Bandas: Amon Amarth – Orbit Culture – Soilwork
Lugar: Eventim Apollo, Londres — 10 de octubre de 2026
Texto: Emilio Ortega
Fotos: Jesús Figueirido
Cómo era de esperar, la invasión de las huestes nórdicas volvió a dejar su huella en su paso por las islas británicas. Tres generaciones del metal sueco tomaron el emblemático Hammersmith en una noche de riffs monumentales, melodías afiladas y una auténtica batalla campal de crowd surfing, mosh pits y wall of death. Desde la elegancia melódica de Soilwork hasta la apisonadora de Orbit Culture y la conquista vikinga de Amon Amarth, Londres terminó sin remedio rindiéndose ante el poder del metal escandinavo.
Soilwork: una clase magistral de death metal sueco
Había empezado el sonido de los primeros acordes del concierto cuando me estaba acomodando y desde mi posición, la actuación de Soilwork tenía un aliciente especial para mí: Björn «Speed» Strid es uno de esos vocalistas a los que admiro y por ende, unos de mis favoritos , no solamente por su extraordinario trabajo al frente de Soilwork, sino también por su participación en The Night Flight Orchestra, una aventura musical que demuestra su versatilidad y su capacidad para desenvolverse en territorios muy alejados de la agresividad del death metal melódico. Esa dualidad convierte a Speed en un cantante especialmente interesante. Pocos músicos pueden transitar entre la contundencia del metal extremo y la elegancia del rock melódico con semejante naturalidad. Verlo desfilar por encima de las tablas, desde mi posición , era un magnífico privilegio.
Soilwork no necesitaban demasiadas presentaciones. Su trayectoria habla por sí sola y su contribución al desarrollo del death metal melódico constituye una parte esencial de la historia del death metal escandinavo.


El repertorio arrancó con «The Nurturing Glance» y terminó de calentar motores con «Distance», preparando el terreno para una actuación de duración limitada, pero suficientemente representativa de las diferentes facetas del grupo. La combinación de guitarras afiladas, una base rítmica contundente y melodías cuidadosamente construidas recordaba por qué Soilwork siguen ocupando un lugar destacado dentro de su generación. «Figure Number Five» y la canción dedicada para las mujeres por parte de Speed «Distortion Sleep» nos trasladaron a una etapa fundamental de su carrera, cuando la formación sueca terminó de consolidar una identidad que equilibraba la agresividad del death metal con estructuras melódicas de enorme personalidad.
Pero cómo ya digo, por encima de las canciones, lo más destacado era su cantante Speed. Su manera de desenvolverse sobre el escenario, su versatilidad vocal y su capacidad para conectar con la audiencia fueron algunos de los elementos que más disfruté. Lejos de limitarse a ejecutar el repertorio, el cantante se mostró participativo, buscando constantemente la complicidad del público e incitándolo a responder a la descarga sonora que llegaba desde el escenario. «Spirit of No Return», «Death Diviner» y «Stålfågel» prolongaron una descarga que encontraba su conclusión en «Stabbing the Drama», una elección perfecta para cerrar un repertorio que apostaba por la intensidad y por la contundencia de sus composiciones más reconocibles.
Me quedé con la sensación de haber disfrutado de una banda que todavía tiene mucho que ofrecer y de un vocalista que me fascina precisamente por no haberse encasillado en una única forma de entender la música. Soilwork habían cumplido su cometido: demostrar que la veteranía no tiene por qué estar reñida con la intensidad y sentando las bases para la siguiente descarga.



Orbit Culture: ataque de la nueva generación del metal sueco
Orbit Culture encarnan una de las evoluciones más contundentes de la escena sueca contemporánea. La formación liderada por el cantante y guitarrista Niklas Karlsson posee un sonido reconocible desde los primeros compases: guitarras de afinaciones graves, riffs demoledores, ritmos cargados de groove y una atmósfera oscura que convierte sus canciones en auténticos bloques de hormigón sonoro. Una propuesta moderna que no necesita renunciar a la melodía para resultar aplastante.
Su aparición en el Eventim Apollo suponía una oportunidad excelente para comprobar cómo funciona esa maquinaria en una sala de semejante dimensión. Y lo cierto es que Orbit Culture tienen argumentos de sobra para ocupar escenarios cada vez mayores.
«Redfog» abrió una actuación que avanzó sin concesiones, seguida por «Alienated» y «The Storm». Desde el primer momento, la banda apostó por una combinación de agresividad y precisión que encontró su principal aliado en la densidad de las guitarras y en una sección rítmica diseñada para golpear directamente en el estómago y que el respetable lo aceptó con gran entusiasmo. Niklas Karlsson se mostró especialmente contento de encontrarse en un lugar tan emblemático como Hammersmith. Su entusiasmo resultaba contagioso y dejaba entrever lo que significaba para el grupo actuar en un recinto londinense con tanta historia. El vocalista no tardó en buscar la participación de los asistentes, animándolos a responder a los golpes de una música que parece concebida para provocar una reacción física. La respuesta fue creciendo a medida que avanzaba el repertorio, con una audiencia cada vez más implicada en la descarga.



