Bandas: AA Williams – Spotlights
Lugar: Sala La Nau, Barcelona– 11 de febrero de 2026
Fotos: Josep Mª Llovera
Posiblemente se trataba de la más intempestiva tarde/noche de un todavía más intempestivo invierno. Lo cual –hay que reconocerlo- también pegaba con la siempre gélida presencia de la protagonista de la noche; AA Williams.
Con la sala aún bastante vacía les toco abrir la oscura velada a los americanos Spotlights, trío de post metal que están recibiendo bastantes alabanzas, entre ellas las de Chino Moreno, vocalista de Deftones. Interesantes son, sin duda, pero a nivel personal no acabé de conectar con ellos al cien por cien. Impecables a nivel estético y sónico, pero quizás un poco dispersos en su propuesta que iba desde riffs metálicos que pesan una tonelada, hasta pasajes más indie rock. Incluso me hicieron pensar a ratos en unos Queens Of The Stone Age que se hubieran pasado al post rock. Acabaron con dos canciones de su último álbum Alchemy For The Dead, tonadas que muestran más perfección que las de sus primeros álbumes. Evolucionan favorablemente.



Tras treinta minutos de interludio y con la sala ya mostrando una entrada más tumultuosa, salió a escena la protagonista de la noche, de riguroso negro y acompañada de dos músicos; un guitarrista/teclista y un batería. Arrancaron con «Golden» de su último trabajo, y sólo con una canción empezó a cautivar al público y a mostrar sin tapujos las cartas con las que iba a jugar esa noche. Una de ellas sería su mayestática presencia escénica; distante, gélida, pero a la vez cautivadora. Tanto que cuesta bastante apartar la vista de su figura. Con este carismático talante fue encarrilando el concierto sin prisa pero sin pausa, combinando diversas guitarras que más que tocarlas, parecía que acariciaba las cuerdas. Nos embelesó con esas canciones de corte intimista que transitaban tanto por el folk más oscuro, por el post metal e incluso por la intensidad del black metal más atmosférico. Sin duda la británica se estaba abriendo emocionalmente ante nosotros, pero semejante nivel de comunión no hubiera sido posible sin la ayuda del público, de los más respetuosos que recuerdo en mucho tiempo. Guardando sepulcral silencio durante todo el recital, excepto para aplaudir tras cada canción. Tal sinergia artista/público logró que canciones como «Love And Pain», «Dirt» o el nuevo single «Wolves» sonaran impecables y libres de cualquier impureza.
Una conexión tan absoluta que supeditó exquisitamente a la artista, dando atmósfera e intensidad cuando era necesario. Fluyendo todo de manera natural nos fuimos acercando al final, sin bises. AA Williams decidió ahorrarse la pamema de irse y volver a escena, anunciando que quedaban dos canciones y que luego estaría en el puesto de merchandising departiendo con sus seguidores. Cerró el concierto una celebrada «Evaporate», punto y final para una casi liturgia de setenta y cinco minutos. La satisfacción entre el público era evidente, y es que la oscuridad de AA Williams fue reconfortante y sanadora.





