Bandas: Simple Plan – Neck Deep – Charlotte Sands
Lugar: Sentrum Scene, Oslo – 13 de octubre de 2026
Texto y fotos: Oiane Díaz
Poca presentación necesita una banda como Simple Plan: para los nostálgicos que a finales de los noventa y principios de los dos mil escuchaban aquel estilo punk-pop-rock que tan en boga estaba entre los jóvenes, Simple Plan es, probablemente, la siguiente banda que asociamos si mencionamos Blink 182 o Sum 41. Y es que, por aquel entonces, estos grupos creaban un estilo musical que encajaba muy bien en entornos relacionados con la cultura del skate, lo alternativo e independiente, algo alejado de vertientes más comerciales de la música de la época.
La formación de Pierre Bouvier supo hacerse un hueco en lo más alto prácticamente nada más empezar, con aquel álbum debut No Pads, No Helmets… Just Balls, con trece cortes a cada cual más conocido. Un par de años después, publicaron Still Not Getting Any… que llegó igualmente a los primeros puestos de la lista Billaboard en Estados Unidos y obtuvo varios discos de platino. Aunque desde aquel álbum se mantuvieron en activo con discos como el homónimo Simple Plan, lanzado en 2008 o el Get Your Heart On! en 2011, fueron apagándose o quizás saliendo del radar de quienes les habían seguido de cerca durante mucho tiempo.

Hace unos meses, después de un buen puñado de años en esa especie de penumbra, anunciaron una enorme gira, no solo por Europa, sino también por el continente americano, que les llevaría a un montón de ciudades para cumplir los deseos de sus fans más acérrimos. Tras cerrar algunas fechas en agosto y septiembre al otro lado del charco, Simple Plan arrancaban su gira junto a Neck Deep y Charlotte Sands el pasado dos de octubre en Manchester, pasando por capitales como Bruselas, Ámsterdam o Copenhague antes de llegar a Oslo, ciudad en la que tendríamos el honor de recibirles, con un enorme cartel de sold-out colgado en la taquilla del Sentrum Scene.
En la capital noruega, el horario previsto para la apertura de puertas era las siete de la tarde. Una enorme cola daba la vuelta al edificio del Sentrum Scene a pesar de que la climatología no acompañaba: las lloviznas y el frío se habían convertido en los protagonistas del día. Aún así, las ganas de los fans ganaban a cualquier problema y allí estaban esperando como campeones. De manera puntual, el recinto abrió y los asistentes pudieron ir entrando poco a poco; dividiéndose entre la zona superior de la sala, donde hay butacas para poder ver los shows cómodamente, y la pista como tal, para los más valientes. La Sentrum Scene no tardó en llenarse a rebosar y es que ese sold-out ya nos avisaba de que esto ocurriría.

A las siete y media en punto, con todo listo para dar el pistoletazo de salida a la velada, llegaba Charlotte Sands con su brillante y llamativo pelo azul. Irrumpió sobre el escenario con “None of My Business” de su último álbum Satellite, que fue lanzado en marzo de este mismo año, por lo que Charlotte tenía mucho material para presentar. Con el paso de los minutos fue desgranando un seltist en el que alternó una mayoría de cortes del mencionado trabajo de estudio y de su LP debut, can we start over? de 2024. Esta joven de Massachusetts demostró que, a pesar de no contar con un extenso recorrido sobre los escenarios –aproximadamente desde 2018, cuando lanzó su primer single “Phantom Pain”–, tiene unas tablas que muchos quisieran. Bordó todos y cada uno de los temas y nos recordó un poco al estilo de Avril Lavigne, con una voz perfecta y una actitud enérgica y de simpatía con el público. Cerró con “Hush”, de su último trabajo y dejó con ganas de más a sus fans, a quienes treinta minutos de actuación les supo a poco y es que, lo hizo realmente bien pero no había tiempo para más.
Tras un brevísimo cambio de escenario, que fue completado en apenas quince minutos, llegaba el turno de recibir, desde Wrexham, a Neck Deep. Con su frontman Ben Barlow enfundado en una camiseta roja de la selección de Gales de hace algunas décadas, abrieron con “Dumbstruck Dumbf**k” de su álbum más reciente, el homónimo Neck Deep. Desde luego que este quinteto galés había decidido salir con toda la energía posible, a pesar de la gira agotadora que llevaban a sus espaldas, ya que la víspera habían tocado en Copenhague, y los días previos en Hamburgo, Ámsterdan y Düsseldorf, casi nada. Para continuar, retrocedieron en el tiempo hasta 2017 e interpretaron “Motion Sickness”, ante unos fans que estaban volcadísimos con la banda.
Vimos los primeros mosh-pits e incluso algún que otro momento en el que un modesto puñado de crowdsurfers caía en el foso, que, aunque no fue algo loco, haberlos los hubo. Como apenas disponían de tres cuartos de hora, no se complicaron mucho ni interrumpieron el repertorio para hablar entre canciones. Repasaron prácticamente toda su carrera y derrocharon fuerza y saltos, sobre todo por parte del guitarrista Matt West que, en cuanto nos despistábamos un momento, calentaba sus articulaciones y hacía un giro imposible en el aire. Para cerrar optaron por “In Bloom”, de su The Peace and the Panic, y se despidieron bajo una fuerte ovación de los allí presentes. La verdad que no se les pudo pedir más, buena ejecución y entretenimiento a más no poder. Muy bien.
Y llegaba el momento que la mayoría de quienes se encontraban en el Sentrum Scene llevaba esperando varios meses. Se percibían nervios y mucha, pero que mucha gente con camisetas de Simple Plan que rezaban “I’m Just a Kid Adult” en tono de humor, haciendo referencia al tema “I’m Just a Kid”, archiconocido sin duda, como parodia a que todos nos habíamos convertido en adultos con el paso de prácticamente 25 años desde la publicación de No Pads, No Helmets… Just Balls. En la sala no cabía ni un solo alfiler y los encargados de montar y desmontar el stage corrían de un lado a otro para que la banda canadiense comenzase a tiempo.