«The Tales of War» y «Strangler» profundizaron en la faceta más oscura de la banda, mientras que «While We Serve» mantuvo la presión antes de que «Hydra» y «Vultures of North» pusieran el broche final a una actuación que dejó claro que Orbit Culture no estaban allí para ejercer de mero aperitivo. Lo interesante de su propuesta reside en la manera de combinar la brutalidad con una composición muy trabajada. Sus canciones pueden resultar asfixiantes por la densidad de los riffs, pero también incorporan melodías y estructuras que evitan que todo quede reducido a una sucesión de golpes de efecto. En ese sentido, Orbit Culture representan una evolución natural de determinados elementos del metal sueco, aunque su lenguaje se encuentre más próximo a las sonoridades modernas y a las afinaciones graves que dominan buena parte de la escena actual.
La actitud de Karlsson terminó de redondear una actuación que funcionó tanto por su potencia musical como por la voluntad de conectar con el público. Se notaba que estaba disfrutando de aquella oportunidad y que quería hacer partícipes a los asistentes de ese momento.
Cuando abandonaron el escenario, el ambiente ya estaba suficientemente caldeado para la traca final.


Amon Amarth: Londres, territorio de Odín
La entrada en el escenario de los brutales invasores vikingos consiguen transformar cualquier recinto entero en un universo paralelo desde el primer momento. Amon Amarth pertenece indiscutiblemente en una banda de categoría superior dentro del género del death metal melódico sueco tal y cómo lo conocemos.
La espectacular puesta en escena de Amon Amarth es uno de esos elementos que convierten sus conciertos en una experiencia absolutamente única dentro del metal contemporáneo. Una imponente luminotecnia, cañones de fuego que escupen llamaradas al ritmo de los riffs y una escenografía cargada de simbología nórdica transforman el escenario en un auténtico campo de batalla vikingo. Barcos de guerra que evocan las legendarias embarcaciones escandinavas, estatuas monumentales de guardianes de Valhalla y una atmósfera épica que parece transportarnos directamente a las sagas de la mitología nórdica conforman un despliegue visual tan poderoso como su propia música.
La gira The Allfather Awakens prometía una celebración de su identidad musical y de ese imaginario nórdico que llevan décadas desarrollando, pero la experiencia terminó convirtiéndose en algo mucho más físico y participativo de lo que podría sugerir cualquier descripción sobre el papel mientras Johan Hegg, con su imponente presencia y su inconfundible voz gutural, ejerce de auténtico caudillo al frente de sus tropas. El resultado es una comunión brutal entre banda y audiencia, donde la épica, la fuerza visual y la contundencia sonora se funden en una experiencia inmersiva que difícilmente deja indiferente a nadie. El Eventim Apollo se transformó en territorio vikingo. La audiencia respondió con una intensidad extraordinaria, y la banda supo aprovechar cada oportunidad para convertir a los asistentes en parte fundamental del espectáculo. Aquí no había una separación rígida entre escenario y público: había una auténtica horda dispuesta a remar en la misma dirección.



