.

Has tocado con artistas de estilos muy distintos y has conocido escenarios enormes, pero Cult of Luna sigue funcionando con una mentalidad muy independiente. ¿Qué puede ofrecerte Cult of Luna que no encuentras en ninguno de tus otros proyectos musicales?

Bueno, en algunos aspectos es parecido, porque me encanta tocar y tengo la suerte de hacerlo con personas a las que considero mi familia. Así que, en ese sentido, es lo mismo que sucede con todas las bandas con las que trabajo, porque me encanta absolutamente lo que hago. Pero, evidentemente, desde una perspectiva musical, es muy divertido poder sumergirte por completo en algo. Por ejemplo, pensar: “Vale, ahora vienen catorce minutos de concentración absoluta”, pero también de dejarte llevar. Y nuestra música puede ser bastante monótona, obviamente, en el sentido de que puede ser muy repetitiva.

Y esa atmósfera también nos afecta a nosotros, a quienes la tocamos, no solamente a quienes la escuchan. Estar tocando el mismo ritmo durante cuatro minutos, o lo que sea, es una experiencia muy especial.

Perfecto, esta era mi última pregunta. Antes de terminar, ¿podríamos grabar un pequeño saludo en vídeo para Metal Hammer España? Simplemente unas palabras invitando a vuestros seguidores españoles a veros en concierto.

Sí, claro.

Hola, soy Thomas, de Cult of Luna. Antes que nada, espero que estéis todos muy bien.

Estamos muy emocionados por publicar nuestro nuevo álbum y salir de gira para dar conciertos. Esperamos veros en alguno de ellos.

Perfecto. Muchísimas gracias por tu tiempo, Thomas. Ha sido un placer hablar contigo. Mucha suerte con In the Shadow of Your Shadow y nos vemos en Barcelona.

Muchas gracias a ti. Allí nos vemos. Cuídate.

By Oscar Saro

Me falta tiempo para hacer todo lo gue me gusta. Adicto al rock en directo, metalhead, enamorado de la montaña, apasionado de la ciencia ficción y con cerebro de programador desde que un Spectrum entró en casa. Fundador de Sudando Rock (@sudandorockcom)

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