De pronto, como si los años no hubiesen pasado para él, Pierre Bouvier saltó al escenario con una apariencia exactamente igual a la que tenía hace veinte años. La pantalla gigante del fondo mostraba un enorme cartel iluminado con las letras de Simple Plan mientras comenzaban los primeros acordes de “I’d Do Anything” y el recinto saltaba por los aires. Y esto fue casi literal porque desde el primer tema ya hicieron uso de humo, confeti y todo tipo de artificio para hacer que aquello se convirtiese en una fiesta desde el minuto uno. Tras “Nothing Changes”, sencillo elaborado para el documental “The Kids in the Crowd”, retomaron dos clásicos como “Shut Up!” y “Jump”, cantados a pleno pulmón por todos los fans que estaban en la Sentrum Scene.
En esa línea fueron llegando “Addicted” o “Welcome to My Life”, lo que nos hizo darnos cuenta que todas y cada una de las canciones que iban interpretando eran conocidas; ¡vaya setlist! No podemos dejar de lado todas las interacciones que llevaron a cabo con el público, ya que no faltaron bromas con sus nombres francocanadienses ni algunas bromas sobre el transcurso de los años. Al llegar a “Summer Paradise” convirtieron el recinto en poco menos que una playa abarrotada de balones hinchables de colores volando por la pista. De repente, y sin vernos venir que podría ocurrir –aunque ya lo vivimos hace más de una década en Rock Star de Barakaldo–, Pierre apareció cerca de la mesa de sonido, entre el público, para cantar desde allí varios temas encadenados: “Crazy” o “Perfect World” sonaron entrelazadas mientras los fans que estaban en el piso superior intentaban descubrir dónde estaba el vocalista.
El concierto siguió avanzando y hubo espacio para covers como “Sk8er Boi” de la anteriormente mencionada Avril Lavigne, o “Mr. Brightside” de The Killers. Después, Pierre explicó de forma breve la colaboración entre Simple Plan y Scooby Doo e invitó a todos aquellos seguidores que habían ido disfrazados del personaje a subirse al escenario durante “What’s New Scooby Doo?”. No los contamos, pero sin hacer ningún esfuerzo habría más de dos decenas de Scooby Doo’s de todo tipo sobre el stage. Tras este fiestón de “perritos”, interpretaron “Where I Belong” y se despidieron, intentando hacer creer a su público que aquello había terminado. Pero sabíamos que faltaban dos temas imprescindibles que no se iban a saltar. Y así fue: como colofón final sonaron “I’m Just a Kid” y “Perfect”, habiendo tiempo incluso para que su batería y también miembro fundador, Chuck Comeau, saltase al público, vestido con una camiseta de la selección de Noruega y el dorsal de Haaland, a hacer crowdsurfing un buen rato, mientras Pierre se subía a la batería a sustituirle. Y ahora sí, cuando ya habían cumplido con todo lo que sus fans querían, estaban libres para despedirse. Una auténtica fiesta y una banda que es una locura lo bien que se conserva. Durante más de hora y media, muchos de nosotros volvimos a nuestra adolescencia y a cantar a pleno pulmón aquellas canciones que nos poníamos en el walkman para salir a dar un paseo (¡qué recuerdos!). Una noche para no olvidar.
