La elección de «Run to the Hills», el clásico de Iron Maiden, como apertura establecía un vínculo inmediato con la tradición del heavy metal británico. Un guiño especialmente apropiado en Londres, antes de que «Gjallarhorn» y «War of the Gods» nos sumergieran de lleno en el universo de Amon Amarth. La combinación de melodías gemelas, riffs poderosos y la voz cavernosa de Johan Hegg volvió a demostrar por qué la banda ha conseguido construir una identidad tan reconocible. Su música posee una dimensión épica, pero también una contundencia que funciona de maravilla en directo: las guitarras de Olavi Mikkonen y Johan Söderberg avanzan como una formación de combate y la base rítmica con Ted Lundström al bajo y la batería al cargo de Jocke Wallgren marca el ritmo de una batalla que parece no tener intención de terminar.
«Death in Fire» y «Free Will Sacrifice» conectaron con dos momentos importantes de su discografía, antes de que «Deceiver of the Gods» y «The Allfather Awakes» reforzaran la dimensión mitológica de la velada. Basta con escuchar esos riffs monumentales y contemplar cómo la audiencia responde a cada llamada. Y vaya si respondió Londres.
El crowd surfing se convirtió en una constante, con asistentes surcando las cabezas del público mientras desde el escenario continuaba la descarga. Los mosh pits multiplicaban la sensación de caos organizado y la energía circulaba de un extremo a otro de la sala. Todo formaba parte de una misma experiencia: participar, saltar, empujar, levantar los brazos y dejarse llevar por la música. Eso es lo que diferencia un concierto intenso de una actuación que termina convirtiéndose en un recuerdo imborrable.
«Hermod’s Ride to Hel – Lokes Treachery, Part 1» recuperó el componente narrativo de la banda, mientras que «Put Your Back Into the Oar» aportó una conexión temática especialmente apropiada con la imagen de una comunidad unida frente a la adversidad y ahora sí la comunión entre el público y la banda se hizo notar en un contagio colectivo abrumador. Todos remando al unísono. Si hay una imagen que resume la identidad de Amon Amarth, es precisamente esa: una multitud que deja de comportarse como un conjunto de espectadores individuales y comienza a actuar como una sola entidad.



La llegada de «We Rule the Waves» reforzó la conexión con el presente del grupo. Amon Amarth siguen defendiendo su legado, pero también necesitan demostrar que su historia continúa escribiéndose. La incorporación de material reciente resulta fundamental para que una banda con semejante catálogo no termine convertida en una simple máquina de nostalgia. «One Thousand Burning Arrows» y «Upphaf» ampliaron el recorrido musical antes de que el repertorio se adentrara en una sucesión de canciones que parecían diseñadas para llevar la intensidad hasta el límite. «Guardians of Asgaard» volvió a reivindicar la importancia del disco Twilight of the Thunder God, mientras que «Shield Wall» ofreció otra oportunidad para que el público se sintiera parte de una formación de guerreros.
Con «Eight Legs of Thunder», la impresionante «Raise Your Horns», «For Victory or Death» y «The Way of Vikings», la banda mantuvo viva la llama de una noche que parecía no conocer el agotamiento. La participación del público fue uno de los grandes protagonistas del concierto a la vez de unos guerreros que luchaban en las tablas ocasionalmente entremezclados con el grupo.
«Saxons and Vikings», con la aparición de Biff Byford de Saxon en pantalla, añadió un vínculo especial entre la tradición británica y la épica escandinava. Una asociación que encaja perfectamente con la trayectoria de Amon Amarth, una banda que ha sabido recoger elementos del heavy metal clásico y transformarlos desde la perspectiva del death metal melódico en una verdadera epopeya bestial. Y entonces llegó el momento de «Twilight of the Thunder God». Una odisea brutal donde las haya,su riff inicial es una de esas declaraciones de intenciones que no necesitan presentación. La melodía se reconoce inmediatamente y la historia del enfrentamiento entre Thor y Jörmungandr aporta el marco perfecto para una canción que se ha convertido en uno de los grandes himnos de la formación.



El cierre fue la culminación lógica de una actuación que había convertido el Eventim Apollo en un estruendoso campo de batalla musical. Londres había respondido a la llamada y Amon Amarth habían conseguido lo que mejor saben hacer: hacernos sentir vikingos durante toda la noche con su beneplácito oficial. Amon Amarth culminaron su actuación por todo lo alto, haciendo honor a su condición de gigantes del death metal melódico y a esa imponente estatura que también los define físicamente. Un final a la altura de su leyenda, tan colosal como su puesta en escena y tan demoledor como la descarga sonora que nos habían regalado durante toda la noche.
Cuando tres bandas suecas de semejante calibre se reúnen en un escenario , el resultado es una demostración de la vitalidad de una escena que continúa reinventándose sin olvidar sus raíces. Y cuando Amon Amarth toman el mando, no hay escapatoria posible: solamente queda levantar los cuernos, remar con todas tus fuerzas y aceptar que, durante unas horas, Londres cayó bajo el dominio vikingo y, como no podía ser de otra manera, me sumé encantado a la singladura para remar en su misma dirección y brindar con un atronador «¡Skål!».
¡Salud y buen viaje!










